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Relatos Eróticos Originales

24 de octubre de 2018 by Mayra Deja un comentario

Puta de profesión, pura de corazón. Parte III: Venganza

En la segunda parte de mi relato, Robert trajo a un chaval a la cama para que me follara mientras él observaba. Luego, según sus planes, lo harían entre los dos. El juego se estaba tornando de peligroso. Mi integridad parecía correr peligro. Pero por extraño que parezca, yo no podía parar. Quería seguir adelante, quería más. También quería tomar venganza. Robert no se escaparía sin que yo tomase el control. Lo haría pagar…


Capítulo III

– Bien – dije resignada, sabiendo que no tenía opción – ven acá George. – Le arranqué la chamarra, besándolo fuerte en los labios. Le desabroché el pantalón y lo dejé solo con el bóxer. Él, ya excitado, me quita el vestido, empujándome contra la cama. Me besó por todo el cuerpo, me aprieta las tetas y las chupa hasta hacerlas que me dolieran. Pero no me importó, lo dejé seguir.

venganza santubearsex Rodamos en la cama, hasta que me senté para desvestirlo por completo. Le chupé la polla con fuerza, gritándole que no podía acabar en mi boca. Al pobre chico le faltó poco para llorar. Me lanzó otra vez con fuerza sobre la cama, me lamió la vagina y se comió todo el chocolate. Cuando ya no quedaba más, fue subiendo para penetrarme, pero lo detuve.

-Tu primera vez va a ser de tres muñeco- le susurré.- Vamos a cambiar las reglas del juego.

Ahora mando yo

Invité a Robert a participar, jalándolo por la corbata. -No esperaba menos de ti- dijo él, satisfecho.

-No estoy segura de que estés listo para lo que viene- le respondí- Tal vez te duela un poco.

Se desvistió tan rápido como pudo. Mientras tanto, George estaba agonizante. La verdad no sé cómo hizo para soportar tanto tiempo sin acabar. 

Robert estaba durito y dejé que me penetrara. Cuando estaba por acabar, lo saqué con fuerza. Yo sabía que seguro me haría pagar esta impertinencia más adelante, pero no mi importaba. Mi venganza ya estaba en camino.

-Ahora quiero que se la mames a George- ordené. Los dos se vieron atónitos, no parecían entender mis palabras. – ¿Quieren comer aquí? – dije mientras señalaba mi sexo lampiño, que todavía conservaba los restos de los bombones de chocolate.- Deben hacer lo que diga, cuándo lo diga.

Enfaticé cada una de las palabras. Antes de que Robert pudiese reaccionar, alcancé el látigo y lo golpeé

-¡Hazlo!.- volví a ordenar. Sin demasiada resistencia (ya sospechaba yo que él lo disfrutaría) se arrodilló ante George, quien seguía con la verga dura y no sabía muy bien como reaccionar. -Mámaselo, hasta que acabe.- Hizo un pequeño amago de protesta, pero dos nuevos latigazos sobre su espalda lo hicieron cambiar de opinión.

Ahora que lo pienso, Robert pudo haberse resistido, arrebatarme el látigo y someterme allí mismo. Yo simplemente le había dado una excusa, había preparado el escenario para que pudiese dar rienda suelta a la más sucia de sus fantasías. Pero ante sus ojos, los míos y los de George, todo fue porque «yo lo obligué».

Dulce néctar de la vida

George tenía demasiado tiempo con la leche contenida, por lo que a la tercera succión de Robert, se desparramó todo dentro de su boca. Aún así, mi «dominador» no dejaba de chupar. Parecía que estaba dispuesto a dejarlo seco.

Pero aquel era un chaval de 19 años, en buena forma física. A pesar de los litros derramados, su equipo seguía allí, firme. Robert por fin quedó satisfecho. Con la cara llena de semen, se excusó conmigo para ir al baño a lavarse. Por un momento temí que fuese a intentar alguna estupidez, pero yo sabía que lo había disfrutado. Mientras, George me miraba con ganas de comerme.

-Tranquilo, tigre!- dije para calmarlo.

Mi venganza: segunda parte

Robert salió del baño después de pocos segundos con la cara limpia. Su rostro denotaba todavía algo de venganza santubearsex desconcierto, pero estaba claro que dejaría que yo hiciera todo lo que quisiera, sin oponerse.

-Ahora- me dirigí a George- dale duro por ese culo.

George intentó protestar, pero un fuerte latigazo sobre su pecho se lo impidió. Robert, manso como un corderito, se puso en cuatro patas sobre la cama, expectante para ser «sodomizado» por primera vez en su vida. No tuvo que esperar mucho.

Ambos gritaron con la primera penetración. Emitieron un sonido tan estridente que probablemente se escuchó en todo el hotel. George llevaba adelante y atrás sus 23 centímetros de potencia sin ninguna delicadeza. Pero Robert lo disfrutaba. Sus lágrimas se confundían entre gemidos de placer.

Para no quedarme como simple espectadora, me metí bajo Robert y reanimé su avergonzada polla. Estaba escondida entre las bolas, incrédula ante lo que estaba ocurriendo. No me tomó mucho tiempo en ponerla grande y dura. La chupé con fuerza. Robert acabó dentro de mi boca al mismo tiempo que George lo hacía entre sus glúteos.

Misión cumplida

venganza santubearsex Nos quedamos los tres dormidos hasta la mañana. Había sido una jornada muy extenuante. Pero placentera. Yo me desperté antes que ellos. Me vestí en silencio y me fui, dejándolos solos para que hicieran lo que quisieran. Mi venganza sería la nueva forma de vida para Robert y George.

Mientras tomaba ordenaba un taxi en la recepción del hotel, deseé para mis adentros que fueran felices. Lo que no sospechaba en ese momento es que mi futuro con este par me depararía más sorpresas (y una nueva venganza).


¿Quieres enterarte de todo lo que ha ocurrido en esta historia? No te pierdas la primera parte de Puta de Profesión, pura de corazón: Conociendo a Robert

Publicado en: Relatos Originales

19 de octubre de 2018 by Mayra Deja un comentario

Puta de profesión, pura de corazón. Parte II: Consecuencias

En la primera parte de Puta de Profesión, pura de corazón, les relaté mi encuentro inicial con Robert. Primer hombre que consigue hacer conmigo lo que quiere. Ahora me toca asumir las consecuencias de mis actos…


Capítulo II

Yo solo lo veía entre excitada y asustada, porque de verdad estaba convencida en obedecerlo. ¿En qué pensaba? Cuando llegue a ese hotel, yo juraba que tenía el control. Pero resultó que al aceptar aquel encuentro, ya no tenía poder sobre mí misma. Lo peor que me gustaba. Me excitaba.

Respondí bajito, casi que para mi que sí. -Buena niña, mi muñeca- aprobó él.- Ven, te voy a complacer un poquito para que no creas que soy tan malo.

Me agarró con fuerzas por las nalgas, me besó la panza y los senos. Hasta que sentí su lengua hasta el fondo de mi vagina. Pensé que me iba a desarmar. ¡Qué hombre tan sexy! En segundos ya yo estaba sometida a lo que quisiera. Estaba tan extasiada que no me di cuenta lo duro que estaba hasta que me sentó con mucha fuerza sobre su polla. Tan duro que no sabía si me dolía o me extasiaba. ¿Eran las dos cosas?

Sangre, sudor y ganas

Me besó ferozmente por todos lados, procurando no hacerlo en la boca. Yo estaba tan excitada que no lo percibí. Me empujé hacia atrás para que me besará los senos. Entendió lo que quería y rápido me complació. Sus besos tenían tanta fuerza que rompió levemente uno de mis senos. Yo gemí de dolor, él lamió toda la sangre con su lengua.

Luego se levantó conmigo encajada y caminó hasta la ducha. ¿Cómo lo hizo? ¿Estaba con Superman? Sentí el agua tibia cayendo en mi espalda, me recostó del asiento del cuarto de baño y me dio durísimo contra la pared.

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Me ordenó que lo apretara con las piernas y que me agarrara duro. Que si me caía me iba a dar una lección y sufriría las consecuencias. Dejó se sujetarme por lo que quedé sostenida solo a su miembro. Esto pareció excitarlo a tal nivel, que olvidó que me estaba dando órdenes. Volvió a sujetarme con fuerzas por las nalgas y me cogió lo más duro que pudo, acabando dentro de mi. Su leche chorreó por mis piernas hasta el piso.

El que manda

Yo pensaba inocentemente que había retomado el control. Aún con él dentro de mi le mordí una oreja. Instantáneamente me soltó y me dio otra bofetada. -No olvides que aquí el que manda soy yo. – Sus labios dibujaron una sonrisa mitad pícara, mitad malévola. – Te sale castigo.

-¿Más castigo? – alcancé a decir.

Ordenó que me volteara. Él me agarró las tetas duro desde atrás, bajo sus manos hasta las mías y me obligó a agarrarme de las llaves de la ducha.

-Ahora asume tus consecuencias muñeca.- No me dio ni chance de respirar. Sentí toda su polla hasta el fondo del culo. Un dolor me recorrió desde la punta de mis pies hasta el último de mis cabellos. Por miedo no grité, solo me sujeté.

Tal vez dirán que estoy loca, pero me gustó. Nunca nadie me había follado como él en toda mi vida. Y estaba segura que más nadie podría hacerlo igual. Se volvió a correr dentro de mi al menos dos veces más. Tenía más aguante que un toro. ¡Era todo un semental!

Pausa

Al terminar me ordenó salirme de la ducha. Se bañó, luego dispuso que yo que hiciera lo propio porque la siguiente parada sería el jacuzzi. Mientras yo me aseaba e intentaba recomponerme bajo el agua, salió del baño, me dejo una bolsa y se llevó toda mi ropa.

Había un diminuto traje de baño. Una prenda exquisita. Robert no solo era una bestia en el sexo. También tenía un excelente gusto. ¿Qué más se le puede pedir a un hombre? Me lo puse y en efecto, era a mi medida. Estaba un poco adolorida, pero ahora es que me faltaba día. Así que me retoque en el lavamanos y salí sumisa a seguir las siguientes ordenes.

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Lo encontré medio dormido en el agua, completamente desnudo. Se veía como un adonis. En lo que me sintió, me ordenó quitarme la parte de abajo del traje de baño y sentarme detrás de él, como sosteniendo su cabeza.

Más consecuencias

Ese hombre era tan divino, que yo como idiota hacía todo lo que me ordenaba. En lo que me senté, se hundió en el agua  y se giró. Al regresar a la superficie metió su lengua directo en mi vagina. Me lamió cuanto quiso. Luego me besó los muslos, la entrepierna, las tetas y el cuello.

De repente sin previo aviso se levantó con la polla totalmente dura y me ordenó mamársela hasta que me dijera que me detuviese. Sentí que estaba a punto de acabar cuando con brusquedad me levantó y me encajó en su pelvis, clavándome a su pene con fuerza.

Segunda pausa: sabor a chocolate

Me ordenó que me volviera a bañar, que ya íbamos a subir a la habitación. Obedecí. Al salir, tenía mi vestido sobre la banca y dos bombones de chocolate con una nota: «debes colocar los bombones en tu vagina, yo me los quiero comer apenas abra la puerta de la habitación».

Me dio gracia la petición y lo hice. Obvio que al introducir los bombones casi tengo un orgasmo yo sola. ¡Qué sensación tan divina! Los metí bien adentro para que solo con su pene o lengua los pudiese sacar.

Cuando fui a buscarlo al jacuzzi, solo estaba un camarero con una nota. – Perdón señorita – se disculpó el mozo – el señor le dejó esta nota. – Agarré el papel y leí la nueva orden que tenía para mi: «Te alcanzo, está lista para mi sino te sale castigo y nuevas consecuencias. Arriba tienes lo necesario para arreglarte. Te dejé una sorpresa. Vuelvo en una hora»

El paraíso o el infierno

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En la habitación había cualquier cantidad de juguetes eróticos. Entre ellos, un pene que parecía el molde del de Robert. También látigos, arneses, lenceria sexy, de todo. Una fuente de chocolate, flores.

En el armario habían vestidos para mi. Desde formales a informales, eso me preocupó. ¿Que quería este hombre? ¿Tenerte siempre? «Tienes que asumir las consecuencias de tus actos», me dije.

Me senté en la cama, entre desilusionada y angustiada, cuando sentí un liquido que se corría de mi. Se me habían olvidado los bombones. Me levanté rápido para no manchar la cama y estar lista para lo que él quisiera. Esperé por media hora fastidiada, porque no podía ni acostarme por el regalo que había en mi interior. Debía estar caminando y con cuidado de no chorrear nada.

¿Sorpresa?

Al fin sentí la puerta. Era él, pero no estaba solo. Dios, ¡que pena! Intenté recoger todos aquellos juguetes. – Muñeca, ven acá -una nueva orden. Con toda la vergüenza del mundo salí. Colocó el dedo índice sobre su mejilla para que le diera un beso, a lo que yo fui como cordero al matadero de lo más obediente.

-Muñeca, te presento a un amigo – dijo, señalando al extraño que lo acompañaba. – Él es George. Es virgen y le prometí que lo ayudaría con eso. Así que yo me voy a sentar a ver y tú lo vas a ayudar. – Estaba estupefacta, no sabía que decir. – ¿Hiciste lo del chocolate que te deje? eso es para él.

Abrí los ojos horrorizada, le respondí que aquello no era parte del trato. Robert, muy tranquilo, me respondió que yo era suya por 24 horas y que ya había pagado.

– A mi me excita ver y como no quiero que tú te expongas a alguien que no sea de mi confianza, busqué a George que aceptó follarte frente a mi, porque a él también le voy a pagar por eso.-¿Era aquello una disculpa?- Él debe follarte frente a mi, luego ver como yo te follo y luego los tres y punto. No estoy negociando. -Definitivamente no era una disculpa. –Bueno George, haz lo tuyo. Voy a servir tragos para los tres.

Continuará…

Puta de profesión pura de corazón. Parte II.

Publicado en: Relatos Originales Etiquetado como: relatos originales, Santubearsex

12 de octubre de 2018 by Mayra Deja un comentario

Puta de profesión, pura de corazón. Parte I: Conociendo a Robert

A veces la vida no te da tantas opciones como solemos creer. Mucha gente vive diciendo que las oportunidades están pero que no las vemos. Ese no es mi caso. Yo no tuve ni medio instante para pensar que quería para mi. Además, sinceramente creo que esto de ser puta me encanta tanto, que no lo dejaría.

Todos los días una polla distinta, sabores y sensaciones nuevas porque eso sí, yo no soy barata. Soy exclusiva, por tanto mi público no es cualquiera, sino el que pueda pagar. Es una relación de mutua confidencialidad. Yo guardo sus secretos y gustos «exóticos». Ellos guardan mi rostro en lo más hondo de su memoria.

Una vida «normal»

Estudio como cualquier otra chica de mi edad. Durante el día vivo mi vida libre y resuelta. Mi «profesión» me permite pagarme todos mis gustos y estudiar o hacer lo que quiera con mi vida. Ahora solo tomo clases de diseño, porque me apasiona dibujar. No sé si más que fornicar, pero me gusta.

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Les voy a contar un día en mi vida, quien quita y quieran probar… Me levanto temprano, preparo la bañera con agua tibia para que mi cuerpo se relaje. Desayuno una suculenta comida balanceada con frutas, café y panqueques. Me fascinan las fresas, que su sabor resbale por mi boca solas o cubiertas de chocolate. En mi nevera no pueden faltar y en mis citas menos.

Salgo luego a mis clases, hasta el mediodía donde ya tengo establecida y confirmada mi agenda de la noche. Normalmente una de mis exigencias es almorzar de manera casual con el cliente, para definir gustos y «cronograma de actividades». Esto me permite de paso deleitarme imaginando el tamaño de lo que voy a disfrutar en la noche. Suelo exigir almorzar en el hotel cinco estrellas donde nos veremos más tarde. No pido menos de eso.

La vida es sencilla, solo que el ser humano y su «moralismo» la complica. Es como una esfera de satisfacciones para mi, con sus altas y bajas. Pero siempre extasiante, lleno de una vibra que me recorre desde la punta de los pies, a mis tetas, mi vagina, mis nalgas, mi cuello. Toda yo, mejor dicho.

No cualquier puta

Mi nuevo cliente es Robert. Abogado colombiano contratado por una gran firma madrileña. Es un hombre bello, de 1,80 metros de alto, moreno, ojos miel, musculatura amplia, cabello castaño oscuro lacio y con un bulto que según mi experiencia, no debe medir menos de 23 cm en acción. Todo un caramelo. Por este tipo de cosas me gusta conocerlos antes. Yo soy discreta pero tampoco una insensible que «trabaja» con cualquier bicho. Para un «buen trabajo» debe haber buen gusto.

No suelo repetir hoteles. Incluso en ocasiones, dependiendo del cliente, los encuentros son fuera de la ciudad, por su reputación y la mía. No pueden verme en cualquier antro de mala muerte. Lo mío es clase y buen gusto. No soy cualquier puta.

Detalles que enamoran

Robert, mi cliente de turno, decidió sorprenderme con flores a mi llegada a la recepción. Cuando pregunté por el restaurante de la piscina anunciando que tenía una cita para almorzar, la encargada me preguntó mi nombre y me entregó un ramo de tulipanes bellísimo con una nota que decía: «Si quieres adelantamos, tengo tiempo libre que puedo dedicarte a ti. Las ganancias siempre serían para ambos y dobles. »  Firmó CM en letra cursiva.

Les cuento que logró desconcertarme y calentarme sin aún verlo. Este tipo de detalles a cualquier mujer le fascina. Antes de pasar al comedor, decidí pedirle a la chica que me indicara donde estaba el baño. Retoqué mi maquillaje, revisé que todo estuviese en su sitio y dejé resbalar las tangas que llevaba al fondo de mi cartera. Mi vestido negro con bordes blancos contrastaba con mi cabello largo, que sinceramente es mi gancho. Buen maquillaje, mi cuerpo cuidadito, sin ni un gramo de más y bronceada atrapaba a cualquiera. Lo sé.

Así que me encaminé al encuentro. Batiendo mis curvas lo más que pude, sin perder estilo, que se viera elegante. Al entrar sentí varias miradas en mi. Me acerque al anfitrión preguntando por mi acompañante. De manera cortés me llevo a la mesa. Mi galán perfectamente vestido, traje negro, camisa blanca, corbata azul claro se levanto apenas me vio abriendo la silla para mi. Todo un caballero, por este tipo de cosas es que no soy una puta barata, me gustan los lujos.

Buen provecho

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Fue una velada amena, conversamos de todo un poco. Él estaba un poco incómodo. Para hacer que estuviese más tranquilo, lo acaricié lentamente con mi pie debajo de la mesa, me le acerque al oído susurrando: tranquilo cariño no muerdo ¿es tu primera vez?

– La verdad, sí es mi primera vez.- respondió a mitad de una sonrisa nerviosa. – Nunca he tenido necesidad de esto, pero me han comentado mucho de ti y quería conocerte. No quise quedarme por fuera de tu mercado.

Sonreí y lo bese muy suave en los labios. Inmediato sentí que se removía en la silla y percibí como su amigo estaba erguido por completo bajo su pantalón. Le respiré cerquita en el cuello, subí a su oído y susurré – si quieres acepto tu oferta de negocio y continuamos la comida en otro lado. Total, ya reservaste la suite ¿cierto?

Nuevas reglas

De repente sentí que el juego cambio. Aquel hombre musculoso y aparentemente cohibido, me agarro fuerte por la cintura y me besó fuerte los labios. -Perfecto – dijo esbozando una insinuante sonrisa- trato cerrado. Llamó al mesero y pidió que el almuerzo lo subieran a la habitación.

Quedé como sumergida en un sueño. Yo que presumía de ostentar siempre el poder, aquel hombre me acaba de controlar y cambiar mi jugada. Se levantó y me dio la mano para que lo acompañara. – Eres mía por 24 horas – dijo- quiero que juguemos a mi modo.

Iba caminando casi a rastras, un poco desconcertada. – Primero vamos al sauna – anunció.

-No tengo traje de baño- refuté.

-Lo sé, yo te compré uno. – Hablaba con una seguridad que me congelaba la sangre. – Por tu descripción adiviné tus medidas.

Acción

Entramos al vestidor y yo pensé que él se iba a cambiar en el de hombres, pero entró conmigo en el de mujeres. Me dijo que él tenía todo reservado para nosotros, que más nadie podía entrar, a menos que quisiera unirse a la fiesta.

Me volteó brusco hacia él, sentí su miembro duro en mi trasero, sus manos pasaron por mis pechos hasta la espalda donde me abrió el cierre hasta abajo. El vestido cayó a mis pies y yo quedé sin nada. Sonrió al descubrirme desnuda. Me besó el cuello y los senos con sutileza.

Se paró frente a mi abriendo los brazos invitándome a que lo dejara como dios lo había traído al mundo. Le desamarré la corbata, mientras le besaba el cuello. Desabroché uno a uno los botones de tu camisa, al ver su pecho lo bese por todos lados, mordí levemente sus tetillas y me volví a parar frente a él.

Desabroché la correa y abrí el pantalón sin tanto protocolo. Yo quería hacerlo allí, en ese momento. Estaba caliente y lo necesitaba dentro de mí. Pero cuando fui bajando para hacerle sexo oral y terminar de quitarle el pantalón dijo – esta tarde eres mía no se te olvide. No haces lo que tú quieras o desees, solo lo que yo diga ¿entendiste?

¡Oh, dios!

Me quede atónita viéndolo. Como no respondí inmediato, me dio una bofetada mientras volvía a repetir la orden. – De acuerdo – fue lo único que atiné a decir. Sabía que aquel era uno de los riesgos de mi profesión, de ser puta. Nunca me había pasado nada similar. Nunca nadie había osado a ponerme una mano encima. Intenté convencerme de que no me pasaría nada malo. Aquel era solo un tipo al que le gustaba jugar rudo.

Puta de corazón santubearsex Me levante frente a él y espere la siguiente instrucción. Se terminó de quitar los zapatos, el pantalón y el bóxer hasta quedar desnudo frente a mí. Yo seguía en tacones. No me atrevía a quitármelos. Me sentía confusa. No era capaz de hacer ningún movimiento sin que él lo autorizara.

-Me gustas. Eres toda una muñeca – dijo mientras se sentaba a contemplarme de arriba a abajo.- Pero esta tarde es para que entiendas que esta es la primera de muchas y que de ahora en adelante serás solo mía. Yo por eso pago lo que sea, no puedes acostarte con nadie más. Claro, a menos que yo te lo ordene. ¿Te quedó claro?

Continuará…

Publicado en: Relatos Originales

13 de septiembre de 2018 by Mayra Deja un comentario

María Peregrina, ¿Beata o libertina?

Todos piensan que como mi progenitora tuvo a bien colocarme este nombre, María Peregrina, yo soy algo así como una especie de virgen María. Pero la verdad es que soy una simple mortal de veinte años, a unos días para mi cumpleaños, en el que «supuestamente» seré 100% mayor de edad. (Por ahí dicen que cuando ya tenga la mayoría de edad nadie podrá mandarme, ya les diré si es cierto).

Por lo pronto, soy la mandadera de mi señora madre y en el cole soy algo así como un ejemplo a seguir por buena estudiante. Imagínense si se toman la molestia de leer mi diario, morirían lentamente. Y si de paso algo de lo que escribo ocurriese. ¡Oh, por Dios! Ahí se me execran de la sociedad. Hasta creo que me dirían hereje…

Mis días transcurren en la paz de un pueblo insulso, sin revuelos de ninguna especie. A veces, con la bruma del calor de la tarde, imagino que llega un grupo de chicos guapos y majaderos que acaban con esta pasividad. Pero bueno, a la fecha todavía nada.

Odio vestir como mojigata, pero quién se atreve a contradecir a doña María Clemencia. No puedo escoger ni la ropa interior. Ella se cree con el derecho de decidir por mí, con la excusa de que debe impartirme una buena educación. Si supiera que lo que yo quiero de regalo de cumpleaños es una buena cogida, de esas que te dejan caminando doblada en dos…

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Mi Sexy Guitarra

Todas las tardes voy a mis clases de guitarra, único espacio del día sólo mio, que puedo disfrutar sin escuchar todo lo que debo hacer. Simplemente me desconecto sin preocuparme por nada.

Mayor sorpresa me llevo cuando la tarde en que cumplía 21 años y no está el Sr. José, mi profesor, sino que hay un chico como de mi edad, con el cabello largo amarrado en una coleta, dando la clase a los niños más pequeños. Me confundí unos segundos, pero decidí esperar porque seguro mi profe iba a llegar. Llevaba ya como una media hora afuera sentada, cuando termina el turno de los pequeños y me toca a mí. No ha llegado el Sr. José. ¡Sigue el mismo niño!

Por lo que agarro valor, ese que me sobra escribiendo pero no hablando con otros. Le pregunto con un tono de voz tan bajo que hasta a mí me cuesta escucharme si esa es la clase del profesor José, a lo que él responde que ya me estaba esperando. El profesor le había dicho que yo siempre llegaba muy temprano, pero que como no me vio pensó que se me había hecho tarde.

Quedé como embobada viendo su cabellera larga y rubia. Sus rasgos finos, con una barba a medio afeitar, su camisa a cuadros y su jeans roto. Era como el hombre de mis sueños, un adonis. Él noto que me sonrojaba, me guiñó el ojo invitándome a pasar, cerrando la puerta detrás de mi, cosa que me erizo la piel. De pronto me imaginé dentro de una película porno.

Él caminó hasta el medio del salón, se sacó la camisa y se la desabotonó casi toda. Se soltó el cabello, lo desenredó con sus dedos y se lo volvió a amarrar. Yo no conseguía moverme. Ya estaba húmeda de solo imaginármelo dentro de mí. Creo que leyó mis pensamientos, porque sonrió señalando la guitarra para que la sacará y repasáramos la lección.

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Estaba tan húmeda que temí se mojaría toda mi ropa. -María- susurró casi cerca de mi oído – viniste a tocar, ¿cierto? A menos que tengas otros planes…

Eso me saco de mi ensoñación, aunque no sé si mucho porque atiné a responder: – Nunca es malo cambiar de planes y más si es para coger en tu cumpleaños.

Soltó una sonora carcajada que me sacó de todo éxtasis. – Niña linda, primera vez que me dan una respuesta tan original- Intenté esconder mi rostro, víctima de un ataque de vergüenza. -Me llamo Robert. Voy a sustituir por unos días al profesor José. En este tiempo podemos aprender dos cosas: las dos canciones que aún no logras sacar y a satisfacer las fantasías de alguien más. ¿Te parece? Yo estoy dispuesto a las dos, sin compromisos ni ataduras, solo a explorar.

Cómo coger y no comprometerse en el intento

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No termine de escuchar la frase, cuando ya me había ido encima de él, a satisfacer esa urgencia, ese calor que me quemaba, el deseo de lo prohibido y loco. Lo besé apasionadamente de sorpresa, a lo que él respondió con su lengua hasta lo más profundo de mi ser. El calor iba subiendo al igual que sus manos por mis pechos, sentí como lentamente me desabrochaba la blusa, me la quito de un solo jalón, quedando con el sostén queriendo salirse.

Le desabroché el pantalón, liberando una polla impresionantemente grande, tanto que por poco me arrepiento al pensar como entraría «eso» en mí. La falda cayó al suelo al igual que su camisa. Me besó suavemente el cuello, hasta morderme. Fue bajando hasta chuparme los senos y sin ningún aviso bajo hasta mi sexo y rompió mi panty de un jalón. Sentí su lengua hasta muy dentro de mi… Mis fantasías, mi regalo de cumpleaños soñado, de pronto se estaba haciendo realidad.

Esperé a que terminara de lamerme. Lo subí furiosamente a mi boca, diciéndole que ahora me tocaba a mi. Le bajé los pantalones con brusquedad y lo lamí desde el cuello a la polla. Le mordía con desespero. El me urgía a levantarme para que pudiese penetrarme, pero no lo dejé. Le chupaba los huevos con más fuerza y le daba nalgadas. Él me rogaba porque lo dejara cogerme.

Sabía que si lo sometía a mi voluntad haría todo lo que yo quisiera. Así que lo deje ahí implorando mientras se retorcía. No dejé de succionar y morder hasta que lo sentí correrse en mi boca. Me tomé toda su leche, néctar de vida, sin dejar de mamárselo. Fui subiendo hasta su cara, besándolo poco a poco. Pegue mi cuerpo contra el suyo y al llegar al cuello le susurre: – supera eso, bebé. Ahora sí ¡Cógeme!

Niña Mala, María

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Me lanzó contra la pared, olvidando donde estábamos.  Me mordió los pechos, el coño. Después me besó por todos lados, diciendo que me daría una lección por ser una niña mala. A lo que yo me iba excitando, deseando que me penetrará pero sin demostrárselo, para no ceder ante él.

Entrecerré los ojos, mientras me mordía lentamente todo el cuerpo. Hasta que sentí una presión indescriptible, entre dolor, gozo y calor. Se paró delante de mi, me levanto con fuerza sobre su polla y me la clavó hasta el fondo. Estaba en el cielo, aquello era todo lo que siempre había deseado. Me apretó contra la pared mientras me cogía una y otra vez. Nos besábamos desenfrenados sin separarnos, con fuerza, con un deseo insoportable de poseernos hasta que no quedara nada de ninguno de los dos.

Sentí cuando acabó mientras me mordía el cuello. Yo igual seguí retorciéndome hasta acabar yo. Por un momento pensé que me iba a tirar al piso, pero al contrario. Lentamente me bajo al piso, besándome poco a poco.

¿Lección aprendida?

– ¿Entendiste la lección?- alcance a escuchar muy bajito cerca mi oído.

-Me cuesta aprender a la primera -respondí- creo que me faltan unas lecciones más.

Le besé el lóbulo de su oreja, sintiendo como se erizó hasta el último pelo de su cuerpo. Lo agarré por el cabello y se lo solté del jalón que le dí. Solo vi su expresión entre sorpresa y sumisión cediendo a mis caprichos. Por los cabellos lo llevé hasta el escritorio. Me puse en cuatro patas sobre el mesón y le dije: – si me coges aquí, te dejaré hacerlo cada vez que quieras.

En el acto sentí su enorme pepino hasta lo más profundo, partiéndome literalmente el culo en dos. Dolía, pero era rico sentirme así.

El tiempo: el enemigo invensible

Creo que no podía ni pararme derecha cuando en medio de la última cogida, ya en el piso yo cabalgando sobre él, vi la hora en el reloj de la pared. Menudo susto, ya era tarde y mi madre podía aparecer en cualquier instante. Imaginen que me encuentre gineteando sobre el profesor.

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Intenté levantarme pero él me sujetó fuerte por la cintura, implorando que lo dejará acabar. Saqué su polla completamente de mi vagina, rozando la puntita tan solo. Me agarraba por los brazos para obligarme a sentarme, a lo que yo reaccioné abofeteándolo con fuerza.

-Aquí la que manda ahora soy yo, bebé.

Cuando ya a mí me urgía terminar el juego y acabar, me senté lo más fuerte que pude. Se me olvidó todo de un golpe. Acabamos a la vez corriendo uno sobre el otro, cálido rico fruto de una tarde exquisita. Recogí un poco con mis manos e hice que se lo tomara.

-Nos vemos mañana para la clase, profe.- Él sonrió, todavía aturdido.- Yo soy María Peregrina. No lo olvides.

Me vestí y me despedí con un beso sutil en la mejilla. -Gracias por la clase, bastante productiva.





Publicado en: Relatos Originales Etiquetado como: María Peregrina, relatos originales, Santubearsex, Sexo

6 de septiembre de 2018 by Raúl Deja un comentario

EL PORTERO – 2ª PARTE

Recomendamos leer la primera parte de este relato erótico El portero, para disfrutar plenamente El portero – 2ª parte.

Un Voyeur

Se estaban los tres besando intensamente delante de la puerta del baño, en la entreplanta, cuando Esteban desde el rabillo del ojo vió que los estaban vigilando desde la mitad de las escaleras. Era el cartero. Santi, que así se llamaba el cartero, se había coscado de las miradas entre Esteban y el mensajero. Esperó unos minutos fuera del portal y volvió a entrar presintiendo que algo caliente iba a ocurrir entre esos dos. Y así fué.

Desde la mitad de las escaleras y en completo silencio observó como Esteban le alargó la mano al mensajero para que se uniera en el beso de tornillo con su mujer. Allí estaban los tres besándose apasionadamente y Santi mirando muy cachondo. Al verle Esteban, Santi se echo mano al paquete y comenzó a tocarse. Esteban le hizo una seña para que se uniese al grupo, pero a Santi le ponía más caliente mirar como se besaban.

Un lugar más tranquilo

Esteban estaba nervioso porque estaban en la entreplanta del primer piso y allí podía bajar cualquier vecino por las escaleras y podían pillarles. No se quería jugar su puesto de trabajo. Se metieron en el cuarto de contadores. Santi les siguió hasta dentro.

El cuarto de contadores era un espacio no muy grande, con un montón de aparatos electricos que desprendian mucho calor. Esteban, el mensajero y Teresa siguieron besandose apasionadamente mientras Santi, el cartero, miraba y se tocaba desde el otro extremo del cuarto. Teresa nunca había estado con tres hombres.
Estaba muy cachonda.

Esteban echó mano al paquete del mensajero, notó un bulto enorme y duro. Nunca jamás había tocado ninguna polla de un tío, salvo las típicas pajas en grupo en la adolescencia. Se quitó el buzo de trabajo y se quedó en calzoncillos. Unos slip blancos que su polla dura ya se había encargado de mojar ligeramente por la excitación. El mensajero copió a Esteban.

Comienza a subir la temperatura del encuentro

Allí en aquel cuarto hacía mucho calor. Teresa, cachonda perdida, se agachó y comenzó a pasar la lengua y besar suavemente aquél par de calzoncillos mojados. El glande de la polla del mensajero era tan gordo que asomaba por encima de su slip. Teresa sólo tuvo que bajar un poco el calzoncillo para poder acariciar con su lengua esa bonita polla.

Santi se había bajado los calzoncillos y se masturbaba mirando aquel espectáculo.

– Vamos nena, come mi polla, mientras miras como me beso con tu marido. – le dijo el mensajero a Teresa.
– Nunca he besado a un hombre. – susurró Esteban.
– Pues hoy va a ser tu día de suerte. – le cuchicheó el mensajero a Esteban.

El mensajero y Esteban se fundieron en un beso de tornillo grandioso, mientras Teresa, agachada, intentaba lamer las pollas de los dos. Teresa notaba como le caían babas del beso tan apasionado entre los dos hombres. La polla de Esteban nunca jamás había estado tan dura. Y ella se sentía feliz, y muy cachonda.
Santi, desde el otro lado de la habitación seguía masturbandose lentamente disfrutando la escena.




El portero se baja al pilón

Para Teresa era el momento más excitante de su vida, con dos pollas en sus dos manos, la de su marido, y la del repartidor. Su boca iba excitada de una polla a la otra mientras los dos hombres se seguían comiendo la boca. Comenzó a segregar como nunca antes, su coño estaba empapado, y su primer orgasmo estaba muy cerca.

El mensajero hizo un gesto en el hombro de Teresa para que se levantara y se uniera en el beso a los dos. Ella, obediente, se levantó y los tres se comieron la boca. Los labios de Teresa sabían a sexo. Se notaba el olor intenso y sexual en aquel cuarto de contadores.

– Chaval, es tu turno. – le musitó el mensajero a Esteban, mientras le hacía un gesto en el hombro invitándole a agacharse.

Esteban estaba tan cachondo que no se lo pensó dos veces. Al agacharse, enfrente, tenía el coño de su mujer y una polla gorda y dura que se tenía que comer. Miró por el rabillo del ojo al cartero, mientras este sonreía, y asentía con la cabeza, animando a Esteban a comerse su primera polla.

Deslizó la mano izquierda sobre el coño de su mujer, y con la mano derecha agarro esa polla desde la base. Acercó sus labios al glande y comenzó a chupar delicadamente su primera polla. Su boca subía y bajaba a lo largo del tronco gordo del pene del mensajero. Mientras tanto, el mensajero comía las tetas de la mujer de Esteban. El dedo de la mano izquierda de Esteban provocó el primer orgasmo en Teresa. Su respiración crecía, y su vulva se empapada, mientras deseaba que aquellos dos hombres la follaran viva allí mismo. Pero para eso tenía que esperar.

El portero – 2ª parte

La escena era la siguiente, el mensajero chupando las tetas de Teresa, apretando sus pezones duros mientras a ella le venía su primer orgasmo. Teresa aguantando la respiración, y con el coño húmedo como un estanque. Esteban, el portero, agachado con una mano acariciando el coño de su mujer, y la otra apretando la base de la polla del mensajero, mientras se la tragaba entera. Al otro lado de la habitación el cartero Santi, lo miraba todo y disfrutaba masturbandose.

– ¡¡ESTEBAN!! ¡¡ESTEBAN!! ¿Donde estás?.– oyeron la llamada de un hombre desde el portal.

El portero no se podía creer que algún vecino lo necesitara justo en el momento más excitante de su vida. Esteban era un profesional y sabía que tenía que atender la demanda de su vecino. Les cortaron en el momento más caliente. Todos se quedaron quietos como estatuas. Era mala suerte….¿o no?.

Lo que ocurrió después no lo olvidarían ninguno de ellos el resto de sus vidas.





CONTINUARÁ – EL PORTERO – 2ª PARTE

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Publicado en: Relatos Originales

18 de agosto de 2018 by Aureliano Olivares Deja un comentario

Niño malo

-Eres un niño malo – repitió, a manera de despedida.

Yo me reí mientras arrancaba el coche. Al llegar a mi casa aquella mañana, me sentía sucio. Indigno. Menos mal que mi esposa estaba de viaje con nuestra hija. Así gozaba de un par de días para poner mis pensamientos en orden. Había cumplido con una de mis más viejas fantasías, pero lejos de sentirme realizado, estaba destrozado. Vacío. Y la verdad, no sabía por qué.

Lo disfruté. He de admitirlo que lo disfruté. Y mucho

Sentir todo su cuerpo sobre el mío. Como su sudor se mezclaba con mi sudor. Como me besaba. Lo manera que con su lengua acariciaba cada recodo de mi boca… Como me penetraba.

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Pero en aquel momento, ni siquiera evocar los momentos de lujuria y de placer me reconfortaba. A decir verdad, me daba vergüenza.

Sentía que había abusado de él. Que lo había metido en mi cama e hice que se metiera dentro… Que se metiera dentro de mí. ¿Lo había violado?

Justo antes de bajarse de mi coche y repetirme la frase de que yo era un niño malo, había admitido que aquella había sido su primera vez.

-¿Cuántos años tienes?- quise saber.

-¿Cuantos crees que tengo?- respondió.

-23… 24- me aventuré.

-Tengo 19 años y tres meses nada más…

Me quedé un rato en shock. 19 años. Es solo un niño, pensé. Él es el niño malo. 

Que todavía no hubiese alcanzado los 20 me sorprendió. Aunque que yo -precisamente yo- hubiese sido su primera vez, fue lo que más me golpeó.

A los 19 yo …

Yo llegué algo tarde a la sexualidad activa. Durante mi época en la preparatoria solo jugaba a masturbarme indiscriminadamente pensando en ellas… o en ellos.

Apenas entré a la universidad, rápido recuperé el tiempo perdido. A los 19 ya había alcanzado los dos dígitos en lo que se refiere a parejas sexuales. Aunque solo me aboqué a un segmento de mis fantasías: el de las chicas. No fue una cosa planificada, mucho menos consciente. Simplemente ocurrió así.

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Una tras otras las damiselas desfilaban por mi cama para que las hiciera mías. Incluso de a dos y de a tres. Y yo como lo disfrutaba. Follar se había convertido en mi única razón para vivir. Ser el niño malo era un papel que además me salía natural.

El momento de sentar cabeza

Cuando me hice profesional, apareció la indicada: mi esposa. La mujer de mi vida.

Tenía 25 años cuando nos casamos. Los primeros tres años fueron de puro sexo salvaje alrededor del mundo, pero ya con una sola persona. Me había vuelto monógamo. O como escuché decir alguna vez a un amigo venezolano: monocuco.

Esa también fue una etapa de mi vida que disfruté al máximo.

Luego ella quedó en estado y nació nuestra hija, quien desde el momento en que llegó, se convirtió en mi nueva razón para vivir. Empezamos a ser tres los que viajábamos alrededor del mundo. El sexo siguió allí. Siendo bueno. Siendo exclusivo… Todavía sigue siendo bueno… y salvo excepciones, exclusivo.

El niño malo

Pero verlo a él en mi oficina -fue contratado como uno de mis aprendices- me hizo retroceder a mi adolescencia. Regresé a la época en que me divertía masturbándome por ellas… y por ellos. La vieja fantasía de ser penetrado volvió a mi mente. Yo pensé que se había ido. Pero no. Seguía allí, oculta en algún rincón de mi mente inconsciente.

Apenas me lo propuse, rápido descubrí que no hay mayor diferencia entre llevar a una mujer o a un hombre a la cama. Más cuando el implicado así lo quiere.

Una invitación casual a un bar. Temas superfluos de conversación (él hablaba de todas las chicas de la oficina que le gustaban. Que luego de hacer un recuento, descubrimos que eran todas). Algunas cervezas.

-¿Se lo has dicho a alguna?- quise saber.

-A ninguna

-¿Por qué?

-La verdad, no me atrevo- respondió, resignado y derrotado a partes iguales.

Y allí fue…

-Un chaval tan guapo como tú no debería tener problemas para follarse a quien quiera

-¿Tú crees?- preguntó sonrojado, casi avergonzado. Pero ya había mordido el anzuelo.

-Lo peor que te puede pasar es que te digan que no. Y créeme cuando te digo que eso no duele

25 minutos más tarde estacionaba mi SUV en una cabaña de un discreto motel en las afueras de la ciudad. Aquel era un establecimiento del cual yo fui cliente frecuente durante mis años en la universidad. Después de registrarme se me cruzó por la mente que no lo visitaba desde que me había casado. Deseché aquel pensamiento inoportuno y seguí adelante.

El  momento

Lo desnudé lentamente. Cuando ya no quedaba más nada que quitar, me quedé un rato contemplando aquella figura. Aunque era una situación que muchas veces había recreado en mi mente, era la primera vez que tenía de frente a un hombre desnudo con la intención de follármelo… o más bien, al contrario.

Su tez blanca resplandecía. Pecho lampiño y flaco, con grandes pezones rosados y abdomen completamente plano. Muslos perfectamente definidos y pies grandes, de dedos gruesos y muy limpios. Pero lo mejor estaba justo en medio: una polla gruesa y vigorosa, con unos testículos apenas cubiertos de pelo.

Es solo un niño, pensé en ese momento. Un niño malo. Otro pensamiento que mandé a volar para seguir con lo mío.

Me desvistió, no muy lentamente. Me abrazó. Nuestras penes también se abrazaron. Fue una sensación extraña. Atípica, más bien.

Nos besamos. Sus labios carnosos eran realmente estimulantes. Los mordí con suavidad y sentí como su falo se puso todavía más rígido.

Se puso de rodillas y empezó a mamármelo. Oh, como lo metía dentro de su boca. Todo. Como pasaba su lengua de punta a punta. La forma en que me chupaba las bolas. Como lo mordía.

Parecía que el joven novato e inexperto era yo. No me pude aguantar y rápido me corrí en su boca. Con fuerza y potencia. Como cuando era 20 años más joven y tenía la edad de él.

Se sorprendió al inicio. Luego se levantó, me empujó sobre la cama, me colocó boca abajo y sin darme tiempo a reaccionar, introdujo toda su polla en mí. No pude contener un profundo grito de dolor -de mucho dolor-. Pero también de placer.

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-Has sido un niño malo- me dijo.- Ahora vas a pagar.

Lo hicimos toda la noche. Debo decir más bien, que él me lo hizo toda la noche. Me folló a placer por casi ocho horas, con apenas algunas pausas para ir al baño o comer algo. Allí descubrí que 20 años sí hacen la diferencia.

Sigue siendo mi aprendiz

Ahora cada vez que nos vemos en mi oficina -que irremediablemente es todos los días- el me sonríe con picardía. Como reviviendo nuestro pequeño secreto.

Siguió mis consejos y creo que ya se ha acostado con la todas las mujeres de la empresa. Casadas, divorciadas, solteras, lesbianas. También sospecho que se ha follado a alguno de los hombres. Me recuerda un poco a mí. No discrimina. Aunque a mi me tomó varios años llevarlo al plano real.

-Eres un niño malo- le dije una vez, en medio de una reunión.

-¿Yo?- preguntó, como si nada.

 

 




Publicado en: Relatos Originales Etiquetado como: gay, Niño Malo, Orgías, relatos eróticos, Tríos

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