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Relatos Eróticos Originales

11 de agosto de 2018 by Mayra Deja un comentario

De amor y también de sexo

A veces en la vida, una definitivamente no se haya. No encuentras quien eres ni como hacerte de un espacio en la sociedad. Una siente que estuvo equivocada desde el comienzo, que nunca tuvo un lugar en este mundo, donde todo lo juzga o lo menosprecia. Al menos así me siento.

En solitario fue siempre mi infancia, sin nadie que sencillamente se diera la tarea de entenderme. Hasta mi hermano me trataba con odio. Cada vez que podía lanzaba una puerta, dejándome del otro lado con lágrimas en los ojos anhelando su compañía. Solo quería que fuese mi hermano y su amistad.

Buscando el amor

Como quisiera alguna vez encontrar una historia de amor que me haga olvidar todo lo que por tantos años fue mi soundtrack: “Eres un error”. Todos los días me levanto esperando que sea distinto. Escojo mi mejor ropa, me arreglo y salgo a exponerme a la vida. Hoy por ejemplo, salí con el mejor impulso hasta que en el metro sentí un agarrón, sentí que la mano casi que la tenía dentro de mi ropa.

Quienes y con qué derecho se creen los demás de traspasar los límites del respeto. Yo quiero un amor limpio, bonito o al menos si me tocan que sea porque quiero y no porque alguien me lo imponga. Creen que porque me encanta lucir bien y llena de colores, les doy el permiso a meterme manos cuando quieran. Pero eso no es así.

Todas las tardes suelo caminar por el mismo parque. Disfruto un rico helado, esperando ese amor distante que estoy segura espera por mí, en algún lugar. Hoy toca mi rutina nuevamente, día tras día, lograr subirme al metro, llegar al trabajo, hacer mis labores, salir al final del turno y esperar que venga por mí ese amor que tanto sueño.

 

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¿Llegó el tren?

Una tarde calurosa estoy en el andén leyendo un libro mientras espero el tren. Hasta que siento una mirada sobre mi que me sobresalta. Cuando alzo los ojos, él mira concentrado el título de lo que leo. Cuando detalla que me percato de su mirada insistente, me pide permiso muy caballeroso y se despide caminando apresurado hacia una hermosa chica que lo llama y le brinca a los brazos. Suspiro y los veo anhelante de eso que ellos tienen, amor. Solo quiero un pedacito de esa pasión, un pedacito.

Total que llega el tren, subo y decido continuar con la lectura para abstraerme de ese entorno que todos los días me lastima. Por poco, por distraída pierdo la parada, corrí a la puerta. Recibí un pequeño regaño del encargado y bajé apresurada. Al final me hace un gesto de adiós como resignado que siempre alguien baja con retraso del tren.

Al día siguiente, cuando vuelvo al andén noto que está el mismo chico guapo que revisaba la portada de mi libro el día anterior. Mayor sorpresa me llevé que me saluda y me enseña su nuevo libro. Sonreí, creo que hasta me sonrojé y lo saludé igual.

De la misma manera que el día anterior, se va apresurado al ver que la chica lo viene a buscar. Solo que esta vez voltea despedirse de mí y me guiña el ojo.

¡Wao! No puedo creerlo, me guiñó un ojo. Me notó, sabe que existo. Y además, compró el libro por mi ¡Bahh! No puedo creer que haya sido por mi.

¿Hasta cuándo?

Así transcurrieron los días, tanto que yo me apresuraba a llegar al andén para poder verlo bajar del tren e intercambiar miradas antes que la chica linda que venía a buscarlo me lo arrebatara. Además me ve a mi, sabe quién soy. Yo no le he mentido ni me he ocultado tras alguien más.

En esta dulce espera estuve tan solo un par de días más, porque ya luego lo dejé de ver por casi una semana. Había perdido las esperanzas de verlo otra vez. Miraba al horizonte aferrada al libro que había terminado de leer hace más de dos meses, pero no me importaba porque él lo estaba leyendo.

Ya no más

No sé ni por qué ni de dónde me nace llorar como si hubiese perdido un gran amor. Lloraba y abrazaba con todas mis fuerzas el libro a mi pecho. No sé por cuánto tiempo lloré, pero lo hice por el suficiente. Me prometí dejar esa insistencia mía en sufrir por sufrir. Sequé mis lágrimas, me levanté con impulso, me dirigí al basurero más cercano, me despedí de mi sueño, besé el libro y lo lance a la basura. Por esta vez no me iba a subir al tren, iba por un trago que tantas veces yo me había negado, por querer un amor puro y no uno casual, pero he decidido darme la oportunidad y punto.

 

Justo cuando voy saliendo de la estación, siento dos fuertes brazos que me agarran, me voltea hacia él, sujeta mi rostro con sus manos y me pide perdón. ¡Waoo! No lo puedo creer. Eres tú,  volviste. Pensé que no te vería de nuevo.

Solo tapa mis labios con un dedo y ahí sin pena ninguna, me besa apasionadamente, con tanto ímpetu que olvidó al instante por qué estaba llorando.

No salgo de mi asombro. Me abraza y me dice que lo siente. Que no entendía qué significaba para él verme todos los días hasta que terminó el libro y no me vio más.

-Tú me gustas y yo sé que yo a ti. Por favor, ¿me das una oportunidad? Dame una noche, una mañana y una vida para demostrarte que me importas.

Me besó con tanta furia que pensé en desnudarnos ahí mismo. Sonreímos y corrimos por todas las calles hasta su casa. Que sorpresa cuando llegamos, es una quinta hermosísima y grande. El mayordomo cuando nos vio trago saliva, fue a decirle algo y él lo cortó diciendo que no le importa lo que los demás piensen.

Mi primera vez…

Esa noche fue mi primera vez con un hombre hermoso, musculoso, grande, con una polla gigante que me mamé todo lo que pude. Con furia, con deseo con lujuria. Él me arrancó el traje, me bajo los interiores, me puso contra la pared y me penetro tan duro. Pensé que no resistiría, pero no por el dolor sino por el placer de sentirme suyo y el mío. Jugamos toda la noche, yo con esa verga gigante que me encanta y él con la mía en su boca, cuantas veces quiso acabó dentro de mi. Me mordió, me cogió duro, yo me dejé todo lo que él quiso.

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Ya cuando vi salir el sol por la ventana, vi la mitad de su rostro totalmente dormido sobre la cama, su gran equipo, su abdomen perfecto, el chocolate, el champagne y no me dio la gana de resistirme a mis deseos.

Lo fui besando desde los pies, los muslos, sus bolas. Lamí todos y cada uno de sus cuadritos. Me lo disfrute de arriba a abajo, cuando sentí que ya estaba activo y bien despierto suplicando que siguiera.

-Ahora me toca cogerte a ti. Voltéate bebé, que ahora eres mío-. Lo amarré con la sábana sutilmente, para que las sábanas quedarán sueltas y yo pudiera moverlo a mi antojo, hasta ponerlo en cuatro cuando se me antojara, cada mano a una punta de la cama y los pies de igual forma. Todo mientras lo besaba por todos lados. Él tenía ya la polla bien parada, me la mame y me llene de su néctar.

De lo que me estaba perdiendo

Cómo jamás había estado con un hombre, no lo entiendo. Es la sensación más divina de la vida. Después que gritó al acabar en mi boca, me limpie delicadamente con la misma sábana, lo puse en cuatro y le metí mi polla hasta el fondo, tantas veces como pude. Mientras más gritaba, más me excitaba y más dura se me ponía. Me suplicó que no me lo dejara de coger. Cuando sentí que ya iba a acabar, le susurré al oído que no me olvidara, porque yo jamás me olvidaría de él.

Después de pasar esta noche loca, los dos dormimos, él amarrado y yo acurrucado a su lado. Nuestra primera vez juntos. Al despertarme me dí cuenta que ya estaba oscureciendo. Me lo volví a coger, lo desperté con mi polla dentro de él, en lo más profundo. Me lo cogí tantas veces como pude, hasta que decidí soltarlo. Él me beso, me apretó contra su pecho caliente y me dijo: yo sé quién soy, tú ya sabes quien eres. Yo te quiero junto a mi, cogerte cuando quiera y que seas mi hombre, mi macho, mi amor.

En el cielo

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Pasamos en este juego, cogiendo por toda la casa, delante de quien nos quisiera ver, delante de los sirvientes que corrían espantados cuando nos veían venir. Cogimos en la piscina, en la cocina.

Cuando el sueño se acabó al transcurrir los días y reaccionar que seguro ya había perdido mi trabajo y todo, me bañé fui sigiloso, ya con la satisfacción de sentirme querido y deseado por alguien. Le dejé una pequeña nota que decía: volveré por más.

Pero me tardé en volver

Pasaron un par de años antes de enfrentarme a mi realidad. De aceptar lo que mi alma gritaba: me gustan los hombres. Pero cuando decidí buscarlo ya no lo encontré. La casa estaba cerrada y me enteré que su papá quemó prácticamente todo aborrecido que su hijo fuese gay.

Seguí con mi vida aburrida, monótona y rutinaria, aparentando lo que no soy, hasta que no pude más con el dolor de la nostalgia de una gran pasión, de un amor. Ese hombre había logrado moverme el piso y aceptarme sin importar nada más. No sé porque el miedo me impidió buscarlo antes.

Y volví al andén

Decidí día tras día volver al único sitio en común que permitió nuestro encuentro. Quizás algún día él lo entendería, que me equivoque y que siempre lo esperaré. Una de esas tantas tardes, caminaba por el andén y lo vi a la distancia, sentado en aquella banca de aquella vieja estación de metro donde antes, hace tan poco tiempo, yo lo esperaba.

He vuelto constantemente  solo por lo mucho que lo extrañaba, su aroma, su cuerpo, su audacia. Mientras desvariaba, pensé que era otro de esos tantos sueños despierto, donde lo veo esperarme, cuando de repente reacciono, no podía creerlo, si era él, ahí sentado leyendo un viejo libro, que cuando atinó a reconocer la portada, veo que es nuestro libro.

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No camino sino corro a su encuentro, deteniéndome de golpe, cuando vuelve a aparecer la figura de aquella mujer misteriosa, que solía esperarlo en el andén y por la que nunca pregunté.

¿Por qué?

Me frené tan de golpe, que todos mis sentimientos se agolparon en mi pecho. Decidí en el acto no seguir sufriendo por alguien que seguro me había olvidado. Fuí solo una aventura no más. Me di media vuelta para irme, cuando el viento me trajo a los oídos sus palabras: linda hermanita llegaste, me has hecho mucha falta.

Sentí una mezcla de sentimientos tan intensas que no supe como reaccionar, corrieron lágrimas por mi mejillas al darme cuenta lo estúpido que he sido. Celoso, de que? 

Él percibe mi presencia y al voltear a verme, nuestras miradas se cruzaron. Yo me quede como la primera vez: paralizado. Él corre a mi, me sostiene el rostro y me dice: volviste amor. Nunca he dejado de buscarte.

Echa un vistazo al siguiente relato erótico «El Vasco»

Publicado en: Relatos Originales Etiquetado como: amor, gay, polla, viaje en tren. sueño de una vida

24 de julio de 2018 by Raúl Deja un comentario

EL PORTERO

El Portero – Relato Erótico

Esteban tenía todo lo que podía desear uno en la vida. Tenía una mujer preciosa, y una par de churumbeles de 2 y 4 años. Esteban trabajaba de conserje en un edificio del centro de la ciudad. En aquel inmueble vivían las familias más pudientes de la ciudad. Era una finca enorme y el portero se sentía muy querido y apreciado en su trabajo. Vivían en la casa del portero que estaba en el ático del edificio.
Su rutina diaria era siempre la misma. Se despertaba sobre las 6 de la mañana, y retozaba en la cama con su mujer. Se despertaba siempre con una empalmada fuerte y siempre tenía ganas de clavársela. Evidentemente su mujer, Teresa, no le hacía mucha gracia que todos los días la despertaran con la polla en la boca. Pero, aún así, Esteban bajaba a trabajar todos los días con el depósito vacío.

Limpieza de portal y sorpresa

A diario lo primero que hacía era limpiar el portal. Ya bajaba con el buzo azul puesto de casa. Lo primero era una barrida general y luego pasaba a los cristales. Mientras limpiaba los vecinos iban bajando y saludando a Esteban. Sobre las 11 de la mañana llegaba el cartero a entregarle la correspondencia del vecindario.
El cartero era un tipo delgado, más bien fibrado. Se notaba que hacía deporte y estaba en forma. Lucía siempre unos pantalones ajustados que hacían que su paquete sobresaliera de manera importante. A la vez que el cartero le entregaba las cartas a Esteban, apareció un mensajero con un enorme paquete. El portero se quedó parado.

Atracción sexual hacia otro hombre

Esteban no había sentido nunca nada igual a lo que sintió al ver entrar al mensajero al portal para hacerle entrega del paquete para un vecino. Los ojos de Esteban recorrian el cuerpo del mensajero de arriba a abajo, y los ojos del mensajero, también hicieron hincapié en el cuerpazo de Esteban. Y mientras tanto, el cartero en medio. Aunque las miradas fueron muy discretas, el cartero se coscó de todo.
– Traigo este paquete para el Señor Terranova.- dijo el mensajero.
– ok, ok, dígame donde tengo que firmar.- le contesto Esteban.
Mientras tanto el cartero se despidió.
– Adiós Esteban, hasta mañana.
Esteban contestó sin demasiado afán. El mensajero le dio la hoja a firmar mientras Esteban no apartaba la mirada de aquel hombre.
– ¿Tiene usted un lavabo aquí?, me estoy meando hace una hora.- le preguntó el mensajero.
– Sí. Claro. Sígueme.- respondió Esteban.
Esteban le guió hasta su baño privado en la entreplanta. Al lado del cuarto de contadores.

La mujer de Esteban

Teresa era un portento de mujer. Unos pechos enormes apuntando hacia delante le conferían un aspecto firme y seguro. Un culo redondo y duro en el que todos los hombres, y alguna mujer también se paraban a mirar. El marido estaba orgulloso de su mujer.
El ascensor se abrió y apareció Teresa. Comenzó a buscar a Esteban, y lo encontró en la puerta del baño.
– ¿Que haces ahí cariño?.- le preguntó ella.
– Ha venido un mensajero y me ha pedido que le dejara entrar a mear.- contestó Esteban.
No había terminado de decir la frase y salió el mensajero abrochandose la cremallera.
– Muchas gracias. Me estaba meando hace más de una hora.- dijo el mensajero.

El deseo oculto de Esteban

Esteban cogió la mano de su mujer, y la apretó suavemente. Sus hormonas estaban disparadas, y sentía la necesidad de tocar a aquel hombre, pero no sabía como. Así que Esteban hizo lo más fácil. Le dió un beso de tornillo a su mujer enfrente del mensajero.
– Perdón, no quiero interrumpir.- dijo este.
– No interrumpes, queremos que te unas a nosotros.- contestó Esteban.
Teresa se quedo con la boca abierta.
– Si mi mujer quiere, claro.- se apresuro a decir Esteban de nuevo con un guiño hacia Teresa.
La idea no le disgustó a Teresa, y en décimas de segundo decidió que hacía mucho tiempo que no chupaba nada distinto a la polla de Esteban. Alargó el brazo y cogió la mano del mensajero acercándolo hacia ellos. Los tres se fundieron en un largo beso delante de la puerta del baño.

…CONTINUARÁ…






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El portero – Relato Erótico.

Publicado en: Relatos Originales

7 de julio de 2018 by Mayra Deja un comentario

María Gracia, llena de gracias (y ganas de coger)

Hoy amanecí con ganas de coger. Para qué voy a mentir diciendo que estoy deseosa de un amor extraordinario que marque mi alma. Yo lo que quiero es un hombre que me coja hasta el cansancio. Que no me deje dormir al menos todo un fin de semana y que quede extasiada con ganas de más. Eso sinceramente es lo que le hace falta a mi espíritu, en lugar de esta estúpida oficina, donde no hago más que sacar cuentas.

Estoy obstinada de ver a la distancia todo. Quiero vivir una pasión intensa e insaciable, que me haga gozar la vida. !Uich! Me pica la cuca, deseosa de una inmensa verga acompañada por un lindo galán. Ojalá y lo conociera, a ver si dejo la idiotez y agarro valor para abandonar esta miseria…

Abstraída en mis pensamientos medio sadicones, paso la mitad de la tarde. El trabajo se me acumula, pero sinceramente no me importa. De verdad necesito cuarenta y ocho horas de sexo salvaje, sin ni saber el nombre de la grandiosa verga. Solo gozármelo…

María Gracia…

De repente, a la distancia oigo mi nombre. Lejos, muy lejos.- Maríaaa Graciaaa- Cuando reacciono, era mi jefe, en la puerta de la oficina gritando como un demente porque aún no le tengo los balances que me pidió.

Estoy tan fastidiada y con tantas ganas de coger, que creo que aceptaría que hasta él me follara. Si lo veo bien, no es feo. Solo es medio imbécil y machista a más no poder. ¡Uff María Gracia, reacciona por dios! Este tipo es demasiado patán, luego como te lo quitas de encima. Mejor saco el trabajo y salgo de esta oficina. Me queda tan sólo una hora…

 

Cuando al fin termino todo, corro a lanzarle a mi jefe la carpeta con la cartera ya colgada al hombro. Entro en su oficina, se la dejo sobre el escritorio mientras  él habla por teléfono y corro a la puerta.

maria gracia, llena de gracias ( y ganas de coger)

En medio del apuro por huir, no sólo me caigo, sino que además rodé por el piso con un tipo que en la vida había visto. Me levanto como una loca, acomodando mi falda y susurrando disculpas inentendibles. Trato de escurrirme rápidamente pero siento un brazo que me sujeta por la cintura con tal fuerza que me hace perder el aliento.

Cuando los sueños se hacen realidad

No me lo puedo creer. La verga con la que he soñado todo el día como que al fin la encontré. Paso la mirada desde el inmenso paquete a la cara. ¡Ufff! ¡Qué guauuuuu! Casi le digo cogeme por lo que más quieras, ¿no tienes ganas de coger?

No hizo falta. En estos segundos creo que me leyó la mente, me apretó a su cuerpo, sujetando más fuerte mi cintura, presionando su vara contra mi. Ahí cedí totalmente, ya no opuse resistencia y solo le escuché decir: – Tengo toda la tarde viéndote por la ventana, creerás que soy un sádico pero quiero coger contigo, por eso vine a buscarte.

Sentí el vapor de su aliento en mi cuello, cuando pensé que lo haríamos delante de todos, salió el imbécil de mi jefe a saludar. -¡Fernando! Hasta que por fin vienes a la oficina. Pasa hablemos un rato- Me miró con desprecio y continuó – Ya la inútil esta se iba seguramente. Menos mal y la estás sujetando fuertemente.- soltó una carcajada de fumador ahogado. Por un momento pensé que le iba a dar algo allí. Mientras, Fernando (ya sabía cómo se llamaba) no dejaba de sujetarme. – Los presento, ella es la contadora del negocio de papá y este inútil que aún no te suelta María Gracia, es mi hermano menor.

Arreglé mi falda y acepté entrar a hablar con ambos del negocio. Nada más su olor me hacía desfallecer, pero firme di toda mi presentación de cuentas, les explique todo lo que me preguntaron y cuando creí que ya todo estaba claro, salió el hermano menor: -Mejor vengo mañana para que me vuelvas a explicar, porque sinceramente aún no entiendo mucho.- Vi su sonrisa abierta, de dientes brillantes. Me guiñó un ojo a la distancia y salió como si nada.

Más caliente

Terminé con más ganas de coger que antes, pero tuve que irme a casa sola. Llegué corriendo a quitarme toda la ropa y a masturbarme en la bañera. Busqué hasta el vibrador para soltar un poco de ese fuego que me quemó todo el día. Cansada, decidí acostarme a leer un rato, pero el libro estaba tan fastidioso, que me dormí casi al instante. A media noche sentí una brisa muy fuerte y fría que me despertó, la ventana estaba totalmente abierta. Yo juraría que la había dejado cerrada. La cerré y me devuelvo a la cama.

Justo cuando me estoy arropando, veo salir de las sombras a un enmascarado totalmente desnudo. Tenía la polla más grande que había visto en mi vida. Tuve una sensación de miedo, terror, incertidumbre y ganas. Ganas de coger. No opuse resistencia, me deje llevar por las ganas.

maria gracia, llena de gracias ( y ganas de coger)

Aquí no estaba decidiendo yo sino mi conejo caliente. Cogí como nunca, por todos lados. Aquella verga salía y entraba a su antojo. Me arrancó toda la ropa, me lanzó contra la cama, me lamió las tetas, las chupo, me chupó mi sexo hasta que me vine en su boca, por lo que se rió a montones. -Ahora te toca a ti- me dijo.

Cuando reaccioné tenía su gigantesca verga en la boca. Sentía que me llegaba hasta el fondo de la garganta, pero como lo disfrutaba. Dura, caliente, firme y afeitadita.

Bruscamente me lanzó boca abajo sobre la cama. Ya estaba amaneciendo, porque vi el sol asomarse por la ventana. Me amarró las manos a cada uno de los barrotes. Me abrió las piernas y dijo: -esta noche vuelvo otra vez por ti. Eres demasiado rica.-

Me clavó duro por varios minutos, creí que iba a perder el sentido, hasta que lo sentí escurrirse a la vez que yo. Me besó el cuello, se recostó unos segundos sobre mi espalda y me volvió a besar. Aflojó una mano de mis manos y levantándose añadió:  -nos volvemos a ver más tarde.

¿Quién era?

Me volteé rápidamente, pero él ya no estaba. Sentí rabia conmigo misma por puta. También satisfacción por haber saciado las ganas de coger que mi cuerpo tenía. Así que me levanté, tomé una ducha y me fui a la oficina con la sensación que todo había sido un sueño. A no ser claro, porque la concha me dolía. Pero la muy cabrona quería una noche más.

Al llegar a la oficina, veo al hermanito sentado en mi puesto, esperando. Sonríe y dice: – te traje un rico desayuno, debes recuperar energías por lo mucho que “trabajas”.- Dio un mordisco tan grande a un sandwich que tenía entre las manos, que pensé que se lo iba a tragar de un solo viaje.

Pasamos una tarde plagada de indirectas, calenturas sueltas y frases aisladas. Hasta que me suelta la pregunta: -¿pensaste lo que te propuse ayer? Vamos acepta, sabes que tienes tantas ganas como yo. – Se me acercó al cuello y me lamió como si fuese mi dueño.

maria gracia, llena de gracias ( y ganas de coger)

Ahí se me bajaron las pantaletas tan rápido que ni acerté decir que no. Solo lo sentí al frente, con la verga tan grande como mi visitante nocturno. Por poco y me atraviesa de punta a punta a no ser porque me sostuve del escritorio. La cogida más sabrosa de media tarde que había soñado. Estaba en el cielo, las mejores cogidas en las últimas veinticuatro horas de los dos hombres más sabrosos que he probado.

Pero, ¿qué estoy haciendo?

De pronto, reaccioné. – Esto es lo que va a pasar entre tú y yo, no más.- Se abrochó el pantalón, me dio un medio beso en la boca, me mordió el labio y salió como si nada. -Nos vemos más tarde, muñeca.

 

Atiné a sentarme para recoger las pantaletas, al tiempo que entraba mi jefe a la oficina. Las lance debajo del escritorio sin levantarme siquiera, porque ¿cómo iba a explicaba la falda mojada y llena de semen?

Mi jefe hablaba y yo ni le veía la cara. El sinvergüenza del hermanito entró sonriente a mi oficina con dos café. Me da uno y se sienta a mi lado, como si nada. Me soba la pierna y conversa tranquilamente. Hasta que mi jefe, un poco confundido por mi tranquilidad pasmosa me dice: -María Gracias ¿que tienes? Ni has hablado ni te has movido de ahí.- Yo solo sonrío

La verdad no sé ni qué cara tenía, pero me pidió que me fuera a casa, que me daba la tarde libre y que no me preocupara por nada. Cuando al fin salen de mi oficina, respiro, me pongo la pantaleta, limpio mi falda, agarro mi cartera y me voy.

Por mis ganas de coger

Camino a mi casa reflexiono en todo lo que me había pasado durante las últimas horas. Me violaron y yo me lo goce, luego me coge el hermano del jefe y no solo me dejo, sino que me encanta y quiero más. Estoy loca de atar, mejor llego a bañarme y no salgo al menos en un par de días de la cama a ver si dejo lo puta.

Estoy bajo la ducha cuando siento que abren la ventana. Me dio susto de pensar  que era mi enmascarado misterioso. Me envuelvo en la toalla y salgo a revisar. Cuando me asomo al cuarto, lo veo ahí acostado, en mi cama, esperándome.

-¿Ya te refrescaste? Mira que ahora viene lo bueno.- Me hace señas para la cama y yo voy como ternera al matadero, para que me den hasta por los huecos de las orejas.

Dicho y hecho. Yo seguí todas las instrucciones que me dio, me puse en todas las posiciones que me pidió cordialmente. Lo hicimos todavía más y más duro que en la noche. Hasta que él exhausto, se quedó dormido.

Busqué unas esposas y con mucho sigilo lo amarre al borde de la cama. Luego con mucha calma restregué mi cuerpo contra el de él, con el mayor detalle. Pase mis tetas por su boca, mi concha la puse en su cara.

Quién es quién

Lo desperté mamándole la verga. Me imploró que no le quitará la máscara porque se perdería el misterio. Me rogaba que me sentara en su verga, la tenía dura otra vez. Ya le dolía de las ganas que me tenía, lo besé al oído y le susurre: -yo sé quien eres ahora tú. ¿sabes realmente quien soy yo?

 

maria gracia, llena de gracias ( y ganas de coger)

Me senté con tanta fuerza en su falo que grito. Le puse la sábana en la boca y me lo cogí. Cuando sentía que iba a acabar, me levantaba y me volvía a sentar de golpe para que no lo hiciera todavía. Hasta que me apiadé  y dejé que terminara.

 

Así pasamos dos días olvidados del mundo, me despertaba, le paraba la verga y me lo volvía a coger. Ya él me imploraba que lo soltara, que no iba a volver a abusar de mi. Pues no, ahora yo quería que lo hiciera y seguí hasta la eternidad.

Al tercer día, aún sin soltarlo, me despedí de besos y le dije al oído: -te dejo las llaves en las bolas, trata de abrir las esposas. Si estás aquí al volver, te cogeré un par de días más.

maria gracia, llena de gracias ( y ganas de coger)

Cuando volví a la casa pensé que ya se habría ido. Pues no, olía a comida. Me asomo desde el umbral de la puerta de la cocina y veo a ese monumental hombre desnudo con un delantal cocinando la cena sin máscara de espaldas a mi. Me quedé contemplándolo unos segundos. Volteó y me sonrió. -Cuando te vi la primera vez, te dije que tenía ganas de coger contigo y aquí estoy.

Publicado en: Relatos Originales Etiquetado como: follar, ganas de coger, llena de gracias, maría gracias, Sexo

3 de julio de 2018 by Magnuson 5 comentarios

El Vasco

El Vasco

Nació en el norte del país, de familia humilde y amante de la naturaleza y los animales. El vasco era hijo único y descendiente de trabajadores de la localidad. De aspecto robusto y viril, facciones pronunciadas y mirada profunda. Con buena envergadura y proporciones. De tez morena y testarudo en sus propósitos. Así era aquél muchacho llamado Raúl.

Raúl desde la pubertad le gustaban las pollas. Él siempre andaba por los bosques con sus animales paseando buscando indicios de cualquier síntoma que le tradujese que allí había habido jaleo. Todo ello producto de su fustración ya que la demanda por su cuerpo no era correspondida por los hechos.

Alguna vez que otra, se había cruzado con el pastor del rebaño del pueblo y en aquellas montañas, Raúl observaba entre la maleza cuán hermosa polla el candidato deslumbraba en períodos de celo. Mientras contemplaba tan voluminoso ejemplar, Raúl se masturbaba pensando por donde le metería mano. el vasco relato erotico gay el blog erotico de santu

Preferencias Sexuales

Ya de adulto pronto se quiso independizar para disponer del máximo tiempo posible y descubrir fuera de la aldea los placeres que el territorio le había privado. Aquél pastor le llevaba de cabeza pero no se atrevía a dar el paso por el miedo a ser descubierto sus preferencias homosexuales.

Sus animales le ataban, era tal su falta de cariño anhelando el deseo sexual, que se refugiaba entre ellos, pero Raúl valoraba mas el amor de éstos que de cualquier otro ser humano. Así que decidió marchar a la ciudad pero nunca renunció a vivir en el campo.

Así es como empezó la historia de Raúl.

Trabajo en la ciudad

Una vez en la ciudad, se estabilizo en los trabajos que veía productividad, pero sin darse cuenta que a la larga le pasarían factura, sobretodo por su escaso tiempo libre. Estaba marcado desde sus primeros conocimientos sexuales por aquél pastor y andaba buscando sexo a todas horas, la situación durante tanto tiempo le había vuelto vicioso. Tiempo libre que tenía, tiempo que dedicaba a buscar aquella imagen del pastor.

Una mañana -en la que se dedicaba entre otras al reparto de frutas-, tenía encomendada una entrega. El lugar no era nuevo para él y había tenido tiempo suficiente como para conocer cualquier lugar que le hiciesen ir, siempre en caso de dudas disponía en su furgón el gps que tanto le ayudaba, salvo en aquella ocasión que no le habían actualizado y le metieron por caminos infernales.

Tenía que hacer una entrega de un par de cajas de naranjas. El lugar como siempre para aldeas y gente retiradas de la ciudad. Raúl se dirigió a hacer la entrega. Era la dirección conocida para él, así que con la ilusión de conocer a su nuevo cliente le tenía excitado –los nombres de tíos ya le provocaban una excitación-. el vasco relato erotico gay imagenes de dos penes en el blog erotico de santu

El pastor

Era una granja, él sabía de su existir, pero no reparó nunca en quien serían los propietarios. Al llegar un buen can le recibió con decisión y mirada inquietante. Un par de ladridos basto como para que Raúl no bajase del furgón. Miraba de izquierda a derecha buscando alguien que autorizarse a bajar del furgón para hacer la entrega, pero aún no aparecía nadie.

Pasado unos minutos alguien voceó el nombre del can . “Santu”, ven aquí!. Santu no vaciló y ya con un movimiento suave de cola y girándose fue hacia esa llamada.

Madurito Cincuentón

De unos cincuenta largos le echó Raúl a aquél tipo que nada mas verlo se empalmo como un burro. No daba crédito de lo que sus ojos veían. Era el pastor que él tanto anhelaba desde que lo veía por las montañas cuando paseaba y él le espiaba como se la machacaba cuando el rebaño pastaba.

Raúl bajo del furgón y con paso decisivo fue a saludar a su cliente. Su polla se notaba como a través del mono de trabajo le declaraba todo su placer por ver tal ejemplar, y no me refiero al can –que eso también le encantó-, si no que era tal su deseo desde bien pronto, que jamás pensó que algún dia se produjese aquél encuentro.



Máxima Excitación

-Egunon, soy Raúl, me mandan a entregar un par de cajas de naranjas a esta dirección.
-Si, estaba esperando, ya hace un par de dias que me quede sin hacerme el zumo que tomo al desayunar, mi nombre es Aitor.
Raúl le choco la mano, que ya le temblaba a notar como la del pastor podía haberle albergado las dos suyas con una sola de él.
Aitor ya tenía escuela y desde que Raúl se dirigía hacia él, había visto como el precum le había calado el mono de trabajo, y el empalme era tan obvio que no se cortó un pelo a la hora de ponerle cachondo. La tenía todas consigo, viudo desde hacía tiempo, le había quedado una buena paga, por lo que su amor a la naturaleza la había hecho renunciar a la ciudad buscando hembra.

Le era más fácil ir de vez en cuando a club de alternes o áreas que le pillaban al paso, para desfogar aquellos momentos de euforia sexual. Aitor le indicó dónde estaba la despensa para que depositase allí las naranjas. Raúl muy obediente, acato la orden.

Mientras echaba los viajes ayudado de su carretilla, Aitor se restregaba con la mano el paquete contemplando el culo de Raúl, que vislumbraba por la parte delantera todo el chorreon que llevaba de semen. Una vez dentro descargada la segunda caja, Aitor se despecho y tiro la camisa, se le acercó a Raúl y cogiéndole su mano se la llevo al paquete de Aitor.



Unos huevazos peludos y gordos

Raúl palpaba cómo no daba a basto para cubrir tanto bulto con solo su palma. Aitor le cogió la cabeza y se la acercó al pezón. Raúl empezó a chuparle los pezones que éstos iban poniéndose duros como roca al pasarle la lengua. Mientras con sus manos le abrió la bragueta sin poder conseguir sacar la polla de Aitor, por lo que empezó a desabrochar el pantalón y al bajar los pantalones cayó tal suculento cipote con unos huevazos peludos y gordos.

Raúl se arrodillo y con ayuda de ambas manos descapullo el glande y empezó a mamar. Aitor le cogió la cabeza y le bombeaba con su pedazo cipote la boca. Raúl daba arcadas pero Aitor insistía y arremetía con todas sus fuerzas hacia dentro. Raúl tragaba. Mientras Aitor gozaba de la mamada, le decía lo bien que sabía tragarse una buena polla, eso, le gustaba oírlo y mejor lo hacía. A la vez que se ayudaba con una mano en retirarle el pellejo del glande, al sacar la mano hacia delante, recogía con el pulgar el precum del caño del cipote y una vez en el orificio de la uretra, se lo tragaba. el vasco - relato erotico gay - el blog de santu foto de un oso enseñando el pene

El pastor lubricaba como una bestia

Traga más, traga bien, que te la voy a dar toda para que no se te olvide!, Raúl babeaba de oír a Aitor como disfrutaba de su buen trabajo. Mientras le acariciaba los huevos. Le levantaba con ambas manos el paquete y salivaba sus peludos testículos, hinchados como bolas y duros como piedra para expulsar tan esperada lechada.
Mientras la polla de Raúl era un reguero de precum mientras le trabajaba a Aitor. Éste le tumbó y levantó las piernas, no tuvo que sujetárselas, ya que Raúl podía mantenerlas en alto. Con sus manazas desplegó los glúteos de Raúl y empezó a meterle la lengua, le ensalivaba y jugaba con sus dedos introduciéndole el salivaje hacia dentro del esfínter. Raúl gemía de placer y le dilataba para que le introdujese más la lengua.

Era ahora Aitor quien lubricaba como una bestia, marcando las venas por el cipote y con ganas de embestirlo.

El umbral del esfínter

Raúl se lo pidió.
-Métemela hasta los huevos, quiero sentir como golpean mi culo mientras me estás follando. Aitor acercó el prepucio hasta el ano, fue introduciendo poco a poco. Iba notando las paredes ardiendo de Raúl y sentía como demandaba más y más a cada centímetro que iba pasando.

Notó el salto del glande cuando traspaso el umbral del esfínter. Notaba los gemidos de Raúl pidiéndole más, pero Aitor quería hacerle una primera introducción lentamente, observando cada centímetro que iba penetrando.
Llego hacer tope y Raúl con experiencia, cerro los glúteos haciendo ventosa, Aitor se vio atrapado sin poder culear, lo que le hizo sentir que era Raúl el que dominaba la situación, enrabietó y como pudo deshizo aquella opresión de su cipote y casi teniéndola fuera del culo de Raúl, arremetió con todas sus fuerzas hacia dentro. Raúl no lo esperaba y gritó de placer.



Así…., así es como quiero que me desgarres el culo, como un buen semental, como te la machacas en los prados con el rebaño, no con tanta delicadeza, que llevo años esperando este momento. Aitor, desconcertado por el comentario y encolerizado por no controlar la situación, empezó a clavarlo sin consideración alguna.

El pastor necesitaba más..

Espera -sugirió Raúl-, déjame coger un poco de popper, que disfrute más de la follada!. Alargó la mano y consiguió sacar del bolsillo de su mono un frasco que recién había adquirido en una web dedicada a este tipo de ventas de lencería, dildos y productos eróticos. Esnifó una buena tirada y Aitor follaba como ni a una hembra en época de celos había clavado.

Raúl se retorcía de placer, y a penas sin tocarse eyaculó como un perro. Pero Aitor necesitaba más tiempo, él no se contentaba con tan lamentoso tiempo y quería sacarle el máximo partido a Raúl. Su culo lo había envenenado en el vicio y la lujuria. Así que saco su polla y empezó a comérselo nuevamente.



Temblor de placer

Raúl se estremecía de placer, y después de un buen rato de comida, invitó nuevamente a Aitor a que siguiera follándole. Esta vez quiso cambiar de postura y ponerse a 4 patas. Así podría estar esnifando mientras Aitor enculaba su precioso trasero.

Durante los cambios Raúl aprovechó para sentir como le follaba la boca nuevamente antes de ser follado en el nuevo acuerdo.
Pero Aitor le pidió una esnifada a Raúl mientras éste se la tragaba hasta producirle arcadas. Aitor esnifó y notó como todo su cuerpo se entregaba sin control a Raúl.

Le empezó a temblar todo de golpe, Raúl aprovechó y salivando sus dedos introdujo hasta tocar la próstata de Aitor. Raúl no cesaba en el ritmo de la felación. Consiguió que Aitor empezara a descontrolar el placer y provocó la eyaculación mientras tragaba saliva con la lechada de Aitor.

Tuvo que ir tragando a cada lechazo que notaba en su garganta. De otra forma se podría haber atragantado y complicado la corrida. Una y otra vez. Hasta 6 tragos tuvo que hacer Raúl para parar aquel torrente de semen que le inundaba la garganta.

La semana que viene otro pedido

Cuando terminó, Aitor le dijo, la semana que viene te haré otro pedido, a Raúl le encantó.
Santu se dirigió a él para despedirle con un movimiento suave de cola y bostezo a la vez.
Se dirigió a su furgón y arrancó.
Los baches del camino iban pasando factura en su trasero, cosa que no le importo. El motivo que tanto había ansiado merecía la pena, pensó.
Cantaba Raúl una canción que pusieron en la emisora mientras pensaba en la próxima semana.

….(continuará)

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Publicado en: Relatos Originales

20 de junio de 2018 by Aureliano Olivares Deja un comentario

Historias de sexo salvaje. Primera parte: sorpresa en Toledo

Hay cosas que uno solo piensa que pasan en la TV o en las películas. Escenas de telenovela barata grabadas en alguna parte de Miami, donde la protagonista habla con acento mexicano, el galán es venezolano o colombiano y la villana es de Argentina. Situaciones bizarras que solo pueden tener lugar en una película de Almodóvar o de Bigas Luna. Historias de sexo salvaje digno de cine porno. Fantasías que solo a gente con el rostro de Brad Pitt pueden ocurrirles. Pero aquella semana, a mi me pasó de todo… Y aún no entiendo como conseguí sobrevivir para contarlo.

Día uno, primera parte

Sexo salvaje aeropuerto santubearsex Todo empezó cuando quise dármela de listo y sorprender a mi chica. Debía tomar en Barajas un vuelo para Caracas, para ir a poner en orden algunas cosas de mi abuelo, quien había salido de España huyendo de Franco y ahora corría de regreso espantado por los herederos de Chávez.

Pero el vuelo fue cancelado por una falla técnica de último minuto. Los de la aerolínea nos dieron a los pasajeros la opción de embarcarnos en otro avión que salía hacia Medellín y de allí montarnos en un tour que incluía una conexión en Maracaibo antes de aterrizar en la capital de Venezuela. O esperar dos días para la próxima salida directa hasta el Aeropuerto Simón Bolívar. Opté por lo segundo. Hacer turismo tropical en solitario no era algo que me llamase mucho. Además, tendría dos días más para estar con mi chiqui.

Sexo salvaje en mi casa

Mientras iba en el Uber hasta Toledo, soñaba con todas las formas posibles en que me la iba a follar con aquellos dos días de regalo que nos había dado Iberia. Sería sexo salvaje en estado puro.



Lo haríamos en el baño, bajo la ducha. Ella de pie, despaldas a mí, apoyada con ambas manos en la puerta corrediza y yo penetrándola por detrás.

Luego en la mesa de la cocina. Ella en cuatro patas sobre el tablón y yo sujetándola duro, con una mano en la cintura y la otra trenzada en su cabellera.

También en el balcón. Al amanecer o al atardecer. Fingiríamos estar viendo el cielo, yo abrazándola por la espalda y ella sin poder disimular el placer que le hago sentir, mientras la vieja que vive en el piso del otro lado de la calle no para de cuchichiar al teléfono, santiguándose de manera compulsiva cada cierto tiempo, sin dejar de ver por la ventana de su cuarto.

Casi acabo yo solo en la parte de atrás del Seat que no terminaba de llegar. Opté con entretenerme con idioteces del tipo quién ganaría un uno contra uno entre LeBron James y Michael Jordan para disimular mi calentura.

Cuando por fin llegué a mi casa, no daba crédito a lo que veía…

¿Qué haces aquí?

Mi chiqui y yo llevábamos dos semanas viviendo en un pequeño piso de un solo ambiente que rentamos en el casco central de la capital de Castilla-La Mancha. Sin embargo, poco nos veíamos, porque ella trabaja toda la noche como enfermera y yo estoy todo el día de gerente en una oficina bancaria. Las pocas veces que coincidimos en nuestro lecho de sexo salvaje, lo único que hicimos fue dormir.

Durmiendo no la encontré. Estaba desnuda, en cuatro patas, en medio de la cama, (de nuestra cama), mientras un tipo con cara de doctor se la follaba por detrás… como yo nunca había podido. Ambos estaban de frente a la puerta, por lo que me vieron en el momento en punto en el que yo entré.

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Pero estaban demasiado ocupados como para detenerse. Sin ignorarme (ninguno de los dos me quitaba la mirada de encima), continuaron en los suyo. Parecía incluso que él empezaba a imprimir más violencia. Ella no disimulaba los gemidos, que de a poco fueron ganando en intensidad.

Me quedé petrificado viendo la escena. No sabía qué hacer. Mi polla no pareció disgustarle aquello y rápido se puso rígida, lista para entrar en acción. Pero mi orgullo herido pudo más y me contuve.

Mientras el invasor estaba a punto de acabar (o al menos eso parecía), mi chiqui me preguntó entre dos gemidos de placer qué estaba haciendo allí.

Fue entonces cuando la verga del intruso quedó a la vista (era impresionantemente más grande que la mía) y derramó todo el semen sobre la espalda de la que yo creía, era el amor de mi vida.



No pude más, aquello fue demasiado. Salí espantado, lejos de aquella pesadilla.

Ya que estás aquí, quédate y únete a la fiesta…

Mientras corría por las escaleras, pude escuchar cuando ella me gritaba: “Aarón, espera”. La puerta del apartamento se abrió y ella se paró desnuda en medio del pasillo. Su piel canela en un metro ochenta iluminaba toda la estancia. Su sexo calvo y sus prominentes senos (aquellos en donde había nadado a placer, creyendo que eran solo míos), se mostraban al mundo sin ningún pudor. “Ya que estás aquí, ¿no quieres intentarlo?”

… Continuará

Historias de Sexo Salvaje. Primera Parte – Sorpresa en Toledo

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13 de junio de 2018 by Magnuson Deja un comentario

Laberinto II – La Primera Vez

LABERINTO II La primera vez

Al contrario de su hermano Joe, Alex era un tipo de aspecto mas corpulento debido a que al ser el primogénito, desde muy joven se había dedicado a mantener a la familia en ausencia de su progenitor. Había trabajado en el muelle descargando buques de mercancías, en la construcción y en cualquier puesto que le ofreciesen unos ingresos económicos para sustentar a los suyos, lo que le aportó una buena musculatura.

Por las noches, cansado de la jornada laboral, con mucho esfuerzo y ahínco, estudiaba para poder sacar unos estudios, pues era ambicioso y no se conformaba con estar en puestos de trabajos que no le aportaban una seguridad. Él se daba cuenta de su facilidad para estudiar y retenerlo, y quería sacarle el máximo provecho. Una vez finalizado los estudios universitarios -obtuvo la máxima calificación en economía-, consiguió un buen puesto en banca.
​

​​Ejecutivo con caché

​Es un tipo de aspecto rudo, alto, muy moreno y al contrario de su hermano con bastante vello corporal, de tez morena y facciones muy pronunciadas. La obligación de ir trajeado le aportaba mas respeto aún, aunque a la salida de algunas jornadas laborales con compañeros y clientes, el ir a tomar unas copas para relacionarse con ellos, le había producido un poco de barriga cervecera. Aún así, Alex llamaba la atención por su porte, tez, virilidad y seriedad.

​Aquella tarde Alex tenía que gestionar una operación en el banco donde trabajaba. Unos clientes muy importantes, iban a cerrar una operación de nivel, y eso para Alex era bueno, y su puesto de trabajo. Así pues, esa tarde Alex se acicaló mas de lo debido, se afeito como cada mañana, pero si no lo hacía por la tarde ya parecería de aspecto descuidado y por nada del mundo quería decepcionar con su imagen a los clientes.





​Una vez en la oficina Alex le dijo a su secretaria que una vez que llegasen los clientes, lo pasase a su despacho, donde él esperaba.
Se había demorado un poco la cita, pero alrededor de las siete de la tarde llegaron.

-Señor Alex- interrumpió su secretaria, el señor Jim ha llegado con su secretario, el sr. Carlosfuerte.
-Muy bien, adelante señores, tomen asiento y acomódense –dijo Alex, estrechando las manos de sus clientes, asombrado por la presencia del secretario. Alex no le quitaba ojo prácticamente al secretario de Jim.

​Carlos al igual que Alex, había tenido una infancia también muy dura. Había sido marine, y su aspecto era tan corpulento y voluminoso como el de Alex. Había trabajado en cuerpos de élite de seguridad, había sido guardaespaldas de miembros del gobierno y senadores. De amplias espaldas y con conocimiento en defensa personal.

​​

Seducción

Estuvieron hablando durante un par de horas, y pasado este tiempo Jim sugirió que su secretario quedaría a cargo de las últimas gestiones, por lo que el resto de papeleos se encargaría Carlosfuerte, ya que Jim tenía una reunión con un amigo para la adquisición de una nueva vivienda en una urbanización en otro condado.

A Alex le pareció estupendo la idea y se quedaron a solas, previa despedida por ambas partes. Antes de cerrar la puerta al despedirle, sugirió a su secretaria que acabarían tarde y debido la hora que era, que podía marcharse. La secretaria asintió.

Una vez a solas, Alex pensaba de qué forma podría seducir a tan atractivo macho. Alex no conocía sexo con nadie. Tan solo había visto alguna que otra vez revista de hombres en la habitación de su hermano Joe, y tales cuerpos y pollas despertaban su curiosidad, ya que solo se desahogaba masturbándose viendo las fotos, e imaginándose el placer de sentir una de ellas.

La mirada

-¿Un poco de bourbon? -sugirió Alex. -¡Es de la mejor cosecha de maíz del país!-.
-Si usted bebe también…., ¿por qué no?-
-Oh si, por supuesto sr. Carlos, le acompañaré gustosamente. Pero antes me va usted a perdonar, por que con la austeridad de la empresa, apagan automáticamente el aire acondicionado y la corbata empieza a molestar si no le importa. ¿Le parece bien que pasemos un poco de formalidades y vayamos al grano?-.
-Por supuesto-, dijo Carlos. Yo también empiezo a notar algo de calor.

Ambos se aflojaron las corbatas y desabrocharon el primer botón para así estar algo más cómodo. Cuando lo hacían se miraban fijamente como hablándose y deseándose con la mirada.
Alex se disculpó al exclamar asombro al ver el pelaje que dejaba ver aquella apertura. Enseguida le vino a la mente los hombres que veía en las revistas porno de su hermano y eso le excito. Como Carlos era espabilado en la materia (podría contar innumerables casos de la época de marine), quiso provocar más aún la situación y continuó con el segundo botón.
-Bien…, ¿y ese bourbon sr. Alex?-…

-oh claro!-. Alex se quedó sumergido en lo que veía, pero pronto reaccionó. Se dirigió hacia dónde tenía el minibar y empezó a preparar las copas.

​

Precum

Mientras las ponía, Carlos se le acercó por detrás y se paró a pocos metros de él. -Lo quiere ¿solo o con agua?-, añadió Alex. Podía sentir casi la respiración de Carlos, así que notaba su presencia muy cerca, a sus espaldas. Así que con sutileza retrocedió un poco para asegurarse que no erraba y como era obvio, su trasero contactó con él. Sintió como Carlos tenía una excitación sublime. Notó como la polla la había posado deliberadamente contra sus glúteos. Carlos le giró. -Acaso cree ¿que no me he dado cuenta de cómo me miras?…, ¿piensas que tu paquete no es visible a tal empalme? -dijo Carlos. Alex no tenía palabras para contestar y acercándose a su boca, Carlos empezó a besarle. el laberinto II la primera vez sexshop online blog erótico de santu

Entraron en una carrera a ver quién desnudaba antes a quien, mientras sus bocas y lenguas no se separaban. Una vez despojados casi en la totalidad, Alex bajo suavemente por aquel pecho la mano hacia la polla de Carlos (sin dejar antes de acariciar aquellos pezones) y noto como le sobresalía del bóxer. Sus manos (grandes de haberse desarrollado en épocas de trabajar en la construcción y de dedos gruesos), no podía abarcar el diámetro de su rabo.
Alex empezó a gemir de placer. Se sentó en la silla y suavemente empezó a lamerle y chuparle tal cipote. Carlos poso sus manos sobre la cabeza de Alex y suavemente le iba marcando el ritmo. Era inexperto, pero Carlos se iba encargando de enseñarle sobre la marcha. El bóxer de Alex empapado de precum goteaba mientras le comía el nabo. Carlos le tumbó sobre la moqueta para hacer un 69, y así poder introducir más su polla en la garganta. Alex daba arqueadas y mientras Carlos se la mamaba. Él también disfrutaba de la verga de Alex.

​

Infraganti

Perdidos en sus éxtasis, alguien tocó suave con los nudillos la puerta. Entreabriendo un poco la puerta al no recibir respuesta, Jim contemplaba la escena. Había olvidado un contrato para la posible compra del nuevo chalet. Jim empezó a tocarse mientras observaba a su secretario perdido en el placer revolcándose con Alex. Tras pasar sigilosamente el umbral y cerrar sin hacer ruido, se saco la polla, que le costó trabajo de lo dura que se le había puesto.

Empezó a desnudarse y quería unirse a la fiesta que le brindaban los dos osazos, mientras éstos no se percataban de la presencia de Jim. Paso a paso llego hasta ellos, Jim sorprendido de la actitud de ambos por el morbo que le daba y ver cómo les colgaban las pelotas, se acercó al culo de Carlos y empezó a comérselo.
Carlos se abrió y le brindaba a su jefe a que lo follase.

Con una llave de piernas, bloqueó a Jim obligándole a penetrarle. Alex en ese movimiento observó como Jim había vuelto y se encontraba comiéndole el culo que tanto ansiaba por hacer. Con cierta habilidad, Alex consiguió salir de aquella trampa de cuerpo. Dejó a cuatro patas a Carlos mientras su jefe le follaba.

Orgía Osuna

Alex buscó la posición adecuada para observar cómo el jefe abría el culo de Carlos y le metía la polla hasta los huevos. Obtuvo una perspectiva digna de contorsionista. A veces con sus propias manos, Alex ayudaba a la follada de Jim abriéndole el culo cada vez más a Carlos. Carlos gritaba de placer lo que excitaba aún más a Alex.

Fue cuando Alex se dirigió al culo de Jim y se la metió entre sacudidas. Jim le pedía suavidad ya que el ritmo debían alcanzarlos para que no quedase ninguna de las dos pollas fuera. Una vez al unísono los tres, se corrieron sintiendo como el semen ardiendo le inundaban el ano a los dos, producto del morbo, deseo y placer.

Exhaustos sobre la moqueta Carlos le pregunto a Alex, -¿que tal estas?-. Alex contestó, -ha sido mi primera experiencia sexual-.






Relato: El Laberinto II La Primera Vez
Autor: Magnuson


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