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Relatos Eróticos Originales

6 de junio de 2018 by Mayra Deja un comentario

Tengo una muñeca vestida de azul

Tengo una muñeca vestida de azul

En mis tiempos de ocio, que la verdad son bastantes para mi gusto, suelo divagar sobre una preciosa mujer, labios rojos y carnosos. Tez blanca de pecas, ojos verdes, cabello castaño claro. Ataviada de un hermoso vestido azul  que la envuelve en una tenue luz blanca y que camina hacia a mi con los brazos abiertos….

Soy tuya…

Hasta que despierto y como un idiota me doy cuenta que sigo sentado en este infame salón de clases, donde no entiendo absolutamente nada. Este país es tan distinto al mio. Yo soy del caribe donde jamás vemos nieve, somos personas cálidas, escandalosos, familiares.

Aquí todos son tan distantes. Llevo ya un año, aún no logro adaptarme, me siento tan solo que no me hallo ni en la universidad, ni en el edificio, en ningún lado. Desde que llegue aquí no hago más que soñar con esa hermosa muñeca vestida de azul que me sujeta a la realidad con tan solo un hilo. Me hago la paja todos los días soñando con hacerla mía.

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Ojalá aunque sea la tuviese a ella para no sentirme tan vacío y rutinario. No sé quien es ni si existe. Pero en mis sueños es tan real, que daría todo por tenerla aunque sea un instante. Voy divagando en mis pensamientos, viendo por el enorme ventanal un pequeño pájaro que se poso en la ventana.

Hasta que siento una mano en mi hombro, cuando reacciono me da pena, mi clase no solo había terminado, sino que ya estaba entrando la siguiente y yo ahí inerte sumergido en mis pensamientos con la mirada perdida en el vacío como un loco.

Doy las gracias en español, me levanto y al tomar mi mochila, veo la expresión de sorpresa de la chica que se acaba de sentar a mi lado, que sonríe levemente. Pero entre la rapidez con la que el profesor me echa del salón y la manera en que voy siendo empujado hasta la puerta, que no me dio chance de preguntarle nada.

Me pareció simpática y cálida, a diferencia de este ambiente tan frío de la vida aquí. No me malinterpreten, Alemania es una belleza, el frío a veces es tolerable otras no tanto, pero en lineas generales el ambiente no es lo que no me funciona, sino el no entender nada ni a nadie. No me muero de hambre porque lo básico ya lo he ido aprendiendo.

Esa chica me causo curiosidad, quisiera verla otra vez, al menos ya sé que tiene clases después que yo. Mañana tratará de brindarle un café. En la noche miro al techo, y para pasar el tiempo estudio Alemán, en serio necesito aprender más de este idioma que siento tan difícil.

Oigo a la distancia un ruido insistente que me atormenta, tan fastidioso que logra despertarme. Cuando levanto la cara tengo la hoja del cuaderno pegada a la cara, me duele el cuerpo, me quede dormido sentado en el escritorio. Volteo perezosamente a ver la hora y me llevo un tremendo susto al ver que me quedan quince minutos para llegar a clases.

Me apresuro a bañarme con la mayor rapidez posible, me trague una hogaza de pan que había sobre la mesa, lanzo mis cuadernos en el bolso y corro a la universidad, que menos mal me queda prácticamente al lado. Justo cuando voy subiendo las escaleras al salón a toda carrera, me tropecé con un escalón casi me caigo, logre agarrarme para seguir a velocidad al salón, cuando voy llegando el profesor cerro la puerta, le hice señas pero me ignoro y como aun no hablo tan fluido no vi como defenderme para que me dejara entrar.





Resignado me lance al piso al frente de la puerta, me agarro la cara para terminar de despertarme e ir a desayunar. No tengo más nada que hacer, el profesor Henry es estricto y no me va a dejar entrar.

Tomo mi mochila sin muchas ganas, justo cuando decido bajar al cafetin oigo una voz dulce y suave que me pregunta si puede acompañarme. Cuando volteo es ella, la chica del salón. Tímidamente la saludo y la invito a bajar conmigo. No lo había notado pero es bella, es, ella es… Uff!! imposible no puede ser, pero es linda.

Desayunamos tan cómodos, que nos dio el mediodía, reíamos a carcajadas por tantas cosas en común, en especial por sentirnos solos en esta sociedad tan distinta a la nuestra. Yo de Cali, ella de Caracas. ¡Que linda es! y de paso ya habla muy bien el idioma. Quedamos en vernos en mi casa el fin de semana para ayudarme con el parcial de la siguiente semana.

Así pasaron las semanas, los días se fueron pintando de colores, más llenos de vida que antes. Solo eramos amigos, pero para mi era la mejor compañía que podía querer. Además la sentía mía cada vez que me hacia la paja pensando en ella. Poco a poco la cercanía, nos hizo confidentes y hasta socios, como dice ella.

Al cabo de un tiempo, deje de pensar en mi muñeca de vestido azul, porque mis pensamientos ya giraban solo en torno a Priscila. Deseaba más y más tenerla para mi, pero ella solía ignorar mis deseos, me consideraba solo su amigo.

Ya hablaba Alemán más fluido, me comencé a relacionar con más personas, mi mundo mejoro sustancialmente. Así que respetando sus limites, decidí hacer vida por otro lado. Busque salir con otras chicas, me folle a toda nena que me lo permitió y de todas las maneras posibles, pues era soltero sin compromisos y podía.

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Cada vez me gustaba más el hecho de pasar la noche con la mujer de turno, coger toda la noche, acariciarlas, mamarle los senos. Al día siguiente beso de despedida y adiós que te vaya bien. Obvio me distancie un poco de mi muñeca preciosa, ella tenía su vida y yo no formaba parte de ella o al menos eso creía.

Hasta que una tarde estando en mi trabajo, la veo llegar a la puerta del bar. Con una hermosa chaqueta de cuero, un vestido azul claro, unos reflejos rubios que la hacían lucir como la muñeca que me folle miles de veces pensando en ella. Me quede como pegado viéndola, jamás ella había venido a este bar, pensé que se encontraría con alguien y no le dí importancia. Le lance un beso, la salude y la invite a tomarse un trago en la barra mientras esperaba.

Ella sonrió y se acerco en lo inmediato, se sentó preguntando que le iba a brindar, toda coqueta por cierto. Me causo gracia su manera de actuar tan graciosa, le brinde un cóctel y seguí con mi trabajo. Al cabo de un rato, me hace señas y me pregunta al oído que cuando me falta para salir.

Yo la veo sorprendido, ella me hala el cuello de la camisa y me susurra: no disimules, tú me tienes tantas ganas como yo a ti, así que apúrate de hacer lo que estás haciendo y salgamos de aquí a follar, por cierto solo para darnos calor porque el clima esta demasiado frío. Me pico el ojo y se levanto como si no acabara de decir lo que dijo.

Quede dos segundos en el sitio, hasta que reaccione, llame al otro barman, le suplique que me hiciese la suplencia. Él sonrió y me guiño el ojo para que me fuera. Salí corriendo detrás de ella, me puse mi chaqueta, busque la de ella en el perchero y me pare como casualmente al lado de la puerta.

Cuando ella salió del baño, sonrió. Al fin lo entendiste bello, eres un poco lento te ha tomado meses darte cuenta que te tengo ganas, porque no habías dado ni medio pasito en mi dirección. Siempre viendo a otras...

Que manera de enloquecer, olvide todo, perdí la noción del tiempo. Llegue a mi casa, lance las llaves en el mesón de la cocina y a ella la lance en mi cama. La fui desnudando poco a poco, quien disfruta el dulce sabor de un melocotón. Le besé cada milímetro de su cuerpo.

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Casi que ni me aguantaba las ganas de acabar dentro de ella. Deje que ella me besara como quisiera y donde quisiera, hasta que sentí un ardor fuerte en mi pene. Dios que manera de chupar tiene esta tía, a como siga así acabare en su boca.

La levante con fuerza, quedando frente a su cara y ella sentada en mi pene, la clave duro en mi miembro, pues ya no soportaba el rose sin tenerla. Entre la desesperación y el frenesí. Tiramos como nunca creí que sería capaz, el tiempo parecía detenido. Ella me mordió duro una tetilla, y en lugar de sentirme adolorido, me sentí aún más excitado.

Su calor, su ricura, al fin mías. La voltee sobre la cama, la fui acariciando y colocando en cuatro, para poder penetrarla por todos los orificios posibles. Cuando al fin, la agarre por los muslos fuertes y firmes, la impulse hacia atrás sobre mi polla. Ahí si no pude resistir más, la folle lo más duro que pude. Solo oía sus gritos como en eco a la distancia, diciendo cógeme, haz lo que quieres, dale más duro.

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Cuando acabé, me sentí liberado, pero esa mujer era tan rica y la había esperado tanto que no podía desperdiciar la oportunidad que me daba la vida. Saque fuerzas, no sé ni de donde, ella aún estaba extasiada, la voltee, me acosté sobre ella y para su sorpresa y la mía, la pinga estaba más dura y fuerte como si jamás hubiese acabado. La introduje en su vagina fuerte, duro besando sus labios carnosos con desesperación. Su cuello hasta llegar a sus grandes y voluptuosos senos, los mordí, los bese. Los hice míos, ella casi ni respiraba, cada vez que le daba fuerte, perdía el aliento y suplicaba por más.

Dimos vueltas en un juego de voracidad, pasión y ganas interminables. La sujete fuerte contra la cama y la clave duro con mi polla firme, para hacerla suplicar por más. Cosa que hizo casi agonizante: por favor no dejes de cogerme. Jamás me había sentido así. Tan deseada.

Cuando pensé que ya no podía resistir más, le mordí un seno casi suplicándole que ella me diera todo lo que tenía disponible para mostrarme. Ambos nos agarramos fuertemente y terminamos en una nube de éxtasis y calor que nos consumía.

Quedamos tendidos uno al lado del otro, agotados. Le extendí la mano y la invite a bañarse conmigo, ahí continuamos besándonos, reactivando esas ganas que teníamos uno del otro. Me la cogí por detrás, por delante, de pie, con todo lo que pude y lo que no también. Ya yo sentía su vagina hinchada de tanto tirar, pero ambos no estábamos dispuestos a ceder. Dejamos que corriera el agua, nos acariciamos dejando que el cuerpo se recuperara de la acción vivida.

Me salí de la ducha, dejándola sola para que el agua le corriera y se relajará un poco. Yo mientras tanto, ya hambriento fui a preparar unos sandwich de carne y queso con un par de cervezas para los dos. Me sentía caminando en el cielo, me había follado a mi muñeca vestida de azul. Puse una música suave, prepare los panes, cuando la veo aparecer en mi bata de baño, sonríe y me dice lista para continuar bebé. Quite todo lo que estaba en la mesa y me la cogí sobre el mesón con las mismas ganas de siempre, con la fuerza que me daba las ganas de cogérmela cada vez que la veía.

Después de tres días de frenesí y desenfreno, ella decidió irse. Yo la deje claro, porque sabía que volvería por más. Es insaciable. No para jamás, tiene orgasmo tras orgasmo sin descanso.

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No me equivoque, siempre pensé en ella como mi muñeca, con quien jugar cuando y donde quisiera. Claro no por decisión solo mía, a ella le encanta follar en todos los sitios a donde vayamos, parques, ascensores, oficinas donde sea. Y bueno ya vamos a probar el con quien sea jejejeje!!

 

 

 


Relato Tengo una muñeca vestida de azul escrito por Mayra.

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Publicado en: Relatos Originales

4 de junio de 2018 by Morbo 1 comentario

EL MENSAJERO

Relato Erótico El Mensajero

Este relato titulado «El Mensajero» está basado en un hecho real.
Eran ya las 13:40h. Hacía 10 minutos que tendría que haber cerrado la oficina y haberme ido a casa.  Pero esa mañana fue muy ajetreada.
De repente llamaron a la puerta. Un repartidor de una conocida empresa de mensajería. Me pidió si podía dejarme un paquete. Le abrí la puerta y le comenté que me iba pero que lo dejase. Casi sin querer, vi que llevaba la bragueta abierta con lo que olvidé por un momento la cantidad de trabajo que tenía y me calenté un poco. Firmé la recogida, me dio las gracias y se fue.

No pasaron ni 5 minutos….el mensajero volvió a pedirme entrar. Entonces sí que me fijé en él. Moreno, bastante atractivo con canas, una barba de 2 días, barriguita cervecera y unas manos con dedos gruesos.

-¿Puedo ir al baño? Discúlpame pero es que me daba vergüenza pedírtelo antes.se que te vas, pero es que me estoy meando y no puedo más. Volví a mirarle la bragueta abierta y pensé….quien pudiera sacártela!
– Por favor! Claro que si!! Está al fondo a la izquierda.
– Disculpa!! La Luz?
Fui hasta la puerta del baño y le dije, La luz aqu…..no me dio tiempo a decir más. Tenía todo el nabo fuera. Moreno, con un capullo grueso y rosado.  Le acompañaban unos cojones enormes. Me sonrió y se puso a mear.  – ¿Te gusta?
No podía dejar de mirar aquello mientras veía como salía a chorros la meada. Me mordí el labio. Es preciosa, le dije.

Excitación Máxima

– No seas tímido, ¡acércate!
Me arrodillé Justo cuando terminaban los últimos chorros. No pude evitarlo y me la metí en la boca.
Recuerdo ese sabor entre la meada, el sudor y el sabor de un macho con ganas de presa.
– ¿Tenias hambre, verdad, grandullón?
Comencé a mamar y el grosor se convirtió en dureza. Cada vez que la metía en la boca atravesaba mi garganta. Mientras él me acariciaba la cabeza y me decía…sigue gordito, lo haces genial. Me puse a buscar sus pezones. Y la excitación fue a más al descubrir un torso totalmente velludo y unos pezones duros. Saque ese cipote de mi boca para contemplarlo.

– Cómeme las pelotas, gordito!
El olor a macho hizo que casi me corriera sin haberme quitado ni el pantalón. Lamí sus pelotas y me las metí en la boca mientras veía como su rabo soltaba un hilo de babas que no tardé en metérmelo en la boca.
– Me dejas ver ese culazo?

Menuda lametadas a mi culo

Me dirigí hacia mi mesa, me bajé los pantalones y me incliné. De repente sentí sus manos sobre mis cachetes.
– Ufff gordito….esto es una maravilla.
Note sus dedos recorriendo mi raja y de repente una lengua caliente adentrándose en el. Mi rabo comenzó a babear tanto que parecía que le estaba corriendo. Sentía esas manos separándome los cachetes y esa lengua jugando con mi agujero y dilatándolo cada vez más.
– Ahora viene lo mejor….
Puso su Capullo sobre mi agujero….gemí de placer y mis pezones se pusieron duros como piedras. Casi sin darme cuenta estaba dentro de mi. La sacó de golpe al tiempo que yo lancé un gemido profundo y le escuché decir…
– Una auténtica maravilla. ¡¡Que agujero!!

Me escupió en el ojete y volvió a meterla. Esta vez le costó menos trabajo aún. Repitió el mismo movimiento 3 veces hasta que dijo…esto está listo. Me agarró de la cintura y comenzó a embestirme como nunca antes lo habían hecho. Notaba sus huevos golpeando con fuerza los míos.
– ¿Te gusta gordito? Que culo tienes cabronazo.

Un torrente de leche

Yo solo gemía y gemía. No podía articular palabra debido a lo excitado que estaba. Notaba como mi polla soltaba leche sin haberme tocado. Pero no quería llegar al
orgasmo sin que hubiera llegado el. Se acercó a mi oído mientras seguía empujando y me dijo….ahora, te la vas a beber toda.  No quiero que se escape nada. ¿Queda claro?
Solo pude asentir con la cabeza. La sacó de golpe, me empujó la cabeza hacia abajo y me atravesó la garganta con su nabo. Noté como se le encogían los huevos y que mi garganta se llenaba de leche espesa y caliente. Me ahogaba con lo que no me quedó más remedio que tragar todo lo que ese rabo estaba soltando. A la misma vez notaba como me corria sin haberme tocado siquiera. Pude sacar aquello de mi boca mientras caían algunas gotas.

– A ver esa boca!
Le enseñé la boca y me dijo…bien gordito.  No has dejado nada. Límpiamela bien.
No dude en comerme sus últimas gotas y dejarle bien limpio semejante cabezón.
– Gracias. Ha sido todo un placer. Quiero pedirte disculpas. Me había comentado un amigo que la mamabas muy bien y no pude resistirme a probarlo en cuanto vi tu dirección.
Me quedé un poco sorprendido e incluso molesto…pero había sido tan brutal, que se me pasó en menos de 1 Segundo. Nos vestimos y se fue….Nunca más volví a verle.  Cada vez que llegan de su empresa , siempre ha sido una persona distinta. Aunque sigo esperando que algún día vuelva y repitamos semejante momento de morbo.

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Relato: El Mensajero.

Autor: Morbo
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Publicado en: Relatos Originales

29 de mayo de 2018 by Magnuson 1 comentario

Perdido en el Laberinto

Perdido en el Laberinto – Relato Erótico Gay

Joe y Alex, eran dos hermanos de clase obrera, huérfanos de padre desde bien entrada la infancia. Tal vez por eso, a Joe siendo el menor, siempre iba buscando la carencia que tanto añoraba. Le atraían los hombres maduros. Al ser lampiño e imberbe, el vello era su pasión. Ambos hermanos tenían su trabajo, el mayor trabajaba en banca, Joe se dedicaba a dar tumbos buscando siempre mejores puestos. No terminaba de dar con el trabajo en que se encontrase cómodo. Estaba perdido en el laberinto.

Un día como cada mañana, Joe se dirigía a todas las oficina de trabajo, buscando nuevos puesto. Ya cansado de esperas, pensó que lo mejor sería ir buscado a los gerentes de las empresas, e ir dando su currículum personalmente. En algunas empresas, las secretarías siempre ponían excusas de sus empresarios, alegando que estaban en reuniones. Por lo que Joe salía con una desesperación de cada una de ellas.

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Aquella mañana su hermano le había dejado el coche, para que Joe probara suerte en otro condado.
Inexperto pero decidido, tomó con cautela camino hacia una urbanización donde se hablaba de un nuevo centro, se necesitaban personal para un puesto de trabajo.
Al desconocer el lugar, Joe anduvo dando vueltas con el coche dentro de la urbanización sin aclararse mucho donde podía estar dicho centro. Las calles que quería tomar siempre eran dirección prohibida y ya desesperado, la hora del mediodía se echaba encima. Vueltas y vueltas sin dar con aquel maldito centro, por lo que su descontrol le llevó a un callejón sin salida.

Un laberinto de calles

Joe se vino abajo y suspiraba con fuerza para no perder más los nervios, no viendo el camino como salir de allí. Mientras daba un giro de 180º con el vehículo, vio como en uno de aquéllos lujosos chalet de la urbanización, había un portón abierto y hacia el exterior estaba el asfalto mojado, síntoma como de estar limpiando el porche o regando aquel lugar.
Joe no se lo pensó dos veces, y una vez encarado su vehículo hacia la dirección requerida, de aquella encerrona de calles, Joe paró el vehículo.

Cansado y con sed pensó que tal vez preguntando, saldría más fácilmente de donde aquello le pareció un infierno, en vez de un lugar residencial tranquilo. Eso sí, eran lujosos chalet por lo que se denotaba que el dinero allí lo tenían muy fácil y a la mano.
Tal vez pueda calmar la sed que llevaba -pensó-, ya que la botella la había olvidado en el asiento trasteo y el sol a través del cristal del vehículo se había encargado de convertirla más en infusión que agua potable.

Un lujoso chalet

Bajo del coche, y con sumo cuidado y admirando aquéllos lujosos chalets, cerro con cautela. No se veía a nadie en toda la calle. Joe andando con incertidumbre se dirigió hacia el portón abierto:
-¿Hola? -llamaba para captar la atención de alguien y hacer notar su presencia-…, ¿hay alguien por aquí?. No quería que lo tomasen por alguien a quien le gusta quedarse con lo ajeno y llamasen a la policía.
-¿Hola? -insistió-…, buenos días!…, pero seguía sin obtener respuesta.

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Se quedó mirando dentro de aquel portón abierto y vio que había un buen vehículo y parecía ser que lo estaban limpiando, de ahí que el piso estuviese mojado y saliese hacia la calle. Joe también llevaba un buen coche, pero se lo había prestado el hermano y él cuidaba de dejarlo en calles adyacentes para que no viesen cómo llegaba a entregar los currículum, ya que era costoso el mantenimiento y no quería dar explicaciones de que aquel coche que no era suyo.
Sumergido en todo lo que veía de pronto le respondieron:

Apareció un tipo enorme

– Hola, ¿en qué puedo ayudarle ?….Apareció por no sabe dónde, un señor en pantalón corto, sin camiseta y zapatillas de estas que se pueden mojar. Imagino que sería el motivo por qué limpiaba aquel lujoso vehículo.

El señor tenía un aspecto rudo y viril. Rondaría los sesenta pero de un aspecto jovial y de estar en buena forma. Su cara estaba cubierta por una barba tupida y cerrada, como de una semana, y casi el pelo le llegaba a los ojos de la cara. El cuerpo lo tenía protegido por un manto de vello que dejaba ver sus sonrosadas aureolas y unos pezones erecto como garbanzos. Le bajaba una tira de vello hacia el ombligo y desembocaba en otra extensión velluda, que el pantalón corto hacia invisible el resto pero imaginario y suculento.

Abultaba la entrepierna y volvía asomar por los muslos nuevamente aquel pelaje que se perdió poco antes de llegar al pubis y le bajaba hasta los tobillos y dedos de los pies.

-Verá usted…, me llamo Joe, he venido hacer un recado y me he perdido en la urbanización -dijo Joe con voz nerviosa al ver tan suculento manjar-, no soy de esta zona -añadió-, y para colmo el agua que llevo se ha calentado en el coche y de los nervios llevo la boca seca. ¿Sería usted tan amable de ayudarme a salir de aquí y ya puesto a darme un vaso de agua? -preguntó Joe aún temblándole la voz-, por supuesto hombre, ven y pasa -apoyándole la mano sobre el hombro. Joe ya no sabía ni tan siquiera andar del temblor de sus piernas- .

Un tatuaje delatador

Mi nombre es Carlos, acompáñame, te saciare la sed dijo.
Joe seguía a Carlos por aquel lujoso chalet, veía que aquel vello que tanto le ponía, le cubría casi toda la espalda. Se asombró al ver que llevaba un tattoo, parecía una huella, no sabía de qué, ya que el vello no le dejaba ver con claridad. Eso a Joe le puso a mil, tanto vello…, maduro… y el colmo que le delató , aquel tattoo.

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Una vez en lo que se suponía que era la cocina, Carlos le ofreció el vaso de agua, Joe con nervios y temblándole todo lo cogió. No pudo evitar acariciar aquellas manos al coger el caso, Carlos le sonrió. Bebía despacio, sin apartar la mirada de sus ojos. Le recorría todo su cuerpo mientras bebía.

-Tranquilo muchacho, bebe tranquilo que hay más -dijo Carlos, como sabiendo lo que Joe deseaba.
Cuando depósito el vaso una vez vacío, Carlos volvió a apoyar su mano sobre el hombro de Joe y dijo: ¿quieres más?… No, es suficiente -agregó Joe-. Necesito tomar un poco de aire que estoy nervioso.
– No te preocupes hombre -dijo Carlos-, no hagas nada que no te apetezca.
– ¿En serio?…, ¿puedo hacer lo que quiera?…, por supuesto -dijo Carlos-.
Joe acerco sus manos hacia su pecho y empezó a acariciar. Cuanto vello!!…, y Carlos sonreía. ¿Te gusta? -añadió-, oh si, me encanta!…
Joe se relajaba por momentos a pasos agigantados mientras seguía acariciando aquel pecho y empezó a lamer los pezones. Carlos le dijo, ¿quieres pasar a la piscina y darte un baño?…, si dispones de tiempo claro!. A Joe le encantó la propuesta.

Fiesta en la piscina

Se dirigieron a la piscina y una vez allí, a Joe se le pusieron los ojos como platos! Habían tres tipos más en ella. Todos desnudos y dos de ellos ya estaban en plena actitud tocándose entre ellos. El tercero parecía estar esperando la llegada de Joe.
Iba empalmado, le caía el precum, aquel tocamiento en la cocina había producido los primeros síntomas de lubricación. Si Carlos estaba potente, ni que decir de los otros tres que disfrutaban de aquel paraíso. No hubieron presentaciones, ya había demasiada excitación como para perder el tiempo en ello.

Joe no sabía por dónde empezar y antes de que se diera cuenta, los cuatros tipos le habían rodeado. Nunca había saboreado cuatro pollas a la vez. Parecían que Joe era el tipo que andaban esperando. Se hacían entre todos felaciones, si besaban el resto estaba comiéndote por el resto del cuerpo. Era un placer continuo y constante. Joe en un momento dijo que su fantasía era estar en un gang bang de maduros y que todos una vez le follasen, se corrieran sobre él, para después con su mano, restregar sus lechadas por todo su cuerpo.

Joe gozando como nunca

Pusieron a Joe cómodo en una tumbona, y uno a uno fueron follándolo, mientras otro se ocupaba de follar su boca. Joe gozaba como jamás había soñado. Cuando Joe no pudo más se corrió, eyaculaba como un bestia, fue entonces cuando el resto le rodeó y fueron derramando su esperma sobre el pecho de Joe. Algunas corridas le salpicaban en la cara, Joe se relamía, y así hasta que los cuatros se quedaron exhaustos.



Después de recuperar las fuerzas, se dirigió a la ducha y empezó a vestirse.
Carlos y el resto de amigos le despidieron y Joe tomo rumbo hacia nuevos centros para seguir presentando su currículum.

Relato Erótico Gay: Perdido en el Laberinto

Autor: Magnuson


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Publicado en: Relatos Originales

26 de mayo de 2018 by Magnuson 4 comentarios

Esta tarde he salido a caminar y…

Esta tarde he salido a caminar y…

Era el mes de julio y ya en esa época, el calor era sofocante. Esta tarde he salido a caminar y…

Como cada atardecer, después de descansar la sobremesa, empecé a prepararme para salir hacer un poco de ejercicio.
Siempre tenía el mismo circuito pero esa tarde me propuse cambiar de ruta. A veces la monotonía me desganaba a ello y antes de que se produjese, opte por conocer lugares nuevos.
Ya había oído hablar de un camino el cual bordeaba la vereda del río, en donde el olor a azahar y la libre polución de vehículos estaba garantizado.
Así pues, emprendí mi marcha con ganas de conocer la nueva ruta. Comencé a un paso normal para ir calentando antes de acelerar el ritmo, no obstante, hasta la llegada al río, semáforos y peatones te hacían parar la marcha.

Una vez en el comienzo de la ruta, resoplé con la ilusión de la premonición de que el lugar me iba a gustar.
Me cruzaba con personas que también practicaban el deporte. Algunos andando, otros en bicicleta. Éstos, me llamaban mucho la atención, ya que en el cruce con ellos, habían miradas que no sabia como interpretarlas. Parecía que me daban la bienvenida, otras parecían que me invitasen a algo más. Eso a veces me ponía nervioso, ya que cuando el cruce de miradas era con tipos buenorros, mi imaginación se disparaba. Tengo que reconocer que con más de uno, hubiese tenido otro tipo de ejercicio y eso hizo que mi polla pasase de un estado de relajación a semi excitación. Todo eran miradas, pero yo no podía creer que todas ellas eran signo de provocación.

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El sol comenzaba a caer

Estuve andando alrededor de hora y media y el calentón aparte del ejercicio ya se dejaba notar en mis pantalones. Me sobraba la camiseta, ya que no había lugar para poder secarme el sudor por ambos motivos. Con toda estos pensamientos no me di cuenta de que el tiempo había corrido más de lo normal y ya aventuraba la caída del sol, donde la primera oscuridad daba nota de ello.
Es la típica hora de la caza, pensé, ya que los rumores de que en aquel lugar había cruising me habían llegado por otras fuentes. Así pues, la vuelta me apeteció hacerla por el lado opuesto del río, donde limoneros y naranjos te acompañan en toda la travesía.

Hubo un momento en que pensé donde se habrían metido aquella cantidad de gente haciendo ejercicio, ya que aún seguía con mi excitación y tenia curiosidad por encontrarme con alguien con los mismos deseos y ganas que yo. Pero no…, no había nadie. Así que seguí caminando con la película en mi interior. Ya faltaba como unos kilómetros antes de entrar al casco urbano, cuando de repente las necesidades de evacuar mi vejiga empezó a  alertarme. Así que pensé, aquí más fácil imposible.

Saqué mi polla para mear

Entonces, no sé por qué, me adentré un poco entre los árboles. Muy despistado me pillo el lugar y por supuesto por desconocimiento, pare donde estaban las llaves de riego.
Me saque la polla y empecé a mear. Mientras vaciaba mi vejiga miraba alrededor por ver lo que me rodeaba…., árboles claro!. Pero mi sorpresa fue que justo veo una caseta y junto a ella a alguien agachado, como si manipulase algo. Cerraba una llave de riego que eso fue lo que menos me llamó la atención. Me fijé en su pantalón. Dejaba ver el coxis, pero imaginaba que fuese ello, ya que lo que más veía era una enorme mata de vello. Qué sobresaltaba sobre la goma blanca de lo que parecía un suspensorio.

El tipo, debió sentir que lo observaban y giro la cabeza, buscando quien desde otro ángulo también lo miraba. Debí llamarle la atención, por que no desvío la mirada, y entre esa mirada y aquel coxis lleno de pelo, mi polla empezó a engordar. No me corte, es más, incluso me insinué, y aquel tipo seguía mirando y observando mi faena. Yo empecé a descapullar para poder sacudir las últimas gotas de orín a lo que el tío, menudo él por la posición de estar agachado, se incorporó y me asombre.

Un tipo de grandes espaldas

Era un palmo más alto que yo. De espaldas anchas y curtidas por el campo, no por ir al gimnasio y portaba camisa abierta dejando ver prácticamente todo el pecho. Lleno de vello, y brazos peludos, y su entrepierna denotaba un gran paquete, imagine por su empalme. Miro a ambos lados, como asegurándose de que nadie molestase, y se empezó a desabrochar el vaquero. No se había bajado aún los calzones, cuando cada vez más apreciaba tan bestial paquete. Lo hizo despacio, regocijándose para excitarme aún más, y cuando por fin pude contemplar tal miembro, me quedé boquiabierto.

Una polla y un culo extraordinarios

Una polla como nunca había visto, no estaba aún por terminar de empalmar y ya aquello prometía más de lo que había supuesto. Me acerqué a él, quebrando las hojas secas con las pisadas y esquivando ramas de naranjos y limoneros, por lo que durante ese tiempo no le miraba y al llegar a él, no pude dejar de asombrarme del bestial cipote que se me había presentado. Sin dirigirnos la palabra, le termine de desabrochar la camisa para ver el dorso en todo su esplendor. Él mientras se quedó inmóvil, esperando que por mi parte le alegrase la tarde…, y ya lo creo que nos la alegramos!!!…, me arrodillé y me acomode.

Cogi la verga con ambas manos y empecé a comerle hasta donde mi boca podía llegar. No me daba las manos para abarcar tal cipote, ni que decir de la boca, que solo conseguía meterme la mitad.
Se termino de bajar los bóxer y se dio la vuelta, y en aquel momento quise morir. Un culo como nunca había tenido tan cerca. Unos glúteos perfectos, hacia fuera, como suele decir, igual que un melocotón. Con el vello justo en ambos cachetes, pero con una cantidad de vello en el ojete, que tuve que apartar con ambas manos para poder ver el ano.

Él se ayudo con sus amplias manazas y me lo abrió, solo tuve que saborear lo que entonces era solo para mí. Gemía como un cosaco, y conforme le comía, más se disponía a abrir. Así que con las ganas  que tenía de sentir su enorme polla dentro de mi culo, cambie el rol y pase a la fase activa. Mis huevos me dolían de tan suculento empalme y el tío estaba dispuesto a sentir como lo follaba. Así que no me demore y le invite a apoyarse sobre uno de los árboles cercanos. Él asumió y me dejo hacer.

Fóllame y calla!

Se apoyó en el tronco con una mano, con la otra a una rama. Me embadurne el glande de saliva y como ya le tenía preparado de la comida, acerque mi cipote a su esfínter. Parecía que lo había hecho toda la vida. Me lo dilataba para facilitarme la penetración. A cada paso que introducía, notaba las paredes ardientes de su culo, lo dilataba y más iba introduciendo. Hasta que mi pubis llego a tocar aquellos vellos por lo que había predecido tal espectacular follada. Le pregunté si le hacía daño a lo que su respuesta fue…»fóllame y calla».

Ni mil palabras más…., allí estábamos que tan solo se escuchaba mis sacudidas y de vez en cuando dejaba algún que otro gemido de placer. Cuando estaba a punto de correrme, me pidió que se la echará en la boca, quería sentir mi leche caliente. Así lo hice. Y fue su lengua la que me hizo explotar en extasís. Me hubiese gustado ver la cantidad de semen por la sensación que obtuve a la hora de eyacular, pero su garganta hizo imposible aquello.

Se levanto, me miró y beso. Le pregunté que si se había corrido él, y me dijo que lo dejaba para más tarde con su mujer. Que él deseaba haberlo hecho pero su mujer le tenía muy controlado. Que no disfrutaba tanto con un macho como con una hembra (fueron sus propias palabras), y que a ella tenía que follarla con un trapo liado a la polla para no metérsela toda, ya que le producía mucho daño. Lo entendí a la primera. Aquel cipote no era normal.
Nos acicalamos y cada uno tiro hacia su destino. Quedamos con un «hasta la próxima», lo que aquello me gusto de oír. El «trabajo» lo había hecho bien. Conforme iba ya camino casa pensé:…»hoy queme el doble de calorías, así da gusto hacer deporte».


Relato Erótico: Esta tarde he salido a caminar y…

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25 de mayo de 2018 by Magnuson 7 comentarios

Sorpresa Bestial en la Sauna

Sorpresa Bestial en la Sauna

…como cada tarde, me disponía a satisfacer  mi apetito sexual donde no había lugar para presentaciones ni preguntas. Ya era cliente asiduo pero no siempre volvía a casa con los deberes hecho. Me desnudé una vez dentro y empecé a ejecutar lo que ya era una rutina cada miércoles, que era el día del cliente. El olor era más intenso de lo habitual y los pasillos dejaban nota de ello por su estado resbaladizo debido al agua dejada por los paseos buscando carne nueva. Era un lugar pequeño, pero con el encanto de que rápidamente controlabas lo que por allí rondaba. Al llegar un poco pasado de la hora habitual , ya casi todo estaba petado, o en proceso de ejecución a lo que desistí por cansancio entrar en batalla con nadie  por algo que tampoco era para ello. Así que me dirigí a la sauna seca.  Casi siempre andaba vacía y esta vez tampoco era una excepción. Aunque, me esperaba una sorpresa bestial en la sauna.

Una vez dentro, me quede en la antecámara , ya que en la interior, el calor es más sofocante y se hace irresistible. Me tumbe  sobre mi toalla y deje un poco la mente para intentar pasar a un estado más tranquilo, ya que las prisas de la demora me había exaltado un poco por la impetuosidad de llegar a tiempo. El calor hizo que me fuese relajando a lo que con una cerrada de ojos, entré en la más absoluta desconexión.

No sé el tiempo que sostuve aquella actitud, si fueron 15 o 30 minutos, pero el ruido de la puerta hizo que mi mente volviese a tomar contacto con mi cuerpo. Seguí sumergido en mí mismo, pero el crepitar de la madera al sentarse alguien, me hizo entre abrir los ojos un poco.

Un daddy enorme

Debería estar sobre los cincuenta y algo, tal vez más…, era difícil acertar…,  pero tampoco me importaba al ver tal ejemplar. Debería dedicarse al campo imaginaba, por sus amplias y gruesas manos. O tal vez a la construcción. De pelo cano, aunque al estar mojado no daba aspecto de muy mayor. Cuerpo definido con algún kilo de más, sin sobrepasarse, lo que acompañaba un pelaje por todo el dorso, brazos y antecara de las manos. Asomaba unos hombros también tupidos, lo que denotaba que le bajaría por la parte dorsal. Era todo un lomo plateado, como dicen en el argot osuno. De piernas bien anchas, musculosas y gemelos impresionantes. Debido a su masa corporal y tallaje andaba escaso de toalla, se dejaba entrever un buen bulto bajo aquel ridículo taparrabos.

sorpresa bestial en la sauna - relato erótico - blog de santu

Una polla gorda y homogénea

Constantemente se pasaba la mano por el cuerpo, para retirar el exceso de sudor de aquella impresionante mata de vello, un vello que casi parecía peinado. Entre pase y pase, se apreciaba como aquellos pezones bien erectos asomaban por tal selva. Aquello empezó a llamar mi atención y era obvio que mi cuerpo empezó a despertar. El tipo sabía exactamente todo mi proceso, ya que al estar decúbito supino, nada podía disimular mi excitación.

Cada vez que se acariciaba los pezones, se regocijaba en ellos, sabiendo perfectamente que mi polla tomaba cuerpo. Me empecé a imaginar y antes de que cayera en lo que se veía inevitable, el tipo empatizaba en pasos agigantados. Sus huevos dejaron ver su tremenda polla por lo que la toalla ya nada podía ocultar. Tenía una polla como jamás había visto. Gorda y homogénea. Con el vello justo para hacerla más elegante aún. El prepucio estaba hinchado de tanta excitación. No podía creer lo que en minutos estaba pasando.

Se pudo en pie y se acercó a mí, justo se paró a la altura de mi cabeza, con lo que llevó sus enormes huevos hacia mi  boca. Se olía la testosterona que emanaba de aquel empalme tan bestial. Solo empecé a lamer aquellos testículos, al cual no sabía por dónde lamer. Con su mano izquierda agarró mi cuello y me incorporo para con su otra mano empezar a restregar aquel glande enorme sobre mis labios. Me limité a retirarlo con la lengua, sabía que el próximo paso era introducírmelo en la boca. Pero era imposible. Era demasiado grande, grueso y homogéneo para introducir en mi boca. Me levante y observé como mis brazos no podían abarcar tal mole de cuerpo velludo, viril y curtido por  la edad.

Jugando con mi culo

Le propuse que se tumbara para poder sentir hasta al menos la mitad, tal verga dentro de mi garganta, pero solo me complació unos minutos, enseguida quiso penetrarme.

No me opuse y mis nervios no me dejaron buscar el preservativo. Me manejó a su antojo mientras me comía la boca y cuando me quise dar cuenta, estaba a cuatro patas y él me comía el ojete. Tenía una lengua como el resto de sus proporciones. No tardó en tenerme chorreando por todos lados, que con ayuda del calor ya estaba incluso hasta resbaladizo.
Le pedí delicadeza pero creo que no me oyó. Fue fino al principio, jugaba con su glande en mi ojete, me metía solo el capullo a la vez que me acariciaba los pezones, y eso me desbocó. Yo quería más pero me daba pánico pensar como aquello podría meterlo sin ningún tipo de ayuda. No tenía popper ni ninguna ayuda que pudiese hacer lo inevitable más placentero.

Una follada bestial

Dije placentero? Pero si fue bestial. Me introducía el glande, despacio…, lo volvía a sacar. Tonteaba con él, hasta que volvía a introducirlo. Cada vez un poco más. Paraba y seguía tocándome los pezones que era la única ayuda que aquel momento podía hacerme dilatar. Sacaba. Volvía s introducir hasta que alcanzaba otro rango mayor. Alucinaba con qué manera y forma me estaba intentando introducir tal cipote. Era increíble. Poco a poco me siguió metiendo aquella descomunal polla. Hasta que al fin toque pelo. No me lo podía creer. Lo había conseguido. Me había metido aquello tan tremendamente grande y gordo. Un señor cipote, si señor. Como estaba mandado. Lo fuerte empecé después. Saco suavemente (igual que lo había metido), el descomunal pollón.

Me quede pensando si es que había sucedido algo…, no me dio tiempo a seguir pensando. Arremetió contra mí culo que de un golpe y me metió de nuevo el pollón. Me agarró con fuerzas por las caderas y empezó a sacarla muy suave y casi teniéndola fuera, volvía s arremeter con todas sus ganas hasta tal punto que aquella armonía empezó a cesar y cambio la delicadeza por las embestidas. Me quería morir por wtf jamás pensé que aquella forma salvaje de follarme y con tan grandioso cipote podría hacer que no sintiese dolor. Sus huevos golpeaban mis nalgas a la vez que sentía como su pene entraba hasta lo más profundo de mí. Así estuvo durante un buen rato donde yo iba notando como cada vez que arremetía, sentía más duro su polla. Fue su propio ritmo el que me llevó a correrme y ante sus gemidos, nos  corrimos los dos.

Una tarde gloriosa de sauna

Jamás olvidaré aquella tarde. Nunca más supe de él.  Como dije al principio, sin preguntas ni interrogatorios. Ahora estoy arrepentido. Ojalá nos hubiésemos dado el número de móvil.

Sorpresa Bestial en la Sauna – Relato Erótico

Escrito por Magnuson.

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6 de mayo de 2018 by Mayra Deja un comentario

Sueños de Oficina. ¡Qué calor!

Era una tarde monótona de verano. El calor asfixiante mermaba  los sentidos. No sabía qué hacer, el fastidio de un día anodino y lento en la redacción me sofocaba. Era difícil concentrarse. Hasta que de repente llega todo un torbellino al piso. Era ella, medio chiflada, medio cachonda, impregnando todo el aire con su inconfundible sex appeal. ¡Más calor!. Al comienzo me genera una seria contradicción interna. Pero esos labios, el cabello castaño que se bate de lado a lado con la brisa cálida que entraba por la ventana. ¡Era demasiado!

Caí en una nube de ensueño. Sentía su calor, sus labios y sus besos en mi cuerpo. No sabía qué me pasa. Pero era una sensación divina que no quería frenar. Decidí huir. Buscar un helado que me regulase la temperatura y escapar. Pero mayor sorpresa me llevé que cuando esperando el ascensor, al borde de la desesperación, escuché a mi lado una dulce voz que se me ofrecía. – Con este calor lo que apetece es un helado –dijo, como si pudiese leer en mis pensamientos. -¿No te apetece uno?

Se me nubló la mente. Solo vi su sonrisa y sus labios diluirse en la bruma de mi cavilar. En lo que abrió el ascensor yo entré por inercia, mientras Sofía iba muy divertida.

 

Más calor

No pensaba en nada. Solo quería besarla, hacerla mía sin compartirla con nada ni con nadie. Pero no estábamos solas…

Era tan bella, su tez blanca como la nieve, labios rojos ardientes, como la llama de mi curiosidad por ella. Por su sabor, por su olor. Sus cabellos castaño claro largo hasta la cintura, justo para agarrarla, atenazarla. Que ricos se veían sus senos prominentes. Sentía que se derretían en mi boca, como el helado que supuestamente bajamos a comer.

El ascensor se deslizaba lentamente, como dando tiempo a que hiciésemos algo. Ella me hablaba pero yo era incapaz de escucharla. Solo la veía. En algún piso la puerta se abrió y el señor que venía con nosotras se bajó dando las buenas tardes.

Quedamos solo ella y yo. La miré de arriba a abajo, sin disimulo.  Sentí que el tiempo se detuvo. Decidí tomar la iniciativa y me acerqué lentamente. Su sonrisa se borró, sentía su cuerpo vibrar. Parecía que le aterraba que de repente la puerta se fuese abrir nuevamente y alguien nos descubriese.

 

A por ella

No le di más tiempo para dudas. La empujé hacia una de las paredes del propio ascensor, subí lentamente mi mano derecha por el dobles de su falda y fui lentamente acariciando su muslo, hasta apretar su nalga firme, caliente y húmeda. Comencé a besarle el cuello,  ella se dejaba. Hasta que empezó a desabrochar mi blusa con violencia, con desespero. Luego quitó mi brassier con una sutileza inexplicable, porque las ganas que nos teníamos iban más allá de la calma.

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– Te deseo – me susurró mientras mordía con fuerza una de mis orejas. Toda yo estaba caliente. Casi caigo desmayada, no podía creer que me tenía tantas ganas como yo a ella.

Me besaba con tanta violencia que dolía. Me dolían los labios, sus manos en mis senos. Intenté desnudarla, pero ella me detuvo y se echó hacia atrás. En ese momento quien dudaba era yo. ¿Se estaba burlando de mí?. Cuando la vergüenza empezaba a dominarme, sus manos, sin yo darme cuenta, habían terminado de desabrocharme el pantalón. Cuando alcancé a reaccionar, quien estaba completamente desnuda era yo. Se arrodilló para acomodar su rostro justo frente a mi sexo. Me besó como nadie lo había hecho antes. Ningún hombre había sido capaz de hacerme sentir así.

Me dejaba llevar, lo disfrutaba, intentando no perder el equilibrio. De pronto, sentí un golpe fuerte en el ascensor. Abrí los ojos asustada y vi su mano apretando el botón rojo para detenerlo. Su mano volvió a mí, la sentía dentro de mi vagina, acariciándome. Poco a poco, en medio de tanta excitación, me arrodillé para estar a nivel de los labios que me embriagan.

 

A por nosotras

La tomé por los cabellos y mordí sutilmente sus labios carnosos, jugosos, divinos. Le quité la camiseta y el sostén en un solo movimiento. La acerqué hacia mí, sus senos contra los míos. La desvestí por completo y con su ropa y la mía improvisé una cama para nosotras, para las amantes furtivas del elevador. La recosté sobre las ropas, mientras la devoraba lentamente, como una dulce fresa que se quiere degustar hasta el final. Absorbí toda su vagina en mi boca, me llené de su sabor, su dulzura. Lo hacía cada vez con más fuerza, la escuchaba gemir esforzándose por aguantar hasta lo último las ganas, el deseo.

Me volteó de un solo manotazo. Ahora era ella quien estaba arriba, dominante. Me chupaba los senos con frenesí, me lamía el cuello. Sin despegar su boca de mi piel bajó por mi abdomen hasta alcanzar mi vagina. Yo abrí las piernas y ella me penetra con su lengua. Me mordía con fuerza, pero no me provocaba dolor, sino mucho placer y mucho todavía más calor.

Se incorporó y colocó sus labios inferiores justo por encima de mis labios superiores. Se dejó caer sobre mi boca y empezó a danzar como una ola. La tomé por la cadera y la sostuve firme en mi cara, para poder disfrutar su clítoris vibrando a cada roce de mi lengua. Ella gritaba de pasión, de éxtasis. Para evitar que sus gritos se escucharan fuera, tomó del suelo mi blusa y empezó a morderla con fuerza. Hasta la sentí correrse por mi lengua como magia del cielo. Un líquido caliente, tierno, supremo que emanaba de su cuerpo. Ya no aguantaba. El calor tan concentrado en mi vagina, que yo estaba también a punto de correrme sin poder disfrutarlo con ella. Pero mi dulce Sofía sonrió con picardía, mientras yo la miraba suplicante.

Volvió a abrirme las piernas y hundió su rostro dentro de mí. Tenía tanto rato aguantando que con solo sentir su respiración, su lengua, su nariz, acabé. Ella gritó otra vez como si fuese lo máximo. Yo traté de callarla pero ella me sonrió y me dijo: “disfrútalo guapa. Gózalo que como esta vez no habrá otra, mi nena linda.”

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Las dos nos fusionamos en un abrazo. Rodamos por todo el piso entre besos y mordiscos, hasta que escuchamos de fondo a la distancia, el resonar de voces diciendo que tranquilas,  que pronto nos rescatarían. Reímos como locas nada más pensando que la puerta fuese a abrir en ese instante.

 

Salvadas

Nos vestimos rápidamente viendo de reojo a la otra, como pidiendo que el momento no acabara. La besé, a lo cual me dijo: “no olvides nena, la vida se disfruta con quien sea. Y tú mi nena eres eso, mi disfrute.” Y como arte de magia la puerta se abrió y ella, impoluta y desvergonzada, se fue agradeciendo la labor de los bomberos. Yo la miré con nostalgia, pero feliz de las ganas satisfechas. Di las gracias por inercia y caminé hacia la calle.

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Me lo encontré de frente. Venía corriendo desesperado hacia mí.

-Amor, ¿estás bien?- Yo lo abracé en automático. Ella se giró, me lanzó un beso y desapareció entre la multitud.

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