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Tengo una muñeca vestida de azul

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Tengo una muñeca vestida de azul

En mis tiempos de ocio, que la verdad son bastantes para mi gusto, suelo divagar sobre una preciosa mujer, labios rojos y carnosos. Tez blanca de pecas, ojos verdes, cabello castaño claro. Ataviada de un hermoso vestido azul  que la envuelve en una tenue luz blanca y que camina hacia a mi con los brazos abiertos….

Soy tuya…

Hasta que despierto y como un idiota me doy cuenta que sigo sentado en este infame salón de clases, donde no entiendo absolutamente nada. Este país es tan distinto al mio. Yo soy del caribe donde jamás vemos nieve, somos personas cálidas, escandalosos, familiares.

Aquí todos son tan distantes. Llevo ya un año, aún no logro adaptarme, me siento tan solo que no me hallo ni en la universidad, ni en el edificio, en ningún lado. Desde que llegue aquí no hago más que soñar con esa hermosa muñeca vestida de azul que me sujeta a la realidad con tan solo un hilo. Me hago la paja todos los días soñando con hacerla mía.

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Ojalá aunque sea la tuviese a ella para no sentirme tan vacío y rutinario. No sé quien es ni si existe. Pero en mis sueños es tan real, que daría todo por tenerla aunque sea un instante. Voy divagando en mis pensamientos, viendo por el enorme ventanal un pequeño pájaro que se poso en la ventana.

Hasta que siento una mano en mi hombro, cuando reacciono me da pena, mi clase no solo había terminado, sino que ya estaba entrando la siguiente y yo ahí inerte sumergido en mis pensamientos con la mirada perdida en el vacío como un loco.

Doy las gracias en español, me levanto y al tomar mi mochila, veo la expresión de sorpresa de la chica que se acaba de sentar a mi lado, que sonríe levemente. Pero entre la rapidez con la que el profesor me echa del salón y la manera en que voy siendo empujado hasta la puerta, que no me dio chance de preguntarle nada.

Me pareció simpática y cálida, a diferencia de este ambiente tan frío de la vida aquí. No me malinterpreten, Alemania es una belleza, el frío a veces es tolerable otras no tanto, pero en lineas generales el ambiente no es lo que no me funciona, sino el no entender nada ni a nadie. No me muero de hambre porque lo básico ya lo he ido aprendiendo.

Esa chica me causo curiosidad, quisiera verla otra vez, al menos ya sé que tiene clases después que yo. Mañana tratará de brindarle un café. En la noche miro al techo, y para pasar el tiempo estudio Alemán, en serio necesito aprender más de este idioma que siento tan difícil.

Oigo a la distancia un ruido insistente que me atormenta, tan fastidioso que logra despertarme. Cuando levanto la cara tengo la hoja del cuaderno pegada a la cara, me duele el cuerpo, me quede dormido sentado en el escritorio. Volteo perezosamente a ver la hora y me llevo un tremendo susto al ver que me quedan quince minutos para llegar a clases.

Me apresuro a bañarme con la mayor rapidez posible, me trague una hogaza de pan que había sobre la mesa, lanzo mis cuadernos en el bolso y corro a la universidad, que menos mal me queda prácticamente al lado. Justo cuando voy subiendo las escaleras al salón a toda carrera, me tropecé con un escalón casi me caigo, logre agarrarme para seguir a velocidad al salón, cuando voy llegando el profesor cerro la puerta, le hice señas pero me ignoro y como aun no hablo tan fluido no vi como defenderme para que me dejara entrar.

Resignado me lance al piso al frente de la puerta, me agarro la cara para terminar de despertarme e ir a desayunar. No tengo más nada que hacer, el profesor Henry es estricto y no me va a dejar entrar.

Tomo mi mochila sin muchas ganas, justo cuando decido bajar al cafetin oigo una voz dulce y suave que me pregunta si puede acompañarme. Cuando volteo es ella, la chica del salón. Tímidamente la saludo y la invito a bajar conmigo. No lo había notado pero es bella, es, ella es… Uff!! imposible no puede ser, pero es linda.

Desayunamos tan cómodos, que nos dio el mediodía, reíamos a carcajadas por tantas cosas en común, en especial por sentirnos solos en esta sociedad tan distinta a la nuestra. Yo de Cali, ella de Caracas. ¡Que linda es! y de paso ya habla muy bien el idioma. Quedamos en vernos en mi casa el fin de semana para ayudarme con el parcial de la siguiente semana.

Así pasaron las semanas, los días se fueron pintando de colores, más llenos de vida que antes. Solo eramos amigos, pero para mi era la mejor compañía que podía querer. Además la sentía mía cada vez que me hacia la paja pensando en ella. Poco a poco la cercanía, nos hizo confidentes y hasta socios, como dice ella.

Al cabo de un tiempo, deje de pensar en mi muñeca de vestido azul, porque mis pensamientos ya giraban solo en torno a Priscila. Deseaba más y más tenerla para mi, pero ella solía ignorar mis deseos, me consideraba solo su amigo.

Ya hablaba Alemán más fluido, me comencé a relacionar con más personas, mi mundo mejoro sustancialmente. Así que respetando sus limites, decidí hacer vida por otro lado. Busque salir con otras chicas, me folle a toda nena que me lo permitió y de todas las maneras posibles, pues era soltero sin compromisos y podía.

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Cada vez me gustaba más el hecho de pasar la noche con la mujer de turno, coger toda la noche, acariciarlas, mamarle los senos. Al día siguiente beso de despedida y adiós que te vaya bien. Obvio me distancie un poco de mi muñeca preciosa, ella tenía su vida y yo no formaba parte de ella o al menos eso creía.

Hasta que una tarde estando en mi trabajo, la veo llegar a la puerta del bar. Con una hermosa chaqueta de cuero, un vestido azul claro, unos reflejos rubios que la hacían lucir como la muñeca que me folle miles de veces pensando en ella. Me quede como pegado viéndola, jamás ella había venido a este bar, pensé que se encontraría con alguien y no le dí importancia. Le lance un beso, la salude y la invite a tomarse un trago en la barra mientras esperaba.

Ella sonrió y se acerco en lo inmediato, se sentó preguntando que le iba a brindar, toda coqueta por cierto. Me causo gracia su manera de actuar tan graciosa, le brinde un cóctel y seguí con mi trabajo. Al cabo de un rato, me hace señas y me pregunta al oído que cuando me falta para salir.

Yo la veo sorprendido, ella me hala el cuello de la camisa y me susurra: no disimules, tú me tienes tantas ganas como yo a ti, así que apúrate de hacer lo que estás haciendo y salgamos de aquí a follar, por cierto solo para darnos calor porque el clima esta demasiado frío. Me pico el ojo y se levanto como si no acabara de decir lo que dijo.

Quede dos segundos en el sitio, hasta que reaccione, llame al otro barman, le suplique que me hiciese la suplencia. Él sonrió y me guiño el ojo para que me fuera. Salí corriendo detrás de ella, me puse mi chaqueta, busque la de ella en el perchero y me pare como casualmente al lado de la puerta.

Cuando ella salió del baño, sonrió. Al fin lo entendiste bello, eres un poco lento te ha tomado meses darte cuenta que te tengo ganas, porque no habías dado ni medio pasito en mi dirección. Siempre viendo a otras...

Que manera de enloquecer, olvide todo, perdí la noción del tiempo. Llegue a mi casa, lance las llaves en el mesón de la cocina y a ella la lance en mi cama. La fui desnudando poco a poco, quien disfruta el dulce sabor de un melocotón. Le besé cada milímetro de su cuerpo.

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Casi que ni me aguantaba las ganas de acabar dentro de ella. Deje que ella me besara como quisiera y donde quisiera, hasta que sentí un ardor fuerte en mi pene. Dios que manera de chupar tiene esta tía, a como siga así acabare en su boca.

La levante con fuerza, quedando frente a su cara y ella sentada en mi pene, la clave duro en mi miembro, pues ya no soportaba el rose sin tenerla. Entre la desesperación y el frenesí. Tiramos como nunca creí que sería capaz, el tiempo parecía detenido. Ella me mordió duro una tetilla, y en lugar de sentirme adolorido, me sentí aún más excitado.

Su calor, su ricura, al fin mías. La voltee sobre la cama, la fui acariciando y colocando en cuatro, para poder penetrarla por todos los orificios posibles. Cuando al fin, la agarre por los muslos fuertes y firmes, la impulse hacia atrás sobre mi polla. Ahí si no pude resistir más, la folle lo más duro que pude. Solo oía sus gritos como en eco a la distancia, diciendo cógeme, haz lo que quieres, dale más duro.

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Cuando acabé, me sentí liberado, pero esa mujer era tan rica y la había esperado tanto que no podía desperdiciar la oportunidad que me daba la vida. Saque fuerzas, no sé ni de donde, ella aún estaba extasiada, la voltee, me acosté sobre ella y para su sorpresa y la mía, la pinga estaba más dura y fuerte como si jamás hubiese acabado. La introduje en su vagina fuerte, duro besando sus labios carnosos con desesperación. Su cuello hasta llegar a sus grandes y voluptuosos senos, los mordí, los bese. Los hice míos, ella casi ni respiraba, cada vez que le daba fuerte, perdía el aliento y suplicaba por más.

Dimos vueltas en un juego de voracidad, pasión y ganas interminables. La sujete fuerte contra la cama y la clave duro con mi polla firme, para hacerla suplicar por más. Cosa que hizo casi agonizante: por favor no dejes de cogerme. Jamás me había sentido así. Tan deseada.

Cuando pensé que ya no podía resistir más, le mordí un seno casi suplicándole que ella me diera todo lo que tenía disponible para mostrarme. Ambos nos agarramos fuertemente y terminamos en una nube de éxtasis y calor que nos consumía.

Quedamos tendidos uno al lado del otro, agotados. Le extendí la mano y la invite a bañarse conmigo, ahí continuamos besándonos, reactivando esas ganas que teníamos uno del otro. Me la cogí por detrás, por delante, de pie, con todo lo que pude y lo que no también. Ya yo sentía su vagina hinchada de tanto tirar, pero ambos no estábamos dispuestos a ceder. Dejamos que corriera el agua, nos acariciamos dejando que el cuerpo se recuperara de la acción vivida.

Me salí de la ducha, dejándola sola para que el agua le corriera y se relajará un poco. Yo mientras tanto, ya hambriento fui a preparar unos sandwich de carne y queso con un par de cervezas para los dos. Me sentía caminando en el cielo, me había follado a mi muñeca vestida de azul. Puse una música suave, prepare los panes, cuando la veo aparecer en mi bata de baño, sonríe y me dice lista para continuar bebé. Quite todo lo que estaba en la mesa y me la cogí sobre el mesón con las mismas ganas de siempre, con la fuerza que me daba las ganas de cogérmela cada vez que la veía.

Después de tres días de frenesí y desenfreno, ella decidió irse. Yo la deje claro, porque sabía que volvería por más. Es insaciable. No para jamás, tiene orgasmo tras orgasmo sin descanso.

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No me equivoque, siempre pensé en ella como mi muñeca, con quien jugar cuando y donde quisiera. Claro no por decisión solo mía, a ella le encanta follar en todos los sitios a donde vayamos, parques, ascensores, oficinas donde sea. Y bueno ya vamos a probar el con quien sea jejejeje!!

 

 

 


Relato Tengo una muñeca vestida de azul escrito por Mayra.

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