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Perdido en el Laberinto

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Perdido en el Laberinto – Relato Erótico Gay

Joe y Alex, eran dos hermanos de clase obrera, huérfanos de padre desde bien entrada la infancia. Tal vez por eso, a Joe siendo el menor, siempre iba buscando la carencia que tanto añoraba. Le atraían los hombres maduros. Al ser lampiño e imberbe, el vello era su pasión. Ambos hermanos tenían su trabajo, el mayor trabajaba en banca, Joe se dedicaba a dar tumbos buscando siempre mejores puestos. No terminaba de dar con el trabajo en que se encontrase cómodo. Estaba perdido en el laberinto.

Un día como cada mañana, Joe se dirigía a todas las oficina de trabajo, buscando nuevos puesto. Ya cansado de esperas, pensó que lo mejor sería ir buscado a los gerentes de las empresas, e ir dando su currículum personalmente. En algunas empresas, las secretarías siempre ponían excusas de sus empresarios, alegando que estaban en reuniones. Por lo que Joe salía con una desesperación de cada una de ellas.

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Aquella mañana su hermano le había dejado el coche, para que Joe probara suerte en otro condado.
Inexperto pero decidido, tomó con cautela camino hacia una urbanización donde se hablaba de un nuevo centro, se necesitaban personal para un puesto de trabajo.
Al desconocer el lugar, Joe anduvo dando vueltas con el coche dentro de la urbanización sin aclararse mucho donde podía estar dicho centro. Las calles que quería tomar siempre eran dirección prohibida y ya desesperado, la hora del mediodía se echaba encima. Vueltas y vueltas sin dar con aquel maldito centro, por lo que su descontrol le llevó a un callejón sin salida.

Un laberinto de calles

Joe se vino abajo y suspiraba con fuerza para no perder más los nervios, no viendo el camino como salir de allí. Mientras daba un giro de 180º con el vehículo, vio como en uno de aquéllos lujosos chalet de la urbanización, había un portón abierto y hacia el exterior estaba el asfalto mojado, síntoma como de estar limpiando el porche o regando aquel lugar.
Joe no se lo pensó dos veces, y una vez encarado su vehículo hacia la dirección requerida, de aquella encerrona de calles, Joe paró el vehículo.

Cansado y con sed pensó que tal vez preguntando, saldría más fácilmente de donde aquello le pareció un infierno, en vez de un lugar residencial tranquilo. Eso sí, eran lujosos chalet por lo que se denotaba que el dinero allí lo tenían muy fácil y a la mano.
Tal vez pueda calmar la sed que llevaba -pensó-, ya que la botella la había olvidado en el asiento trasteo y el sol a través del cristal del vehículo se había encargado de convertirla más en infusión que agua potable.

Un lujoso chalet

Bajo del coche, y con sumo cuidado y admirando aquéllos lujosos chalets, cerro con cautela. No se veía a nadie en toda la calle. Joe andando con incertidumbre se dirigió hacia el portón abierto:
-¿Hola? -llamaba para captar la atención de alguien y hacer notar su presencia-…, ¿hay alguien por aquí?. No quería que lo tomasen por alguien a quien le gusta quedarse con lo ajeno y llamasen a la policía.
-¿Hola? -insistió-…, buenos días!…, pero seguía sin obtener respuesta.

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Se quedó mirando dentro de aquel portón abierto y vio que había un buen vehículo y parecía ser que lo estaban limpiando, de ahí que el piso estuviese mojado y saliese hacia la calle. Joe también llevaba un buen coche, pero se lo había prestado el hermano y él cuidaba de dejarlo en calles adyacentes para que no viesen cómo llegaba a entregar los currículum, ya que era costoso el mantenimiento y no quería dar explicaciones de que aquel coche que no era suyo.
Sumergido en todo lo que veía de pronto le respondieron:

Apareció un tipo enorme

– Hola, ¿en qué puedo ayudarle ?….Apareció por no sabe dónde, un señor en pantalón corto, sin camiseta y zapatillas de estas que se pueden mojar. Imagino que sería el motivo por qué limpiaba aquel lujoso vehículo.

El señor tenía un aspecto rudo y viril. Rondaría los sesenta pero de un aspecto jovial y de estar en buena forma. Su cara estaba cubierta por una barba tupida y cerrada, como de una semana, y casi el pelo le llegaba a los ojos de la cara. El cuerpo lo tenía protegido por un manto de vello que dejaba ver sus sonrosadas aureolas y unos pezones erecto como garbanzos. Le bajaba una tira de vello hacia el ombligo y desembocaba en otra extensión velluda, que el pantalón corto hacia invisible el resto pero imaginario y suculento.

Abultaba la entrepierna y volvía asomar por los muslos nuevamente aquel pelaje que se perdió poco antes de llegar al pubis y le bajaba hasta los tobillos y dedos de los pies.

-Verá usted…, me llamo Joe, he venido hacer un recado y me he perdido en la urbanización -dijo Joe con voz nerviosa al ver tan suculento manjar-, no soy de esta zona -añadió-, y para colmo el agua que llevo se ha calentado en el coche y de los nervios llevo la boca seca. ¿Sería usted tan amable de ayudarme a salir de aquí y ya puesto a darme un vaso de agua? -preguntó Joe aún temblándole la voz-, por supuesto hombre, ven y pasa -apoyándole la mano sobre el hombro. Joe ya no sabía ni tan siquiera andar del temblor de sus piernas- .

Un tatuaje delatador

Mi nombre es Carlos, acompáñame, te saciare la sed dijo.
Joe seguía a Carlos por aquel lujoso chalet, veía que aquel vello que tanto le ponía, le cubría casi toda la espalda. Se asombró al ver que llevaba un tattoo, parecía una huella, no sabía de qué, ya que el vello no le dejaba ver con claridad. Eso a Joe le puso a mil, tanto vello…, maduro… y el colmo que le delató , aquel tattoo.

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Una vez en lo que se suponía que era la cocina, Carlos le ofreció el vaso de agua, Joe con nervios y temblándole todo lo cogió. No pudo evitar acariciar aquellas manos al coger el caso, Carlos le sonrió. Bebía despacio, sin apartar la mirada de sus ojos. Le recorría todo su cuerpo mientras bebía.

-Tranquilo muchacho, bebe tranquilo que hay más -dijo Carlos, como sabiendo lo que Joe deseaba.
Cuando depósito el vaso una vez vacío, Carlos volvió a apoyar su mano sobre el hombro de Joe y dijo: ¿quieres más?… No, es suficiente -agregó Joe-. Necesito tomar un poco de aire que estoy nervioso.
– No te preocupes hombre -dijo Carlos-, no hagas nada que no te apetezca.
– ¿En serio?…, ¿puedo hacer lo que quiera?…, por supuesto -dijo Carlos-.
Joe acerco sus manos hacia su pecho y empezó a acariciar. Cuanto vello!!…, y Carlos sonreía. ¿Te gusta? -añadió-, oh si, me encanta!…
Joe se relajaba por momentos a pasos agigantados mientras seguía acariciando aquel pecho y empezó a lamer los pezones. Carlos le dijo, ¿quieres pasar a la piscina y darte un baño?…, si dispones de tiempo claro!. A Joe le encantó la propuesta.

Fiesta en la piscina

Se dirigieron a la piscina y una vez allí, a Joe se le pusieron los ojos como platos! Habían tres tipos más en ella. Todos desnudos y dos de ellos ya estaban en plena actitud tocándose entre ellos. El tercero parecía estar esperando la llegada de Joe.
Iba empalmado, le caía el precum, aquel tocamiento en la cocina había producido los primeros síntomas de lubricación. Si Carlos estaba potente, ni que decir de los otros tres que disfrutaban de aquel paraíso. No hubieron presentaciones, ya había demasiada excitación como para perder el tiempo en ello.

Joe no sabía por dónde empezar y antes de que se diera cuenta, los cuatros tipos le habían rodeado. Nunca había saboreado cuatro pollas a la vez. Parecían que Joe era el tipo que andaban esperando. Se hacían entre todos felaciones, si besaban el resto estaba comiéndote por el resto del cuerpo. Era un placer continuo y constante. Joe en un momento dijo que su fantasía era estar en un gang bang de maduros y que todos una vez le follasen, se corrieran sobre él, para después con su mano, restregar sus lechadas por todo su cuerpo.

Joe gozando como nunca

Pusieron a Joe cómodo en una tumbona, y uno a uno fueron follándolo, mientras otro se ocupaba de follar su boca. Joe gozaba como jamás había soñado. Cuando Joe no pudo más se corrió, eyaculaba como un bestia, fue entonces cuando el resto le rodeó y fueron derramando su esperma sobre el pecho de Joe. Algunas corridas le salpicaban en la cara, Joe se relamía, y así hasta que los cuatros se quedaron exhaustos.



Después de recuperar las fuerzas, se dirigió a la ducha y empezó a vestirse.
Carlos y el resto de amigos le despidieron y Joe tomo rumbo hacia nuevos centros para seguir presentando su currículum.

Relato Erótico Gay: Perdido en el Laberinto

Autor: Magnuson


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Un comentario en “Perdido en el Laberinto

  1. Que bueno!!!, menuda sobremesa voy a pasar.

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