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31 de diciembre de 2018 by Mayra Deja un comentario

Mi regalo de navidad

Todos los años lo mismo. Con diciembre no solo llega el invierno, también las fiestas decembrinas. La verdad no es que yo sea un Grinch. Pero en ocasiones, no puedo con la hipocresía de la gente. Repartiendo deseos de buena voluntad, mientras te clavan una estaca por la espalda. Demasiado. Pero dos semanas antes del solsticio de invierno todo cambió. Mi regalo de navidad este año se había adelantado.

 

La rutina en el trabajo era cada vez es más monótona. Todo es gris, lento, anodino. O al menos así era hasta que apareció en el umbral de la puerta una figura majestuosa. Excelente cuerpo, increíbles ojos color miel, tez latina con un leve bronceado, labios perfectamente delineados, hermosa sonrisa, desbordando simpatía.

Mi Regalo de Navidad Santubearsex

Quedé fascinado con solo imaginarme todo eso para mi. ¡¡ Uff, qué ricura!! Inalcanzable pero rico. Seguí con mi trabajo como si nada, porque de ahí no iba a obtener nasa. O al menos eso creía.

 

Su nombre: Hamilton. Lo poco que entendí de lo que dijo mi jefe, quien había ido hasta mi oficina a presentármelo, era que estaría con nosotros hasta mayo, cubriendo la vacante de alguna de las chicas (cuyo nombre no recuerdo) que se había ido de permiso postnatal.

 

¿El destino?

 

Ese mismo día en la tarde coincidimos en el ascensor. Él y yo solos. Demasiado. – ¡Hola precioso! ¿Ya terminó tu jornada?-  Me atraganté sin saber qué responder. Entre la sorpresa y el halago solo alcancé a medio sonreír respondiendo, casi por inercia, que sí.

 

A partir de allí mis días se llenaban de curiosidad y un cierto cosquilleo. No soportaba las ganas. Sabía qué estaba jodido. No podía aguantar mucho tiempo sin probarlo. Una semana más tarde me armé de valor. Compré dos mocaccinos y caminé directo a su puesto.

 

Le llegué por detrás, le di un beso en el cuello y le dejé el café sobre su escritorio. – Este es mi primer regalo de navidad para ti-. Se sobresaltó, volteó sonrojado. Medio sonrió como agradecimiento.

 

– Lograste sorprenderme – me dijo en lo que salíamos de la oficina. – Pensé que no te atraía lo mismo que a mí.

 

¡Oh, dios!

 

No pasó nada más entre nosotros durante los siguientes días. La verdad el flujo de trabajo era alto, cosa normal en diciembre, por lo que apenas y había espacio para comer, ir al baño y dormir por las noches.

 

Pero llegó el día de la fiesta de navidad. Yo como siempre, apartado del mundo, ni enterado estaba. (Seguramente había enviado la invitación a la bandeja de spam). Esa tarde se apareció por mi oficina vistiendo un impecable traje negro a la medida inigualable. Su aroma me mareaba. Una esencia a hombre innegable e impecable.

 

-¿Vas a la fiesta? – me preguntó.

 

-La verdad, no me gustan esas cosas – confesé. –Pero contigo, voy a donde sea.

 

Sin pensarlo, apagué el ordenador y me levanté para irme con mi regalo de navidad. Cuando pesé a su lado, me tomó de la cintura y me besó como nunca antes lo había hecho. Ahí caí derretido.

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Demasiado

 

La erección fue instantánea. Fue un momento embarazoso. Intente separarme, pero él me apretó más contra su pecho. – Déjate llevar- susurró. Me soltó por unos segundos, solo para poder cerrar la puerta. – Creo que antes de ir a ninguna parte, hay algo que debemos hacer aquí, y ahora.

 

Con movimientos ágiles me desabrochó el pantalón, me agarró el pene con firmeza y empezó a masturbarme. Al mismo tiempo, su mano libre desabotonó uno a uno los botones de la camisa. Me besó el pecho, me mordió los pezones sin compasión, con lo cual la erección se hizo todavía más dura.

 

Hasta que sus labios se posaron sobre mi equipo. Por suerte estaba al lado del escritorio y pude apoyarme a tiempo para no terminar en el piso. Me succionaba tan fuerte, tan rico, que tuve que morder mi corbata para no gritar.

 

No pude aguantar mucho más. Acabé en su boca. Por poco lloro de la rabia que sentí por no poder controlarme. A no ser porque él se lo tragó todo lamiendo de arriba a abajo mi miembro, sin recriminarme nada.

 

Segundo Round

 

Se incorporó solo para desabrocharse el pantalón y dejar a la vista la polla más grande que yo había visto en mi vida. Ni siquiera en una película porno recordaba una cosa tan maravillosamente majestuosa como la que tenía ante mí.

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Me tomó por la cintura, me dio la vuelta e hizo que apoyara ambas manos en el escritorio. Me penetró con suavidad, cuidando no hacerme daño. El recorrido centímetro a centímetro de su mástil ganando terreno dentro de mí fue apoteósico. Cuando sus bolas tocaron mis glúteos me mordió la espalda. Fue demasiado. Esta vez no pude evitar gritar. Menos mal ya todos se habían marchado para el agasajo navideño.

 

Mi regalo de navidad. Solo para mí

 

No salimos de mi oficina en toda la noche. De todas formas, ninguno de los dos quería ir a esa orgía de hipócritas. Para mi, la mejor fiesta de navidad de la historia fue esa noche con Hamilton… Y las que vinieron después. Hasta que su contrató terminó y se fue.

 

 

Publicado en: Relatos Originales Etiquetado como: Feliz Navidad, gay, Mi Regalo de Navidad, Santubearsex, Sexo

18 de agosto de 2018 by Aureliano Olivares Deja un comentario

Niño malo

-Eres un niño malo – repitió, a manera de despedida.

Yo me reí mientras arrancaba el coche. Al llegar a mi casa aquella mañana, me sentía sucio. Indigno. Menos mal que mi esposa estaba de viaje con nuestra hija. Así gozaba de un par de días para poner mis pensamientos en orden. Había cumplido con una de mis más viejas fantasías, pero lejos de sentirme realizado, estaba destrozado. Vacío. Y la verdad, no sabía por qué.

Lo disfruté. He de admitirlo que lo disfruté. Y mucho

Sentir todo su cuerpo sobre el mío. Como su sudor se mezclaba con mi sudor. Como me besaba. Lo manera que con su lengua acariciaba cada recodo de mi boca… Como me penetraba.

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Pero en aquel momento, ni siquiera evocar los momentos de lujuria y de placer me reconfortaba. A decir verdad, me daba vergüenza.

Sentía que había abusado de él. Que lo había metido en mi cama e hice que se metiera dentro… Que se metiera dentro de mí. ¿Lo había violado?

Justo antes de bajarse de mi coche y repetirme la frase de que yo era un niño malo, había admitido que aquella había sido su primera vez.

-¿Cuántos años tienes?- quise saber.

-¿Cuantos crees que tengo?- respondió.

-23… 24- me aventuré.

-Tengo 19 años y tres meses nada más…

Me quedé un rato en shock. 19 años. Es solo un niño, pensé. Él es el niño malo. 

Que todavía no hubiese alcanzado los 20 me sorprendió. Aunque que yo -precisamente yo- hubiese sido su primera vez, fue lo que más me golpeó.

A los 19 yo …

Yo llegué algo tarde a la sexualidad activa. Durante mi época en la preparatoria solo jugaba a masturbarme indiscriminadamente pensando en ellas… o en ellos.

Apenas entré a la universidad, rápido recuperé el tiempo perdido. A los 19 ya había alcanzado los dos dígitos en lo que se refiere a parejas sexuales. Aunque solo me aboqué a un segmento de mis fantasías: el de las chicas. No fue una cosa planificada, mucho menos consciente. Simplemente ocurrió así.

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Una tras otras las damiselas desfilaban por mi cama para que las hiciera mías. Incluso de a dos y de a tres. Y yo como lo disfrutaba. Follar se había convertido en mi única razón para vivir. Ser el niño malo era un papel que además me salía natural.

El momento de sentar cabeza

Cuando me hice profesional, apareció la indicada: mi esposa. La mujer de mi vida.

Tenía 25 años cuando nos casamos. Los primeros tres años fueron de puro sexo salvaje alrededor del mundo, pero ya con una sola persona. Me había vuelto monógamo. O como escuché decir alguna vez a un amigo venezolano: monocuco.

Esa también fue una etapa de mi vida que disfruté al máximo.

Luego ella quedó en estado y nació nuestra hija, quien desde el momento en que llegó, se convirtió en mi nueva razón para vivir. Empezamos a ser tres los que viajábamos alrededor del mundo. El sexo siguió allí. Siendo bueno. Siendo exclusivo… Todavía sigue siendo bueno… y salvo excepciones, exclusivo.

El niño malo

Pero verlo a él en mi oficina -fue contratado como uno de mis aprendices- me hizo retroceder a mi adolescencia. Regresé a la época en que me divertía masturbándome por ellas… y por ellos. La vieja fantasía de ser penetrado volvió a mi mente. Yo pensé que se había ido. Pero no. Seguía allí, oculta en algún rincón de mi mente inconsciente.

Apenas me lo propuse, rápido descubrí que no hay mayor diferencia entre llevar a una mujer o a un hombre a la cama. Más cuando el implicado así lo quiere.

Una invitación casual a un bar. Temas superfluos de conversación (él hablaba de todas las chicas de la oficina que le gustaban. Que luego de hacer un recuento, descubrimos que eran todas). Algunas cervezas.

-¿Se lo has dicho a alguna?- quise saber.

-A ninguna

-¿Por qué?

-La verdad, no me atrevo- respondió, resignado y derrotado a partes iguales.

Y allí fue…

-Un chaval tan guapo como tú no debería tener problemas para follarse a quien quiera

-¿Tú crees?- preguntó sonrojado, casi avergonzado. Pero ya había mordido el anzuelo.

-Lo peor que te puede pasar es que te digan que no. Y créeme cuando te digo que eso no duele

25 minutos más tarde estacionaba mi SUV en una cabaña de un discreto motel en las afueras de la ciudad. Aquel era un establecimiento del cual yo fui cliente frecuente durante mis años en la universidad. Después de registrarme se me cruzó por la mente que no lo visitaba desde que me había casado. Deseché aquel pensamiento inoportuno y seguí adelante.

El  momento

Lo desnudé lentamente. Cuando ya no quedaba más nada que quitar, me quedé un rato contemplando aquella figura. Aunque era una situación que muchas veces había recreado en mi mente, era la primera vez que tenía de frente a un hombre desnudo con la intención de follármelo… o más bien, al contrario.

Su tez blanca resplandecía. Pecho lampiño y flaco, con grandes pezones rosados y abdomen completamente plano. Muslos perfectamente definidos y pies grandes, de dedos gruesos y muy limpios. Pero lo mejor estaba justo en medio: una polla gruesa y vigorosa, con unos testículos apenas cubiertos de pelo.

Es solo un niño, pensé en ese momento. Un niño malo. Otro pensamiento que mandé a volar para seguir con lo mío.

Me desvistió, no muy lentamente. Me abrazó. Nuestras penes también se abrazaron. Fue una sensación extraña. Atípica, más bien.

Nos besamos. Sus labios carnosos eran realmente estimulantes. Los mordí con suavidad y sentí como su falo se puso todavía más rígido.

Se puso de rodillas y empezó a mamármelo. Oh, como lo metía dentro de su boca. Todo. Como pasaba su lengua de punta a punta. La forma en que me chupaba las bolas. Como lo mordía.

Parecía que el joven novato e inexperto era yo. No me pude aguantar y rápido me corrí en su boca. Con fuerza y potencia. Como cuando era 20 años más joven y tenía la edad de él.

Se sorprendió al inicio. Luego se levantó, me empujó sobre la cama, me colocó boca abajo y sin darme tiempo a reaccionar, introdujo toda su polla en mí. No pude contener un profundo grito de dolor -de mucho dolor-. Pero también de placer.

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-Has sido un niño malo- me dijo.- Ahora vas a pagar.

Lo hicimos toda la noche. Debo decir más bien, que él me lo hizo toda la noche. Me folló a placer por casi ocho horas, con apenas algunas pausas para ir al baño o comer algo. Allí descubrí que 20 años sí hacen la diferencia.

Sigue siendo mi aprendiz

Ahora cada vez que nos vemos en mi oficina -que irremediablemente es todos los días- el me sonríe con picardía. Como reviviendo nuestro pequeño secreto.

Siguió mis consejos y creo que ya se ha acostado con la todas las mujeres de la empresa. Casadas, divorciadas, solteras, lesbianas. También sospecho que se ha follado a alguno de los hombres. Me recuerda un poco a mí. No discrimina. Aunque a mi me tomó varios años llevarlo al plano real.

-Eres un niño malo- le dije una vez, en medio de una reunión.

-¿Yo?- preguntó, como si nada.

 

 




Publicado en: Relatos Originales Etiquetado como: gay, Niño Malo, Orgías, relatos eróticos, Tríos

11 de agosto de 2018 by Mayra Deja un comentario

De amor y también de sexo

A veces en la vida, una definitivamente no se haya. No encuentras quien eres ni como hacerte de un espacio en la sociedad. Una siente que estuvo equivocada desde el comienzo, que nunca tuvo un lugar en este mundo, donde todo lo juzga o lo menosprecia. Al menos así me siento.

En solitario fue siempre mi infancia, sin nadie que sencillamente se diera la tarea de entenderme. Hasta mi hermano me trataba con odio. Cada vez que podía lanzaba una puerta, dejándome del otro lado con lágrimas en los ojos anhelando su compañía. Solo quería que fuese mi hermano y su amistad.

Buscando el amor

Como quisiera alguna vez encontrar una historia de amor que me haga olvidar todo lo que por tantos años fue mi soundtrack: “Eres un error”. Todos los días me levanto esperando que sea distinto. Escojo mi mejor ropa, me arreglo y salgo a exponerme a la vida. Hoy por ejemplo, salí con el mejor impulso hasta que en el metro sentí un agarrón, sentí que la mano casi que la tenía dentro de mi ropa.

Quienes y con qué derecho se creen los demás de traspasar los límites del respeto. Yo quiero un amor limpio, bonito o al menos si me tocan que sea porque quiero y no porque alguien me lo imponga. Creen que porque me encanta lucir bien y llena de colores, les doy el permiso a meterme manos cuando quieran. Pero eso no es así.

Todas las tardes suelo caminar por el mismo parque. Disfruto un rico helado, esperando ese amor distante que estoy segura espera por mí, en algún lugar. Hoy toca mi rutina nuevamente, día tras día, lograr subirme al metro, llegar al trabajo, hacer mis labores, salir al final del turno y esperar que venga por mí ese amor que tanto sueño.

 

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¿Llegó el tren?

Una tarde calurosa estoy en el andén leyendo un libro mientras espero el tren. Hasta que siento una mirada sobre mi que me sobresalta. Cuando alzo los ojos, él mira concentrado el título de lo que leo. Cuando detalla que me percato de su mirada insistente, me pide permiso muy caballeroso y se despide caminando apresurado hacia una hermosa chica que lo llama y le brinca a los brazos. Suspiro y los veo anhelante de eso que ellos tienen, amor. Solo quiero un pedacito de esa pasión, un pedacito.

Total que llega el tren, subo y decido continuar con la lectura para abstraerme de ese entorno que todos los días me lastima. Por poco, por distraída pierdo la parada, corrí a la puerta. Recibí un pequeño regaño del encargado y bajé apresurada. Al final me hace un gesto de adiós como resignado que siempre alguien baja con retraso del tren.

Al día siguiente, cuando vuelvo al andén noto que está el mismo chico guapo que revisaba la portada de mi libro el día anterior. Mayor sorpresa me llevé que me saluda y me enseña su nuevo libro. Sonreí, creo que hasta me sonrojé y lo saludé igual.

De la misma manera que el día anterior, se va apresurado al ver que la chica lo viene a buscar. Solo que esta vez voltea despedirse de mí y me guiña el ojo.

¡Wao! No puedo creerlo, me guiñó un ojo. Me notó, sabe que existo. Y además, compró el libro por mi ¡Bahh! No puedo creer que haya sido por mi.

¿Hasta cuándo?

Así transcurrieron los días, tanto que yo me apresuraba a llegar al andén para poder verlo bajar del tren e intercambiar miradas antes que la chica linda que venía a buscarlo me lo arrebatara. Además me ve a mi, sabe quién soy. Yo no le he mentido ni me he ocultado tras alguien más.

En esta dulce espera estuve tan solo un par de días más, porque ya luego lo dejé de ver por casi una semana. Había perdido las esperanzas de verlo otra vez. Miraba al horizonte aferrada al libro que había terminado de leer hace más de dos meses, pero no me importaba porque él lo estaba leyendo.

Ya no más

No sé ni por qué ni de dónde me nace llorar como si hubiese perdido un gran amor. Lloraba y abrazaba con todas mis fuerzas el libro a mi pecho. No sé por cuánto tiempo lloré, pero lo hice por el suficiente. Me prometí dejar esa insistencia mía en sufrir por sufrir. Sequé mis lágrimas, me levanté con impulso, me dirigí al basurero más cercano, me despedí de mi sueño, besé el libro y lo lance a la basura. Por esta vez no me iba a subir al tren, iba por un trago que tantas veces yo me había negado, por querer un amor puro y no uno casual, pero he decidido darme la oportunidad y punto.

 

Justo cuando voy saliendo de la estación, siento dos fuertes brazos que me agarran, me voltea hacia él, sujeta mi rostro con sus manos y me pide perdón. ¡Waoo! No lo puedo creer. Eres tú,  volviste. Pensé que no te vería de nuevo.

Solo tapa mis labios con un dedo y ahí sin pena ninguna, me besa apasionadamente, con tanto ímpetu que olvidó al instante por qué estaba llorando.

No salgo de mi asombro. Me abraza y me dice que lo siente. Que no entendía qué significaba para él verme todos los días hasta que terminó el libro y no me vio más.

-Tú me gustas y yo sé que yo a ti. Por favor, ¿me das una oportunidad? Dame una noche, una mañana y una vida para demostrarte que me importas.

Me besó con tanta furia que pensé en desnudarnos ahí mismo. Sonreímos y corrimos por todas las calles hasta su casa. Que sorpresa cuando llegamos, es una quinta hermosísima y grande. El mayordomo cuando nos vio trago saliva, fue a decirle algo y él lo cortó diciendo que no le importa lo que los demás piensen.

Mi primera vez…

Esa noche fue mi primera vez con un hombre hermoso, musculoso, grande, con una polla gigante que me mamé todo lo que pude. Con furia, con deseo con lujuria. Él me arrancó el traje, me bajo los interiores, me puso contra la pared y me penetro tan duro. Pensé que no resistiría, pero no por el dolor sino por el placer de sentirme suyo y el mío. Jugamos toda la noche, yo con esa verga gigante que me encanta y él con la mía en su boca, cuantas veces quiso acabó dentro de mi. Me mordió, me cogió duro, yo me dejé todo lo que él quiso.

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Ya cuando vi salir el sol por la ventana, vi la mitad de su rostro totalmente dormido sobre la cama, su gran equipo, su abdomen perfecto, el chocolate, el champagne y no me dio la gana de resistirme a mis deseos.

Lo fui besando desde los pies, los muslos, sus bolas. Lamí todos y cada uno de sus cuadritos. Me lo disfrute de arriba a abajo, cuando sentí que ya estaba activo y bien despierto suplicando que siguiera.

-Ahora me toca cogerte a ti. Voltéate bebé, que ahora eres mío-. Lo amarré con la sábana sutilmente, para que las sábanas quedarán sueltas y yo pudiera moverlo a mi antojo, hasta ponerlo en cuatro cuando se me antojara, cada mano a una punta de la cama y los pies de igual forma. Todo mientras lo besaba por todos lados. Él tenía ya la polla bien parada, me la mame y me llene de su néctar.

De lo que me estaba perdiendo

Cómo jamás había estado con un hombre, no lo entiendo. Es la sensación más divina de la vida. Después que gritó al acabar en mi boca, me limpie delicadamente con la misma sábana, lo puse en cuatro y le metí mi polla hasta el fondo, tantas veces como pude. Mientras más gritaba, más me excitaba y más dura se me ponía. Me suplicó que no me lo dejara de coger. Cuando sentí que ya iba a acabar, le susurré al oído que no me olvidara, porque yo jamás me olvidaría de él.

Después de pasar esta noche loca, los dos dormimos, él amarrado y yo acurrucado a su lado. Nuestra primera vez juntos. Al despertarme me dí cuenta que ya estaba oscureciendo. Me lo volví a coger, lo desperté con mi polla dentro de él, en lo más profundo. Me lo cogí tantas veces como pude, hasta que decidí soltarlo. Él me beso, me apretó contra su pecho caliente y me dijo: yo sé quién soy, tú ya sabes quien eres. Yo te quiero junto a mi, cogerte cuando quiera y que seas mi hombre, mi macho, mi amor.

En el cielo

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Pasamos en este juego, cogiendo por toda la casa, delante de quien nos quisiera ver, delante de los sirvientes que corrían espantados cuando nos veían venir. Cogimos en la piscina, en la cocina.

Cuando el sueño se acabó al transcurrir los días y reaccionar que seguro ya había perdido mi trabajo y todo, me bañé fui sigiloso, ya con la satisfacción de sentirme querido y deseado por alguien. Le dejé una pequeña nota que decía: volveré por más.

Pero me tardé en volver

Pasaron un par de años antes de enfrentarme a mi realidad. De aceptar lo que mi alma gritaba: me gustan los hombres. Pero cuando decidí buscarlo ya no lo encontré. La casa estaba cerrada y me enteré que su papá quemó prácticamente todo aborrecido que su hijo fuese gay.

Seguí con mi vida aburrida, monótona y rutinaria, aparentando lo que no soy, hasta que no pude más con el dolor de la nostalgia de una gran pasión, de un amor. Ese hombre había logrado moverme el piso y aceptarme sin importar nada más. No sé porque el miedo me impidió buscarlo antes.

Y volví al andén

Decidí día tras día volver al único sitio en común que permitió nuestro encuentro. Quizás algún día él lo entendería, que me equivoque y que siempre lo esperaré. Una de esas tantas tardes, caminaba por el andén y lo vi a la distancia, sentado en aquella banca de aquella vieja estación de metro donde antes, hace tan poco tiempo, yo lo esperaba.

He vuelto constantemente  solo por lo mucho que lo extrañaba, su aroma, su cuerpo, su audacia. Mientras desvariaba, pensé que era otro de esos tantos sueños despierto, donde lo veo esperarme, cuando de repente reacciono, no podía creerlo, si era él, ahí sentado leyendo un viejo libro, que cuando atinó a reconocer la portada, veo que es nuestro libro.

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No camino sino corro a su encuentro, deteniéndome de golpe, cuando vuelve a aparecer la figura de aquella mujer misteriosa, que solía esperarlo en el andén y por la que nunca pregunté.

¿Por qué?

Me frené tan de golpe, que todos mis sentimientos se agolparon en mi pecho. Decidí en el acto no seguir sufriendo por alguien que seguro me había olvidado. Fuí solo una aventura no más. Me di media vuelta para irme, cuando el viento me trajo a los oídos sus palabras: linda hermanita llegaste, me has hecho mucha falta.

Sentí una mezcla de sentimientos tan intensas que no supe como reaccionar, corrieron lágrimas por mi mejillas al darme cuenta lo estúpido que he sido. Celoso, de que? 

Él percibe mi presencia y al voltear a verme, nuestras miradas se cruzaron. Yo me quede como la primera vez: paralizado. Él corre a mi, me sostiene el rostro y me dice: volviste amor. Nunca he dejado de buscarte.

Echa un vistazo al siguiente relato erótico «El Vasco»

Publicado en: Relatos Originales Etiquetado como: amor, gay, polla, viaje en tren. sueño de una vida

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