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Relatos ErĂłticos Originales

11 de diciembre de 2018 by Estefania Mor 1 comentario

El amigo de…

«El amigo de…Relato ErĂłtico»

Pocas veces he follado con el «amigo de»… pero en esta ocasiĂłn hice una excepciĂłn. Todo empezĂł cuando me descubriĂł un hombre mientras participaba en una feria relacionada con mi trabajo… pero esa historia os la cuento otro dĂ­a. Lo Ășnico que querĂ­a sacar a colaciĂłn a NicolĂĄs, para que supierais la buena relaciĂłn que nos ha unido tras haber compartido sexo. DespuĂ©s de varios acercamientos tras esa feria, se puede decir que ahora somos grandes amigos.

En una cita por Madrid, para hablar de trabajo, quiso presentarme a unos amigos suyos. «Vamos a tomar cafĂ© aquĂ­ cerca, que estĂĄn ahĂ­ unos amigos y asĂ­ les conoces…» jejejeje, me sonĂł un poco a encerrona pero NicolĂĄs lo hace todo tan fĂĄcil que allĂ­ que me fui.

Fiesta y locales Swinger

La mayorĂ­a de personas que me conocen me comentan que en un primer contacto siempre suelo transmitir mucha confianza y calma, asĂ­ que no fue de extrañar que antes de darle el Ășltimo sorbo a nuestros cafĂ©s ya estuviĂ©ramos hablando de fiestas swinger, intercambios, sexo anal y demĂĄs temas, la verdad, no convencionales para gente que se acaba de conocer y ademĂĄs, sin nada en comĂșn, aparentemente.





De los dos amigos de NicolĂĄs, uno habĂ­a ido en alguna ocasiĂłn a locales liberales pero el otro no lo habĂ­a hecho nunca. Me hizo toda clase de preguntas… tenĂ­a gran curiosidad por el tema y ninguna de sus parejas le habĂ­a apoyado en descubrir ese mundo.
Después de una conversación muy animada y de consultar nuestras respectivas agendas, hicimos una quedada para ir a un local ellos tres y yo, con dos de mis amigas. Tenía buena pinta, nos lo podíamos pasar muy bien, sobre todo pensando que con Nicolasillo la cama era ideal y que este amigo suyo estaba como un queso y tenía muchas ganas de verle en acción.

Una perdida inesperada

Lamentablemente este amigo sufriĂł un accidente y ya no estĂĄ con nosotros, asĂ­ que fue un shock muy grande tanto para NicolĂĄs como para mi, que aunque le conocĂ­a solo de ese dĂ­a habĂ­a habido mucha conexiĂłn… putadas de la vida!
DespuĂ©s de la pena y desconcierto que deja una pĂ©rdida asĂ­, NicolĂĄs pensĂł que la mejor manera de hacerle un homenaje era hacer una gran fiesta, lo mĂĄs sexual posible… asĂ­ que, dicho y hecho… pusimos una fecha, una temĂĄtica y empezamos a invitar amigos y amigas que sabĂ­amos que iban a dar juego en la fiesta.

Fiesta de la toga

Verano, calor, chalet con piscina y gente åvida de nuevas experiencias, un cocktail perfecto. Planeamos un día completo de fiesta, con comida, juegos, merienda, mås juegos, cena y el que quisiera, para no tener que conducir, se podía quedar allí a dormir también.
«Lo que pasa en la fiesta se queda en la fiesta» rezaba el fotocall que se hizo para la ocasiĂłn y la temĂĄtica: la fiesta de la toga… todo el mundo debĂ­a de ir con una toga blanca y preferiblemente nada debajo o como mucho un bañador o un bikini.
Hubo verdaderas profesionales del atuendo pero la mayorĂ­a nos conformamos con un trozo de tela blanca presentada en el cuerpo de manera graciosa con unas bandas de colores… algunas realmente cortas, especialmente la mĂ­a, que dejaba ver claramente mis patorras. Debajo me puse un bikini con estampado de leopardo… muy salvaje.





Hicimos la compra, preparamos comida, organizamos los juegos y empezaron a llegar los invitados. El calor hizo que el cubo de sangrĂ­a que habĂ­amos preparado bajara el nivel considerablemente… espero haber calculado bien para los 27 que somos!

Todo tipo de pĂșblico

Parejas, solter@s, divorciad@s, casad@s… y habĂ­a un grupo de chicos que se conocĂ­an ya entre ellos. La verdad es que estaba muy bien nivelada la fiesta, 12 chicos y 15 chicas. Los primeros flirteos no se hicieron esperar… yo iba a saco, la verdad es que iba sobre seguro, porque muy mal se me tenĂ­a que dar si, al final, no me quedara follando con NicolĂĄs… pero tenĂ­a que aspirar a probar otro Adonis de los que allĂ­ se encontraban.

Y digo Adonis porque uno de los primeros chicos que llegaron a la fiesta, Pablo, estaba para comĂ©rselo. Vamos, para mĂ­, guapĂ­simo… de los que te fijas y piensas, buahh, para que me voy a fijar en Ă©l si Ă©l en mĂ­ no lo va a hacer. Pues, me equivoquĂ©!! Igual de alto que yo, que no es poco, musculado, moreno, barba cuidada, labios carnosos, pelo negro, ojos oscuros y una sonrisa de caerte para atrĂĄs, si te la dedica.

Una subasta muy especial

TenĂ­a varias claras competidoras y las dejĂ© hacer… no tenĂ­a prisa, soy de las que pienso que si algo tiene que suceder, sucederĂĄ y si no, no hay que forzar la situaciĂłn.
Uno de los juegos preparados era subastar un «esclavo» con el que tenĂ­amos que compartir el resto de la fiesta y tenerlo a nuestros servicios. Cuando lo anunciamos, Pablo se acercĂł y me dijo al oĂ­do que hiciera todo lo posible porque fuera su esclavo… Uffff, se mojĂł el bikini y no por haberme metido en la piscina… Guauuu, le mirĂ© y le dije: «anda, anda… si tienes muchas candidatas». «SĂ­, claro, pero no me gusta ninguna… por favor, haz que me toque contigo».





Mis siguientes minutos fueron dedicados a saber cĂłmo iba a funcionar lo de la subasta y creĂ© una estrategia… SabĂ©is? FuncionĂł!! Pablo fue mi esclavo y no nos separamos en toda la fiesta, lo que provocĂł envidias… jajajaja, yo estaba contentĂ­sima. Me gustaba su forma de pensar, aprovechaba cualquier ocasiĂłn para tocarme aunque era muyyyy tĂ­mido y su argumento era que Ă©l nunca da el primer paso con una mujer porque le teme al «no». Bueno, su mensaje es claro… Cuando NicolĂĄs pasĂł preguntando quiĂ©n se iba a quedar a dormir, Pablo me mirĂł y dudĂł quĂ© contestar… yo dije que sĂ­, habĂ­a bebido algo y estaba a unos 100 km de casa… Ă©l dijo que lo decidirĂ­a mĂĄs tarde.

Camino libre con NicolĂĄs

Hubo muy buen rollo entre nosotros e incluso ya quedamos en vernos ese lunes para tomar cafĂ© puesto que venĂ­a muy cerca de mi casa a hacer unas gestiones y, menos mal!! Porque cuando la fiesta se empezĂł a animar, se empezaron a bañar desnudos en la piscina unos cuantos, otros se enrollaban en la hamaca de la piscina, otros se hacĂ­an masajes… otros se metĂ­an a las habitaciones directamente… Pablo desapareciĂł!!

Desconsolada me quedĂ©, me paseĂ© hasta el baño varias veces, disimulando mi bĂșsqueda, pero tampoco querĂ­a preguntar por Ă©l para que no se dieran cuenta de que se habĂ­a ido sin despedirse de mĂ­. Bueno, como os he dicho antes, muy mal se me tenĂ­a que dar para no follar con NicolĂĄs… Pero le habĂ­a visto con una ex suya sobĂĄndose y magreĂĄndose en una de las hamacas. Pero resulta que ella se enrollĂł con otro invitado… hmmm… Camino libre!!

Así que me senté en la tertulia que se había montado en unos sofås al lado de la piscina y me senté enfrente de él. Me miraba, le miraba y al rato se levantó para sentarse a mi lado y poner su mano en mi desnuda pierna, acariciåndomela y causando en mí mucho gusto.
Nos quedamos sĂłlo los que Ă­bamos a dormir en la casa. Esperaba que hubieran sido mĂĄs valientes y hubiĂ©ramos montado una bien gorda allĂ­, pero a los pocos minutos me vi buscando habitaciĂłn libre por la casa detrĂĄs de NicolĂĄs… Fue algo curioso, porque ninguno de los dos dijo nada, lo dimos por hecho y eso me gustĂł.

Un orgasmo como dios manda

Me desnudĂ©, se desnudĂł y comenzamos a besarnos para terminar tumbados en la cama, Ă©l sobre mĂ­. La excitaciĂłn subĂ­a por segundos y aunque los dos estĂĄbamos muy cansados porque ya era casi hora de amanecer, nos descubrimos con nuestras manos ĂĄvidamente. RĂĄpidamente descubriĂł mi sexo, mojado, excitado… deseando recibir caricias de sus manos. Introdujo un dedo en mi coño en cuanto descubriĂł que estaba empapada (esas caricias en la pierna durante la charla del sofĂĄ, delante de todos sus amigos, me habĂ­an puesto a mil por hora).





Sabe donde tocar pero su dedo me supo a muy poco, así que le dije que me follara, cambió de postura levemente mientras abría mis piernas para que se acoplara entre ellas y las dejé muy bien abiertas para que entrara con su miembro hasta el fondo. Mmmmmm me encanta sentir una polla dentro, espectacular, me abro mås y empujó mis caderas hacia arriba para que entre bien al fondo. Nuestros cuerpos se mueven acompasados y el folleteo es muy placentero, me encanta.

Debido al cansancio, creo, decidiĂł seguir con sus hĂĄbiles manos en mi. Se puso a mi lado, sobando con una mano uno de mis pechos y con la otra metiendo y sacando sus dedos. MetĂ­a, sacaba y estimulaba mi clĂ­toris… hasta que no pude mĂĄs y me corrĂ­… Eso que recorre tu cuerpo desde la entraña, que pasa por toda tu columna y que te hace reconocer cada parte de tu cuerpo, desde el primer pelo de la cabeza hasta la Ășltima uña del pie.

Erección mañanera

El sueño nos venciĂł rĂĄpidamente… aunque estĂĄbamos en una cama de 90 encontramos el hueco para dormir los dos. Me abrazĂł y caĂ­mos redondos hasta que el sol nos abriĂł los pĂĄrpados cual abrelatas… SĂłlo habĂ­an pasado dos horas.
No estoy acostumbrada a despertarme con un hombre al lado y eso no se puede desperdiciar, así que me las ingenié para subirme sobre él, a horcajadas, mientras alcancé con mi mano su polla hasta que la puse como una piedra. Ufff, qué bien me va a entrar. Tenía una erección mañanera de lo mås brillante y metí su polla en mí para cabalgarle con todas mis ganas. Me rozaba todo con su pubis, mientras su polla acariciaba todo mi ser interior.

La cama chirriaba, tuve que parar el ritmo varias veces, nos iban a oĂ­r!!… Pero era incontrolable… Me desboquĂ©!! QuerĂ­a sentir el clĂ­max ya mismo, mi cuerpo me lo pedĂ­a y llegĂł con un movimiento frenĂ©tico de mis caderas hacia su polla para que entrara toda dentro de mi… Mmmmm ÂĄÂĄ yaaa !!.

Cuando me recuperé de la agitación, baje con mi boca hasta su polla y le hice una mamada fantåstica, saboreåndole, viendo su cara de placer y gran una sonrisa.
Venga, vĂĄmonos, que es tarde… me dijo levantĂĄndose de la cama. Salimos sigilosos de la casa, donde todo el mundo dormĂ­a y nos fuimos a desayunar para reponer fuerzas.
Mis amigas, que las habĂ­a invitado a la fiesta y no habĂ­an podido venir, ya las tenĂ­a en el whatsapp preguntando que quĂ© tal habĂ­a ido todo… Muy bien!! Jajajaja. «Pero, has follado? Siiii… -ÂżCon quiĂ©n? » …

Y Pablo? Se acordarĂĄ de mĂ­? No le pienso llamar, si quiere algo, que lo diga Âżno? Ayer se fue sin despedirse… y eso, no se hace.

El amigo de…





Publicado en: Relatos Originales

30 de noviembre de 2018 by Mayra Deja un comentario

Puta de profesiĂłn, pura de corazĂłn: El Deseo

A pesar de sentirme libre porque ya no debo venderme para sobrevivir y estudiar, ahora siento un vacĂ­o. Un deseo que me hace pensar en que lo extraño. Extraño las caricias, el sudor, el jadeo en el lĂłbulo de mi oreja. La penetraciĂłn constante, las ganas…

Me siento sola. Siento un enorme hueco en mi alma y en mis entrañas. Mi sexo grita desesperado pidiendo mĂĄs. Pidiendo algo que no le estoy dando, un deseo que me va consumiendo. AdemĂĄs, Ășltimamente me doy la tarea de meditar y Âżpor quĂ©? Por quĂ© demonios no puedo hacer lo que me gusta. Por quĂ© carajos me tildan de puta.

Yo simplemente quiero poder otra vez tener mi libertad, poder decidir que quiero, con quien lo quiero. Cómo lo quiero. A quién me follo porque sí, porque lo deseo y ya.

Es mås. Sí soy puta, ¿y qué? Me gusta y punto. Es riquísimo follar y sino lo conozco mucho mejor. Porque de paso, le sumo la novedad. El palpar un cuerpo distinto, medir en mí un pene mås grande o mås innovador.

Todo es parte de la vida. Mis estudios me forman, claro estĂĄ. Me llenan el alma y nutren mi inteligencia. Pero que hago yo con el escozor de mi vagina que pide a gritos, no aguanta mĂĄs no tener dentro de ella, penes de distintos tamaños y colores. Es como ir a una heladerĂ­a a ver como los demĂĄs comen helado. Yo quiero comer y muchĂ­simo “helado”…

El Deseo caliente, grita desesperado por salir

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Ya no soporto el grito desesperado de mi interior. Yo quiero coger con quien quiera, sin complicaciones. Voy a tomar un baño con agua tibia, relajante, para salir a cazar, a resolver mi segundo conflicto. Ese deseo caliente que me trae hirviendo todo por dentro.

Es el momento ideal para una rica noche de tríos. Voy a probar, de pronto me gusta. Alguien por ahí seguramente le darå curiosidad como a mi y también querrå probar.

Mi mejor vestido que serĂĄ Âżnegro o rojo? Pienso que mejor el negro. Misterioso, escotado sin ninguna reserva y mucho menos barreras. Es decir, libre soy. Cabello seco, liso y brillante. Perfume sutil, crema con olor a durazno, sin ropa interior y listo. De cacerĂ­a.

El bar de la otra esquina suele ser un lugar Ă­ntimo. Van muchas parejas a escuchar mĂșsica, tomarse unos tragos y ahogar un poco la pasiĂłn contenida de una larga semana de trabajo. Ese es el lugar para mi, para mi despertar de este infierno de soledad.

A la caza del deseo

Justo voy caminando, meditando conmigo misma que hago, qué quiero con exactitud y los veo pasar, agarrados de la mano, miradas ardientes hablåndose bajito uno al oído del otro, besåndose el cuello entre paso y paso. Quedé fascinada como se veían, por lo que quise sumergirme en ese juego seductor que se traían, me provocó probar a ver si también puedo disfrutar.

Los seguĂ­ despacio con cuidado de que no percibieran mi presencia. Hasta que los vi entrar en el mismo bar al que me dirigĂ­a, asĂ­ que sin problemas y sin ningĂșn cambio de planes me lancĂ©, esforzĂĄndome ahora sĂ­ en llamar su atenciĂłn. Cuando entrĂ© me asegurĂ© de acomodarme en la barra bien cerca de ellos. SonreĂ­, pedĂ­ permiso y me sentĂ© pidiendo un trago a la vez que los saludaba.

Al comienzo, la chica se mostrĂł perspicaz pensando que quizĂĄs iba a quitarle al novio. Se agarrĂł a su brazo con fuerza como remarcando que ese era su territorio, cosa con la que me quedĂ© tranquila. Solo sonreĂ­ y les pedĂ­ permiso para juntarme con ellos. Él se apresuro a responderme con tranquilidad que sĂ­, alargando un taburete para que me sentara a su lado, a lo que yo, para evitar conflictos, me sentĂ© al lado de su novia, para que ella se calmara un poco.

Coloqué mi brazo sobre la silla de ella y sin rodeos les dije que les iba a regalar la mejor noche de su vida, sin cobrarles absolutamente nada. Explicando que solo quiero como pago para mí disfrutar al måximo la noche. Ambos se miraron tan desconcertados, tan asombrados de la propuesta que no se lo creían. Quizås porque fui muy frontal, dejando un espacio de maniobra muy, muy pequeño.

Antesala del deseo

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Lo pensaron no mås de cinco minutos y para mi sorpresa, aceptaron sin restricciones. Pagaron todo y al salir del local solo se limitaron a preguntar si era en mi casa o en la de ellos. A lo que les contesté que donde se sintieran mås cómodos, que para mi era igual. Nos fuimos en dirección a su casa. Las risas, el cotilleo, las manos entrelazadas se fueron intensificando a medida que nos acercåbamos al umbral de la puerta.

Al abrir me pareció todo tan lindo, confortable y cómodo, que con tan solo poner un pie en la sala de estar me quite los tacones y solté la cartera al piso. Hice un recorrido corto por la sala, el bar y la cocina. A medida que iba caminando fui soltando las pulseras, los zarcillos y el reloj. Al llegar a la puerta de la cocina me desabroche el cierre del vestido, dejåndolo caer a medida que iba caminando hacia a la sala.

Ellos como petrificados. Se miraban inquietos. Para cortar el temor de ambos, caminé directo hacia ella, le besé el cuello apasionadamente mientras le agarraba los senos. Le fui desabrochando la blusa y el sostén mientras iba bajando hasta besarle los pezones. Le abrí el pantalón, lo bajé poco a poco mientras metía mis manos dentro y agarraba fuerte sus nalgas.

La empuje al sofå para terminar de quitarle el pantalón. Le arranqué la panty, le abrí las piernas y besé su vagina. Cuando sentí que comenzaba a excitarse, me senté sobre ella acercando mis senos a su boca. Su marido expectante, no sabia ni que hacer. Solo nos miraba sorprendido.

MĂĄs… mĂĄs

Ella jadeaba extasiada. Yo me frotaba contra su cuerpo caliente. A él lo agarre por la correa del pantalón, mientras le besaba el abdomen arranqué su correa y le desabroché el pantalón. Agarré fuerte su verga en mis manos. La humedad que traía se percibía bajo la ropa que todavía traía puesta. Jalé fuerte su franela para atraerlo mås hacia mi, besando su boca caliente, (muy sabrosa por cierto).

MetĂ­ mi lengua lo mĂĄs profundo que pude. Se desbocĂł a agarrarme los senos, besarnos indistintamente a su novia o a mi. Me besaba los senos, los de ella, mi vientre, su vagina…

Ella se abrió lo mås que pudo, agarrando con sus dos manos la cabeza de él, con la urgencia y el deseo de que se clavarå dentro de su cuerpo. Yo ya caliente, atraje hacia mi su gran polla erecta. Quería comérmela.

Le quité el pantalón, terminé de bajarle el bóxer y empecé a mamårsela. Mientras, él seguía besåndola como loco. Cuando ya la desesperación de él se sentía en el aire, sus ansias de penetrar un cuerpo lo consumían, pues con total egoísmo lo agarre para mí. Lo empuje al sofå al lado de su novia y antes que ella reaccionara me senté con total violencia sobre su magnifico juguete, grande, duro e imponente.

Comparto, pero soy egoĂ­sta…

Del tirón me vibro todo el cuerpo. La brusquedad del movimiento me hizo temblar brincando arriba y abajo sobre él, viendo que se retorcía sin contener las enormes ganas que me tenía. Yo como por instinto, porque sinceramente jamås lo había hecho y para que ella no se sintiera celosa, sobre todo porque es una mujer rica y caliente, le agarré los senos, la besé fuerte y la invité a unirse al juego. Le chupe cada pezón con detenimiento hasta sentir que la hacia temblar.

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El gritaba como un loco, con total desenfreno, pero no lo dejé acabar. Me paré de golpe, la agarré a ella, la senté sobre él y me paré detrås agarrando sus senos, besando su espalda, su cuello.

Cuando sentí que ya ambos estaban por acabar, para que la acción no se rompiera, me senté al lado de él a decirle suciedades al oído. Lo besé como y cuando quise, hasta que ya no pudo contenerse. Gritaron al unísono, liberados.

Incombustible

Le mordĂ­ lo mĂĄs fuerte que pude la barbilla, cosa que lo volviĂł a excitar a tal nivel, que a pesar de haber acabado dentro de ella, la apartĂł de golpe. Me besaba mientras se masturbaba, haciĂ©ndose la paja a la par que me toqueteaba para que se le levantara y follarme como me lo merecĂ­a, segĂșn me susurraba.

Yo jugando con él, me pare sobre el sofå dejando mi vagina a la altura de su cara. Pasé mi pierna por su hombro para que pudiera comer de ella cuanto quisiera. Su lengua me penetro como quiso, me la metió tan al fondo que se me doblaron las piernas ante el goce.

Agarré su cabeza contra mi vagina para que no dejara de hacerlo. Me encantaba, estaba fascinada hasta que la urgencia de su miembro en mi fue tal, que aparté como con rabia su rostro y me senté sobre su polla incombustible lo mås fuerte que pude. Grité alto, fuerte y hasta aterrador. Cualquiera pudo pensar que me estaban matando. Lo que en efecto pudo haber sido una muerte de lo mås suculenta. Demonios, ¥que cogida tan divina!

Me sujetó por la cintura, obligåndome a bajar y subir sobre su verga. Casi que me tenía marcado el ritmo acelerado con que le gustaba que me lo hicieran. Brinqué cada vez mås y mås sobre él. Ella mientras tanto observaba extasiada, esperando con paciencia una nueva oportunidad para mås.

Olvidé quienes eran o donde estaba. Me aboqué solo al disfrute. Me solté dejåndome follar cuantas veces él quisiera. 

Helado y buenas vibras

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Antes del amanecer, ella recordó que tenía un helado de chocolate guardado en la nevera. Se levantó de golpe y salió corriendo como una niñita para compartirlo con nosotros.

En ese instante solos, me acostĂ© sobre Ă©l, besĂĄndolo con frenesĂ­, suplicando que me lo hiciera por una Ășltima vez. Me agarrĂł las nalgas con firmeza, me apretĂł contra su pecho y de inmediato sentĂ­ su pene erguirse entre nosotros.

Sus manos agarraron mi rostro, besando suavemente cada espacio. Ella regresĂł, pero al vernos, nos dejĂł seguir libres. Solo se sentĂł a un lado a observarnos, disfrutando su espectĂĄculo exclusivo en primera fila, con helado incluido.

Él, como que si ella no estuviese me siguió besando tiernamente. Rodamos por la cama, fusionando nuestros cuerpos en un dulce abrazo. Se poso sobre mi y me penetró con dulzura. Me sentí en el cielo.

Por primera vez en muchos años no era sexo. Estaba haciendo el amor. Suave, delicado, apasionado. Con amor y deseo. Mi cuerpo vibraba de formas diferentes. No podía explicar muy bien lo que sentía.

Cuando Ă©l estaba a punto de terminar, ella se acostĂł en la cama, abriĂł las piernas y dijo: ahora me toca a mi. Él me dio un Ășltimo, profundo y delicioso beso y se mudĂł con su novia… o esposa, no lo sĂ©.

Despedida

Volví a mi profesión. Sé lo que implican los sentimientos y corría el riesgo que al final esto no saliera como lo había planeado. Ya sentía «cosas raras» por Robert y George. Las mismas cosas raras que en ese instante empecé a sentir. Los vi haciendo el amor a mi lado, con ese cariño, con pasión y un deseo genuino. Sentí celos.

¿Qué me estå pasando? 

Sin darle mås vueltas me levanté y los dejé en lo suyo. Me dí una pequeña ducha, me vestí y me fui con el despuntar del alba. Solo me despedí totalmente satisfecha en una nota, «recuérdenme en sus deseos nocturnos, en sus ganas y sus sueños».

Publicado en: Relatos Originales Etiquetado como: antesala al deseo, deseo, deseo caliente, follar, prostituta, puta, Santubearsex, sex, Sexo, sucumbir, trio

14 de noviembre de 2018 by Magnuson 2 comentarios

EL REVISOR DEL TREN

El revisor


.HabĂ­an pasado ya un par de meses y Aitor no conseguĂ­a localizar a RaĂșl de ninguna manera. HabĂ­a hecho pedidos y no era el repartidor el que Ă©l esperaba. Aitor no aceptaba no volver poder reencontrarse con RaĂșl. Le habĂ­a gustado tener sexo tanto con Ă©l que aquello le sobrepasaba. No habĂ­a tenido nunca tanto morbo ni vicio follando. Él era un hombre de montaña, no habĂ­a follado mas que a putas de peras al cuarto, y como un hombre le habĂ­a mamado el cipote no lo habĂ­a conseguido hacer ninguna de ellas.

EmpezĂł a obsesionarse un poco con la idea de no poder volver a verle. No poder volver a follarle aquella boca tan tragona y muy a sopesar encular aquellos glĂșteos prietos y redondos que tenĂ­a RaĂșl.

Cuando los ciclos de la naturaleza le vencĂ­a, iba buscando desahogos donde ya no encontraba. Paraba en ĂĄreas de descanso, frecuentaba baños pĂșblicos de donde alguna vez que otra habĂ­a notado como los compañeros de urinario, desviaban la mirada buscando la verga de Aitor.
HabĂ­a frecuentado sex-shop donde habĂ­a leĂ­do en alguna revista que existĂ­an salas donde se practicaba sexo
, saunas
, todo aquello lo habĂ­a recorrido Aitor en busca de su preciado RaĂșl, pero sin resultado alguno. Siempre salĂ­a decepcionado y cabizbajo sintiendo la añoranza y el vacĂ­o. Era como si se lo hubiese tragado la tierra, ya que por prudencia nunca pregunto en el negocio por Ă©l.

En una de esas revista que ojeaba, le llamaba la atención el mundo que existía del cual él desconocía tanto. Leyó que en verano había una gran concentración en el sur en el mes de agosto. Concretamente en Torremolinos. Y como andaba desesperado en dar con su obsesión, decidió tomarse unas vacaciones.



Vacaciones en Torremolinos

Era a finales de julio cuando decidió Aitor tomar rumbo a Andalucía. Había leído que un hotel estaba recién abierto y su clientela estaba enfocada al mundo gay. Aitor pensó que no sería mala idea hacer una reserva y seguir abriéndose campo en tal vicioso mundo descubierto. Así pues, con bastante antelación y debido a una anulación de ultima hora de una reserva, el hotel Ritual se puso en contacto con Aitor para confirmar la reserva.

Hacía mucho tiempo que Aitor no había salido del país vasco. Pråcticamente era su primera vez, y mas a un mundo tan desconocido por él. Hizo una reserva en tren, ya que el avión por el momento lo había descartado. Cogió su equipaje y tiró rumbo a Bilbao-Abando.

No había escatimado en gasto y reservo una plaza individual en preferente. Desconocido este mundo para él, tuvo que pedir ayuda para saber dónde ubicarse. Se dirigió a una de las azafatas la cual le dejaron en el lugar donde haría la travesía.

Aitor llevaba un pantalón corto, que dejaban ver unas piernas muy velludas, así como la camisa de manga corta, que también el vello le llegaba hasta el dorso de las manos y dedos. Se acomodó y al cabo de una media hora de ponerse el tren en marcha empezó el protocolo de las azafatas.



Aparece el revisor

A la hora de camino aproximadamente se abriĂł la puerta del coche en el que Ă©l viajaba. Aitor ocupaba el penĂșltimo asiento del mismo y ante Ă©l se presentĂł el revisor pidiendo el billete de tren. Aitor le dio un vuelco el corazĂłn. Aquel tipo tenĂ­a mucha sintonĂ­a con RaĂșl, y el aspecto que le daba el traje le daba mucho morbo a Aitor.

El revisor se parĂł ante Ă©l y comprobĂł el billete. Aitor tenĂ­a a la altura de sus ojos el paquete del revisor, podĂ­a ver como aĂșn la bragueta estaba sin terminar de cerrar. Eso le excitĂł y no pudo contener como se le ponĂ­a duro el miembro. MirĂł a la cara del revisor y Ă©ste aĂșn comprobaba el billete.

A Aitor se le seco la boca de repente, fue a tomar un trago de agua de la botella que llevaba y en el movimiento del brazo para inclinarla, rozo con el codo inconscientemente el paquete del revisor.
-Disculpe, ha sido sin querer.
-No se preocupe, con estos traqueteos del tren, es normal que sucedan estas cosas.

Aitor se desabotonĂł por el calor que le entrĂł la camisa y observĂł como el revisor por encima del billete le miraba con lividez. EntregĂł su billete al cliente y marchĂł.

Qué situación mås morbosa le había producido aquello. Se quedó un buen rato reflexionando en todo y se relajó.

Una hora después de lo sucedido, se levantó en busca de la cafetería y anduvo coche tras coche hasta llegar a ella. Todo aquello le parecía increíble. Tomó café y observó como el revisor pasaba nuevamente hacia cola que era donde él llevaba su asiento. Observó a las personas que allí habían, ejecutivos
, veraneantes
, el camarero
, el olor a bocadillos calientes
, hasta que decidió marchar a su asiento.



Pensando en RaĂșl

En el penĂșltimo coche, en el pasillo del office se volviĂł a cruzar con el revisor. El pasillo era estrecho y el roce fue inevitable. Aitor no supo interpretar si era su obsesiĂłn con RaĂșl o le habĂ­a parecido sentir que el revisor tambiĂ©n se apretĂł contra Ă©l en el momento del roce. Se dirigiĂł hacia su asiento y se acomodĂł.

Habían salido de Tudela en Navarra cuando nuevamente apareció el revisor. Se dirigía hacia él, pero Aitor pensó que iría a la cabina de cola. Con el codo sobresalido del reposabrazos, el revisor se rozó contra él. Aitor ya no controlaba la excitación que todo aquello le producía. Entró y dejó la puerta entreabierta.
Aitor no podía contenerse, así que sin vacilar, giro la cabeza y vio como el revisor le hacía señas. Se levantó de su asiento y tras entrar, cerro la puerta.

Tengo una hora aproximadamente hasta que lleguemos a Zaragoza-Delicias. Aitor sin decir ni media, ya tenĂ­a la camisa desabrochada y la verga le sobresalĂ­a de los calzones de la excitaciĂłn que le producĂ­a aquello. Le agarrĂł el paquete al revisor y mientras le morreaba notaba como sus propios pezones se endurecĂ­an.

AquĂ©l tipo, era un vivo reflejo de RaĂșl, pero no besaba tan bien ni se encontraba tan cĂłmodo, pero la situaciĂłn y el morbo le superaba.
El revisor, al contemplar aquél pecho empezó a comerse los pezones de Aitor, el traqueteo del tren no dejaba hacerlo como quería y los movimientos involuntarios eran inevitables
 así que directamente se agachó al cipote de Aitor, y aprovechando dichos traqueteos, se tragó de golpe el pollón.

En sintonĂ­a con el traqueteo del tren

Mientras tragaba polla, Aitor se estimulaba los pezones, seguĂ­a pensando en su RaĂșl, en que mientras mĂĄs tardaba en encontrarle, mĂĄs le deseaba. El revisor mientras tanto no dejaba de tragar y acariciar aquellos muslos tan velludos que tenĂ­a ante Ă©l. Se abriĂł como pudo la bragueta y se sacĂł tambiĂ©n su polla en un estado descomunal de dureza y excitaciĂłn.

El revisor parecía que hubiese hecho presa con la boca en la verga de Aitor, y éste consiguió desprenderle la boca, le subió y le terminó de bajar los pantalones. Junto a los impulsos incontrolados del movimiento de cola, Aitor, le salivó el ano y tumbó sobre los mandos al revisor.

TenĂ­a ganas de clavarle la polla al revisor, querĂ­a castigarle pensando en RaĂșl. Con su chico, Ă©l no disponĂ­a de carreras y andar a hurtadillas. Con su chico el vicio era mĂĄs relajado y notaba que se entregaba mĂĄs. Aquello era lo que era y no disponĂ­a de mucho tiempo.
No querĂ­a tener un gatillazo por la situaciĂłn de ser descubiertos y sin contemplaciones penetrĂł al revisor. Éste gritĂł, sabĂ­a que no habĂ­a mucho control por el movimiento, pero nunca le habĂ­a clavado una verga de estas dimensiones. Aitor culeaba, iba buscando el punto donde poder llenarle el culo de leche al revisor, y Ă©ste mientras se la sacudĂ­a como si fuese su Ășnica oportunidad.

Ambos estaban en sintonĂ­a junto al traqueteo del tren. El conductor dejĂł un largo y extendido silbato posiblemente por saludar a otro tren o por advertir de la velocidad de la marcha, en cualquier caso Aitor todo aquello cada vez le gustaba mĂĄs. El revisor aprovechĂł para gritar de placer, sentir como lo estaban follando como jamĂĄs le habĂ­an follado y menos en su puesto de trabajo.



Llegada a MĂĄlaga

Aquel cipote hacĂ­a maravillas y delicias en su culo. AyudĂł mucho a no poder controlar la corrida el meneo de por sĂ­ que ambos llevaban involuntario. Gritaban al unĂ­sono, y parecĂ­a que el conductor sabĂ­a que ocurrĂ­a y con el silbato amortiguaba los gritos de ambos. La corrida fue muy placentera, para el revisor espectacular, a Aitor le faltĂł algo en todo ello. No podĂ­a dejar de buscar a RaĂșl. Le necesitaba.

Con discreciĂłn ambos ya habĂ­an salido de todo aquello con airosidad. Nadie les habĂ­a visto. Bueno, eso creĂ­an. El conductor del tren, llevaba la cĂĄmara encendida de la cabina donde habĂ­a sucedido todo.

A las diez y media de la noche Aitor se encontraba en la estaciĂłn de MarĂ­a Zambrano, direcciĂłn cercanĂ­as a Torremolinos.

Aitor habĂ­a llegado a MĂĄlaga.


MĂĄs relatos de Magnuson.

Publicado en: Relatos Originales

9 de noviembre de 2018 by Estefania Mor Deja un comentario

ÂĄPara esto no me hagas salir de casa, hombre!

ÂĄPara esto no me hagas salir de casa, hombre!

Estaba muy contenta del sexo mantenido con hombres casados
 hasta hoy. Creo que he dado con el 1% que lo hace con una mujer desconocida tal y como lo hace con su mujer, vamos, como los conejos.
Normalmente no suelo escribir mis malas experiencias pero hoy sí que lo voy a hacer porque sois muchos los hombres que seguís el blog, aunque de algunos me consta que sois excelentes en dar placer. 😉 y quiero dejar constancia que no siempre se folla de manera placentera aunque la situación creada tenga un morbo impresionante.
Esta mañana he entrado a ver quĂ© pasa por una de las pĂĄginas en la que estoy dada de alta y a los dos minutos me ha saltado un mensaje de un hombre diciĂ©ndome que le gustarĂ­a conocerme
 que quĂ© interesante que escriba relatos
 bla.. bla
 bla
 Bueno, le pedĂ­ ver sus fotos y guauuuu
 guapĂ­simo, en la foto, claro
 en persona no ha sido lo mismo.

Pues le contesté y a la segunda línea me decía que si queria podíamos quedar y que venía donde yo estuviera. Me lo pensé un segundo, miré el reloj, todo el trabajo sobre la mesa y decidí darle un par de horas de mi tiempo.
¿Quedamos a comer? Uy
 casi que al café directamente jajajajaj
 qué ansioso!!! Bueno, yo luego tenía prisa así que vamos a quedar en un restaurante
 por si no me gusta, por lo menos, comeremos jejeje.
Como le dije que la voz era muy importante para mi, cuando subiĂł al coche para acudir a nuestra cita, me mandĂł un audio diciĂ©ndome que me iba a susurrar al oĂ­do mientras me hacĂ­a un masaje. Hummm… mi tanga se empapaba por momentos, quĂ© bonita voz. Me llenaba
 espero que su polla me llene igual.

ÂżEstas nerviosa? – No, yo no.

CogĂ­ mi coche para llegar a la hora acordada
 siempre me gusta ser puntual y que no me esperen y cuando me quedaba un par de minutos para llegar veo un mensaje que dice que ya ha llegado y que estĂĄ muy nervioso. A mi me da la risa
 jajajaja nervioso!!!! Dime que estĂĄs sĂșper cachondo!!!!

Cuando entrĂ© con mi coche en el parking sabĂ­a cuĂĄl era su coche a pesar de que habĂ­a bastantes, pero para eso soy bastante intuitiva y
 acertĂ©!! AparquĂ© justo delante de Ă©l y le mandĂ© un mensaje diciendo que habĂ­a aparcado ya. “Si, acabas de aparcar delante de mĂ­, creo.”. AsĂ­ que bajĂ© del coche mientras se acercaba
 el dudĂł si besarme en la boca pero yo le he plantado dos besos en las mejillas. Me mira y me pregunta: ÂżquĂ© hacemos? Pues
 estĂĄ claro, tomarnos una caña, no?.

En el camino hacia la puerta del restaurante me vuelve a decir que estĂĄ nervioso: “¿tĂș no?” “no, yo no” le digo sonriendo y mirĂĄndole fijamente a los ojos. Pedimos nuestras cañas y comenzamos a hablar de la situaciĂłn, que si es muy morbosa y que cĂłmo mola sentirse asĂ­. Su mujer no entiende el mundo swinger pero a Ă©l le encanta
 claro, asĂ­ tienes que buscar fuera lo que no tienes dentro.

Me como todos los aperitivos mientras hablo, tengo hambre
. el hombre me gusta pero no me apasiona mucho, muy tímido y no le veo mucha chicha para sacarle sexualmente pero, a lo mejor me sorprende, quién sabe? Da un sorbo grande a la cerveza y me mira para pedir mi aprobación para marcharnos a un hostal cercano
 por aquí no hay mucho mås. Así que decidimos ir en su coche y que luego me traiga al mío.

Ni pizca de gracia ni arte

Entramos en la habitación sin que haya hecho ademån de pasión
 sólo me ha tocado la rodilla mientras conducía
 qué blandito es!! Entramos en la habitación, nos besamos, mientras magreamos nuestros cuerpos, pero no avanza
 me dice que me tumbe
 pero estoy vestida todavía!!! que pretende desnudarme en la cama? no
 no va a ser así.

Espera, le digo, mientras me siento en el borde de la cama y me empiezo a quitar la ropa mientras le miro
 Ă©l aparta la mirada uy, no sé  esto no me va gustando. Me dice que le gustan mis tetas y empieza a entretenerse con ellas. Chupa una mientras me pellizca el pezĂłn de la otra, me gusta.

Comienza a apretar su pubis contra el mĂ­o y noto su dureza, no es muy grande, pero estĂĄ muy dura. No me quitĂ© el tanga, lo tengo empapado y todavĂ­a no lo ha catado
 Él sigue con mis pechos entretenido y yo me retuerzo pidiĂ©ndole sin palabras que me de placer.

Para ver si se anima la cosa le digo susurrante: “No me ibas a hacer un masaje?”, “si, claro.. date la vuelta”. Lo hago, dejando mi culo a la vista con el tanga atravesándolo.
A ver lo que hace!! Uy, nada.. nada de nada. Restriega sus manos por mi espalda y pellizca con la mano abierta mi culo pero sin denotar ni pizca de gracia ni arte, en fin, ya que estamos aquí vamos a intentar disfrutar lo mås que se pueda. Al minuto de su torpeza en mi espalda me dice que me dé la vuelta.

Por fin introduce su mano en mi entrepierna para comprobar mi humedad
 ni mención a ella y estoy empapada ¡¡pues vaya!! me quita el tanga y comienza a masturbarme con movimientos circulares en el clítoris hasta que, por mi propio vicio, llego al orgasmo diciendo en alto que me corría.

El misionero

A ver si asĂ­ se anima un poco la cosa! Le digo que quiero que me folle, con mi mejor cara de deseo y se dispone a hacerlo. Sí
 sĂ­, bueno.. se levanta diciendo que va a por un condĂłn, se lo coloca, viene hacia mi e introduce su polla en mi coño ardiente
 en la postura del misionero.

Dentro, fuera, dentro fuera
 como los conejos, cada vez más deprisa. Cuando veo que solo piensa en el mete saca
 pongo mi mano en el clítoris y me empiezo a masajear pero en medio minuto me dice “me voy a correr”.
ÂżQuĂ©? pero bueno, es que este hombre no sabe que es posible que una mujer se corra dos veces en breve espacio de tiempo y que estoy sĂșper cachonda? No se ha dado cuenta de que me estoy masturbando para llegar otra vez?

Así que no me da tiempo ni me da opción, se corre, la saca.. se tumba a mi lado en la cama jadeante por el esfuerzo conejil y me dice “Bueno, nos vamos?”.En fin amig@s
 luego me dejó en el coche diciendo que ya estaremos en contacto
 aunque creo que cuando lea esto se le van a quitar las ganas.
Aquí me tenéis, soltando mi frustración en un Burguer King, porque hoy, ni follar, ni comer ni nå de nå. Deseando estoy de llegar a casa y usar mi nuevo vibrador  de color rosa que me tiene enganchadísima.


Relato: Para esto no me hagas salir de casa, hombre!!!
Autora: EstefanĂ­a Mor


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8 de noviembre de 2018 by Aureliano Olivares Deja un comentario

Puta de profesiĂłn, pura de corazĂłn. Parte IV: Adictos al sexo

Cuando dejé a Robert y a George en la habitación de aquel lujoso hotel de las afueras de la ciudad, no imaginaba lo que el futuro tenía guardado para mí. Lo mejor estaba por llegar, literalmente. También me tocó asumir que mi nombre ahora figuraba oficialmente en la lista de los adictos al sexo.


CAPÍTULO IV

adictos al sexo desayuno santubearsex Me detuve a desayunar en un viejo café del centro de la ciudad. Pedí una ración de huevos revueltos con patatas fritas. Estaba urgida de calorías y no me importaba saltarme la dieta una vez. También ordené café y una coca cola. Definitivamente, mi cuerpo clamaba por energía. Después de 12 horas del sexo mås salvaje que había tenido en mi vida, creo que podía darle todo lo que me pedía.

TomĂ© el subterrĂĄneo y en 15 minutos estuve en casa. Por pura costumbre, encendĂ­ la laptop y abrĂ­ mi correo electrĂłnico. QuerĂ­a cancelar una cita que tenĂ­a pautada para aquella misma tarde. Por primera vez en mucho tiempo, no me apetecĂ­a follar. Lo Ășnico que querĂ­a era dormir.

Cuando estaba por apagar la computadora y desconectarme del mundo, un nuevo mensaje llegó. Estuve a punto de ignorarlo. Pero después que vi quien era el remitente, no pude pasarlo por alto. Era de Robert.

La carta

Oh, mi niña. ÂżQuĂ© me has hecho? Anoche, debo admitir que por momentos, tenĂ­a ganas de asesinarte con mis propias manos. Lo que hiciste. Lo que mi hiciste hacer… Dios.

Pero creo que tĂș lo descubriste primero que yo. SabĂ­as que era lo que necesitaba. SabĂ­as que mi etiqueta de adicto al sexo no era mĂĄs que una fachada. No porque no lo fuera. (SĂ­ soy de los adictos al sexo). Solo que habĂ­a pasado toda mi vida follando de la manera equivocada.

Gracias, de verdad…


Puta de profesiĂłn, pura de corazĂłn. Parte II: Consecuencias


ÂżGracias?

La carta de Robert se extendía perezosamente entre agradecimientos y lo feliz que estaba. También daba detalles de lo bien que se sentía llevar a su boca «una polla tan grande y tan rica como la de George» y tragarse toda su leche.

Estuve a punto de abandonar la lectura en un par de oportunidades, pero sentĂ­a que debĂ­a llegar al final. Menos mal y lo hice.

Mi nueva vida

Desde ese día, Robert se convirtió en mi protector. «No tendrås que volver a prostituirte mås nunca, mi niña.» Prometió que desde ese mismo instante, todos mis gastos correrían por su cuenta. Mås nunca tendría que preocuparme por dinero.

Y asĂ­ fue. Los siguientes dos años solo me dediquĂ© a estudiar. Mis dĂ­as de citas clandestinas y hombres adictos al sexo quedaron en el pasado… o casi.

adictos al sexo salvaje santubearsex Si bien dejé de vender mi cuerpo, no podía dejar de follar. Todos los días. A cualquier hora. Tuve que asumir que mi vida lejos de los placeres de la carne y del pecado no era lo mío. Necesitaba que me cogieran. Y duro.

Toda  mi experiencia previa me sirvió para siempre acertar al momento de seleccionar a mis juguetes sexuales. El sexo ya no era por dinero. Solo por puro placer y lujuria. Y eso lo hacía mucho mås sabroso.

Adictos al sexo

Algunos de mis compañeros de clases y casi todos mis profesores también pasaron por mi cuerpo. Nunca esperé otro beneficio que no fuera un orgasmo estremecedor. Y si eran dos o tres, mucho mejor.

De Robert y George no supe mucho durante aquellos tiempos. Todos los meses, sin falta, me aguardaba un suculento cheque en mi buzĂłn.

Hasta que terminé mis estudios. El día del acto de grado, recibí un sobre de manos de un cartero bastante sexy, con el que creo me había acostado un par de veces. Era mi regalo de graduación: Robert y George me invitaban a pasar con ellos un fin de semana en su casa de Ámsterdam.

Dentro del sobre venĂ­a una extensa carta de Robert, escrita esta vez a mano alzada. De nuevo se extendĂ­a en agradecimientos por lo feliz que era en su nueva vida. La misiva cerraba con una aclaratoria: «no te preocupes por el frĂ­o.» (Era finales de noviembre y aquel prometĂ­a ser el invierno con las temperaturas mĂĄs bajas en 100 años). «George y yo le daremos a tu cuerpo todo el calor que necesite… y mucho mĂĄs.»

¿Qué tenían en mente? Me moría por averiguarlo.


Puta de profesiĂłn, pura de corazĂłn. Parte I: Conociendo a Robert

Publicado en: Relatos Originales Etiquetado como: relatos erĂłticos, Santubearsex, sexo salvaje

1 de noviembre de 2018 by Kevin Bob 1 comentario

El Vestuario

EL VESTUARIO

Eran las tres de la madrugada en una guardia rutinaria en el hospital en la unidad de cuidados intensivos, y Federico formaba parte del equipo de enfermería de dicha unidad. Fede es un auxiliar de enfermería, de complexión gordito, peludo, calvete y con barba. A Federico le gustan los hombres entraditos en carne

 es decir, le vuelven loco los osos, osetes y demás fauna osuna. No sabía en ese momento lo que le iba a ocurrir en el vestuario.

Un paciente, al cual le tenían que hacer un procedimiento que requería al cirujano que lo intervino horas antes. Cuando llegaron los cirujanos, Federico se encontraba junto con el resto del equipo de enfermería atendiendo dicho paciente. Todo el mundo, por procedimientos de asepsia llevaban mascarilla, y cuando Federico vio llegar al cirujano
 casi se derrite al verlo.

Llegó un cirujano gordito con el característico gorro de quirófano al que le asomaban por los lados un pelo negro con algunas canas, alto, con unas manos grandes de dedos voluptuosos que tuvo que usar los guantes mås grandes que había en la unidad. Llevaba un uniforme sanitario (tipo pijama abotonado) que dejaba entrever una poblada pelambrera rizada. Federico no podía evitar quitarle ojo de encima. el vestuario relato erótico gay de santubearsex blog erótico y sexual imagen de un señor con barba peludo gay muy guapo

Primer contacto

El cirujano se llamaba Manuel y en cuanto vio a Federico, las miradas por encima de la mascarilla se convirtieron en las protagonistas. El cirujano se dirigiĂł a Federico:

-Me llamo Manuel –  dijo el cirujano estrechĂĄndole la mano a Federico, el cual no pudo evitar hacerle una mirada exploratoria de pies a cabeza. Fede comenzĂł a sudar del nerviosismo. Se dieron un fuerte apretĂłn de manos y Ă©ste le guiñó un ojo.

Federico no cabĂ­a en su asombro en semejante desparpajo del cirujano y eso le puso tan caliente que tuvo que disimular su erecciĂłn. Aprovechando que tenĂ­a que acudir al almacĂ©n a coger algĂșn material que hacĂ­a falta en el procedimiento, acudiĂł al baño a refrescarse un poco por el calentĂłn. CuĂĄl fue su sorpresa, que cuando Federico se estaba lavando las manos entrĂł tambiĂ©n al baño Manuel.

Sin mediar palabra, aseguråndose que no había nadie en el baño y cerrando la puerta, empujó a Federico contra la pared del baño soltåndole un morreo y metiéndole la lengua hasta el fondo. Federico se quedó paralizado y cuando dejó de besarle, le pegó un apretón en la entrepierna de Federico guiñåndole un ojo de nuevo. Salieron del baño y continuaron con el procedimiento que requería el paciente.
Cuando terminaron Manuel (el cirujano) se fue con el resto de sus compañeros y Federico continuó con su guardia. el vestuario relato erótico gay de santubearsex blog erótico y sexual imagen de dos hombres besando mucga pasión

La guardia de Federico

Federico terminaba la guardia a las ocho de la mañana, el cual aprovechaba para tomar una café con las compañeras/os que entraban a esa misma hora y realizar el cambio de turno.
Se dirigió al vestuario para cambiarse de ropa e irse a casa. Iba de camino al vestuario recordando ese momento en el baño que había protagonizado con Manuel. Estaba con la taquilla abierta quitåndose el pijama de trabajo cuando cogió la toalla y el jabón dispuesto a darse una ducha antes de irse a casa. Al girar la puerta de la taquilla, cuål fue su sorpresa justo en la de al lado, estaba Manuel cambiåndose de ropa también.

Entablaron una conversaciĂłn de cortesĂ­a:
– Hola Manuel, que, ya se terminĂł la noche Âżno?- dijo Federico.
– Pues sĂ­, ya que ha sido una guardia un poco movida, pero con sus ratos agradables, jejeje. – contestĂł Manuel. el vestuario relato erĂłtico gay de santubearsex blog erĂłtico y sexual imagen de dos hombres besandose

Barriga peluda

Los dos estaban un poco nerviosos ya que se encontraban semidesnudos dejando muy poco a la imaginaciĂłn. AdemĂĄs de presentar unos brazos robustos, y peludos, Manuel tenĂ­a tambiĂ©n una barriga bastante peluda con unos pezones enorme. Unos pezones erectos permanentemente y unas patorras gorditas que le quitaban el hipo a Federico. Éste solo llevaba una toalla puesta alrededor de la cintura y no pudo disimular que se habĂ­a empalmado nada mĂĄs verle en ropa interior.

Manuel se percató y como era algo mås lanzado que Federico, le comentó que esperase un momento con una sonrisa pícara en la cara. Se dirigió hacia la puerta del vestuario y a la vez aseguråndose que no había nadie en el vestuario, cerró la puerta del mismo y volvió al lugar donde se encontraba Fede. Sin mediar palabra, se acercó a Fede y lo apretó contra él metiendole la lengua hasta lo mas profundo de su boca. Magreåndolo por todos lados, Manu, le quitó la toalla de un tirón a Fede y dejo su polla al descubierto. Se la agarró con fuerza y empezó a pajearlo mientras lo besaba.

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Momento pre seminal

Fue bajando y lamiendo por el cuello, bajando hasta los pezones en los cuales se deleitĂł un buen rato. Fede estaba que no se lo creĂ­a. Semejante osazo le estaba comiendo entero y su polla iba a reventar en cualquier momento. SiguiĂł bajando hasta que estuvo a la altura de su polla, le mirĂł y empezĂł a lamerla saboreando el liquido pre-seminal que salĂ­a de la punta del rabo de Fede.
AdemĂĄs soltaba bastante liquido preseminal cuando se excitaba, mas de una vez, mojaba bastante la ropa interior de las excitaciones.

ComenzĂł a comerle la polla en principio despacio pero una vez que la tuvo entera en la boca, se la metiĂł hasta que le dio una pequeña arcada de lo profundo que le llegaba. Fede estaba disfrutando como un loco cogiĂ©ndole la cabeza a Manu y apretĂĄndole contra su polla y a la vez nervioso, por si podĂ­a entrar alguien y pillarlos en el “ajo”. Manu le estaba chupando la polla cuando Fede le levantĂł. Ahora se agachĂł Fede y le pegĂł un lengĂŒetazo a la polla de Manu metiĂ©ndosela en la boca. Manuel tenĂ­a una polla grande y gorda. Federico le cogiĂł de una mano a Manu para que lo acompañara a las duchas. el vestuario relato erĂłtico gay de santubearsex blog erĂłtico y sexual imagen de pelicula 1

Una mamada muy buena

En cuanto estaban en la misma, Fede se arrodilló metiéndose el pedazo de polla que cargaba Manu. Era una polla sin circuncidar que cuando bajaba la piel, salía a flote un capullo gordo y rosa. Era una polla curva, ladeada hacia la izquierda y bastante gruesa. Fede se la metió de golpe hasta que su barbilla dio tope con los huevos, no muy gordos pero peludos. A la vez que le estaba comiendo la polla, le empezó acariciar el culo buscando su ojete. Comenzó a acariciarlo.

Manu le facilitó el trabajo abriéndose un poco mas de piernas. Fede podía notar la excitación de Manu, soltando abundante liquido preseminal en su boca. Le dio la vuelta a Manu y le dijo que se colocara contra la pared con la piernas abiertas.

Una comida de culo especial

Le abriĂł las nalgas peludas de Manu, dejando a descubierto un ojete apretadito y sin pensĂĄrselo dos veces, empezĂł a comerle el culo como un desesperado. Manu empezĂł a gemir de placer. Notaba como la lengua de Federico rodeaba todo su ojete y metĂ­a la puntita de la lengua en su agujero. Cuando ya lo tuvo bien lubricado, comenzĂł a meter lentamente un dedo, luego dos. Manu estaba en frenesĂ­, no podĂ­a ocultar el placer que le estaba dando Fede con su lengua y sus dedos.

De su rabo ya colgaba un hilo abundante de liquido preseminal, el cual se encargaba de limpiar Fede con la lengua en cuanto se percataba del mismo.
Fede se levantĂł y comenzĂł a rozar su polla por el ojete de Manu a la vez que le abrazaba pellizcĂĄndole los pezones y lamiendole el cuello por detrĂĄs. Se humedeciĂł bien la polla y Manu se puso un salivazo en el culo.

Cogió la polla de Fede y la dirigió hasta la entrada de su ojete. Empujó despacio, hasta que tuvo toda la polla dentro del culo de Manu. Empezó el vaivén hasta que ya se adapto bien el culo de Manu a la polla de Fede. Aceleró el ritmo agarråndole de las caderas. Manu gemía del placer y su polla estaba mas dura que una piedra pegandole en la barriga peluda de las embestidas que le estaba pegando Fede.

Se acercĂł al oĂ­do de Manu y le dijo:
-Ahora me toca a mĂ­, quiero tener esa polla dentro de mi culo.

Espasmos de Manu

Sin mediar palabra, Manu rodeĂł a Fede y lo coloco en la misma posiciĂłn en la cual Ă©l estaba anteriormente y de un golpe se la metiĂł hasta los huevos. Fede soltĂł un grito entre dolor y placer, ya que la polla de Manu era mas gorda que la suya y el era de culo “estrechito”.

Se ayudaron para lubricar bien con el gel de ducha y Manu empezó un bombeo constante que hacia temblar de placer a Fede. Éste sin tocarse, tenia el rabo morcillón y con las embestidas de Manu no pudo mas y empezó a soltar chorros de semen llenando toda la placa de la ducha. Acto seguido Manu tampoco pudo más y Fede comenzó a notar los espasmos de Manu que anunciaban la corrida de este llenándole todo el culo de leche.

Los dos se apoyaron contra la pared de la ducha para recuperar el aliento y se enjabonaron el uno al otro. Cuando terminaron se dirigieron a sus respectivas taquillas, para vestirse y volver a casa.

FIN

Relato ErĂłtico Gay – El Vestuario.





Publicado en: Relatos Originales

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