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Relatos Eróticos Originales

11 de diciembre de 2018 by Estefania Mor 1 comentario

El amigo de…

«El amigo de…Relato Erótico»

Pocas veces he follado con el «amigo de»… pero en esta ocasión hice una excepción. Todo empezó cuando me descubrió un hombre mientras participaba en una feria relacionada con mi trabajo… pero esa historia os la cuento otro día. Lo único que quería sacar a colación a Nicolás, para que supierais la buena relación que nos ha unido tras haber compartido sexo. Después de varios acercamientos tras esa feria, se puede decir que ahora somos grandes amigos.

En una cita por Madrid, para hablar de trabajo, quiso presentarme a unos amigos suyos. «Vamos a tomar café aquí cerca, que están ahí unos amigos y así les conoces…» jejejeje, me sonó un poco a encerrona pero Nicolás lo hace todo tan fácil que allí que me fui.

Fiesta y locales Swinger

La mayoría de personas que me conocen me comentan que en un primer contacto siempre suelo transmitir mucha confianza y calma, así que no fue de extrañar que antes de darle el último sorbo a nuestros cafés ya estuviéramos hablando de fiestas swinger, intercambios, sexo anal y demás temas, la verdad, no convencionales para gente que se acaba de conocer y además, sin nada en común, aparentemente.





De los dos amigos de Nicolás, uno había ido en alguna ocasión a locales liberales pero el otro no lo había hecho nunca. Me hizo toda clase de preguntas… tenía gran curiosidad por el tema y ninguna de sus parejas le había apoyado en descubrir ese mundo.
Después de una conversación muy animada y de consultar nuestras respectivas agendas, hicimos una quedada para ir a un local ellos tres y yo, con dos de mis amigas. Tenía buena pinta, nos lo podíamos pasar muy bien, sobre todo pensando que con Nicolasillo la cama era ideal y que este amigo suyo estaba como un queso y tenía muchas ganas de verle en acción.

Una perdida inesperada

Lamentablemente este amigo sufrió un accidente y ya no está con nosotros, así que fue un shock muy grande tanto para Nicolás como para mi, que aunque le conocía solo de ese día había habido mucha conexión… putadas de la vida!
Después de la pena y desconcierto que deja una pérdida así, Nicolás pensó que la mejor manera de hacerle un homenaje era hacer una gran fiesta, lo más sexual posible… así que, dicho y hecho… pusimos una fecha, una temática y empezamos a invitar amigos y amigas que sabíamos que iban a dar juego en la fiesta.

Fiesta de la toga

Verano, calor, chalet con piscina y gente ávida de nuevas experiencias, un cocktail perfecto. Planeamos un día completo de fiesta, con comida, juegos, merienda, más juegos, cena y el que quisiera, para no tener que conducir, se podía quedar allí a dormir también.
«Lo que pasa en la fiesta se queda en la fiesta» rezaba el fotocall que se hizo para la ocasión y la temática: la fiesta de la toga… todo el mundo debía de ir con una toga blanca y preferiblemente nada debajo o como mucho un bañador o un bikini.
Hubo verdaderas profesionales del atuendo pero la mayoría nos conformamos con un trozo de tela blanca presentada en el cuerpo de manera graciosa con unas bandas de colores… algunas realmente cortas, especialmente la mía, que dejaba ver claramente mis patorras. Debajo me puse un bikini con estampado de leopardo… muy salvaje.





Hicimos la compra, preparamos comida, organizamos los juegos y empezaron a llegar los invitados. El calor hizo que el cubo de sangría que habíamos preparado bajara el nivel considerablemente… espero haber calculado bien para los 27 que somos!

Todo tipo de público

Parejas, solter@s, divorciad@s, casad@s… y había un grupo de chicos que se conocían ya entre ellos. La verdad es que estaba muy bien nivelada la fiesta, 12 chicos y 15 chicas. Los primeros flirteos no se hicieron esperar… yo iba a saco, la verdad es que iba sobre seguro, porque muy mal se me tenía que dar si, al final, no me quedara follando con Nicolás… pero tenía que aspirar a probar otro Adonis de los que allí se encontraban.

Y digo Adonis porque uno de los primeros chicos que llegaron a la fiesta, Pablo, estaba para comérselo. Vamos, para mí, guapísimo… de los que te fijas y piensas, buahh, para que me voy a fijar en él si él en mí no lo va a hacer. Pues, me equivoqué!! Igual de alto que yo, que no es poco, musculado, moreno, barba cuidada, labios carnosos, pelo negro, ojos oscuros y una sonrisa de caerte para atrás, si te la dedica.

Una subasta muy especial

Tenía varias claras competidoras y las dejé hacer… no tenía prisa, soy de las que pienso que si algo tiene que suceder, sucederá y si no, no hay que forzar la situación.
Uno de los juegos preparados era subastar un «esclavo» con el que teníamos que compartir el resto de la fiesta y tenerlo a nuestros servicios. Cuando lo anunciamos, Pablo se acercó y me dijo al oído que hiciera todo lo posible porque fuera su esclavo… Uffff, se mojó el bikini y no por haberme metido en la piscina… Guauuu, le miré y le dije: «anda, anda… si tienes muchas candidatas». «Sí, claro, pero no me gusta ninguna… por favor, haz que me toque contigo».





Mis siguientes minutos fueron dedicados a saber cómo iba a funcionar lo de la subasta y creé una estrategia… Sabéis? Funcionó!! Pablo fue mi esclavo y no nos separamos en toda la fiesta, lo que provocó envidias… jajajaja, yo estaba contentísima. Me gustaba su forma de pensar, aprovechaba cualquier ocasión para tocarme aunque era muyyyy tímido y su argumento era que él nunca da el primer paso con una mujer porque le teme al «no». Bueno, su mensaje es claro… Cuando Nicolás pasó preguntando quién se iba a quedar a dormir, Pablo me miró y dudó qué contestar… yo dije que sí, había bebido algo y estaba a unos 100 km de casa… él dijo que lo decidiría más tarde.

Camino libre con Nicolás

Hubo muy buen rollo entre nosotros e incluso ya quedamos en vernos ese lunes para tomar café puesto que venía muy cerca de mi casa a hacer unas gestiones y, menos mal!! Porque cuando la fiesta se empezó a animar, se empezaron a bañar desnudos en la piscina unos cuantos, otros se enrollaban en la hamaca de la piscina, otros se hacían masajes… otros se metían a las habitaciones directamente… Pablo desapareció!!

Desconsolada me quedé, me paseé hasta el baño varias veces, disimulando mi búsqueda, pero tampoco quería preguntar por él para que no se dieran cuenta de que se había ido sin despedirse de mí. Bueno, como os he dicho antes, muy mal se me tenía que dar para no follar con Nicolás… Pero le había visto con una ex suya sobándose y magreándose en una de las hamacas. Pero resulta que ella se enrolló con otro invitado… hmmm… Camino libre!!

Así que me senté en la tertulia que se había montado en unos sofás al lado de la piscina y me senté enfrente de él. Me miraba, le miraba y al rato se levantó para sentarse a mi lado y poner su mano en mi desnuda pierna, acariciándomela y causando en mí mucho gusto.
Nos quedamos sólo los que íbamos a dormir en la casa. Esperaba que hubieran sido más valientes y hubiéramos montado una bien gorda allí, pero a los pocos minutos me vi buscando habitación libre por la casa detrás de Nicolás… Fue algo curioso, porque ninguno de los dos dijo nada, lo dimos por hecho y eso me gustó.

Un orgasmo como dios manda

Me desnudé, se desnudó y comenzamos a besarnos para terminar tumbados en la cama, él sobre mí. La excitación subía por segundos y aunque los dos estábamos muy cansados porque ya era casi hora de amanecer, nos descubrimos con nuestras manos ávidamente. Rápidamente descubrió mi sexo, mojado, excitado… deseando recibir caricias de sus manos. Introdujo un dedo en mi coño en cuanto descubrió que estaba empapada (esas caricias en la pierna durante la charla del sofá, delante de todos sus amigos, me habían puesto a mil por hora).





Sabe donde tocar pero su dedo me supo a muy poco, así que le dije que me follara, cambió de postura levemente mientras abría mis piernas para que se acoplara entre ellas y las dejé muy bien abiertas para que entrara con su miembro hasta el fondo. Mmmmmm me encanta sentir una polla dentro, espectacular, me abro más y empujó mis caderas hacia arriba para que entre bien al fondo. Nuestros cuerpos se mueven acompasados y el folleteo es muy placentero, me encanta.

Debido al cansancio, creo, decidió seguir con sus hábiles manos en mi. Se puso a mi lado, sobando con una mano uno de mis pechos y con la otra metiendo y sacando sus dedos. Metía, sacaba y estimulaba mi clítoris… hasta que no pude más y me corrí… Eso que recorre tu cuerpo desde la entraña, que pasa por toda tu columna y que te hace reconocer cada parte de tu cuerpo, desde el primer pelo de la cabeza hasta la última uña del pie.

Erección mañanera

El sueño nos venció rápidamente… aunque estábamos en una cama de 90 encontramos el hueco para dormir los dos. Me abrazó y caímos redondos hasta que el sol nos abrió los párpados cual abrelatas… Sólo habían pasado dos horas.
No estoy acostumbrada a despertarme con un hombre al lado y eso no se puede desperdiciar, así que me las ingenié para subirme sobre él, a horcajadas, mientras alcancé con mi mano su polla hasta que la puse como una piedra. Ufff, qué bien me va a entrar. Tenía una erección mañanera de lo más brillante y metí su polla en mí para cabalgarle con todas mis ganas. Me rozaba todo con su pubis, mientras su polla acariciaba todo mi ser interior.

La cama chirriaba, tuve que parar el ritmo varias veces, nos iban a oír!!… Pero era incontrolable… Me desboqué!! Quería sentir el clímax ya mismo, mi cuerpo me lo pedía y llegó con un movimiento frenético de mis caderas hacia su polla para que entrara toda dentro de mi… Mmmmm ¡¡ yaaa !!.

Cuando me recuperé de la agitación, baje con mi boca hasta su polla y le hice una mamada fantástica, saboreándole, viendo su cara de placer y gran una sonrisa.
Venga, vámonos, que es tarde… me dijo levantándose de la cama. Salimos sigilosos de la casa, donde todo el mundo dormía y nos fuimos a desayunar para reponer fuerzas.
Mis amigas, que las había invitado a la fiesta y no habían podido venir, ya las tenía en el whatsapp preguntando que qué tal había ido todo… Muy bien!! Jajajaja. «Pero, has follado? Siiii… -¿Con quién? » …

Y Pablo? Se acordará de mí? No le pienso llamar, si quiere algo, que lo diga ¿no? Ayer se fue sin despedirse… y eso, no se hace.

El amigo de…





Publicado en: Relatos Originales

30 de noviembre de 2018 by Mayra Deja un comentario

Puta de profesión, pura de corazón: El Deseo

A pesar de sentirme libre porque ya no debo venderme para sobrevivir y estudiar, ahora siento un vacío. Un deseo que me hace pensar en que lo extraño. Extraño las caricias, el sudor, el jadeo en el lóbulo de mi oreja. La penetración constante, las ganas…

Me siento sola. Siento un enorme hueco en mi alma y en mis entrañas. Mi sexo grita desesperado pidiendo más. Pidiendo algo que no le estoy dando, un deseo que me va consumiendo. Además, últimamente me doy la tarea de meditar y ¿por qué? Por qué demonios no puedo hacer lo que me gusta. Por qué carajos me tildan de puta.

Yo simplemente quiero poder otra vez tener mi libertad, poder decidir que quiero, con quien lo quiero. Cómo lo quiero. A quién me follo porque sí, porque lo deseo y ya.

Es más. Sí soy puta, ¿y qué? Me gusta y punto. Es riquísimo follar y sino lo conozco mucho mejor. Porque de paso, le sumo la novedad. El palpar un cuerpo distinto, medir en mí un pene más grande o más innovador.

Todo es parte de la vida. Mis estudios me forman, claro está. Me llenan el alma y nutren mi inteligencia. Pero que hago yo con el escozor de mi vagina que pide a gritos, no aguanta más no tener dentro de ella, penes de distintos tamaños y colores. Es como ir a una heladería a ver como los demás comen helado. Yo quiero comer y muchísimo “helado”…

El Deseo caliente, grita desesperado por salir

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Ya no soporto el grito desesperado de mi interior. Yo quiero coger con quien quiera, sin complicaciones. Voy a tomar un baño con agua tibia, relajante, para salir a cazar, a resolver mi segundo conflicto. Ese deseo caliente que me trae hirviendo todo por dentro.

Es el momento ideal para una rica noche de tríos. Voy a probar, de pronto me gusta. Alguien por ahí seguramente le dará curiosidad como a mi y también querrá probar.

Mi mejor vestido que será ¿negro o rojo? Pienso que mejor el negro. Misterioso, escotado sin ninguna reserva y mucho menos barreras. Es decir, libre soy. Cabello seco, liso y brillante. Perfume sutil, crema con olor a durazno, sin ropa interior y listo. De cacería.

El bar de la otra esquina suele ser un lugar íntimo. Van muchas parejas a escuchar música, tomarse unos tragos y ahogar un poco la pasión contenida de una larga semana de trabajo. Ese es el lugar para mi, para mi despertar de este infierno de soledad.

A la caza del deseo

Justo voy caminando, meditando conmigo misma que hago, qué quiero con exactitud y los veo pasar, agarrados de la mano, miradas ardientes hablándose bajito uno al oído del otro, besándose el cuello entre paso y paso. Quedé fascinada como se veían, por lo que quise sumergirme en ese juego seductor que se traían, me provocó probar a ver si también puedo disfrutar.

Los seguí despacio con cuidado de que no percibieran mi presencia. Hasta que los vi entrar en el mismo bar al que me dirigía, así que sin problemas y sin ningún cambio de planes me lancé, esforzándome ahora sí en llamar su atención. Cuando entré me aseguré de acomodarme en la barra bien cerca de ellos. Sonreí, pedí permiso y me senté pidiendo un trago a la vez que los saludaba.

Al comienzo, la chica se mostró perspicaz pensando que quizás iba a quitarle al novio. Se agarró a su brazo con fuerza como remarcando que ese era su territorio, cosa con la que me quedé tranquila. Solo sonreí y les pedí permiso para juntarme con ellos. Él se apresuro a responderme con tranquilidad que sí, alargando un taburete para que me sentara a su lado, a lo que yo, para evitar conflictos, me senté al lado de su novia, para que ella se calmara un poco.

Coloqué mi brazo sobre la silla de ella y sin rodeos les dije que les iba a regalar la mejor noche de su vida, sin cobrarles absolutamente nada. Explicando que solo quiero como pago para mí disfrutar al máximo la noche. Ambos se miraron tan desconcertados, tan asombrados de la propuesta que no se lo creían. Quizás porque fui muy frontal, dejando un espacio de maniobra muy, muy pequeño.

Antesala del deseo

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Lo pensaron no más de cinco minutos y para mi sorpresa, aceptaron sin restricciones. Pagaron todo y al salir del local solo se limitaron a preguntar si era en mi casa o en la de ellos. A lo que les contesté que donde se sintieran más cómodos, que para mi era igual. Nos fuimos en dirección a su casa. Las risas, el cotilleo, las manos entrelazadas se fueron intensificando a medida que nos acercábamos al umbral de la puerta.

Al abrir me pareció todo tan lindo, confortable y cómodo, que con tan solo poner un pie en la sala de estar me quite los tacones y solté la cartera al piso. Hice un recorrido corto por la sala, el bar y la cocina. A medida que iba caminando fui soltando las pulseras, los zarcillos y el reloj. Al llegar a la puerta de la cocina me desabroche el cierre del vestido, dejándolo caer a medida que iba caminando hacia a la sala.

Ellos como petrificados. Se miraban inquietos. Para cortar el temor de ambos, caminé directo hacia ella, le besé el cuello apasionadamente mientras le agarraba los senos. Le fui desabrochando la blusa y el sostén mientras iba bajando hasta besarle los pezones. Le abrí el pantalón, lo bajé poco a poco mientras metía mis manos dentro y agarraba fuerte sus nalgas.

La empuje al sofá para terminar de quitarle el pantalón. Le arranqué la panty, le abrí las piernas y besé su vagina. Cuando sentí que comenzaba a excitarse, me senté sobre ella acercando mis senos a su boca. Su marido expectante, no sabia ni que hacer. Solo nos miraba sorprendido.

Más… más

Ella jadeaba extasiada. Yo me frotaba contra su cuerpo caliente. A él lo agarre por la correa del pantalón, mientras le besaba el abdomen arranqué su correa y le desabroché el pantalón. Agarré fuerte su verga en mis manos. La humedad que traía se percibía bajo la ropa que todavía traía puesta. Jalé fuerte su franela para atraerlo más hacia mi, besando su boca caliente, (muy sabrosa por cierto).

Metí mi lengua lo más profundo que pude. Se desbocó a agarrarme los senos, besarnos indistintamente a su novia o a mi. Me besaba los senos, los de ella, mi vientre, su vagina…

Ella se abrió lo más que pudo, agarrando con sus dos manos la cabeza de él, con la urgencia y el deseo de que se clavará dentro de su cuerpo. Yo ya caliente, atraje hacia mi su gran polla erecta. Quería comérmela.

Le quité el pantalón, terminé de bajarle el bóxer y empecé a mamársela. Mientras, él seguía besándola como loco. Cuando ya la desesperación de él se sentía en el aire, sus ansias de penetrar un cuerpo lo consumían, pues con total egoísmo lo agarre para mí. Lo empuje al sofá al lado de su novia y antes que ella reaccionara me senté con total violencia sobre su magnifico juguete, grande, duro e imponente.

Comparto, pero soy egoísta…

Del tirón me vibro todo el cuerpo. La brusquedad del movimiento me hizo temblar brincando arriba y abajo sobre él, viendo que se retorcía sin contener las enormes ganas que me tenía. Yo como por instinto, porque sinceramente jamás lo había hecho y para que ella no se sintiera celosa, sobre todo porque es una mujer rica y caliente, le agarré los senos, la besé fuerte y la invité a unirse al juego. Le chupe cada pezón con detenimiento hasta sentir que la hacia temblar.

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El gritaba como un loco, con total desenfreno, pero no lo dejé acabar. Me paré de golpe, la agarré a ella, la senté sobre él y me paré detrás agarrando sus senos, besando su espalda, su cuello.

Cuando sentí que ya ambos estaban por acabar, para que la acción no se rompiera, me senté al lado de él a decirle suciedades al oído. Lo besé como y cuando quise, hasta que ya no pudo contenerse. Gritaron al unísono, liberados.

Incombustible

Le mordí lo más fuerte que pude la barbilla, cosa que lo volvió a excitar a tal nivel, que a pesar de haber acabado dentro de ella, la apartó de golpe. Me besaba mientras se masturbaba, haciéndose la paja a la par que me toqueteaba para que se le levantara y follarme como me lo merecía, según me susurraba.

Yo jugando con él, me pare sobre el sofá dejando mi vagina a la altura de su cara. Pasé mi pierna por su hombro para que pudiera comer de ella cuanto quisiera. Su lengua me penetro como quiso, me la metió tan al fondo que se me doblaron las piernas ante el goce.

Agarré su cabeza contra mi vagina para que no dejara de hacerlo. Me encantaba, estaba fascinada hasta que la urgencia de su miembro en mi fue tal, que aparté como con rabia su rostro y me senté sobre su polla incombustible lo más fuerte que pude. Grité alto, fuerte y hasta aterrador. Cualquiera pudo pensar que me estaban matando. Lo que en efecto pudo haber sido una muerte de lo más suculenta. Demonios, ¡que cogida tan divina!

Me sujetó por la cintura, obligándome a bajar y subir sobre su verga. Casi que me tenía marcado el ritmo acelerado con que le gustaba que me lo hicieran. Brinqué cada vez más y más sobre él. Ella mientras tanto observaba extasiada, esperando con paciencia una nueva oportunidad para más.

Olvidé quienes eran o donde estaba. Me aboqué solo al disfrute. Me solté dejándome follar cuantas veces él quisiera. 

Helado y buenas vibras

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Antes del amanecer, ella recordó que tenía un helado de chocolate guardado en la nevera. Se levantó de golpe y salió corriendo como una niñita para compartirlo con nosotros.

En ese instante solos, me acosté sobre él, besándolo con frenesí, suplicando que me lo hiciera por una última vez. Me agarró las nalgas con firmeza, me apretó contra su pecho y de inmediato sentí su pene erguirse entre nosotros.

Sus manos agarraron mi rostro, besando suavemente cada espacio. Ella regresó, pero al vernos, nos dejó seguir libres. Solo se sentó a un lado a observarnos, disfrutando su espectáculo exclusivo en primera fila, con helado incluido.

Él, como que si ella no estuviese me siguió besando tiernamente. Rodamos por la cama, fusionando nuestros cuerpos en un dulce abrazo. Se poso sobre mi y me penetró con dulzura. Me sentí en el cielo.

Por primera vez en muchos años no era sexo. Estaba haciendo el amor. Suave, delicado, apasionado. Con amor y deseo. Mi cuerpo vibraba de formas diferentes. No podía explicar muy bien lo que sentía.

Cuando él estaba a punto de terminar, ella se acostó en la cama, abrió las piernas y dijo: ahora me toca a mi. Él me dio un último, profundo y delicioso beso y se mudó con su novia… o esposa, no lo sé.

Despedida

Volví a mi profesión. Sé lo que implican los sentimientos y corría el riesgo que al final esto no saliera como lo había planeado. Ya sentía «cosas raras» por Robert y George. Las mismas cosas raras que en ese instante empecé a sentir. Los vi haciendo el amor a mi lado, con ese cariño, con pasión y un deseo genuino. Sentí celos.

¿Qué me está pasando? 

Sin darle más vueltas me levanté y los dejé en lo suyo. Me dí una pequeña ducha, me vestí y me fui con el despuntar del alba. Solo me despedí totalmente satisfecha en una nota, «recuérdenme en sus deseos nocturnos, en sus ganas y sus sueños».

Publicado en: Relatos Originales Etiquetado como: antesala al deseo, deseo, deseo caliente, follar, prostituta, puta, Santubearsex, sex, Sexo, sucumbir, trio

14 de noviembre de 2018 by Magnuson 2 comentarios

EL REVISOR DEL TREN

El revisor

….Habían pasado ya un par de meses y Aitor no conseguía localizar a Raúl de ninguna manera. Había hecho pedidos y no era el repartidor el que él esperaba. Aitor no aceptaba no volver poder reencontrarse con Raúl. Le había gustado tener sexo tanto con él que aquello le sobrepasaba. No había tenido nunca tanto morbo ni vicio follando. Él era un hombre de montaña, no había follado mas que a putas de peras al cuarto, y como un hombre le había mamado el cipote no lo había conseguido hacer ninguna de ellas.

Empezó a obsesionarse un poco con la idea de no poder volver a verle. No poder volver a follarle aquella boca tan tragona y muy a sopesar encular aquellos glúteos prietos y redondos que tenía Raúl.

Cuando los ciclos de la naturaleza le vencía, iba buscando desahogos donde ya no encontraba. Paraba en áreas de descanso, frecuentaba baños públicos de donde alguna vez que otra había notado como los compañeros de urinario, desviaban la mirada buscando la verga de Aitor.
Había frecuentado sex-shop donde había leído en alguna revista que existían salas donde se practicaba sexo…, saunas…, todo aquello lo había recorrido Aitor en busca de su preciado Raúl, pero sin resultado alguno. Siempre salía decepcionado y cabizbajo sintiendo la añoranza y el vacío. Era como si se lo hubiese tragado la tierra, ya que por prudencia nunca pregunto en el negocio por él.

En una de esas revista que ojeaba, le llamaba la atención el mundo que existía del cual él desconocía tanto. Leyó que en verano había una gran concentración en el sur en el mes de agosto. Concretamente en Torremolinos. Y como andaba desesperado en dar con su obsesión, decidió tomarse unas vacaciones.



Vacaciones en Torremolinos

Era a finales de julio cuando decidió Aitor tomar rumbo a Andalucía. Había leído que un hotel estaba recién abierto y su clientela estaba enfocada al mundo gay. Aitor pensó que no sería mala idea hacer una reserva y seguir abriéndose campo en tal vicioso mundo descubierto. Así pues, con bastante antelación y debido a una anulación de ultima hora de una reserva, el hotel Ritual se puso en contacto con Aitor para confirmar la reserva.

Hacía mucho tiempo que Aitor no había salido del país vasco. Prácticamente era su primera vez, y mas a un mundo tan desconocido por él. Hizo una reserva en tren, ya que el avión por el momento lo había descartado. Cogió su equipaje y tiró rumbo a Bilbao-Abando.

No había escatimado en gasto y reservo una plaza individual en preferente. Desconocido este mundo para él, tuvo que pedir ayuda para saber dónde ubicarse. Se dirigió a una de las azafatas la cual le dejaron en el lugar donde haría la travesía.

Aitor llevaba un pantalón corto, que dejaban ver unas piernas muy velludas, así como la camisa de manga corta, que también el vello le llegaba hasta el dorso de las manos y dedos. Se acomodó y al cabo de una media hora de ponerse el tren en marcha empezó el protocolo de las azafatas.



Aparece el revisor

A la hora de camino aproximadamente se abrió la puerta del coche en el que él viajaba. Aitor ocupaba el penúltimo asiento del mismo y ante él se presentó el revisor pidiendo el billete de tren. Aitor le dio un vuelco el corazón. Aquel tipo tenía mucha sintonía con Raúl, y el aspecto que le daba el traje le daba mucho morbo a Aitor.

El revisor se paró ante él y comprobó el billete. Aitor tenía a la altura de sus ojos el paquete del revisor, podía ver como aún la bragueta estaba sin terminar de cerrar. Eso le excitó y no pudo contener como se le ponía duro el miembro. Miró a la cara del revisor y éste aún comprobaba el billete.

A Aitor se le seco la boca de repente, fue a tomar un trago de agua de la botella que llevaba y en el movimiento del brazo para inclinarla, rozo con el codo inconscientemente el paquete del revisor.
-Disculpe, ha sido sin querer.
-No se preocupe, con estos traqueteos del tren, es normal que sucedan estas cosas.

Aitor se desabotonó por el calor que le entró la camisa y observó como el revisor por encima del billete le miraba con lividez. Entregó su billete al cliente y marchó.

Qué situación más morbosa le había producido aquello. Se quedó un buen rato reflexionando en todo y se relajó.

Una hora después de lo sucedido, se levantó en busca de la cafetería y anduvo coche tras coche hasta llegar a ella. Todo aquello le parecía increíble. Tomó café y observó como el revisor pasaba nuevamente hacia cola que era donde él llevaba su asiento. Observó a las personas que allí habían, ejecutivos…, veraneantes…, el camarero…, el olor a bocadillos calientes…, hasta que decidió marchar a su asiento.



Pensando en Raúl

En el penúltimo coche, en el pasillo del office se volvió a cruzar con el revisor. El pasillo era estrecho y el roce fue inevitable. Aitor no supo interpretar si era su obsesión con Raúl o le había parecido sentir que el revisor también se apretó contra él en el momento del roce. Se dirigió hacia su asiento y se acomodó.

Habían salido de Tudela en Navarra cuando nuevamente apareció el revisor. Se dirigía hacia él, pero Aitor pensó que iría a la cabina de cola. Con el codo sobresalido del reposabrazos, el revisor se rozó contra él. Aitor ya no controlaba la excitación que todo aquello le producía. Entró y dejó la puerta entreabierta.
Aitor no podía contenerse, así que sin vacilar, giro la cabeza y vio como el revisor le hacía señas. Se levantó de su asiento y tras entrar, cerro la puerta.

Tengo una hora aproximadamente hasta que lleguemos a Zaragoza-Delicias. Aitor sin decir ni media, ya tenía la camisa desabrochada y la verga le sobresalía de los calzones de la excitación que le producía aquello. Le agarró el paquete al revisor y mientras le morreaba notaba como sus propios pezones se endurecían.

Aquél tipo, era un vivo reflejo de Raúl, pero no besaba tan bien ni se encontraba tan cómodo, pero la situación y el morbo le superaba.
El revisor, al contemplar aquél pecho empezó a comerse los pezones de Aitor, el traqueteo del tren no dejaba hacerlo como quería y los movimientos involuntarios eran inevitables… así que directamente se agachó al cipote de Aitor, y aprovechando dichos traqueteos, se tragó de golpe el pollón.

En sintonía con el traqueteo del tren

Mientras tragaba polla, Aitor se estimulaba los pezones, seguía pensando en su Raúl, en que mientras más tardaba en encontrarle, más le deseaba. El revisor mientras tanto no dejaba de tragar y acariciar aquellos muslos tan velludos que tenía ante él. Se abrió como pudo la bragueta y se sacó también su polla en un estado descomunal de dureza y excitación.

El revisor parecía que hubiese hecho presa con la boca en la verga de Aitor, y éste consiguió desprenderle la boca, le subió y le terminó de bajar los pantalones. Junto a los impulsos incontrolados del movimiento de cola, Aitor, le salivó el ano y tumbó sobre los mandos al revisor.

Tenía ganas de clavarle la polla al revisor, quería castigarle pensando en Raúl. Con su chico, él no disponía de carreras y andar a hurtadillas. Con su chico el vicio era más relajado y notaba que se entregaba más. Aquello era lo que era y no disponía de mucho tiempo.
No quería tener un gatillazo por la situación de ser descubiertos y sin contemplaciones penetró al revisor. Éste gritó, sabía que no había mucho control por el movimiento, pero nunca le había clavado una verga de estas dimensiones. Aitor culeaba, iba buscando el punto donde poder llenarle el culo de leche al revisor, y éste mientras se la sacudía como si fuese su única oportunidad.

Ambos estaban en sintonía junto al traqueteo del tren. El conductor dejó un largo y extendido silbato posiblemente por saludar a otro tren o por advertir de la velocidad de la marcha, en cualquier caso Aitor todo aquello cada vez le gustaba más. El revisor aprovechó para gritar de placer, sentir como lo estaban follando como jamás le habían follado y menos en su puesto de trabajo.



Llegada a Málaga

Aquel cipote hacía maravillas y delicias en su culo. Ayudó mucho a no poder controlar la corrida el meneo de por sí que ambos llevaban involuntario. Gritaban al unísono, y parecía que el conductor sabía que ocurría y con el silbato amortiguaba los gritos de ambos. La corrida fue muy placentera, para el revisor espectacular, a Aitor le faltó algo en todo ello. No podía dejar de buscar a Raúl. Le necesitaba.

Con discreción ambos ya habían salido de todo aquello con airosidad. Nadie les había visto. Bueno, eso creían. El conductor del tren, llevaba la cámara encendida de la cabina donde había sucedido todo.

A las diez y media de la noche Aitor se encontraba en la estación de María Zambrano, dirección cercanías a Torremolinos.

Aitor había llegado a Málaga.


Más relatos de Magnuson.

Publicado en: Relatos Originales

9 de noviembre de 2018 by Estefania Mor Deja un comentario

¡Para esto no me hagas salir de casa, hombre!

¡Para esto no me hagas salir de casa, hombre!

Estaba muy contenta del sexo mantenido con hombres casados… hasta hoy. Creo que he dado con el 1% que lo hace con una mujer desconocida tal y como lo hace con su mujer, vamos, como los conejos.
Normalmente no suelo escribir mis malas experiencias pero hoy sí que lo voy a hacer porque sois muchos los hombres que seguís el blog, aunque de algunos me consta que sois excelentes en dar placer. 😉 y quiero dejar constancia que no siempre se folla de manera placentera aunque la situación creada tenga un morbo impresionante.
Esta mañana he entrado a ver qué pasa por una de las páginas en la que estoy dada de alta y a los dos minutos me ha saltado un mensaje de un hombre diciéndome que le gustaría conocerme… que qué interesante que escriba relatos… bla.. bla… bla… Bueno, le pedí ver sus fotos y guauuuu… guapísimo, en la foto, claro… en persona no ha sido lo mismo.

Pues le contesté y a la segunda línea me decía que si queria podíamos quedar y que venía donde yo estuviera. Me lo pensé un segundo, miré el reloj, todo el trabajo sobre la mesa y decidí darle un par de horas de mi tiempo.
¿Quedamos a comer? Uy… casi que al café directamente jajajajaj… qué ansioso!!! Bueno, yo luego tenía prisa así que vamos a quedar en un restaurante… por si no me gusta, por lo menos, comeremos jejeje.
Como le dije que la voz era muy importante para mi, cuando subió al coche para acudir a nuestra cita, me mandó un audio diciéndome que me iba a susurrar al oído mientras me hacía un masaje. Hummm… mi tanga se empapaba por momentos, qué bonita voz. Me llenaba… espero que su polla me llene igual.

¿Estas nerviosa? – No, yo no.

Cogí mi coche para llegar a la hora acordada… siempre me gusta ser puntual y que no me esperen y cuando me quedaba un par de minutos para llegar veo un mensaje que dice que ya ha llegado y que está muy nervioso. A mi me da la risa… jajajaja nervioso!!!! Dime que estás súper cachondo!!!!

Cuando entré con mi coche en el parking sabía cuál era su coche a pesar de que había bastantes, pero para eso soy bastante intuitiva y… acerté!! Aparqué justo delante de él y le mandé un mensaje diciendo que había aparcado ya. “Si, acabas de aparcar delante de mí, creo.”. Así que bajé del coche mientras se acercaba… el dudó si besarme en la boca pero yo le he plantado dos besos en las mejillas. Me mira y me pregunta: ¿qué hacemos? Pues… está claro, tomarnos una caña, no?.

En el camino hacia la puerta del restaurante me vuelve a decir que está nervioso: “¿tú no?” “no, yo no” le digo sonriendo y mirándole fijamente a los ojos. Pedimos nuestras cañas y comenzamos a hablar de la situación, que si es muy morbosa y que cómo mola sentirse así. Su mujer no entiende el mundo swinger pero a él le encanta… claro, así tienes que buscar fuera lo que no tienes dentro.

Me como todos los aperitivos mientras hablo, tengo hambre…. el hombre me gusta pero no me apasiona mucho, muy tímido y no le veo mucha chicha para sacarle sexualmente pero, a lo mejor me sorprende, quién sabe? Da un sorbo grande a la cerveza y me mira para pedir mi aprobación para marcharnos a un hostal cercano… por aquí no hay mucho más. Así que decidimos ir en su coche y que luego me traiga al mío.

Ni pizca de gracia ni arte

Entramos en la habitación sin que haya hecho ademán de pasión… sólo me ha tocado la rodilla mientras conducía… qué blandito es!! Entramos en la habitación, nos besamos, mientras magreamos nuestros cuerpos, pero no avanza… me dice que me tumbe… pero estoy vestida todavía!!! que pretende desnudarme en la cama? no… no va a ser así.

Espera, le digo, mientras me siento en el borde de la cama y me empiezo a quitar la ropa mientras le miro… él aparta la mirada uy, no sé… esto no me va gustando. Me dice que le gustan mis tetas y empieza a entretenerse con ellas. Chupa una mientras me pellizca el pezón de la otra, me gusta.

Comienza a apretar su pubis contra el mío y noto su dureza, no es muy grande, pero está muy dura. No me quité el tanga, lo tengo empapado y todavía no lo ha catado… Él sigue con mis pechos entretenido y yo me retuerzo pidiéndole sin palabras que me de placer.

Para ver si se anima la cosa le digo susurrante: “No me ibas a hacer un masaje?”, “si, claro.. date la vuelta”. Lo hago, dejando mi culo a la vista con el tanga atravesándolo.
A ver lo que hace!! Uy, nada.. nada de nada. Restriega sus manos por mi espalda y pellizca con la mano abierta mi culo pero sin denotar ni pizca de gracia ni arte, en fin, ya que estamos aquí vamos a intentar disfrutar lo más que se pueda. Al minuto de su torpeza en mi espalda me dice que me dé la vuelta.

Por fin introduce su mano en mi entrepierna para comprobar mi humedad… ni mención a ella y estoy empapada ¡¡pues vaya!! me quita el tanga y comienza a masturbarme con movimientos circulares en el clítoris hasta que, por mi propio vicio, llego al orgasmo diciendo en alto que me corría.

El misionero

A ver si así se anima un poco la cosa! Le digo que quiero que me folle, con mi mejor cara de deseo y se dispone a hacerlo. Sí… sí, bueno.. se levanta diciendo que va a por un condón, se lo coloca, viene hacia mi e introduce su polla en mi coño ardiente… en la postura del misionero.

Dentro, fuera, dentro fuera… como los conejos, cada vez más deprisa. Cuando veo que solo piensa en el mete saca… pongo mi mano en el clítoris y me empiezo a masajear pero en medio minuto me dice “me voy a correr”.
¿Qué? pero bueno, es que este hombre no sabe que es posible que una mujer se corra dos veces en breve espacio de tiempo y que estoy súper cachonda? No se ha dado cuenta de que me estoy masturbando para llegar otra vez?

Así que no me da tiempo ni me da opción, se corre, la saca.. se tumba a mi lado en la cama jadeante por el esfuerzo conejil y me dice “Bueno, nos vamos?”.En fin amig@s… luego me dejó en el coche diciendo que ya estaremos en contacto… aunque creo que cuando lea esto se le van a quitar las ganas.
Aquí me tenéis, soltando mi frustración en un Burguer King, porque hoy, ni follar, ni comer ni ná de ná. Deseando estoy de llegar a casa y usar mi nuevo vibrador  de color rosa que me tiene enganchadísima.


Relato: Para esto no me hagas salir de casa, hombre!!!
Autora: Estefanía Mor


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8 de noviembre de 2018 by Aureliano Olivares Deja un comentario

Puta de profesión, pura de corazón. Parte IV: Adictos al sexo

Cuando dejé a Robert y a George en la habitación de aquel lujoso hotel de las afueras de la ciudad, no imaginaba lo que el futuro tenía guardado para mí. Lo mejor estaba por llegar, literalmente. También me tocó asumir que mi nombre ahora figuraba oficialmente en la lista de los adictos al sexo.


CAPÍTULO IV

adictos al sexo desayuno santubearsex Me detuve a desayunar en un viejo café del centro de la ciudad. Pedí una ración de huevos revueltos con patatas fritas. Estaba urgida de calorías y no me importaba saltarme la dieta una vez. También ordené café y una coca cola. Definitivamente, mi cuerpo clamaba por energía. Después de 12 horas del sexo más salvaje que había tenido en mi vida, creo que podía darle todo lo que me pedía.

Tomé el subterráneo y en 15 minutos estuve en casa. Por pura costumbre, encendí la laptop y abrí mi correo electrónico. Quería cancelar una cita que tenía pautada para aquella misma tarde. Por primera vez en mucho tiempo, no me apetecía follar. Lo único que quería era dormir.

Cuando estaba por apagar la computadora y desconectarme del mundo, un nuevo mensaje llegó. Estuve a punto de ignorarlo. Pero después que vi quien era el remitente, no pude pasarlo por alto. Era de Robert.

La carta

Oh, mi niña. ¿Qué me has hecho? Anoche, debo admitir que por momentos, tenía ganas de asesinarte con mis propias manos. Lo que hiciste. Lo que mi hiciste hacer… Dios.

Pero creo que tú lo descubriste primero que yo. Sabías que era lo que necesitaba. Sabías que mi etiqueta de adicto al sexo no era más que una fachada. No porque no lo fuera. (Sí soy de los adictos al sexo). Solo que había pasado toda mi vida follando de la manera equivocada.

Gracias, de verdad…


Puta de profesión, pura de corazón. Parte II: Consecuencias


¿Gracias?

La carta de Robert se extendía perezosamente entre agradecimientos y lo feliz que estaba. También daba detalles de lo bien que se sentía llevar a su boca «una polla tan grande y tan rica como la de George» y tragarse toda su leche.

Estuve a punto de abandonar la lectura en un par de oportunidades, pero sentía que debía llegar al final. Menos mal y lo hice.

Mi nueva vida

Desde ese día, Robert se convirtió en mi protector. «No tendrás que volver a prostituirte más nunca, mi niña.» Prometió que desde ese mismo instante, todos mis gastos correrían por su cuenta. Más nunca tendría que preocuparme por dinero.

Y así fue. Los siguientes dos años solo me dediqué a estudiar. Mis días de citas clandestinas y hombres adictos al sexo quedaron en el pasado… o casi.

adictos al sexo salvaje santubearsex Si bien dejé de vender mi cuerpo, no podía dejar de follar. Todos los días. A cualquier hora. Tuve que asumir que mi vida lejos de los placeres de la carne y del pecado no era lo mío. Necesitaba que me cogieran. Y duro.

Toda  mi experiencia previa me sirvió para siempre acertar al momento de seleccionar a mis juguetes sexuales. El sexo ya no era por dinero. Solo por puro placer y lujuria. Y eso lo hacía mucho más sabroso.

Adictos al sexo

Algunos de mis compañeros de clases y casi todos mis profesores también pasaron por mi cuerpo. Nunca esperé otro beneficio que no fuera un orgasmo estremecedor. Y si eran dos o tres, mucho mejor.

De Robert y George no supe mucho durante aquellos tiempos. Todos los meses, sin falta, me aguardaba un suculento cheque en mi buzón.

Hasta que terminé mis estudios. El día del acto de grado, recibí un sobre de manos de un cartero bastante sexy, con el que creo me había acostado un par de veces. Era mi regalo de graduación: Robert y George me invitaban a pasar con ellos un fin de semana en su casa de Ámsterdam.

Dentro del sobre venía una extensa carta de Robert, escrita esta vez a mano alzada. De nuevo se extendía en agradecimientos por lo feliz que era en su nueva vida. La misiva cerraba con una aclaratoria: «no te preocupes por el frío.» (Era finales de noviembre y aquel prometía ser el invierno con las temperaturas más bajas en 100 años). «George y yo le daremos a tu cuerpo todo el calor que necesite… y mucho más.»

¿Qué tenían en mente? Me moría por averiguarlo.


Puta de profesión, pura de corazón. Parte I: Conociendo a Robert

Publicado en: Relatos Originales Etiquetado como: relatos eróticos, Santubearsex, sexo salvaje

1 de noviembre de 2018 by Kevin Bob 1 comentario

El Vestuario

EL VESTUARIO

Eran las tres de la madrugada en una guardia rutinaria en el hospital en la unidad de cuidados intensivos, y Federico formaba parte del equipo de enfermería de dicha unidad. Fede es un auxiliar de enfermería, de complexión gordito, peludo, calvete y con barba. A Federico le gustan los hombres entraditos en carne…… es decir, le vuelven loco los osos, osetes y demás fauna osuna. No sabía en ese momento lo que le iba a ocurrir en el vestuario.

Un paciente, al cual le tenían que hacer un procedimiento que requería al cirujano que lo intervino horas antes. Cuando llegaron los cirujanos, Federico se encontraba junto con el resto del equipo de enfermería atendiendo dicho paciente. Todo el mundo, por procedimientos de asepsia llevaban mascarilla, y cuando Federico vio llegar al cirujano… casi se derrite al verlo.

Llegó un cirujano gordito con el característico gorro de quirófano al que le asomaban por los lados un pelo negro con algunas canas, alto, con unas manos grandes de dedos voluptuosos que tuvo que usar los guantes más grandes que había en la unidad. Llevaba un uniforme sanitario (tipo pijama abotonado) que dejaba entrever una poblada pelambrera rizada. Federico no podía evitar quitarle ojo de encima. el vestuario relato erótico gay de santubearsex blog erótico y sexual imagen de un señor con barba peludo gay muy guapo

Primer contacto

El cirujano se llamaba Manuel y en cuanto vio a Federico, las miradas por encima de la mascarilla se convirtieron en las protagonistas. El cirujano se dirigió a Federico:

-Me llamo Manuel –  dijo el cirujano estrechándole la mano a Federico, el cual no pudo evitar hacerle una mirada exploratoria de pies a cabeza. Fede comenzó a sudar del nerviosismo. Se dieron un fuerte apretón de manos y éste le guiñó un ojo.

Federico no cabía en su asombro en semejante desparpajo del cirujano y eso le puso tan caliente que tuvo que disimular su erección. Aprovechando que tenía que acudir al almacén a coger algún material que hacía falta en el procedimiento, acudió al baño a refrescarse un poco por el calentón. Cuál fue su sorpresa, que cuando Federico se estaba lavando las manos entró también al baño Manuel.

Sin mediar palabra, asegurándose que no había nadie en el baño y cerrando la puerta, empujó a Federico contra la pared del baño soltándole un morreo y metiéndole la lengua hasta el fondo. Federico se quedó paralizado y cuando dejó de besarle, le pegó un apretón en la entrepierna de Federico guiñándole un ojo de nuevo. Salieron del baño y continuaron con el procedimiento que requería el paciente.
Cuando terminaron Manuel (el cirujano) se fue con el resto de sus compañeros y Federico continuó con su guardia. el vestuario relato erótico gay de santubearsex blog erótico y sexual imagen de dos hombres besando mucga pasión

La guardia de Federico

Federico terminaba la guardia a las ocho de la mañana, el cual aprovechaba para tomar una café con las compañeras/os que entraban a esa misma hora y realizar el cambio de turno.
Se dirigió al vestuario para cambiarse de ropa e irse a casa. Iba de camino al vestuario recordando ese momento en el baño que había protagonizado con Manuel. Estaba con la taquilla abierta quitándose el pijama de trabajo cuando cogió la toalla y el jabón dispuesto a darse una ducha antes de irse a casa. Al girar la puerta de la taquilla, cuál fue su sorpresa justo en la de al lado, estaba Manuel cambiándose de ropa también.

Entablaron una conversación de cortesía:
– Hola Manuel, que, ya se terminó la noche ¿no?- dijo Federico.
– Pues sí, ya que ha sido una guardia un poco movida, pero con sus ratos agradables, jejeje. – contestó Manuel. el vestuario relato erótico gay de santubearsex blog erótico y sexual imagen de dos hombres besandose

Barriga peluda

Los dos estaban un poco nerviosos ya que se encontraban semidesnudos dejando muy poco a la imaginación. Además de presentar unos brazos robustos, y peludos, Manuel tenía también una barriga bastante peluda con unos pezones enorme. Unos pezones erectos permanentemente y unas patorras gorditas que le quitaban el hipo a Federico. Éste solo llevaba una toalla puesta alrededor de la cintura y no pudo disimular que se había empalmado nada más verle en ropa interior.

Manuel se percató y como era algo más lanzado que Federico, le comentó que esperase un momento con una sonrisa pícara en la cara. Se dirigió hacia la puerta del vestuario y a la vez asegurándose que no había nadie en el vestuario, cerró la puerta del mismo y volvió al lugar donde se encontraba Fede. Sin mediar palabra, se acercó a Fede y lo apretó contra él metiendole la lengua hasta lo mas profundo de su boca. Magreándolo por todos lados, Manu, le quitó la toalla de un tirón a Fede y dejo su polla al descubierto. Se la agarró con fuerza y empezó a pajearlo mientras lo besaba.

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Momento pre seminal

Fue bajando y lamiendo por el cuello, bajando hasta los pezones en los cuales se deleitó un buen rato. Fede estaba que no se lo creía. Semejante osazo le estaba comiendo entero y su polla iba a reventar en cualquier momento. Siguió bajando hasta que estuvo a la altura de su polla, le miró y empezó a lamerla saboreando el liquido pre-seminal que salía de la punta del rabo de Fede.
Además soltaba bastante liquido preseminal cuando se excitaba, mas de una vez, mojaba bastante la ropa interior de las excitaciones.

Comenzó a comerle la polla en principio despacio pero una vez que la tuvo entera en la boca, se la metió hasta que le dio una pequeña arcada de lo profundo que le llegaba. Fede estaba disfrutando como un loco cogiéndole la cabeza a Manu y apretándole contra su polla y a la vez nervioso, por si podía entrar alguien y pillarlos en el “ajo”. Manu le estaba chupando la polla cuando Fede le levantó. Ahora se agachó Fede y le pegó un lengüetazo a la polla de Manu metiéndosela en la boca. Manuel tenía una polla grande y gorda. Federico le cogió de una mano a Manu para que lo acompañara a las duchas. el vestuario relato erótico gay de santubearsex blog erótico y sexual imagen de pelicula 1

Una mamada muy buena

En cuanto estaban en la misma, Fede se arrodilló metiéndose el pedazo de polla que cargaba Manu. Era una polla sin circuncidar que cuando bajaba la piel, salía a flote un capullo gordo y rosa. Era una polla curva, ladeada hacia la izquierda y bastante gruesa. Fede se la metió de golpe hasta que su barbilla dio tope con los huevos, no muy gordos pero peludos. A la vez que le estaba comiendo la polla, le empezó acariciar el culo buscando su ojete. Comenzó a acariciarlo.

Manu le facilitó el trabajo abriéndose un poco mas de piernas. Fede podía notar la excitación de Manu, soltando abundante liquido preseminal en su boca. Le dio la vuelta a Manu y le dijo que se colocara contra la pared con la piernas abiertas.

Una comida de culo especial

Le abrió las nalgas peludas de Manu, dejando a descubierto un ojete apretadito y sin pensárselo dos veces, empezó a comerle el culo como un desesperado. Manu empezó a gemir de placer. Notaba como la lengua de Federico rodeaba todo su ojete y metía la puntita de la lengua en su agujero. Cuando ya lo tuvo bien lubricado, comenzó a meter lentamente un dedo, luego dos. Manu estaba en frenesí, no podía ocultar el placer que le estaba dando Fede con su lengua y sus dedos.

De su rabo ya colgaba un hilo abundante de liquido preseminal, el cual se encargaba de limpiar Fede con la lengua en cuanto se percataba del mismo.
Fede se levantó y comenzó a rozar su polla por el ojete de Manu a la vez que le abrazaba pellizcándole los pezones y lamiendole el cuello por detrás. Se humedeció bien la polla y Manu se puso un salivazo en el culo.

Cogió la polla de Fede y la dirigió hasta la entrada de su ojete. Empujó despacio, hasta que tuvo toda la polla dentro del culo de Manu. Empezó el vaivén hasta que ya se adapto bien el culo de Manu a la polla de Fede. Aceleró el ritmo agarrándole de las caderas. Manu gemía del placer y su polla estaba mas dura que una piedra pegandole en la barriga peluda de las embestidas que le estaba pegando Fede.

Se acercó al oído de Manu y le dijo:
-Ahora me toca a mí, quiero tener esa polla dentro de mi culo.

Espasmos de Manu

Sin mediar palabra, Manu rodeó a Fede y lo coloco en la misma posición en la cual él estaba anteriormente y de un golpe se la metió hasta los huevos. Fede soltó un grito entre dolor y placer, ya que la polla de Manu era mas gorda que la suya y el era de culo “estrechito”.

Se ayudaron para lubricar bien con el gel de ducha y Manu empezó un bombeo constante que hacia temblar de placer a Fede. Éste sin tocarse, tenia el rabo morcillón y con las embestidas de Manu no pudo mas y empezó a soltar chorros de semen llenando toda la placa de la ducha. Acto seguido Manu tampoco pudo más y Fede comenzó a notar los espasmos de Manu que anunciaban la corrida de este llenándole todo el culo de leche.

Los dos se apoyaron contra la pared de la ducha para recuperar el aliento y se enjabonaron el uno al otro. Cuando terminaron se dirigieron a sus respectivas taquillas, para vestirse y volver a casa.

FIN

Relato Erótico Gay – El Vestuario.





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