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Blog Erótico

28 de febrero de 2019 by Mayra Deja un comentario

Los vibradores y yo

Saben, hay gente que le da como pena hablar de su experiencia, o al menos si quiera reconocer en voz alta que alguna vez usaron un vibrador. Pues yo sí lo digo. A la que debe importarle es a mí y a quien duerma conmigo. Del resto a más nadie le afecta si he usado vibradores o no.

Está sociedad es moralista para algunas cosas y para otras cómo justifica lo injustificable no. Que si usas un vibrador o cualquier otro juguetico eres prostituta o mujer de la vida alegre, para no ser ofensivos.

Pero la verdad es que hoy en día cualquiera que desee una vida sexual activa, sana y placentera con su pareja puede usarlo. Por aquello de descubrir nuevas maneras de excitarse o por simple curiosidad. Puede hacer lo que sea para mantener la novedad, entre usar un vibrador como yo o un látigo, si lo prefiere.

En mi caso, crecí en una casa sumida en el diarismo, no se hablaba de eso no porque fuese un tabú. Sino porque las prioridades de mi madre, divorciada y con dos hijas, eran otras. Y ya más adolescentes que se hablaba del tema sexual, creo que le aterraba tanto que mi hermana o yo viviéramos malas experiencias, que se bloqueó.


Lo que obvio trajo mayor misterio sobre algo que no debía tenerlo. Por ende era mayor la atracción a lo ‘prohibido’. Todo empezó sinceramente por simple curiosidad. Más joven, yo era como Susanita. Añoraba tener a alguien no que me follara, hablando vulgarmente, sino que me miraba desde el amor, el cariño o el deseo.

Cuando entré a la universidad, mundo convulso arrasado por adolescentes con mayoría de edad, me sentía como arrastrada por todo y todos. Hasta que lo conocí a él. Un chico bello, moreno de ojos marrón claro, alto como yo. Wao, mi mundo giro y supe que ahí si quería saber todo lo que había leído.

Él es un tipo desenfadado, liberal 100%, sin tabú ni limitaciones de ninguna especie. No le paraba a nada, yo estresada por todo lo que dirán y él sin frenos. Si quieres tríos lo hacemos, decía. Si quieres probar ‘cositas’ lo hacemos y punto. Solo nos importa a ti y a mí, solía decir.

Así que después de muchas experiencias vividas, vino la pregunta ¿para qué sirven esos juguetes sexuales que muchas personas usan pero que les da pena admitirlo? Empecé a buscar los llamados y desconocidos hasta el momento vibradores. Si les cuento, el primero casi que parecía un palo. Fosforescente, largo y rosado chillón.

Claro, me gustaba pero yo quería ver todas las novedades del mercado. Hasta que conseguí uno que parecía un pene de verdad. ¡Wao! yo creo que tiene hasta las venitas. No quiero ni contarles lo que es jugar con él. Una experiencia única, casi que me siento montándole los cuernos a mi moreno. A no ser porque el juega conmigo no soy…

Un día de los enamorados, mi moreno llegó temprano a la casa sorpréndiendome por completo. Traía flores y una cajita finamente forrada. Me dijo, amor para ti y tus estudios, que conste que apoyo que todo estudio va acompañado de la práctica.

Jamás supuse que era, hasta que lo abrí. Me doble en dos de la risa con mi Saúl en la mano. Ustedes dirán ¡que loca! le puso nombre. Pues sí. Obvio que tiene que tener identidad porque lo más importante ya lo tiene y es una gran verga.

Cuando me volteo para besarlo, lo veo con las flores en la mano totalmente desnudo y un pote de arequipe en la otra. A estrenar juguete nuevo amor, dijo. De ahí sentí como poco a poco me besaba, me fue quitando toda la ropa hasta que sin darme cuenta ya no tenía a Saúl en la mano, sino dentro de mi.

No los quiero contar que se sentía. Como si mi moreno me estuviese cogiendo. Parecía un pene de verdad, no de mentira. Eso acompañado de las caricias, besos y me respectiva follada por detrás fue lo más atrevido que había hecho hasta ese momento.

Llegué al clímax como si estuviese pisando la luna. Fue una rica experiencia. Desde la fecha hasta ahora tengo a mi moreno a mi lado y a Saúl en la gaveta. Eso claro, al lado del látigo y un arnés que también nos encantan.

Para otra oportunidad les contaré de los ligueros, arnés y de las panty comestibles. Es riquísimo todo. Es más, a veces me pregunto cuánto tiempo perdí sin saber de todas estas cositas ricas que nos encantan y podemos compartir.

Lo que aún no hemos probado es eso de los tríos, que si les soy sincera en algún momento de nuestra vida nos llamaba la atención. Pero al descubrir que la mayoría de las personas se enredan en sentimientos, mejor no. Porque para nosotros sería solo el darnos un gusto. Porque el amor entre nosotros nos basta y nos sobra.

Y ya va, no crean que no ha habido otras u otros. Pues sí, claro. Porque siempre cuando hay baches en una relación están los cazadores pendientes. Pero cuando la relación es fuerte puede más.  Eso queda de lado y la fortalece para juntos crecer. Todas estas cositas que ahora existen y antes eran tabú, nutren una sana relación de pareja, una nutrida y novedosa relación sexual y mantiene vivo el deseo de uno por el otro.

Publicado en: Opinión, Relatos Originales Etiquetado como: amor, arnes, juegos eroticos, látigo, parejas, vibrador, vibrador barato, vibrador clitoriano, vibrador masculino, vibrador online, vibradores, vibradores para mujeres

25 de febrero de 2019 by Kevin Bob Deja un comentario

La vecina del Ático – Segunda Parte

Le quité la blusa y Pili se arrodilló frente a mí, me estuvo chupando la polla hasta ponerla otra vez bajo riesgo de eyacular. Cuando estaba en la últimas la saqué de su boca y acabé meneándome en frente de su cara. La frente, su pelo y sus tetas recibieron mis chorros.

Ella repartió la leche de sus tetas por los pezones y la de la frente la sacó y la chupó con los dedos. La cogí de las axilas y la levanté con la mirada tan sensual con que se había chupado los dedos. La levanté a la mesa del comedor y le subí la falda por delante, le separé las rodillas y hundí mi cara en su coño.

Era primerizo en muchas cosas mas el instinto me llevaba de la mano y parecía que bien llevado pues Pili empezó a gemir hasta que se corrió en mi boca.

Un aniversario inesperado

 

No dejé de pulsar con la lengua su clítoris hasta que ya no podía controlarse. Saltaba en la mesa y se deslizaba por ella intentando escapar de los impulsos tan feroces de mi lengua. Quedó con las piernas colgando, el coño cubierto de vello moreno, y los muslos húmedos de los flujos que le habían salido cuando la follaba.

Me dijo que la dejase de esta forma, que no le hiciese aguardar a mi madre y me pasé a casa. Mi madre me esperaba a fin de que le colgase unas cortinas.

Mi aniversario estaba cerca y mi sorpresa fue que vinieron a felicitarme Pili y su marido Pedro. Realmente todos y cada uno de los cumpleaños que recordaba me hacían un regalo y antes seguro que asimismo mas el de este día me dejó asombrado.

Me trajo un reloj de pulsera deportivo con varias esferas de una marca suiza de primera. Debía costar una fortuna. Lo trajo en la mano, sin etiqueta ni nada. Mi padre cuando lo vio abrió los ojos admirado y mi madre puso el grito en el cielo.

– Pedro, ¿qué has hecho?. Eso es una barbaridad. – le espetó mi madre.
– No creas. Es falso. Se lo he comprado a un vendedor ambulante mas me ha semejado que daba el pego bien y se lo he regalado a José. De esta manera alardeará con sus amigos, no vale nada pero… no lo pierdas, ¡eh!.





Un reloj original y el premio

Yo no comprendo de relojes y menos de aquella marca tan exclusiva. Los había visto en revistas mas eran intocables. Además de esto pesaba bastante y se notaba de calidad.

Era una buena imitación. Se lo agradecí tal y como si fuera bueno de verdad y comimos juntos en mi casa. Estuvieron toda la tarde porque había partido de pelota y mi padre como era muy forofo había comprado un televisor que parecía una ventana.

Al día después como era casi costumbre con cualquier excusa pasé a casa de Pili, me llevó a su habitación y me hizo sentar en cama. Del cajón de la mesa sacó un paquete envuelto de regalo.

Adentro había una caja, era la caja original del reloj con su garantía y todo. Me di cuenta que el reloj que me habían regalado era genuino mas habían hecho esta escena a fin de que mis progenitores no lo rechazaran. Abracé a Pili y la besé.

Jamás había besado a una mujer en la boca y menos a una mujer madura pero sentí que aquellos besos sólo los podía dar una mujer de verdad. Me devoraba con la lengua y sus labios me sabían a gloria, la caja del reloj quedó a un lado de la cama en el momento en que me tumbé sobre ella.





Pili es la que lleva el ritmo

La iba a follar hasta fatigarme pero ella esquivó como una anguila y me dio la vuelta. Sentada encima me inmovilizó mientras que se quitaba la ropa.  Aquellas tetas que habían jugado al escondite conmigo ahora estaban sobre mí y mi polla debajo del coño de Pili.

Ella se movió, derecha, izquierda y adentro y mi polla desapareció en su coño. La sensación fue placentera al máximo.  Ahora iba a saber lo que era follar con una mujer.

Me hizo probar todas las disciplinas. Movió, giró y brincó sobre mí. Llegaba hasta casi sacar el capullo mas se dejaba caer hasta hundirlo en ella. Me llevaba al límite y frenaba lo bastante a fin de que yo me repusiese, se dio la vuelta y se sentó al revés.

Vi como mi polla entraba desde atrás, me obligaba a tener la polla forzada pero de este modo frotaba más dentro de su vagina. La espalda le goteaba sudor y su corta melena se agitaba como si cabalgase de veras.

Lucha de titanes

Esta vez fue la que se corrió primero. Yo había aprendido lo suficiente para aguantar los envites y estaba contento. Se escurrió de mi polla y fue reculando hasta poner su coño sobre mi boca y atrapar mi polla con la suya. Me comió la verga al unísono que le amasaba las tetas y lamía los jugos que salían de su vagina. Era su segundo clímax en el momento en que me corrí en su boca, se agarró a mis muslos y no me dejó.

Fue una lucha de titanes pues yo tampoco dejé de lamer el clítoris a pesar de que con las piernas abiertas completamente quería separarse. Quedamos tendidos. La caja del reloj se había caído al suelo abierta con la garantía rellenada en la fecha de mi cumpleaños.

Pedro siempre y en todo momento trabajaba por la mañana y era el rato en el que estábamos seguros en casa. Por la tarde se ponía a ver la tele o salía al bar a tomar algo con los amigos. Entonces yo procuraba no ir a casa de la vecina pero aquella mañana cuando estaba comiéndole las tetas a Pili en el sofá se abrió la puerta y entró su marido.





El marido en el sofá roncando

Se me abrió la tierra debajo de los pies. Pili se tapó como pudo la camisa y yo me cubrí la erección que llevaba debajo del pantalón.

– Uf, estoy agotado, voy a darme una ducha y luego me acuesto, he estado toda la noche sin parar.
Entró en el baño y al volverse Pili cara mí me di cuenta de que se había abrochado los botones mal.  Me ahuyenté y se lo afirmé. Ella corrigió el fallo y me contó que Pedro había alterado el turno a un compañero y había salido con el taxi toda la noche. Miramos la puerta del baño, yo con terror y ella con confianza.

– Se está duchando puedes seguir un poquito más. – susurró ella.
Se había vuelto a abrir la camisa. Las dos tetas rojas de mis chupadas me llamaban otra vez. Confié en la seguridad de Pili y enterré la cara en el canalillo. El agua estuvo cayendo un buen rato y Pili me paseó la cara por las dos tetas.

Al fin se cerró el grifo y al instante salió Pedro metiéndose en la habitación. Pili esperó unos minutos, después se acercó de puntillas y abrió un tanto la puerta. Desde allí se le oía roncar como un oso, vino al sofá y se subió sobre mis piernas.

Podemos proseguir otro rato, no hay peligro está roncando, desde acá lo vamos a oír.

Me clavó las uñas en la espalda

Frente a la seguridad de Pili me confié, me bajé los pantalones y calzoncillos de una vez hasta los tobillos. Ella cogió mi polla la mojó con saliva y se la metió en el coño dejándose caer apoyándome las tetas sobre mi pecho, pasó los brazos por mi cuello y al oído me susurró.

– Voy a follarte como a mí más me agrada, no te preocupes. Relájate que yo me encargo de todo.
Yo intentaba subir las caderas para que le entrara más la polla. Ella controlaba el ritmo. Cuando la quería toda metía el trasero entre mis muslos y se la hundía hasta los huevos. Me clavó las uñas en la espalda cuando se corrió. Debí taparle la boca para que Pedro no se despertase y cuando se alivió me afirmó que ahora se la metiera lo más hondo posible.

Se apoyó con los codos en el asiento y elevó el culo en el borde. Le metí la polla en el coño desde detrás cogido a su cintura, jadeaba y gemía con la cara pegada a la lona del sofá. Cuando me iba a correr chilló.

– ¡No, José, no te corras adentro!
Me salí en el último instante y le duché la espalda con leche caliente, desde la habitación proseguían los ronquidos.

Una tarde la pareja vino a mi casa, mi padre estaba afuera y los 2 traían una caja.





Configurar el PC

Mira José, le he hecho un regalo a mi mujer. Ha sido una buena ocasión, se lo he comprado a un tipo que trapichea con cosas. Como sé que tú entiendes de ordenadores quiero saber si me han engañado.

Destapé con curiosidad el bulto, el PC era una maravilla. De marca genuina americana con muchas posibilidades. Miré al mío, ya lo tenía hacía muchos años y era heredado de algún amigo de mi padre. Le conté que era una compra estupenda y que me ocuparía de ponerlo en marcha y configurarlo. Pili afirmó que como deseaba aprender yo le podía enseñar y si me hacía papel podía estudiar con él también. Mi corazón brincaba de gozo, siempre y en toda circunstancia había mirado los catálogos para poder ver lo que podía hacer mas poder trastear con él…

A mi madre le encantó, al verme tan emocionado no tuvo más que agradecer el ofrecimiento y animarme a enseñarle a manejarlo a Pili.

El día que pasé a poner en marcha el ordenador Pili me afirmó que realmente el computador era para mí. Su marido me lo había comprado porque sabía que el mío era un trasto.

Porno en el ordenador

Había ganado bastante en un viaje y se había acordado de mí. Habían dicho esto para que estuviera una temporada con él en mi casa y después ella se rendiría al no entenderlo y te lo cedería a ti. Todo esto me lo afirmaba sentada sobre mis piernas abrazada a mí. La besé y ya iba a procurarle las tetas en el momento en que me paró y me dijo.

– Lo primero es lo primero, ahora debes ponerlo en marcha para que cuando venga Pedro lo vea funcionar.
Me tuve que soportar y no poder agradecérselo en ese momento. Me puse con él y al rato ya iba todo, ni yo imaginaba tanta velocidad y calidad de imagen. Al rato vino Pedro, se lo enseñé y le encantó. Pili estaba en la cocina preparando la comida y Pedro se me acercó y con cierta complicidad me dijo…

– ¿José, es cierto de que con el PC puedes ver mujeres desnudas?
– Claro y mucho pero, se pueden ver hasta parejas follando y todo.
– ¿Sí, a ver enséñame algo?

Me conecté a las páginas porno que me sabía de memoria.  En ellas había aprendido una parte de lo que le hacía a Pili y en la mejor le enseñé las categorías de porno que habían por orden alfabético.





El cornudo y las casadas follables

Le aconsejé la de chicas de dieciocho a veinte años. Él prefería ver a mujeres casadas. Le busqué las páginas de MILF, casadas “follables” y le gustó más. Se animó y me pedía más y cuando vio la página de tríos le encantó. La pasé veloz mas él me apuntó con curiosidad la de cornudos. Tuve que abrirla. En ella el marido miraba desde lejos como un negro con una polla enorme se la metía a su esposa pelirroja.

Quise quitarlo por vergüenza mas el me afirmó que quería ver de qué manera quedaba, yo me sabía el final de más pero tuve que aguardar a que el negro se corriera dentro de la pelirroja mientras el marido se hacía una paja. Al acercarse Pili se terminó la sesión de porno y me fui a mi casa.

En la siguiente vez que visité a Pili con la disculpa del PC me dijo que Pedro le había contado las cosas que se podían ver. Me sorprendió aquella confesión mas en un matrimonio hay confianza. Frente a la insistencia de Pili le busqué alguna más apropiada para ella, pensé en masajes con final feliz.





El viaje de mis padres

En ellas chicas con unos cuerpos esculturales recibían unos masajes en el coño que las hacía correrse y muchas de ellas aprovechaban las pollas de los masajistas y se los follaban sobre la camilla. A ella le encantó a la vez que me acariciaba el pecho, me pidió más. Su marido le había recomendado los tríos pero los pasé veloces. Me insinuó lo de los cornudos, no sabía que pensar.

Eso era un tema muy frágil y prefería enseñarle a madrastras follando a los hijastros. La cosa quedó en el aire mas no veía claro, el caso se complicó cuando mi padre le afirmó a mi madre que le había salido en el camión un viaje a Noruega y que podía irse con él, estarían unos días fuera y lo pasarían realmente bien. La ocasión era perfecta para ellos, a mi con toda confianza me aconsejaron que pasase a comer a casa de Pili y que durmiese en mi casa.

A Pili y Pedro les pareció ideal y la primera noche me agasajaron con una cena singular, comimos y tomamos lo que deseamos. Pedro estaba alegre y Pili bellísima. Me dijeron que de irme a dormir a mi casa solo ni charlar, me quedaría con ellos todo el tiempo del viaje. Entre plato y plato Pili me cogía la mano y me acariciaba. Pedro me miraba y sonreía, yo intentaba esquivarla y me ponía rojo.

Una cena con sorpresa final

Salió la charla y el tema del porno. Me alabaron de mi habilidad con el PC y de paso me dejaron ver que sabía todo sobre porno a fin de que no estuviese apocado. Pasamos al sofá y Pili se sentó entre los 2. Su marido le pasaba los dedos por el cuello y le acariciaba el pelo por la nuca.

Pedro alababa el vestido tan bonito de su mujer y me lo enseñaba incluso le levantaba el escote a fin de que mirara adentro. Pili lógicamente no llevaba sostén y se le marcaban los pezones en la tela. Pedro le atrapó uno y me señaló el otro para que se lo cogiera. Me quedé paralizado pero Pili me cogió la mano y me la llevó a su pecho. Cuando sintió de qué manera lo apretaba se volvió cara mí y me besó en la boca. Fue un pico pero mi polla comenzó a crecer.





En la habitación

Pedro recibió otro beso, éste con lengua y todo. Pili se dejó caer los tirantes del vestido y en sus tetas quedaron la mano de Pedro y la mía, entre los 2 comenzamos a amasarlas.

Parecía una gata en celo y puso una mano encima de cada polla. La primera que salió a la luz fue la de su marido. Se la sacó de forma directa pues no llevaba calzoncillos. Me asusté al verla, era una polla casi el doble que la mía. Cuando sacó la mía las meneó las 2 a la vez, se escurrió del sofá y nos juntó a los 2, alternaba en su boca una polla o bien la otra. Pedro había pasado un brazo sobre mi hombro en plan de “colega” y recibíamos la mamada que nos repartía Pili.

Ella con las pollas en la mano tiró de nosotros y nos llevó a la habitación. Pensaba que la cosa no iba a salir bien, no confiaba en Pedro. Hasta ahora era un tanto de tonteo producido por el champan y el ron mas irse a la cama los tres…

El marido cornudo

La duda se aclaró cuando Pili subió y me invitó a mí pero a mí sólo, se sentó en un sillón en una esquina del cuarto, Pili me afirmó al oído.

– Mi marido es un cornudo, disfruta viendo cómo me folla otro hombre. Me lo tenía prometido desde mi cumpleaños mas no te veíamos todavía preparado. Hoy me vas a follar como te gusta y él gozará viéndonos.
– ¿Sólo mirando?
– Sí es voyeur, como mucho se va a hacer una paja o me solicitará que se la haga .
– ¿Estás segura?
– Como es natural, le gusta que me follen y cuanto más duro mejor.

El marido por su cuenta se había desnudado y con las piernas estiradas en el sillón se estaba meneando la polla enorme. Pili me abrazó y me tumbó en la cama. Se arrodilló junto a mí y se metió la polla en la boca. Intentó ponerse de culo a su marido a fin de que viera cómo me comía el coño de Pili.





Crema lubricante para la otras partes

La polla de Pedro asomaba más del doble sobre el puño cerrado. Pili sabía lo que más le agradaba a Pedro y procuraba hacerlo.  Montó sobre mí y le enseñaba de qué manera mi polla se hundía en ella. Cómo sus labios se replegaban al entrar mi verga en la vagina y salían arrastrados con ella. Me dejó tomar la iniciativa y se puso a 4, me puse detrás y se la hundí de un golpe. Pedro sonrió satisfecho.

Al ver de que forma me movía adentro de Pili se levantó. Se acercó, y me quedé helado. Con aquella verga en 45º no podía aguardar nada bueno. Aguardaba que de un manotazo me quitara del coño de su mujer arrepentido de mirar únicamente. El marido fue a la mesita a la noche y buscó, sacó un tarro y me lo dio. No entendí la indirecta. Pedro lo destapó, se llenó los dedos de crema y la repartió entre las nalgas de Pili.

– No Pedro, eso no, sabes que no me gusta, en eso no habíamos quedado .
Pero Pedro no hizo caso y dejó el tarro sobre las nalgas de Pili. Se sentó otra vez y me ordenó que siguiera yo. No me dejó elección. Cogí el tarro, estaba fría la crema mas terminé de repartir por todas las nalgas y me fui acercando al trasero.

Movimientos sincronizados

Ella se movía para evitarme mas yo estaba decidido, Pedro me lo ordenaba y a mí me atraía la idea. Me puse abundantemente en la polla y la dejé en la entrada. Pili no se estaba quieta y miré a Pedro. Me hizo la señal de que le diera una nalgada con la mano. Le di suave, era más una caricia que un castigo mas el insistió al ver que ella no se paraba. Le azoté más fuerte. Tanto que estalló en la habitación. Entendió enseguida que iba de verdad y se resignó.

Apoyó la cabeza en la sábana y con las manos separó los cachetes del culo. Me aferré a su cadera y presioné. El capullo se aplastó deformándose pero poquito a poco fue venciendo la resistencia que hacía intentando evitarlo pero cuando se persuadió de que lo mejor era relajarse el capullo se coló de cuajo. 2 empujones más y ya estaba pegado a ella.





Pili emparedada

Pedro aplaudía con las puntas de los dedos. La polla le había crecido aún más, estaba muy excitado. Pili gemía de gusto y había olvidado el primer instante, ahora precisaba más.

– José, métela más, hasta adentro, no pares y aunque llore no me hagas caso, necesito más polla.
– Deja de preocuparte te daré toda la que tengo.
– Síí, toda, necesito toda y más.

Cuando afirmó “más” Pedro se dio por mencionado y se aproximó a nosotros. Me hizo gracia que me pidiera permiso a mí, precisamente a mí que estaba metiéndole la polla por el trasero a su mujer. Se lo di claro. Rodé sobre la cama y me tendí bajo Pili. Esta boca arriba tenia insertada mi polla en el culo pero sus piernas abiertas invitaban a cualquiera. Y allá estaba Pedro para solucionar el inconveniente.

Se aproximó y se subió a la cama entre las piernas de su mujer. Noté el paso de la polla de Pedro por la vagina de su mujer. Paralela a la mía. No dejaba de pasar carne junto a mí, noté el glande duro y con un borde muy afilado y después el tronco interminable me sobrepasó. Era más larga que la mía y la vagina muy flexible, cuando la tuvo adentro me dijo por encima del hombro de Pili.





Clímax y más clímax

– Ahora te toca a ti José, muévete primero.
Pedro no se dejaba caer sobre Pili y me podía mover con el peso de la chavala encima. Empecé a entrar y salir en su culo, ella con las piernas totalmente abiertas no ponía ningún obstáculo a fin de que llegara hasta el fondo. Cuando Pedro se incorporó al ritmo, Pili se deshacía en gemidos y jadeos, se corrió al poco pero Pedro me guiñó un ojo para que siguiéramos.

Sabía que su mujer no tardaría en tener otro clímax y de este modo fue, éste más violento. Ahora era la que se movía entre nosotros como en un emparedado. Yo la sostenía de la tetas para que no se saliese y se deslizaba sobre mi arriba y abajo. Las dos pollas entraban y salían al mismo tiempo y ella tremía de espasmos. Se abrazaba a Pedro o bien me cogía la cara a mí. Él tenía una resistencia de semental. No se corría ni se le notaba intención de hacerlo.

Notaba a través de la enclenque barrera que nos separaba sus venas hinchadas y sus palpitaciones. Parecía un reloj de péndulo adelante y atrás sin parar. Pili ya había dejado de rogar que paráramos pero Pedro seguía y yo con relativa comodidad. El tacto sedoso del recto de Pili no tenía tampoco prisa. La chica lloraba mas suspiraba hondamente cuando le llegaban en el fondo las dos trancas.

Un corrida a dos

Pedro me preguntó levantando las cejas como iba. Le dije que bastante bien y me contestó que cuando quisiese que me corriese, él me podía esperar. Yo comencé a apresurar y me prosiguió. Me moví y Pili apretaba el esfínter sobre mi tronco. Abrí los ojos a Pedro indicándole que iba a eyacular. Me afirmó que ya lo había sentido y empezamos un esprint para ver quien se corría ya antes.

Le gané por poquísimo pues sólo salió el primer chorro de leche cuando él le llenó de semen el coño, la chica chapaleaba en su interior de leche caliente.

Pedro tuvo la deferencia de abrazar a Pili y darse la vuelta. Pude salir pegado a ella. Ahora Pedro era el que estaba debajo y encima, las piernas de Pili abiertas descansaban alrededor de las de su marido. Con el trasero abierto proseguí moviéndome hasta correrme otra vez en ella. Ya la polla de Pedro se había salido y su trasero era solamente mío. Resbalaba sobre el cuerpo de Pedro al compas de mis metidas.

Ya no se quejaba, sólo gemía lastimosamente, entre las piernas de los tres se hizo un charco de leche y flujo de la mujer. Pedro salió de abajo de Pili como pudo y se quedó tumbada boca abajo en cruz, se me aproximó al oído y me murmuró.





Divina juventud

– Si te has quedado con ganas luego se la metes otra vez, en esa postura no se enterará hasta tenerla adentro.
– Gracias pero no sé si voy a poder.
– Jajaja, por ti queda.

Chocamos los “cinco” como buenos amigos y salimos al salón. Me contó que el día que llegó y nos pilló ya sospechaba algo y se hizo el dormido. Siempre y en todo momento habían tenido la fantasía de joder con otro. Queríamos probarlo todo, como cornudo o en trío y mira por donde lo hemos hecho todo en una noche.

Al rato salió Pili de la habitación, el pelo deshecho y el rímel de los ojos corrido pero sonriente y me preguntó.

– ¿Qué tal José, lo has pasado bien?
– De maravilla, ha sido un sueño.
– A mí asimismo me ha gustado, por cierto, ¿cuantos días estarán tus padres fuera?, lo digo por el hecho de que van a ser unos días muuuy intensos, ¿verdad chicos?

La vecina del Ático – Segunda parte










Publicado en: Relatos Eróticos

19 de febrero de 2019 by Mayra Deja un comentario

La Monogamia: ¿costumbre, moda, tabú o simple ritualismo?

Primero vamos a definir qué es la monogamia. Desde el concepto de escuela por la que todos pasamos, el sueño de Susanita. “En el mundo animal se refiere a la relación sexual exclusiva durante el tiempo de reproducción y crianza”. Para los seres humanos es otra cosa un poquito más allá. “La monogamia en este particular, es un modelo de relación sexo-afectiva, basada en un ideal de exclusividad sexual por tiempo indefinido entre dos personas por un vínculo sancionado por el matrimonio”.

Es decir, en esta definición también hay que incorporar lo que la sociedad y las supuestas ‘buenas costumbres’ dictan. Claro, siempre desde el machismo. A mi parecer,  es mi humilde opinión, la monogamia pone tantas restricciones que es hasta fastidiosa. Para amar a alguien, no hace falta ponerse tantas limitaciones.

Si eres hombre ¡Bien! ¿Las mujeres qué?

Eso sí, si eres mujer como es mi caso. Si de casualidad se te ocurre fijarte en alguien más a parte de tu pareja, porque te llamó la atención, te gusto físicamente. O porque algo en su forma de ser te agrada, te catalogan de ‘mujerzuela’, entre otra sarta de términos soeces. Dígame si abiertamente mantienes una relación con dos hombres.

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Bueno, en este caso prostituta es lo de menos. Pero si eres hombre, ahí te dicen ¡oye que bien, tío! Con apretones de manos, «agarren a sus gallinas que tengo mi gallo suelto». Justificativos como: «un hombre tiene necesidades». (Como que si nosotras no tenemos las nuestras).  Es decir, se pueden follar a quien quieran, como quieran y recibirán ovaciones de parte de sus congéneres (y de algunas damas también).

La monogamia ¿sí o no?

Ahora bien, volviendo al término monogamia, pienso que no debe ser una imposición. Porque cuando se ama realmente a alguien, se viven tantas experiencias en conjunto, que poco a poco crecen como pareja. Dejándose de lado la imposición moral, social o lo que sea, para darle paso a una relación ‘real’.

Pero ya va, no me malentiendan. El sexo casual es rico. Sin ataduras, novedoso y que pueda generarte algún tipo de satisfacción. Sin embargo, en algunos momentos de tu relación, pasa a importar más lo que siente el otro. Es decir, nuestra pareja. 

la monogamia sexo casual santubearsex

Fíjense, sin ser para nada moralista, pero cuando hay tres o cuatro en el medio de una relación, siempre uno de esos tantos conejos se queman, porque alguien involucra más el alma que otros.

Si lo que se desea es experimentar, rico, bienvenido sea, pero no se engañen. No han conocido aún a su pareja ideal. Porque cuando la conocen, no les hará falta acostarse con cualquiera para satisfacer las ganas. Solo le hará falta estar con esa persona. Porque se pasa de simplemente ‘coger’ a ‘hacer el amor‘. (Sí, ya sé. Cursi, ¿no?)

Viene el goce y el disfrute de explorar con esa persona. Cuyo aliento, sonrisa, calor y ganas deseamos compartir. Reír juntos, amanecer juntos, pasar la noche y ahí señores ya estamos en la llamada “monogamia” (y ni siquiera nos damos cuenta). 

Sin ataduras

La monogamia, como costumbre, no es más que un convencionalismo social, en el cual yo particularmente no creo. Pienso que la vida fluye y te da la oportunidad de tomar tus propias decisiones sin caer en el que dirán. Sino más en vivir lo que quiero, porque quiero y punto. Porque aquí viene la otra mirada, para aquellos por ejemplo que sí creen seriamente en relaciones polígamas, ven como un tabú o no sé si más bien, como una restricción el hecho de ser monógamo.

El matrimonio en cambio, es a ciencia cierta según el convencionalismo religioso, la confirmación a través de un ritual sagrado de la monogamia. Claro,  dirán ustedes, pero muchos ‘no le paran a esto’ y se la pasan montando cuernos.

En este punto y para cerrar este breve desvarío, díganme que no es mejor creer como yo en la fidelidad  a un sentimiento, a un amor, a un momento, una vida en conjunto más que a un cuerpo. Yo amo sin condiciones ni restricciones y para eso jamás me ha hecho falta, un papel o un gran letrero al cuello, solo él y yo.


POSDATA: Todo lo anterior no quiere decir que se si me da la oportunidad, con un caballero que esté… ustedes saben, yo la voy a desaprovechar. Las cosas buenas dela vida no se pueden dejar pasar. Solo hay que estar claras. Y cuidarse, por supuesto.

Publicado en: Curiosidades, Opinión

14 de febrero de 2019 by Kevin Bob Deja un comentario

La vecina del Ático – Primera Parte

Los vecinos de toda la vida

Cuando, hace unos años, se adquirieron un ático en un edificio nuevo mis progenitores terminaban de casarse. Para ellos era lo más grande que podían soñar. Siempre y en todo momento habían querido un piso alto con una enorme terraza y con orientación al mar.

Todo eso lo habían estudiado desde el instante en que eran novios y cuando les salió la ocasión la aprovecharon. El piso era bastante grande y con mucha luz y sobre todo, con lo que insistía mi padre, que fuera fresco y desde este se viese en la distancia el azul del mar en el horizonte. Si bien con los años los nuevos edificios ya nos hayan tapado la vista prosigue siendo fresco en verano.

La cuestión es que se trasladaron. A los poquitos días, el ático de al lado asimismo tuvo actividad. Una pareja afín a ellos iba a ocuparla. Eran recién casados también y para la limpieza como no tenían ni agua ni luz aún pasaban a mi casa a por ella. Conforme me contaron mis padres nací por año siguiente de vivir allá y la otra pareja se encariñó mucho conmigo.




La vecina del Ático

Mi vecina tiene por nombre Pilar y es una muchacha normal, no es fornida más bien delgada y sin grandes atributos. Ni mucho pecho ni trasero. Lo que se podía llamar una chavala corriente. De cara no estaba mal especialmente cuando se maquillaba, siempre y en toda circunstancia llevaba una melena cortita, morena.

Su marido, lleva por nombre Pedro, en cambio es más afortunado físicamente que su mujer y sobre todo muy activo y simpático.

Mis progenitores son todo lo opuesto. Mi madre que tiene por nombre Pepa es más mujer, con mejor tipo y no le hace falta pintarse para estar linda. Rubia de pelo, se lo deja largo muy frecuentemente y otras se lo recoge con 2 trenzas.

Mi padre Antonio es más bajo que mi madre y lo que ha perdido de pelo lo ha ganado en barriga. Tal vez fuera el motivo de que dedicó al transporte en camión y se pasaba los días conduciendo.

Yo según me cuentan fui un chiquillo precoz. Iba adelantado en todo. Cambié los dientes infantiles prontísimo, charlé y anduve demasiado pronto y si bien eso podía ser un inconveniente a ellos les hacía gracia de qué manera desde pequeñísimo les llamaba a todos por sus nombre. Ya antes de papá o bien mamá aprendí a decir Pepa o bien Toño y a mis vecinos Pili y Pedro.




Una amistad consolidada

Siendo los únicos vecinos en el rellano habituamos a dejar las puertas abiertas y pasaba de una casa a otra en el momento en que me apetecía. Mis vecinos se ilusionaron al verme a mí para tener hijos mas no lo lograron y me tenían como adoptado. El tiempo pasó y la amistad iba consolidándose.

Pedro venía a casa cuando había partidos de pelota, sobre todo en los derby por el hecho de que cada uno de ellos era de un equipo contrincante. Mi padre asimismo iba a su casa frecuentemente a tomar unas cervezas y discutir del partido. Mas nada equiparado con Pili y mi madre.

Las 2 parecían amigas de siempre, prácticamente siempre y en todo momento estaban en una casa o bien la otra hablando y comentando cosas entre ellas.
Yo era el rey de las 2 casas y no me faltaban atenciones, conforme pasaron los años proseguí siendo el centro de atención de todos y los regalos me llovían en aniversario o bien en Reyes.




Una sensación extraña

Desde pequeñísimo estaba habituado a la pareja de vecinos y no me extrañaba la compañía de las mujeres o bien de los hombres, Pili me trataba con completa confianza y Pedro asimismo. A Pili y a mi madre, habituado a verlas juntas, no las miraba como mujeres para mi sencillamente eran Pili y Pepa.

Al haber tanta confianza las 2 chicas charlaban de todo y no se escondían de mi para nada. En muchas ocasiones se adquirían alguna prenda y pasaban a la casa de la vecina y se la enseñaban. Mi madre tenía bastante habilidad para coser y a Pili le venía realmente bien que le retocase la ropa.

En cambio Pili era muy apasionada a las plantas. A mi madre se le morían al poco tiempo.

Pilar le adquiría plantas nuevas o bien aun las que tenía hermosas se las obsequiaba a mi madre mas era inútil. A los poquitos días se ajaban y se morían, en cambio si mi madre tenía alguna mal se la dejaba a Pili y en su casa revivían, este ajetro de plantas hacía que las 2 terrazas estuviesen siempre y en toda circunstancia llenas de macetas. Ya competían entre las 2 con clara ventaja de Pili.

Un día con ocasión del aniversario de Pili mi madre le obsequió una planta y me afirmó que se la llevase a su casa. Ya tenía dieciocho años y se la llevé, agradecida me dio 2 besos a fin de que se los trasmitiese a mi madre y me preguntó si podía asistirle a trasplantarla a una maceta mayor.

Yo por supuesto accedí, extendió unos papeles en el suelo, trajo la maceta grande y tierra para hacer el cambio, los 2 arrodillados con la planta por el medio, estaba observando de qué manera lo hacía hasta el momento en que me fijé en el escote de Pili.

Muchas veces le había visto en mi casa probándose ropa, quedándose en sostén y braguitas y, a pesar de estar habituado, en aquella ocasión me generó una sensación diferente.
Bajo el escote de le camisa, se le veían las 2 tetas, como ya sabía no eran grandes mas estaban sueltas sin sostén y el movimiento independiente me llamó la atención, desde atrás de la planta no le quitaba la vista.




Miradas diferentes de un adolescente

Pili, ignorante de esto, se movía de un lado para otro y sus tetas se apartaban dejándome ver el estómago o bien se apretaban por la presión de sus brazos, todo esto me generó una enorme erección que debí disimular en el momento en que me afirmó que podía llevarla a la terraza.

Me pegué la maceta a la bragueta y salí con ella, mientras que Pili iba a por agua para regarla. Al separarme de la maceta aún no se me había bajado la polla y difícilmente la escondí.
Desde aquel día me fijaba mucho en mi madre y en ella, mi madre tenía un tipo realmente bonito, asimismo la había visto ligera de ropa como a Pili mas tampoco me había fijado.

Ahora siempre y en todo momento procuraba cualquier postura para ver algo más.

La ocasión fue a los poquitos días, Pili se había comprado una planta rarísima y de paso le había comprado otra igual a mi madre. Pepa le planteó que cuando menos hasta el momento en que agarrara bien se la podía cuidar en su casa pues a ella todo se le criaba realmente bien y en mi casa era la muerte segura.

Pili admitió y mi madre me mandó con la planta a casa de la vecina. La primera cosa que hizo fue extender un plástico en el suelo y preparar 2 macetas para hacer el trasplante, le asistiría como siempre y en toda circunstancia mas ya iba advertido.

Esta vez llevaba un vestido y un escote extenso abrochado por delante. Como es lógico no me hacía ilusiones mas ya estaba sobre aviso. Se puso los guantes y con las herramientas de jardinería que dominaba se puso a trasplantar. La maceta pesaba y me afirmó que se la levantara un tanto. Me aproximé a ella y mientras que preparaba la tierra en la nueva maceta se inclinó, el vestido se ahuecó y aparecieron las 2 tetas como la vez precedente.
Al estar inclinada le colgaban dando la impresión de que tenía más y al no llevar sostén se movían sueltas.




La teta derecha y la areola

Con cada paletada de tierra que daba el escote se iba bajando y las tetas se aproximaban al borde. No perdía detalle, había veces que llegaba a un punto que una parte de la teta quedaba asomando y otras que se hundían bajo el vestido. Entre las 2 en el fondo podía ver el estómago, el vientre y las braguitas blancas que llevaba.

En el pubis se transparentaba una zona obscura que acababa horizontalmente. Tenía una mata de vello muy marcado y bien cuidado. Con las maniobras del trasplante miraba fijo las tetas, en ocasiones era la derecha y otras la izquierda. La derecha era la más curiosa y se asomaba cada vez más.

En un instante apareció la areola, eso no se lo había visto jamás y me ocasionó una reacción en la polla radical.
Ahora aguardaba que de un instante a otro fuera el pezón el que saliese, Pili se movía de acá para allí sin sospechar nada y tenía la maceta frente a ella.

Mi cabeza iba a mil pensando si habría alguna forma para adelantar la espera y en el momento en que me solicitó la planta para meterla en la maceta nueva me retiré un tanto con la pretensión de que alargase la mano cara mí para alcanzarla.

Me felicité por la idea. De hecho,se adelantó cara mi extendiendo la mano. La teta la prosiguió y brincó sobre el escote. Por unos instantes quedó colgando fuera del vestido, la areola la tenía grande, redonda y obscura y el pezón salido de tanto rozar el escote.
Me dio un subidón y la polla ya no podía soportar más doblada como estaba.

Cuando se retiró con la maceta la teta volvió a colarse en el vestido mas la visión no paró. Ahora se movía lateralmente y me ofrecía las braguitas, se puso de cuclillas y entonces pude ver el bulto del pubis entre sus muslos.
Me pareció exagerado, siempre y en toda circunstancia había pensado que una mujer era llana en el sexo. Pili marcaba un pubis bastante desarrollado, tal y como si tuviese polla.




Hora de la practica

No me movía frente a ella, con los movimientos de acá para allí abría o bien cerraba las piernas. Se le veía una ingle o bien la otra y por arriba las tetas asomaban hasta prácticamente salirse. Me debí levantar y volviéndome puse la polla en mejor situación, ahora la tenía vertical pegada a mi vientre. Prácticamente me asomaba bajo el cinturón mas al menos estaba cómodo.

– Realmente bien José, ya tenemos una, ahora vamos a por la otra. Con lo que has visto ya habrás aprendido, ¿no?
– Sí, ya tengo una idea de de qué manera se hace. – contesté.

Me coloqué unos guantes, se puso en frente de mi indicándome y corrigiéndome como iba a hacer el trasplante. Pili se aproximaba a mi o bien desde más lejos se adelantaba y me cogía la mano a fin de que echase tierra acá o bien allí.
Las tetas se movían más que ya antes, ya la derecha se quedaba en muchas ocasiones enganchada del pezón únicamente deseando salir para regresar a entrar en el vestido. La izquierda era más remisa.
En un instante fui a sacar la cepa de la maceta pequeña y la planta se me venció, Pili vio que se me caía y se partía y la quiso coger. Con un movimiento instintivo se apoyó de rodillas y pisó el vestido con ellas.
El escote se bajó demasiado y quedó grande para las 2 tetas y las dos salieron fuera cuando Pili ya mantenía la planta. Se había pellizcado el vestido bajo el pecho y no volvían dentro. De esta forma estuvo unos minutos sin darse cuenta de la situación hasta el momento en que me preguntó.

– No han quedado mal, ¿Cuál te agrada más?
– Las 2, me agradan las 2. – contesté rojo como un tomate.
– Ya, escoge una para ti, la que más te guste.

Yo estaba atontado mirando fijo a las tetas y no comprendí bien o bien no deseé comprender el interrogante mas mi mano se fue hacia ella.

Un impulso momentáneo

La mirada que me dio Pili no la podría describir, al cogerle la teta izquierda se había quedado paralizada, además no había duda como se la había cogido.

La tenía toda en la palma de la mano abierta y entre los dedos había pellizcado el pezón para que no se escapase. No sabía que iba a pasar desde entonces, había sido un impulso y ahora me tocaba abonar y pagar las consecuencias.

– Me refería a las macetas José.
– ¡Oh! Lo siento, Pili, no sé en qué estaba pensando, se me ha ido la mano.
– Ya lo noto y ¿de ahí que me tienes la teta cogida con el pezón aprisionado?
– Perdón, no volverá a pasar, lo juro.
– Pero… ¿de verdad has sido sincero o bien lo afirmabas por decir?
– Excusa Pili, no sé qué excusa darte.
– Me conformo que me digas la verdad.
– Pues… sí Pili, me gustan mucho tus tetas.
– Jamás me lo habría imaginado, me has visto muchas veces en sujetador y no te habías fijado.
– Porque no te las había visto tan bien como el día de hoy. Bueno la otra vez que trasplantamos la otra maceta.
– ¿Es que no habías visto jamás unas tetas, ni las de tu madre?. – me preguntó sorprendida.
– No, a mi madre se las he visto como a ti, con sujetador.
– Puesto que asimismo te gustarían, además de esto tiene más que y con la lencería que usa se ven realmente bonitas, te lo aseguro.
– No sé, pero las tuyas me volvían loco, querían y no podían salir y esos pezones… nunca había visto unos de tan cerca y menos tocado.
– Vaya por Cristo, ya tienes edad de haber tocado alguno que otro.

Mientras hablábamos no dejábamos de mirarnos a los ojos y no me había dado cuenta de que no le había soltado la teta mientras, era curioso verme a mí con la mano en el pecho y ella hablándome sin enfado aparente.

Oler, lamer, chupar una teta

– ¿Y qué te provocó mi teta para ser la primera que tocas? – me preguntó.
– Me la imaginaba más blanda y el pezón es muy áspero.
– Mmm, ¿quieres decirme que las tengo duras? gracias, me hace ilusión, no me lo habían dicho nunca, ¿quieres tocar la otra? Casi nunca son iguales.

No hizo falta rogarme, la otra mano fue a la derecha y llevaba razón el pezón era igual pero la teta me llenaba un tanto menos la mano.

– ¿Notas la diferencia en tus manos?
– Sí, la izquierda es un tanto más grande que la otra pero están igual de duras y los pezones sí que son iguales.
– Buen observador, ¿no te apetece probar a que saben? Puede que te llevas una sorpresa.

Pilar se me acercó. Dejamos de lado la planta y de rodillas aproximé la boca a la derecha, estaba caliente y subía y bajaba con la respiración. Le besé en un lado de la teta.

Pili me cogió la cabeza y la llevó hasta el centro. Al rozarme la boca el pezón apretó mi cabeza sobre él y prácticamente lo hundió entre mis labios. Abrí la boca todo lo que podía y aspiré. En el paladar noté el contacto duro del pezón. La areola había desaparecido en mi boca y Pili no me soltaba la cabeza. La nariz la tenía hundida en la suave piel del pecho y no sabía cuánto podría aguantar la respiración.

Mi lengua empezó a lamer el pezón apretándolo contra el paladar. Pili suspiraba con los ojos cerrados a la vera de mi mejilla. La otra teta esperaba para percibir el mismo trato.

Cuando dejé la teta me di cuenta que la chavala se había abierto varios botones y ahora el escote no le forzaba las tetas en una posición incómoda. Ahora estaban sueltas como yo las había visto antes. Tenían libertad y se movían. Vi que los pezones le hacían punta cara arriba y me agradó, daba la sensación de que me miraba y el izquierdo también entró en mi boca.




Será nuestro secreto

– Por favor José, no prosigas, no está bien lo que hacemos, no sé cómo ha podido pasar.
– Lo siento Pili, no lo había pensado. Ha sido un impulso momentáneo.
– Pero me ha gustado mucho José, reconozco que no me lo aguardaba.
– Me agradaría preguntarte algo mas. Me da vergüenza.
– Dime José, no tengas vergüenza.
– Me pregunto si no estás enfadada conmigo y… si podría besarte las tetas otro día.
– Mmm, sólo con una condición. Que no se lo digas a nadie. ¿comprendes? A nadie. – me respondió.
– Despreocúpate Pili, va a ser nuestro secreto.

Convulsiones de Pili

Y tanto que lo fue, casi todos los días había una excusa o bien motivo para pasar a casa de Pili. Nada más entrar, cerraba las cortinas y se quitaba la blusa.

Me comía sus tetas con avaricia. Me enseñó a no hacerle daño con los dientes y a lamerle desde el nacimiento hasta el canalillo con el máximo placer. Estuvimos un tiempo haciéndolo. Mi madre me incitaba a que pasara a su casa para cualquier cosa y nosotros lo aprovechábamos con una comida de tetas fabulosa.

El inconveniente fue cuando más entusiasmado estaba con un pezón atrapado con los dientes y la lengua lamiéndolo. Noté una serie de conmociones en el estómago de Pili. La tuve que sostener pues se le doblaban las piernas.
Se abrazaba a mi convulsionándose, sin soltarme estuvo múltiples minutos, en el abrazo mi polla se apoyó contra su muslo, si ya la tenía dura con el roce terminó de ponerse como una estaca.

Pili se abrazó a mi pasando sus brazos por mi cuello, aprecié en mi pecho las dos tetas a la vez.
Para mi aquello era el cielo mas al sentir en mi polla el bulto caliente del pubis de la chavala me corrí. Me puse los calzoncillos y el pantalón perdidos de leche.

Pili apreció que me quedaba quieto y que de repente la apretaba contra mí. Resistió apreciando en su bulto cómo mi capullo latía y lanzaba chorros de leche.

Con la mano tocó y sintió la humedad caliente de mis pantalones. Cuando nos apartamos la mácula me cubría de bolsillo a bolsillo.

Fuera plancha y fuera secador

Pili fue veloz y sin titubear me dijo imperiosa.

– José, quítate la ropa, te la tengo que lavar y secar.

Ni lo pensé, me saqué los pantalones y los calzoncillos sin quitarme los zapatos. Se fue a la pila y con velocidad me lavó la mancha de semen. El calzoncillo estaba amarillo casi y lo lavó igual. Entonces fue a por la plancha y el secador del pelo que me dio a mí.

– Toma, seca el bóxer y yo te plancho los pantalones… ¡madre mía José, que polla tienes aún tras correrte!

Me miré la polla y la verdad es que no estaba al máximo pero apenas caía y aunque mojada de leche estaba descapullada y refulgente.

Con la plancha al máximo secó el pantalón en un santiamén. Mucho más rápido que yo con el secador.
Soltando la plancha se arrodilló ante mí me cogió la polla y se la metió en la boca sin limpiarla antes. Apreciaba de qué manera me lamía dentro de la boca. Estaba relamiendo lo poco que me quedaba de leche hasta hacer que se pusiera dura otra vez.

Solté el secador y el bóxer, no lo apagué cuando le cogí la cabeza y la atraje hacia mí, follándole la boca.

Ella solo se preocupaba de hacerme tope con las manos en las caderas a fin de que no se la metiese en la garganta pero no hizo nada para eludir que me volviese a correr dentro de la boca.

Con los labios apretados estuve moviéndome hasta que no me quedaba nada que sacar. Relamió todo el balano y con los labios apretados fue retirándose hasta el momento en que salió el capullo. Mi polla estaba tan limpia como si me acabara de bañar y no olía a semen.

Pili se abrazó a mi cintura, con la polla caída pegada a su mejilla la besó afectuosamente. Entonces se levantó y con el secador en marcha acabó de secar el calzoncillo. Me lo alargó a fin de que me lo pusiese y cuando ya tiraba de la cintura para subirlo totalmente acarició los huevos y la polla ayudándolos a entrar en la prenda.

– José, ¿puedes venir? Me haces falta.

Mi madre me llamaba por la ventana de enfrente, me asomé y le afirmé que sí, no me vio mas sólo llevaba los calzoncillos puestos.




Rutina maravillosa

A partir de aquel día las comidas de tetas se ampliaron a comidas de polla. Aprendí lo que es una mujer experta y con ganas de gozar. Pili se esmeraba por darme más gusto cada día. Controlaba mi eyaculación demasiado temprana. Me enseñó de qué forma calcular los tiempos pero todo eso fue en su contra… o no.

Una mañana estaba en su casa como tantas otras. Las cortinas de la ventana estaban corridas por el hecho de que entraba un sol de justicia. En eso que mi madre desde su ventana la llamó.

Pili se asomó a la ventana, por detrás de ella quedaron las cortinas y sólo la veía de la cintura cara abajo. Le subí la falda, mi madre tenía ganas de charlar y no le dejaba interrumpir. Pili procuraba recortar la conversación mas mi madre no la dejaba. Yo mientras le había subido la falda y metido las manos debajo de las bragas.

Le había atrapado las nalgas y ensanchándole las braguitas se las estaba bajando. La voz de Pili era entrecortada. Solo decía monosílabos a mi madre.

Con la bragas en el suelo con un pie separé una pierna y luego la otra, ella se tuvo que apoyar en la ventana y yo por dentro junté la cortina para que no se abriera.

Mi polla pasó como un pincel entre las nalgas de Susa. Con los brazos apoyados en el marco de la ventana procuraba esquivarme pero la tenía sujeta de la cintura y la seguía allá donde fuera.

Una situación muy morbosa

Pili estaba más húmeda cada vez y cuando le metí un dedo en la vagina le tremió la voz. Ya había localizado la entrada y no fallé.

Le separé un poco más las piernas y entré hasta pegarme a su culo, la polla estaba justo en la entrada de su coño. Pili balbuceaba con mi madre cuando le fui metiendo la polla poquito a poco. Jadeaba tal y como si hubiese subido la escalera corriendo.

– ¿Te pasa algo Pili, deseas que mi hijo te haga algo?. – preguntó mi madre.
– No te preocupes, no hace falta es buen chico y se porta maravillosamente.
– Yo siempre y en todo momento le he dicho que te hiciese lo que necesitases, tú no te cortes, el chaval es muy cumplidor.
– Ya lo sé, es una maravilla de chico. -respondió Pili entrecortada.

Ya estaba clavado adentro cuando comencé a salir. Pili me cogió de las caderas y me impidió que saliese pero al apreciar que volvía a meterme se relajó y arqueó la cintura.

Ahora le entraba más recta y con lo lubricada que estaba se hundía plenamente en ella. Pasé las manos por su barriga hacia arriba. Ella se cubría cruzando los brazos frente a mi madre para que no viera mis nudillos bajo la camisa. Mis manos fueron subiendo hasta alcanzar sus tetas, ahora era la que me buscaba, su culo se movía a fin de que le entrara mejor.




Momento calentón

Empecé a moverme cada vez más deprisa. Mi madre parecía una cotorra y no le dejaba cortar la conversación. Pili notaba como mi capullo palpitaba arriesgadamente, le iba a atestar el coño de leche, era inevitable. Iba desenfrenado.

Pili, en un momento chilló diciendo que se le iba a quemar la comida y con esa excusa entró cubriendo la ventana con la cortina.

– José eres un cabrón, cómo te has aprovechado de que no podía dejar a tu madre. Debería haberle dicho dónde estabas y qué estabas haciéndome.
– ¿De verdad se lo habrías dicho?
– No, ya sabes que no pero… sigue lo que has empezado y ten cuidado de no correrte en mi coño.
– ¡Qué pena, lo habría hecho muy a gusto!
– Ya lo sé, por eso he cortado a tu madre, me ibas a preñar.
– Entonces ¿donde deseas que me corra?
– Donde desees menos en mi coño, eso jamás, ¿lo comprendes? Jamás.




Fin de la primera parte del relato erótico La vecina del Ático.




Publicado en: Relatos Eróticos

12 de febrero de 2019 by Mayra Deja un comentario

Alguien sabe ¿De donde surgen los vibradores?

La verdad es muy curioso el origen de los vibradores. Si nos detenemos a investigar un poco, entenderíamos que en esa época donde existían tantas restricciones morales. Donde incluso parejas de casados no se veían desnudos porque eso era casi que un pecado mortal, las mujeres podían caer en crisis.

Es por ello que podemos entender porqué algunas mujeres se encontraban insatisfechas, deprimidas o malhumoradas. A mediados del siglo XIX muchas sufrían de lo que en ese momento se conocía como histeria femenina.

Por lo que el médico británico J.M Granville inventó como tratamiento terapéutico lo que hoy en día conseguimos en cualquier Sex shop como vibradores. Alivia un malestar y de pasó los médicos descansaban las manos agotados por el esfuerzo físico. 

 

¿de donde surgen los vibradores? santubearsex

No podemos dejar de lado que previo a este gran descubrimiento, el tratamiento médico en los consultorios era manual. Los ginecólogos acariciaban a las pacientes hasta que llegaban al orgasmo. Esto se consideraba como una medida médica para evitar que las pacientes cayeran en el paroxismo histérico. Donde el deseo sexual femenino era considerado una enfermedad.

Innovación tecnológica más inventiva privada

Pasado algún tiempo y viendo la oportunidad de negocio por el potencial de este novedoso invento, la empresa Hamilton Beach comenzó hacia 1902 a producir los vibradores más pequeños de uso casero. Además de evitar las vergonzosas visitas al médico, también le permitía a las mujeres en la privacidad del hogar disfrutar de la auto-satisfacción.

Empezó a comercializarse a tal nivel, que incluso se le hacía publicidad en periódicos y revistas de toda Europa y Estados Unidos. Se crearon campañas para atraer a las potenciales compradoras como: La vibración es la vida. Sin dejar de lado que muchas de las campañas iban dirigidas a las mujeres para acabar con la llamada ‘enfermedad’. Tú mujer tienes derecho a no estar enferma.

los vibradores santubearsex

Algunos modelos se vendían con un recargo que lo hacia funcionar como una batidora. Supuestamente para que una mujer estuviese relajada y contenta, debía tener un vibrador en casa. Comentario a parte pienso que aún debería ser así. 

 

Además, que aunque parezca insólito, los vibradores llegaron a los hogares antes que otros aparatos ¿Vieron la importancia? Por ejemplo: la plancha. Tan vital hoy en día, hizo su aparición diez años después. Lo mismo que la aspiradora.

Curiosidades de los vibradores

En aquella época donde los vibradores estaban en boga, era tal la variedad que existían todo tipo de modelos. A gas, con baterías y algunos con pedales. Los aparatos tenían velocidades de hasta 7000 pulsaciones por minuto.

Con el vibrador se suponía que no había acercamiento con el interior de la vagina. Entonces se consideraba que no había ningún contacto sexual y por tanto no existía ningún tipo de tabú. Se podían encontrar en catálogos y revistas de costura y moda.

Pero lo más trágico para esta industria que iba creciendo como instrumento de terapia, fue cuando en 1920 comenzaron a aparecer en las películas pornográficas. Así fueron perdiendo credibilidad y certificación médica. 

los vibradores de siempre santubearsex

Y de paso la Asociación Americana de Psiquiatría en 1952 declaró que la histeria femenina no era ninguna enfermedad, sino un mito. Por tanto, los vibradores comenzaron a desaparecer de los mostradores de las tiendas, de las revistas y catálogos. Se convirtieron en tabú porque pasaron a ser juguetes sexuales.

En la actualidad juguetes versus alternativas para discapacidades.

A mediados de los años 70 se comenzaron a utilizar como alternativa para una sana relación sexual en pareja. Incluso algunos sexólogos empleaban los vibradores en sus talleres sexuales. Demostrando que los vibradores no tienen ningún efecto negativo.

En el caso de personas que se encontrarán con una movilidad reducida debido a alguna fractura en la columna. Lo mismo que con parálisis de la cintura para abajo, ya sea por enfermedad o accidente, los ayudaban a recobrar una vida sexual activa y satisfactoria. Donde en conjunto con sus parejas podían ir rescatando su intimidad.

 

origen de los vibradores santubearsex

Hoy en día hay tantos modelos. Van desde huevos que son como pequeñas esferas que se introducen en la vagina y vibran, hasta en forma de labial. Están los anillos vibradores que se colocan en el pene erecto, los inteligentes que se conectan por bluetooth, otros con forma de pene. También los hay para hombres. Es tan amplia la gama que hay para todos los gustos y colores.

Publicado en: Curiosidades, Opinión Etiquetado como: auto-satisfacción, histeria femenina, jueguetes para adultos, juguetes eroticos, Juguetes sexuales, Santubearsex, terapia sexual, tipos de vibradores, vibradores, vibradores para hombres, vibradores para mujeres

7 de febrero de 2019 by Raúl Deja un comentario

La batería del coche

La batería del coche – Relato Erótico

Es viernes y deseo que sea la hora de salir del curro, y llamar a Bea para pasar el fin de semana juntas, falta prácticamente una hora para salir y el pesado de mi compañero no hace más que dar la lata a fin de que quede con él. Es uno de esos tíos cincuentones separado con el pelo engominado y barrigón, con pinta de putero asequible.
Al fin la hora de salir, bajo al aparcamiento a por mi turismo y no arranca, está sin batería. Me bajo del turismo para llamar a asistencia cuando oigo pasos acercándose levantó la mirada del móvil para poder ver quién era, es Roberto de mantenimiento.




– Hola Leire ¿te puedo asistir, qué te pasa?. – pregunta Roberto.
– La mierda del turismo este, que no arranca. Está sin batería. – contesto yo.
– Despreocúpate, te lo arreglo.
Roberto es un tío joven prácticamente sobre los treinta, cachas, moreno y ciento ochenta de altura siempre y en todo momento lleva puesto un mono de trabajo.
– Gracias no sé de qué manera agradecértelo Roberto.
– Deja de preocuparte, ya se te va a ocurrir algo. – contesta, mientras que miraba mi espléndido escote.
– Seguro que sí, algo se me ocurrirá.
Roberto se fue a por su vehículo una gran furgoneta. Lo aparcó frente al mío y puso unos cables de arranque, en un instante el turismo estaba arrancado.
– Ya está, solo hay que aguardar un rato que se recupere la batería, contestó Roberto.





– ¿Y cuanto hay que aguardar? – pregunté.

Mientras se carga la batería..

Estaba frente a él mirándole a la cara mientras que mordía mi labio y jugueteaba con su cremallera del mono, sin decir nada acarició uno de mis pechos sobre la camisa mientras que bajaba la cremallera despacio. Roberto desabrochó los botones de mi camisa y acariciaba mis pechos desnudos.
Mi coño estaba empapado y lo sentía latir de la excitación, metí la mano en su calzoncillo, cogí su polla dura como un palo, gordita y de un tamaño notable.

La saqué del calzoncillo y brincó como un muelle. Le acariciaba la polla desde el capullo hasta los huevos, me puse de rodillas y empecé a chupetear ese pollon. Me la tragué entera provocando me una arcada. Una mano cogía sus huevos la otra el leño de su polla y el reto me lo comía con ansia. Él sujetaba mi cabeza con las dos manos y me la empujaba a fin de que tragara su polla.

– Pufff que bien la chupas. Prosigue zorra no pares. -susurraba Roberto.
Esas palabras me pusieron más cachonda de ser posible. Mi coño chorreaba mojando mis braguitas, noté como su polla estaba a puntito de explotar en una buena corrida. Aumenté la velocidad de la felación.

– No pares zorra voy a correrme ahhh ahhh si prosigue de este modo.

Noté como su polla latía en mi boca, la corrida era inminente y reventó en una corrida brutal. No daba a amplio a tragar su caliente esperma saliendo parte por la comisura de mis labios y cayendo en mis tetas. Le limpié la polla chupando los restos de su corrida y me levanté para pasarle una parte de su corrida en un beso.




Ahora me toca a mí..

Me agarró por la cintura y me tumbo en la caja de la furgoneta. Arrancó mis braguita y apartó mis piernas. Pudo ver mi coño depilado y chorreando.
– Que coño más rico, te toca gozar a ti zorra.
– Siii cómetelo es todo tuyo.- le susurré.

Metió la cabeza entre mis piernas, chupaba mi clítoris y lo mordisqueaba. Sus manos sujetaban mis pechos, su lengua entraba y salía de mi coño recreándose en los labios de mi coño, la corrida fue salvaje.
– Ahhh ahhhh prosigue cabrón cómetelo todo. – le grité.

Los clímax se sucedían uno tras otro, apreciaba mis flujos humedecer mi trasero y Roberto lo aprovechó para meterme un dedo en el lo que me hizo entrar en otra serie de clímax.
– Que placer cabrón no pares sigueee ahhh ahhh.

Metió otro dedo en mi trasero y concluya con un clímax larguísimo que me hizo estremecerme entera. Después, nos vestimos.
– ¿Qué haces este fin de semana? – le pregunté.
– No tengo planes como siempre y en toda circunstancia, voy a lo que salga – respondió.
Cambiamos los números telefónicos y quedamos para vernos el fin de semana.

Nos metimos cada uno de ellos en su turismo Roberto salió el primero y al salir vi a mi colega en su turismo que está cerca del mío haciéndose una paja nos miramos y le guiñe un ojo y me reí.
El pobre es patético.




Publicado en: Relatos Eróticos

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