La vecina del Ático – Segunda Parte

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Le quité la blusa y Pili se arrodilló frente a mí, me estuvo chupando la polla hasta ponerla otra vez bajo riesgo de eyacular. Cuando estaba en la últimas la saqué de su boca y acabé meneándome en frente de su cara. La frente, su pelo y sus tetas recibieron mis chorros.

Ella repartió la leche de sus tetas por los pezones y la de la frente la sacó y la chupó con los dedos. La cogí de las axilas y la levanté con la mirada tan sensual con que se había chupado los dedos. La levanté a la mesa del comedor y le subí la falda por delante, le separé las rodillas y hundí mi cara en su coño.

Era primerizo en muchas cosas mas el instinto me llevaba de la mano y parecía que bien llevado pues Pili empezó a gemir hasta que se corrió en mi boca.

Un aniversario inesperado

 

No dejé de pulsar con la lengua su clítoris hasta que ya no podía controlarse. Saltaba en la mesa y se deslizaba por ella intentando escapar de los impulsos tan feroces de mi lengua. Quedó con las piernas colgando, el coño cubierto de vello moreno, y los muslos húmedos de los flujos que le habían salido cuando la follaba.

Me dijo que la dejase de esta forma, que no le hiciese aguardar a mi madre y me pasé a casa. Mi madre me esperaba a fin de que le colgase unas cortinas.

Mi aniversario estaba cerca y mi sorpresa fue que vinieron a felicitarme Pili y su marido Pedro. Realmente todos y cada uno de los cumpleaños que recordaba me hacían un regalo y antes seguro que asimismo mas el de este día me dejó asombrado.

Me trajo un reloj de pulsera deportivo con varias esferas de una marca suiza de primera. Debía costar una fortuna. Lo trajo en la mano, sin etiqueta ni nada. Mi padre cuando lo vio abrió los ojos admirado y mi madre puso el grito en el cielo.

– Pedro, ¿qué has hecho?. Eso es una barbaridad. – le espetó mi madre.
– No creas. Es falso. Se lo he comprado a un vendedor ambulante mas me ha semejado que daba el pego bien y se lo he regalado a José. De esta manera alardeará con sus amigos, no vale nada pero… no lo pierdas, ¡eh!.





Un reloj original y el premio

Yo no comprendo de relojes y menos de aquella marca tan exclusiva. Los había visto en revistas mas eran intocables. Además de esto pesaba bastante y se notaba de calidad.

Era una buena imitación. Se lo agradecí tal y como si fuera bueno de verdad y comimos juntos en mi casa. Estuvieron toda la tarde porque había partido de pelota y mi padre como era muy forofo había comprado un televisor que parecía una ventana.

Al día después como era casi costumbre con cualquier excusa pasé a casa de Pili, me llevó a su habitación y me hizo sentar en cama. Del cajón de la mesa sacó un paquete envuelto de regalo.

Adentro había una caja, era la caja original del reloj con su garantía y todo. Me di cuenta que el reloj que me habían regalado era genuino mas habían hecho esta escena a fin de que mis progenitores no lo rechazaran. Abracé a Pili y la besé.

Jamás había besado a una mujer en la boca y menos a una mujer madura pero sentí que aquellos besos sólo los podía dar una mujer de verdad. Me devoraba con la lengua y sus labios me sabían a gloria, la caja del reloj quedó a un lado de la cama en el momento en que me tumbé sobre ella.





Pili es la que lleva el ritmo

La iba a follar hasta fatigarme pero ella esquivó como una anguila y me dio la vuelta. Sentada encima me inmovilizó mientras que se quitaba la ropa.  Aquellas tetas que habían jugado al escondite conmigo ahora estaban sobre mí y mi polla debajo del coño de Pili.

Ella se movió, derecha, izquierda y adentro y mi polla desapareció en su coño. La sensación fue placentera al máximo.  Ahora iba a saber lo que era follar con una mujer.

Me hizo probar todas las disciplinas. Movió, giró y brincó sobre mí. Llegaba hasta casi sacar el capullo mas se dejaba caer hasta hundirlo en ella. Me llevaba al límite y frenaba lo bastante a fin de que yo me repusiese, se dio la vuelta y se sentó al revés.

Vi como mi polla entraba desde atrás, me obligaba a tener la polla forzada pero de este modo frotaba más dentro de su vagina. La espalda le goteaba sudor y su corta melena se agitaba como si cabalgase de veras.

Lucha de titanes

Esta vez fue la que se corrió primero. Yo había aprendido lo suficiente para aguantar los envites y estaba contento. Se escurrió de mi polla y fue reculando hasta poner su coño sobre mi boca y atrapar mi polla con la suya. Me comió la verga al unísono que le amasaba las tetas y lamía los jugos que salían de su vagina. Era su segundo clímax en el momento en que me corrí en su boca, se agarró a mis muslos y no me dejó.

Fue una lucha de titanes pues yo tampoco dejé de lamer el clítoris a pesar de que con las piernas abiertas completamente quería separarse. Quedamos tendidos. La caja del reloj se había caído al suelo abierta con la garantía rellenada en la fecha de mi cumpleaños.

Pedro siempre y en todo momento trabajaba por la mañana y era el rato en el que estábamos seguros en casa. Por la tarde se ponía a ver la tele o salía al bar a tomar algo con los amigos. Entonces yo procuraba no ir a casa de la vecina pero aquella mañana cuando estaba comiéndole las tetas a Pili en el sofá se abrió la puerta y entró su marido.





El marido en el sofá roncando

Se me abrió la tierra debajo de los pies. Pili se tapó como pudo la camisa y yo me cubrí la erección que llevaba debajo del pantalón.

– Uf, estoy agotado, voy a darme una ducha y luego me acuesto, he estado toda la noche sin parar.
Entró en el baño y al volverse Pili cara mí me di cuenta de que se había abrochado los botones mal.  Me ahuyenté y se lo afirmé. Ella corrigió el fallo y me contó que Pedro había alterado el turno a un compañero y había salido con el taxi toda la noche. Miramos la puerta del baño, yo con terror y ella con confianza.

– Se está duchando puedes seguir un poquito más. – susurró ella.
Se había vuelto a abrir la camisa. Las dos tetas rojas de mis chupadas me llamaban otra vez. Confié en la seguridad de Pili y enterré la cara en el canalillo. El agua estuvo cayendo un buen rato y Pili me paseó la cara por las dos tetas.

Al fin se cerró el grifo y al instante salió Pedro metiéndose en la habitación. Pili esperó unos minutos, después se acercó de puntillas y abrió un tanto la puerta. Desde allí se le oía roncar como un oso, vino al sofá y se subió sobre mis piernas.

Podemos proseguir otro rato, no hay peligro está roncando, desde acá lo vamos a oír.

Me clavó las uñas en la espalda

Frente a la seguridad de Pili me confié, me bajé los pantalones y calzoncillos de una vez hasta los tobillos. Ella cogió mi polla la mojó con saliva y se la metió en el coño dejándose caer apoyándome las tetas sobre mi pecho, pasó los brazos por mi cuello y al oído me susurró.

– Voy a follarte como a mí más me agrada, no te preocupes. Relájate que yo me encargo de todo.
Yo intentaba subir las caderas para que le entrara más la polla. Ella controlaba el ritmo. Cuando la quería toda metía el trasero entre mis muslos y se la hundía hasta los huevos. Me clavó las uñas en la espalda cuando se corrió. Debí taparle la boca para que Pedro no se despertase y cuando se alivió me afirmó que ahora se la metiera lo más hondo posible.

Se apoyó con los codos en el asiento y elevó el culo en el borde. Le metí la polla en el coño desde detrás cogido a su cintura, jadeaba y gemía con la cara pegada a la lona del sofá. Cuando me iba a correr chilló.

– ¡No, José, no te corras adentro!
Me salí en el último instante y le duché la espalda con leche caliente, desde la habitación proseguían los ronquidos.

Una tarde la pareja vino a mi casa, mi padre estaba afuera y los 2 traían una caja.





Configurar el PC

Mira José, le he hecho un regalo a mi mujer. Ha sido una buena ocasión, se lo he comprado a un tipo que trapichea con cosas. Como sé que tú entiendes de ordenadores quiero saber si me han engañado.

Destapé con curiosidad el bulto, el PC era una maravilla. De marca genuina americana con muchas posibilidades. Miré al mío, ya lo tenía hacía muchos años y era heredado de algún amigo de mi padre. Le conté que era una compra estupenda y que me ocuparía de ponerlo en marcha y configurarlo. Pili afirmó que como deseaba aprender yo le podía enseñar y si me hacía papel podía estudiar con él también. Mi corazón brincaba de gozo, siempre y en toda circunstancia había mirado los catálogos para poder ver lo que podía hacer mas poder trastear con él…

A mi madre le encantó, al verme tan emocionado no tuvo más que agradecer el ofrecimiento y animarme a enseñarle a manejarlo a Pili.

El día que pasé a poner en marcha el ordenador Pili me afirmó que realmente el computador era para mí. Su marido me lo había comprado porque sabía que el mío era un trasto.

Porno en el ordenador

Había ganado bastante en un viaje y se había acordado de mí. Habían dicho esto para que estuviera una temporada con él en mi casa y después ella se rendiría al no entenderlo y te lo cedería a ti. Todo esto me lo afirmaba sentada sobre mis piernas abrazada a mí. La besé y ya iba a procurarle las tetas en el momento en que me paró y me dijo.

– Lo primero es lo primero, ahora debes ponerlo en marcha para que cuando venga Pedro lo vea funcionar.
Me tuve que soportar y no poder agradecérselo en ese momento. Me puse con él y al rato ya iba todo, ni yo imaginaba tanta velocidad y calidad de imagen. Al rato vino Pedro, se lo enseñé y le encantó. Pili estaba en la cocina preparando la comida y Pedro se me acercó y con cierta complicidad me dijo…

– ¿José, es cierto de que con el PC puedes ver mujeres desnudas?
– Claro y mucho pero, se pueden ver hasta parejas follando y todo.
– ¿Sí, a ver enséñame algo?

Me conecté a las páginas porno que me sabía de memoria.  En ellas había aprendido una parte de lo que le hacía a Pili y en la mejor le enseñé las categorías de porno que habían por orden alfabético.





El cornudo y las casadas follables

Le aconsejé la de chicas de dieciocho a veinte años. Él prefería ver a mujeres casadas. Le busqué las páginas de MILF, casadas “follables” y le gustó más. Se animó y me pedía más y cuando vio la página de tríos le encantó. La pasé veloz mas él me apuntó con curiosidad la de cornudos. Tuve que abrirla. En ella el marido miraba desde lejos como un negro con una polla enorme se la metía a su esposa pelirroja.

Quise quitarlo por vergüenza mas el me afirmó que quería ver de qué manera quedaba, yo me sabía el final de más pero tuve que aguardar a que el negro se corriera dentro de la pelirroja mientras el marido se hacía una paja. Al acercarse Pili se terminó la sesión de porno y me fui a mi casa.

En la siguiente vez que visité a Pili con la disculpa del PC me dijo que Pedro le había contado las cosas que se podían ver. Me sorprendió aquella confesión mas en un matrimonio hay confianza. Frente a la insistencia de Pili le busqué alguna más apropiada para ella, pensé en masajes con final feliz.





El viaje de mis padres

En ellas chicas con unos cuerpos esculturales recibían unos masajes en el coño que las hacía correrse y muchas de ellas aprovechaban las pollas de los masajistas y se los follaban sobre la camilla. A ella le encantó a la vez que me acariciaba el pecho, me pidió más. Su marido le había recomendado los tríos pero los pasé veloces. Me insinuó lo de los cornudos, no sabía que pensar.

Eso era un tema muy frágil y prefería enseñarle a madrastras follando a los hijastros. La cosa quedó en el aire mas no veía claro, el caso se complicó cuando mi padre le afirmó a mi madre que le había salido en el camión un viaje a Noruega y que podía irse con él, estarían unos días fuera y lo pasarían realmente bien. La ocasión era perfecta para ellos, a mi con toda confianza me aconsejaron que pasase a comer a casa de Pili y que durmiese en mi casa.

A Pili y Pedro les pareció ideal y la primera noche me agasajaron con una cena singular, comimos y tomamos lo que deseamos. Pedro estaba alegre y Pili bellísima. Me dijeron que de irme a dormir a mi casa solo ni charlar, me quedaría con ellos todo el tiempo del viaje. Entre plato y plato Pili me cogía la mano y me acariciaba. Pedro me miraba y sonreía, yo intentaba esquivarla y me ponía rojo.

Una cena con sorpresa final

Salió la charla y el tema del porno. Me alabaron de mi habilidad con el PC y de paso me dejaron ver que sabía todo sobre porno a fin de que no estuviese apocado. Pasamos al sofá y Pili se sentó entre los 2. Su marido le pasaba los dedos por el cuello y le acariciaba el pelo por la nuca.

Pedro alababa el vestido tan bonito de su mujer y me lo enseñaba incluso le levantaba el escote a fin de que mirara adentro. Pili lógicamente no llevaba sostén y se le marcaban los pezones en la tela. Pedro le atrapó uno y me señaló el otro para que se lo cogiera. Me quedé paralizado pero Pili me cogió la mano y me la llevó a su pecho. Cuando sintió de qué manera lo apretaba se volvió cara mí y me besó en la boca. Fue un pico pero mi polla comenzó a crecer.





En la habitación

Pedro recibió otro beso, éste con lengua y todo. Pili se dejó caer los tirantes del vestido y en sus tetas quedaron la mano de Pedro y la mía, entre los 2 comenzamos a amasarlas.

Parecía una gata en celo y puso una mano encima de cada polla. La primera que salió a la luz fue la de su marido. Se la sacó de forma directa pues no llevaba calzoncillos. Me asusté al verla, era una polla casi el doble que la mía. Cuando sacó la mía las meneó las 2 a la vez, se escurrió del sofá y nos juntó a los 2, alternaba en su boca una polla o bien la otra. Pedro había pasado un brazo sobre mi hombro en plan de “colega” y recibíamos la mamada que nos repartía Pili.

Ella con las pollas en la mano tiró de nosotros y nos llevó a la habitación. Pensaba que la cosa no iba a salir bien, no confiaba en Pedro. Hasta ahora era un tanto de tonteo producido por el champan y el ron mas irse a la cama los tres…

El marido cornudo

La duda se aclaró cuando Pili subió y me invitó a mí pero a mí sólo, se sentó en un sillón en una esquina del cuarto, Pili me afirmó al oído.

– Mi marido es un cornudo, disfruta viendo cómo me folla otro hombre. Me lo tenía prometido desde mi cumpleaños mas no te veíamos todavía preparado. Hoy me vas a follar como te gusta y él gozará viéndonos.
– ¿Sólo mirando?
– Sí es voyeur, como mucho se va a hacer una paja o me solicitará que se la haga .
– ¿Estás segura?
– Como es natural, le gusta que me follen y cuanto más duro mejor.

El marido por su cuenta se había desnudado y con las piernas estiradas en el sillón se estaba meneando la polla enorme. Pili me abrazó y me tumbó en la cama. Se arrodilló junto a mí y se metió la polla en la boca. Intentó ponerse de culo a su marido a fin de que viera cómo me comía el coño de Pili.





Crema lubricante para la otras partes

La polla de Pedro asomaba más del doble sobre el puño cerrado. Pili sabía lo que más le agradaba a Pedro y procuraba hacerlo.  Montó sobre mí y le enseñaba de qué manera mi polla se hundía en ella. Cómo sus labios se replegaban al entrar mi verga en la vagina y salían arrastrados con ella. Me dejó tomar la iniciativa y se puso a 4, me puse detrás y se la hundí de un golpe. Pedro sonrió satisfecho.

Al ver de que forma me movía adentro de Pili se levantó. Se acercó, y me quedé helado. Con aquella verga en 45º no podía aguardar nada bueno. Aguardaba que de un manotazo me quitara del coño de su mujer arrepentido de mirar únicamente. El marido fue a la mesita a la noche y buscó, sacó un tarro y me lo dio. No entendí la indirecta. Pedro lo destapó, se llenó los dedos de crema y la repartió entre las nalgas de Pili.

– No Pedro, eso no, sabes que no me gusta, en eso no habíamos quedado .
Pero Pedro no hizo caso y dejó el tarro sobre las nalgas de Pili. Se sentó otra vez y me ordenó que siguiera yo. No me dejó elección. Cogí el tarro, estaba fría la crema mas terminé de repartir por todas las nalgas y me fui acercando al trasero.

Movimientos sincronizados

Ella se movía para evitarme mas yo estaba decidido, Pedro me lo ordenaba y a mí me atraía la idea. Me puse abundantemente en la polla y la dejé en la entrada. Pili no se estaba quieta y miré a Pedro. Me hizo la señal de que le diera una nalgada con la mano. Le di suave, era más una caricia que un castigo mas el insistió al ver que ella no se paraba. Le azoté más fuerte. Tanto que estalló en la habitación. Entendió enseguida que iba de verdad y se resignó.

Apoyó la cabeza en la sábana y con las manos separó los cachetes del culo. Me aferré a su cadera y presioné. El capullo se aplastó deformándose pero poquito a poco fue venciendo la resistencia que hacía intentando evitarlo pero cuando se persuadió de que lo mejor era relajarse el capullo se coló de cuajo. 2 empujones más y ya estaba pegado a ella.





Pili emparedada

Pedro aplaudía con las puntas de los dedos. La polla le había crecido aún más, estaba muy excitado. Pili gemía de gusto y había olvidado el primer instante, ahora precisaba más.

– José, métela más, hasta adentro, no pares y aunque llore no me hagas caso, necesito más polla.
– Deja de preocuparte te daré toda la que tengo.
– Síí, toda, necesito toda y más.

Cuando afirmó “más” Pedro se dio por mencionado y se aproximó a nosotros. Me hizo gracia que me pidiera permiso a mí, precisamente a mí que estaba metiéndole la polla por el trasero a su mujer. Se lo di claro. Rodé sobre la cama y me tendí bajo Pili. Esta boca arriba tenia insertada mi polla en el culo pero sus piernas abiertas invitaban a cualquiera. Y allá estaba Pedro para solucionar el inconveniente.

Se aproximó y se subió a la cama entre las piernas de su mujer. Noté el paso de la polla de Pedro por la vagina de su mujer. Paralela a la mía. No dejaba de pasar carne junto a mí, noté el glande duro y con un borde muy afilado y después el tronco interminable me sobrepasó. Era más larga que la mía y la vagina muy flexible, cuando la tuvo adentro me dijo por encima del hombro de Pili.





Clímax y más clímax

– Ahora te toca a ti José, muévete primero.
Pedro no se dejaba caer sobre Pili y me podía mover con el peso de la chavala encima. Empecé a entrar y salir en su culo, ella con las piernas totalmente abiertas no ponía ningún obstáculo a fin de que llegara hasta el fondo. Cuando Pedro se incorporó al ritmo, Pili se deshacía en gemidos y jadeos, se corrió al poco pero Pedro me guiñó un ojo para que siguiéramos.

Sabía que su mujer no tardaría en tener otro clímax y de este modo fue, éste más violento. Ahora era la que se movía entre nosotros como en un emparedado. Yo la sostenía de la tetas para que no se saliese y se deslizaba sobre mi arriba y abajo. Las dos pollas entraban y salían al mismo tiempo y ella tremía de espasmos. Se abrazaba a Pedro o bien me cogía la cara a mí. Él tenía una resistencia de semental. No se corría ni se le notaba intención de hacerlo.

Notaba a través de la enclenque barrera que nos separaba sus venas hinchadas y sus palpitaciones. Parecía un reloj de péndulo adelante y atrás sin parar. Pili ya había dejado de rogar que paráramos pero Pedro seguía y yo con relativa comodidad. El tacto sedoso del recto de Pili no tenía tampoco prisa. La chica lloraba mas suspiraba hondamente cuando le llegaban en el fondo las dos trancas.

Un corrida a dos

Pedro me preguntó levantando las cejas como iba. Le dije que bastante bien y me contestó que cuando quisiese que me corriese, él me podía esperar. Yo comencé a apresurar y me prosiguió. Me moví y Pili apretaba el esfínter sobre mi tronco. Abrí los ojos a Pedro indicándole que iba a eyacular. Me afirmó que ya lo había sentido y empezamos un esprint para ver quien se corría ya antes.

Le gané por poquísimo pues sólo salió el primer chorro de leche cuando él le llenó de semen el coño, la chica chapaleaba en su interior de leche caliente.

Pedro tuvo la deferencia de abrazar a Pili y darse la vuelta. Pude salir pegado a ella. Ahora Pedro era el que estaba debajo y encima, las piernas de Pili abiertas descansaban alrededor de las de su marido. Con el trasero abierto proseguí moviéndome hasta correrme otra vez en ella. Ya la polla de Pedro se había salido y su trasero era solamente mío. Resbalaba sobre el cuerpo de Pedro al compas de mis metidas.

Ya no se quejaba, sólo gemía lastimosamente, entre las piernas de los tres se hizo un charco de leche y flujo de la mujer. Pedro salió de abajo de Pili como pudo y se quedó tumbada boca abajo en cruz, se me aproximó al oído y me murmuró.





Divina juventud

– Si te has quedado con ganas luego se la metes otra vez, en esa postura no se enterará hasta tenerla adentro.
– Gracias pero no sé si voy a poder.
– Jajaja, por ti queda.

Chocamos los “cinco” como buenos amigos y salimos al salón. Me contó que el día que llegó y nos pilló ya sospechaba algo y se hizo el dormido. Siempre y en todo momento habían tenido la fantasía de joder con otro. Queríamos probarlo todo, como cornudo o en trío y mira por donde lo hemos hecho todo en una noche.

Al rato salió Pili de la habitación, el pelo deshecho y el rímel de los ojos corrido pero sonriente y me preguntó.

– ¿Qué tal José, lo has pasado bien?
– De maravilla, ha sido un sueño.
– A mí asimismo me ha gustado, por cierto, ¿cuantos días estarán tus padres fuera?, lo digo por el hecho de que van a ser unos días muuuy intensos, ¿verdad chicos?

La vecina del Ático – Segunda parte










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