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Blog Erótico

29 de mayo de 2018 by Magnuson 1 comentario

Perdido en el Laberinto

Perdido en el Laberinto – Relato Erótico Gay

Joe y Alex, eran dos hermanos de clase obrera, huérfanos de padre desde bien entrada la infancia. Tal vez por eso, a Joe siendo el menor, siempre iba buscando la carencia que tanto añoraba. Le atraían los hombres maduros. Al ser lampiño e imberbe, el vello era su pasión. Ambos hermanos tenían su trabajo, el mayor trabajaba en banca, Joe se dedicaba a dar tumbos buscando siempre mejores puestos. No terminaba de dar con el trabajo en que se encontrase cómodo. Estaba perdido en el laberinto.

Un día como cada mañana, Joe se dirigía a todas las oficina de trabajo, buscando nuevos puesto. Ya cansado de esperas, pensó que lo mejor sería ir buscado a los gerentes de las empresas, e ir dando su currículum personalmente. En algunas empresas, las secretarías siempre ponían excusas de sus empresarios, alegando que estaban en reuniones. Por lo que Joe salía con una desesperación de cada una de ellas.

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Aquella mañana su hermano le había dejado el coche, para que Joe probara suerte en otro condado.
Inexperto pero decidido, tomó con cautela camino hacia una urbanización donde se hablaba de un nuevo centro, se necesitaban personal para un puesto de trabajo.
Al desconocer el lugar, Joe anduvo dando vueltas con el coche dentro de la urbanización sin aclararse mucho donde podía estar dicho centro. Las calles que quería tomar siempre eran dirección prohibida y ya desesperado, la hora del mediodía se echaba encima. Vueltas y vueltas sin dar con aquel maldito centro, por lo que su descontrol le llevó a un callejón sin salida.

Un laberinto de calles

Joe se vino abajo y suspiraba con fuerza para no perder más los nervios, no viendo el camino como salir de allí. Mientras daba un giro de 180º con el vehículo, vio como en uno de aquéllos lujosos chalet de la urbanización, había un portón abierto y hacia el exterior estaba el asfalto mojado, síntoma como de estar limpiando el porche o regando aquel lugar.
Joe no se lo pensó dos veces, y una vez encarado su vehículo hacia la dirección requerida, de aquella encerrona de calles, Joe paró el vehículo.

Cansado y con sed pensó que tal vez preguntando, saldría más fácilmente de donde aquello le pareció un infierno, en vez de un lugar residencial tranquilo. Eso sí, eran lujosos chalet por lo que se denotaba que el dinero allí lo tenían muy fácil y a la mano.
Tal vez pueda calmar la sed que llevaba -pensó-, ya que la botella la había olvidado en el asiento trasteo y el sol a través del cristal del vehículo se había encargado de convertirla más en infusión que agua potable.

Un lujoso chalet

Bajo del coche, y con sumo cuidado y admirando aquéllos lujosos chalets, cerro con cautela. No se veía a nadie en toda la calle. Joe andando con incertidumbre se dirigió hacia el portón abierto:
-¿Hola? -llamaba para captar la atención de alguien y hacer notar su presencia-…, ¿hay alguien por aquí?. No quería que lo tomasen por alguien a quien le gusta quedarse con lo ajeno y llamasen a la policía.
-¿Hola? -insistió-…, buenos días!…, pero seguía sin obtener respuesta.

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Se quedó mirando dentro de aquel portón abierto y vio que había un buen vehículo y parecía ser que lo estaban limpiando, de ahí que el piso estuviese mojado y saliese hacia la calle. Joe también llevaba un buen coche, pero se lo había prestado el hermano y él cuidaba de dejarlo en calles adyacentes para que no viesen cómo llegaba a entregar los currículum, ya que era costoso el mantenimiento y no quería dar explicaciones de que aquel coche que no era suyo.
Sumergido en todo lo que veía de pronto le respondieron:

Apareció un tipo enorme

– Hola, ¿en qué puedo ayudarle ?….Apareció por no sabe dónde, un señor en pantalón corto, sin camiseta y zapatillas de estas que se pueden mojar. Imagino que sería el motivo por qué limpiaba aquel lujoso vehículo.

El señor tenía un aspecto rudo y viril. Rondaría los sesenta pero de un aspecto jovial y de estar en buena forma. Su cara estaba cubierta por una barba tupida y cerrada, como de una semana, y casi el pelo le llegaba a los ojos de la cara. El cuerpo lo tenía protegido por un manto de vello que dejaba ver sus sonrosadas aureolas y unos pezones erecto como garbanzos. Le bajaba una tira de vello hacia el ombligo y desembocaba en otra extensión velluda, que el pantalón corto hacia invisible el resto pero imaginario y suculento.

Abultaba la entrepierna y volvía asomar por los muslos nuevamente aquel pelaje que se perdió poco antes de llegar al pubis y le bajaba hasta los tobillos y dedos de los pies.

-Verá usted…, me llamo Joe, he venido hacer un recado y me he perdido en la urbanización -dijo Joe con voz nerviosa al ver tan suculento manjar-, no soy de esta zona -añadió-, y para colmo el agua que llevo se ha calentado en el coche y de los nervios llevo la boca seca. ¿Sería usted tan amable de ayudarme a salir de aquí y ya puesto a darme un vaso de agua? -preguntó Joe aún temblándole la voz-, por supuesto hombre, ven y pasa -apoyándole la mano sobre el hombro. Joe ya no sabía ni tan siquiera andar del temblor de sus piernas- .

Un tatuaje delatador

Mi nombre es Carlos, acompáñame, te saciare la sed dijo.
Joe seguía a Carlos por aquel lujoso chalet, veía que aquel vello que tanto le ponía, le cubría casi toda la espalda. Se asombró al ver que llevaba un tattoo, parecía una huella, no sabía de qué, ya que el vello no le dejaba ver con claridad. Eso a Joe le puso a mil, tanto vello…, maduro… y el colmo que le delató , aquel tattoo.

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Una vez en lo que se suponía que era la cocina, Carlos le ofreció el vaso de agua, Joe con nervios y temblándole todo lo cogió. No pudo evitar acariciar aquellas manos al coger el caso, Carlos le sonrió. Bebía despacio, sin apartar la mirada de sus ojos. Le recorría todo su cuerpo mientras bebía.

-Tranquilo muchacho, bebe tranquilo que hay más -dijo Carlos, como sabiendo lo que Joe deseaba.
Cuando depósito el vaso una vez vacío, Carlos volvió a apoyar su mano sobre el hombro de Joe y dijo: ¿quieres más?… No, es suficiente -agregó Joe-. Necesito tomar un poco de aire que estoy nervioso.
– No te preocupes hombre -dijo Carlos-, no hagas nada que no te apetezca.
– ¿En serio?…, ¿puedo hacer lo que quiera?…, por supuesto -dijo Carlos-.
Joe acerco sus manos hacia su pecho y empezó a acariciar. Cuanto vello!!…, y Carlos sonreía. ¿Te gusta? -añadió-, oh si, me encanta!…
Joe se relajaba por momentos a pasos agigantados mientras seguía acariciando aquel pecho y empezó a lamer los pezones. Carlos le dijo, ¿quieres pasar a la piscina y darte un baño?…, si dispones de tiempo claro!. A Joe le encantó la propuesta.

Fiesta en la piscina

Se dirigieron a la piscina y una vez allí, a Joe se le pusieron los ojos como platos! Habían tres tipos más en ella. Todos desnudos y dos de ellos ya estaban en plena actitud tocándose entre ellos. El tercero parecía estar esperando la llegada de Joe.
Iba empalmado, le caía el precum, aquel tocamiento en la cocina había producido los primeros síntomas de lubricación. Si Carlos estaba potente, ni que decir de los otros tres que disfrutaban de aquel paraíso. No hubieron presentaciones, ya había demasiada excitación como para perder el tiempo en ello.

Joe no sabía por dónde empezar y antes de que se diera cuenta, los cuatros tipos le habían rodeado. Nunca había saboreado cuatro pollas a la vez. Parecían que Joe era el tipo que andaban esperando. Se hacían entre todos felaciones, si besaban el resto estaba comiéndote por el resto del cuerpo. Era un placer continuo y constante. Joe en un momento dijo que su fantasía era estar en un gang bang de maduros y que todos una vez le follasen, se corrieran sobre él, para después con su mano, restregar sus lechadas por todo su cuerpo.

Joe gozando como nunca

Pusieron a Joe cómodo en una tumbona, y uno a uno fueron follándolo, mientras otro se ocupaba de follar su boca. Joe gozaba como jamás había soñado. Cuando Joe no pudo más se corrió, eyaculaba como un bestia, fue entonces cuando el resto le rodeó y fueron derramando su esperma sobre el pecho de Joe. Algunas corridas le salpicaban en la cara, Joe se relamía, y así hasta que los cuatros se quedaron exhaustos.



Después de recuperar las fuerzas, se dirigió a la ducha y empezó a vestirse.
Carlos y el resto de amigos le despidieron y Joe tomo rumbo hacia nuevos centros para seguir presentando su currículum.

Relato Erótico Gay: Perdido en el Laberinto

Autor: Magnuson


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26 de mayo de 2018 by Magnuson 4 comentarios

Esta tarde he salido a caminar y…

Esta tarde he salido a caminar y…

Era el mes de julio y ya en esa época, el calor era sofocante. Esta tarde he salido a caminar y…

Como cada atardecer, después de descansar la sobremesa, empecé a prepararme para salir hacer un poco de ejercicio.
Siempre tenía el mismo circuito pero esa tarde me propuse cambiar de ruta. A veces la monotonía me desganaba a ello y antes de que se produjese, opte por conocer lugares nuevos.
Ya había oído hablar de un camino el cual bordeaba la vereda del río, en donde el olor a azahar y la libre polución de vehículos estaba garantizado.
Así pues, emprendí mi marcha con ganas de conocer la nueva ruta. Comencé a un paso normal para ir calentando antes de acelerar el ritmo, no obstante, hasta la llegada al río, semáforos y peatones te hacían parar la marcha.

Una vez en el comienzo de la ruta, resoplé con la ilusión de la premonición de que el lugar me iba a gustar.
Me cruzaba con personas que también practicaban el deporte. Algunos andando, otros en bicicleta. Éstos, me llamaban mucho la atención, ya que en el cruce con ellos, habían miradas que no sabia como interpretarlas. Parecía que me daban la bienvenida, otras parecían que me invitasen a algo más. Eso a veces me ponía nervioso, ya que cuando el cruce de miradas era con tipos buenorros, mi imaginación se disparaba. Tengo que reconocer que con más de uno, hubiese tenido otro tipo de ejercicio y eso hizo que mi polla pasase de un estado de relajación a semi excitación. Todo eran miradas, pero yo no podía creer que todas ellas eran signo de provocación.

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El sol comenzaba a caer

Estuve andando alrededor de hora y media y el calentón aparte del ejercicio ya se dejaba notar en mis pantalones. Me sobraba la camiseta, ya que no había lugar para poder secarme el sudor por ambos motivos. Con toda estos pensamientos no me di cuenta de que el tiempo había corrido más de lo normal y ya aventuraba la caída del sol, donde la primera oscuridad daba nota de ello.
Es la típica hora de la caza, pensé, ya que los rumores de que en aquel lugar había cruising me habían llegado por otras fuentes. Así pues, la vuelta me apeteció hacerla por el lado opuesto del río, donde limoneros y naranjos te acompañan en toda la travesía.

Hubo un momento en que pensé donde se habrían metido aquella cantidad de gente haciendo ejercicio, ya que aún seguía con mi excitación y tenia curiosidad por encontrarme con alguien con los mismos deseos y ganas que yo. Pero no…, no había nadie. Así que seguí caminando con la película en mi interior. Ya faltaba como unos kilómetros antes de entrar al casco urbano, cuando de repente las necesidades de evacuar mi vejiga empezó a  alertarme. Así que pensé, aquí más fácil imposible.

Saqué mi polla para mear

Entonces, no sé por qué, me adentré un poco entre los árboles. Muy despistado me pillo el lugar y por supuesto por desconocimiento, pare donde estaban las llaves de riego.
Me saque la polla y empecé a mear. Mientras vaciaba mi vejiga miraba alrededor por ver lo que me rodeaba…., árboles claro!. Pero mi sorpresa fue que justo veo una caseta y junto a ella a alguien agachado, como si manipulase algo. Cerraba una llave de riego que eso fue lo que menos me llamó la atención. Me fijé en su pantalón. Dejaba ver el coxis, pero imaginaba que fuese ello, ya que lo que más veía era una enorme mata de vello. Qué sobresaltaba sobre la goma blanca de lo que parecía un suspensorio.

El tipo, debió sentir que lo observaban y giro la cabeza, buscando quien desde otro ángulo también lo miraba. Debí llamarle la atención, por que no desvío la mirada, y entre esa mirada y aquel coxis lleno de pelo, mi polla empezó a engordar. No me corte, es más, incluso me insinué, y aquel tipo seguía mirando y observando mi faena. Yo empecé a descapullar para poder sacudir las últimas gotas de orín a lo que el tío, menudo él por la posición de estar agachado, se incorporó y me asombre.

Un tipo de grandes espaldas

Era un palmo más alto que yo. De espaldas anchas y curtidas por el campo, no por ir al gimnasio y portaba camisa abierta dejando ver prácticamente todo el pecho. Lleno de vello, y brazos peludos, y su entrepierna denotaba un gran paquete, imagine por su empalme. Miro a ambos lados, como asegurándose de que nadie molestase, y se empezó a desabrochar el vaquero. No se había bajado aún los calzones, cuando cada vez más apreciaba tan bestial paquete. Lo hizo despacio, regocijándose para excitarme aún más, y cuando por fin pude contemplar tal miembro, me quedé boquiabierto.

Una polla y un culo extraordinarios

Una polla como nunca había visto, no estaba aún por terminar de empalmar y ya aquello prometía más de lo que había supuesto. Me acerqué a él, quebrando las hojas secas con las pisadas y esquivando ramas de naranjos y limoneros, por lo que durante ese tiempo no le miraba y al llegar a él, no pude dejar de asombrarme del bestial cipote que se me había presentado. Sin dirigirnos la palabra, le termine de desabrochar la camisa para ver el dorso en todo su esplendor. Él mientras se quedó inmóvil, esperando que por mi parte le alegrase la tarde…, y ya lo creo que nos la alegramos!!!…, me arrodillé y me acomode.

Cogi la verga con ambas manos y empecé a comerle hasta donde mi boca podía llegar. No me daba las manos para abarcar tal cipote, ni que decir de la boca, que solo conseguía meterme la mitad.
Se termino de bajar los bóxer y se dio la vuelta, y en aquel momento quise morir. Un culo como nunca había tenido tan cerca. Unos glúteos perfectos, hacia fuera, como suele decir, igual que un melocotón. Con el vello justo en ambos cachetes, pero con una cantidad de vello en el ojete, que tuve que apartar con ambas manos para poder ver el ano.

Él se ayudo con sus amplias manazas y me lo abrió, solo tuve que saborear lo que entonces era solo para mí. Gemía como un cosaco, y conforme le comía, más se disponía a abrir. Así que con las ganas  que tenía de sentir su enorme polla dentro de mi culo, cambie el rol y pase a la fase activa. Mis huevos me dolían de tan suculento empalme y el tío estaba dispuesto a sentir como lo follaba. Así que no me demore y le invite a apoyarse sobre uno de los árboles cercanos. Él asumió y me dejo hacer.

Fóllame y calla!

Se apoyó en el tronco con una mano, con la otra a una rama. Me embadurne el glande de saliva y como ya le tenía preparado de la comida, acerque mi cipote a su esfínter. Parecía que lo había hecho toda la vida. Me lo dilataba para facilitarme la penetración. A cada paso que introducía, notaba las paredes ardientes de su culo, lo dilataba y más iba introduciendo. Hasta que mi pubis llego a tocar aquellos vellos por lo que había predecido tal espectacular follada. Le pregunté si le hacía daño a lo que su respuesta fue…»fóllame y calla».

Ni mil palabras más…., allí estábamos que tan solo se escuchaba mis sacudidas y de vez en cuando dejaba algún que otro gemido de placer. Cuando estaba a punto de correrme, me pidió que se la echará en la boca, quería sentir mi leche caliente. Así lo hice. Y fue su lengua la que me hizo explotar en extasís. Me hubiese gustado ver la cantidad de semen por la sensación que obtuve a la hora de eyacular, pero su garganta hizo imposible aquello.

Se levanto, me miró y beso. Le pregunté que si se había corrido él, y me dijo que lo dejaba para más tarde con su mujer. Que él deseaba haberlo hecho pero su mujer le tenía muy controlado. Que no disfrutaba tanto con un macho como con una hembra (fueron sus propias palabras), y que a ella tenía que follarla con un trapo liado a la polla para no metérsela toda, ya que le producía mucho daño. Lo entendí a la primera. Aquel cipote no era normal.
Nos acicalamos y cada uno tiro hacia su destino. Quedamos con un «hasta la próxima», lo que aquello me gusto de oír. El «trabajo» lo había hecho bien. Conforme iba ya camino casa pensé:…»hoy queme el doble de calorías, así da gusto hacer deporte».


Relato Erótico: Esta tarde he salido a caminar y…

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25 de mayo de 2018 by Magnuson 7 comentarios

Sorpresa Bestial en la Sauna

Sorpresa Bestial en la Sauna

…como cada tarde, me disponía a satisfacer  mi apetito sexual donde no había lugar para presentaciones ni preguntas. Ya era cliente asiduo pero no siempre volvía a casa con los deberes hecho. Me desnudé una vez dentro y empecé a ejecutar lo que ya era una rutina cada miércoles, que era el día del cliente. El olor era más intenso de lo habitual y los pasillos dejaban nota de ello por su estado resbaladizo debido al agua dejada por los paseos buscando carne nueva. Era un lugar pequeño, pero con el encanto de que rápidamente controlabas lo que por allí rondaba. Al llegar un poco pasado de la hora habitual , ya casi todo estaba petado, o en proceso de ejecución a lo que desistí por cansancio entrar en batalla con nadie  por algo que tampoco era para ello. Así que me dirigí a la sauna seca.  Casi siempre andaba vacía y esta vez tampoco era una excepción. Aunque, me esperaba una sorpresa bestial en la sauna.

Una vez dentro, me quede en la antecámara , ya que en la interior, el calor es más sofocante y se hace irresistible. Me tumbe  sobre mi toalla y deje un poco la mente para intentar pasar a un estado más tranquilo, ya que las prisas de la demora me había exaltado un poco por la impetuosidad de llegar a tiempo. El calor hizo que me fuese relajando a lo que con una cerrada de ojos, entré en la más absoluta desconexión.

No sé el tiempo que sostuve aquella actitud, si fueron 15 o 30 minutos, pero el ruido de la puerta hizo que mi mente volviese a tomar contacto con mi cuerpo. Seguí sumergido en mí mismo, pero el crepitar de la madera al sentarse alguien, me hizo entre abrir los ojos un poco.

Un daddy enorme

Debería estar sobre los cincuenta y algo, tal vez más…, era difícil acertar…,  pero tampoco me importaba al ver tal ejemplar. Debería dedicarse al campo imaginaba, por sus amplias y gruesas manos. O tal vez a la construcción. De pelo cano, aunque al estar mojado no daba aspecto de muy mayor. Cuerpo definido con algún kilo de más, sin sobrepasarse, lo que acompañaba un pelaje por todo el dorso, brazos y antecara de las manos. Asomaba unos hombros también tupidos, lo que denotaba que le bajaría por la parte dorsal. Era todo un lomo plateado, como dicen en el argot osuno. De piernas bien anchas, musculosas y gemelos impresionantes. Debido a su masa corporal y tallaje andaba escaso de toalla, se dejaba entrever un buen bulto bajo aquel ridículo taparrabos.

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Una polla gorda y homogénea

Constantemente se pasaba la mano por el cuerpo, para retirar el exceso de sudor de aquella impresionante mata de vello, un vello que casi parecía peinado. Entre pase y pase, se apreciaba como aquellos pezones bien erectos asomaban por tal selva. Aquello empezó a llamar mi atención y era obvio que mi cuerpo empezó a despertar. El tipo sabía exactamente todo mi proceso, ya que al estar decúbito supino, nada podía disimular mi excitación.

Cada vez que se acariciaba los pezones, se regocijaba en ellos, sabiendo perfectamente que mi polla tomaba cuerpo. Me empecé a imaginar y antes de que cayera en lo que se veía inevitable, el tipo empatizaba en pasos agigantados. Sus huevos dejaron ver su tremenda polla por lo que la toalla ya nada podía ocultar. Tenía una polla como jamás había visto. Gorda y homogénea. Con el vello justo para hacerla más elegante aún. El prepucio estaba hinchado de tanta excitación. No podía creer lo que en minutos estaba pasando.

Se pudo en pie y se acercó a mí, justo se paró a la altura de mi cabeza, con lo que llevó sus enormes huevos hacia mi  boca. Se olía la testosterona que emanaba de aquel empalme tan bestial. Solo empecé a lamer aquellos testículos, al cual no sabía por dónde lamer. Con su mano izquierda agarró mi cuello y me incorporo para con su otra mano empezar a restregar aquel glande enorme sobre mis labios. Me limité a retirarlo con la lengua, sabía que el próximo paso era introducírmelo en la boca. Pero era imposible. Era demasiado grande, grueso y homogéneo para introducir en mi boca. Me levante y observé como mis brazos no podían abarcar tal mole de cuerpo velludo, viril y curtido por  la edad.

Jugando con mi culo

Le propuse que se tumbara para poder sentir hasta al menos la mitad, tal verga dentro de mi garganta, pero solo me complació unos minutos, enseguida quiso penetrarme.

No me opuse y mis nervios no me dejaron buscar el preservativo. Me manejó a su antojo mientras me comía la boca y cuando me quise dar cuenta, estaba a cuatro patas y él me comía el ojete. Tenía una lengua como el resto de sus proporciones. No tardó en tenerme chorreando por todos lados, que con ayuda del calor ya estaba incluso hasta resbaladizo.
Le pedí delicadeza pero creo que no me oyó. Fue fino al principio, jugaba con su glande en mi ojete, me metía solo el capullo a la vez que me acariciaba los pezones, y eso me desbocó. Yo quería más pero me daba pánico pensar como aquello podría meterlo sin ningún tipo de ayuda. No tenía popper ni ninguna ayuda que pudiese hacer lo inevitable más placentero.

Una follada bestial

Dije placentero? Pero si fue bestial. Me introducía el glande, despacio…, lo volvía a sacar. Tonteaba con él, hasta que volvía a introducirlo. Cada vez un poco más. Paraba y seguía tocándome los pezones que era la única ayuda que aquel momento podía hacerme dilatar. Sacaba. Volvía s introducir hasta que alcanzaba otro rango mayor. Alucinaba con qué manera y forma me estaba intentando introducir tal cipote. Era increíble. Poco a poco me siguió metiendo aquella descomunal polla. Hasta que al fin toque pelo. No me lo podía creer. Lo había conseguido. Me había metido aquello tan tremendamente grande y gordo. Un señor cipote, si señor. Como estaba mandado. Lo fuerte empecé después. Saco suavemente (igual que lo había metido), el descomunal pollón.

Me quede pensando si es que había sucedido algo…, no me dio tiempo a seguir pensando. Arremetió contra mí culo que de un golpe y me metió de nuevo el pollón. Me agarró con fuerzas por las caderas y empezó a sacarla muy suave y casi teniéndola fuera, volvía s arremeter con todas sus ganas hasta tal punto que aquella armonía empezó a cesar y cambio la delicadeza por las embestidas. Me quería morir por wtf jamás pensé que aquella forma salvaje de follarme y con tan grandioso cipote podría hacer que no sintiese dolor. Sus huevos golpeaban mis nalgas a la vez que sentía como su pene entraba hasta lo más profundo de mí. Así estuvo durante un buen rato donde yo iba notando como cada vez que arremetía, sentía más duro su polla. Fue su propio ritmo el que me llevó a correrme y ante sus gemidos, nos  corrimos los dos.

Una tarde gloriosa de sauna

Jamás olvidaré aquella tarde. Nunca más supe de él.  Como dije al principio, sin preguntas ni interrogatorios. Ahora estoy arrepentido. Ojalá nos hubiésemos dado el número de móvil.

Sorpresa Bestial en la Sauna – Relato Erótico

Escrito por Magnuson.

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6 de mayo de 2018 by Mayra Deja un comentario

Sueños de Oficina. ¡Qué calor!

Era una tarde monótona de verano. El calor asfixiante mermaba  los sentidos. No sabía qué hacer, el fastidio de un día anodino y lento en la redacción me sofocaba. Era difícil concentrarse. Hasta que de repente llega todo un torbellino al piso. Era ella, medio chiflada, medio cachonda, impregnando todo el aire con su inconfundible sex appeal. ¡Más calor!. Al comienzo me genera una seria contradicción interna. Pero esos labios, el cabello castaño que se bate de lado a lado con la brisa cálida que entraba por la ventana. ¡Era demasiado!

Caí en una nube de ensueño. Sentía su calor, sus labios y sus besos en mi cuerpo. No sabía qué me pasa. Pero era una sensación divina que no quería frenar. Decidí huir. Buscar un helado que me regulase la temperatura y escapar. Pero mayor sorpresa me llevé que cuando esperando el ascensor, al borde de la desesperación, escuché a mi lado una dulce voz que se me ofrecía. – Con este calor lo que apetece es un helado –dijo, como si pudiese leer en mis pensamientos. -¿No te apetece uno?

Se me nubló la mente. Solo vi su sonrisa y sus labios diluirse en la bruma de mi cavilar. En lo que abrió el ascensor yo entré por inercia, mientras Sofía iba muy divertida.

 

Más calor

No pensaba en nada. Solo quería besarla, hacerla mía sin compartirla con nada ni con nadie. Pero no estábamos solas…

Era tan bella, su tez blanca como la nieve, labios rojos ardientes, como la llama de mi curiosidad por ella. Por su sabor, por su olor. Sus cabellos castaño claro largo hasta la cintura, justo para agarrarla, atenazarla. Que ricos se veían sus senos prominentes. Sentía que se derretían en mi boca, como el helado que supuestamente bajamos a comer.

El ascensor se deslizaba lentamente, como dando tiempo a que hiciésemos algo. Ella me hablaba pero yo era incapaz de escucharla. Solo la veía. En algún piso la puerta se abrió y el señor que venía con nosotras se bajó dando las buenas tardes.

Quedamos solo ella y yo. La miré de arriba a abajo, sin disimulo.  Sentí que el tiempo se detuvo. Decidí tomar la iniciativa y me acerqué lentamente. Su sonrisa se borró, sentía su cuerpo vibrar. Parecía que le aterraba que de repente la puerta se fuese abrir nuevamente y alguien nos descubriese.

 

A por ella

No le di más tiempo para dudas. La empujé hacia una de las paredes del propio ascensor, subí lentamente mi mano derecha por el dobles de su falda y fui lentamente acariciando su muslo, hasta apretar su nalga firme, caliente y húmeda. Comencé a besarle el cuello,  ella se dejaba. Hasta que empezó a desabrochar mi blusa con violencia, con desespero. Luego quitó mi brassier con una sutileza inexplicable, porque las ganas que nos teníamos iban más allá de la calma.

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– Te deseo – me susurró mientras mordía con fuerza una de mis orejas. Toda yo estaba caliente. Casi caigo desmayada, no podía creer que me tenía tantas ganas como yo a ella.

Me besaba con tanta violencia que dolía. Me dolían los labios, sus manos en mis senos. Intenté desnudarla, pero ella me detuvo y se echó hacia atrás. En ese momento quien dudaba era yo. ¿Se estaba burlando de mí?. Cuando la vergüenza empezaba a dominarme, sus manos, sin yo darme cuenta, habían terminado de desabrocharme el pantalón. Cuando alcancé a reaccionar, quien estaba completamente desnuda era yo. Se arrodilló para acomodar su rostro justo frente a mi sexo. Me besó como nadie lo había hecho antes. Ningún hombre había sido capaz de hacerme sentir así.

Me dejaba llevar, lo disfrutaba, intentando no perder el equilibrio. De pronto, sentí un golpe fuerte en el ascensor. Abrí los ojos asustada y vi su mano apretando el botón rojo para detenerlo. Su mano volvió a mí, la sentía dentro de mi vagina, acariciándome. Poco a poco, en medio de tanta excitación, me arrodillé para estar a nivel de los labios que me embriagan.

 

A por nosotras

La tomé por los cabellos y mordí sutilmente sus labios carnosos, jugosos, divinos. Le quité la camiseta y el sostén en un solo movimiento. La acerqué hacia mí, sus senos contra los míos. La desvestí por completo y con su ropa y la mía improvisé una cama para nosotras, para las amantes furtivas del elevador. La recosté sobre las ropas, mientras la devoraba lentamente, como una dulce fresa que se quiere degustar hasta el final. Absorbí toda su vagina en mi boca, me llené de su sabor, su dulzura. Lo hacía cada vez con más fuerza, la escuchaba gemir esforzándose por aguantar hasta lo último las ganas, el deseo.

Me volteó de un solo manotazo. Ahora era ella quien estaba arriba, dominante. Me chupaba los senos con frenesí, me lamía el cuello. Sin despegar su boca de mi piel bajó por mi abdomen hasta alcanzar mi vagina. Yo abrí las piernas y ella me penetra con su lengua. Me mordía con fuerza, pero no me provocaba dolor, sino mucho placer y mucho todavía más calor.

Se incorporó y colocó sus labios inferiores justo por encima de mis labios superiores. Se dejó caer sobre mi boca y empezó a danzar como una ola. La tomé por la cadera y la sostuve firme en mi cara, para poder disfrutar su clítoris vibrando a cada roce de mi lengua. Ella gritaba de pasión, de éxtasis. Para evitar que sus gritos se escucharan fuera, tomó del suelo mi blusa y empezó a morderla con fuerza. Hasta la sentí correrse por mi lengua como magia del cielo. Un líquido caliente, tierno, supremo que emanaba de su cuerpo. Ya no aguantaba. El calor tan concentrado en mi vagina, que yo estaba también a punto de correrme sin poder disfrutarlo con ella. Pero mi dulce Sofía sonrió con picardía, mientras yo la miraba suplicante.

Volvió a abrirme las piernas y hundió su rostro dentro de mí. Tenía tanto rato aguantando que con solo sentir su respiración, su lengua, su nariz, acabé. Ella gritó otra vez como si fuese lo máximo. Yo traté de callarla pero ella me sonrió y me dijo: “disfrútalo guapa. Gózalo que como esta vez no habrá otra, mi nena linda.”

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Las dos nos fusionamos en un abrazo. Rodamos por todo el piso entre besos y mordiscos, hasta que escuchamos de fondo a la distancia, el resonar de voces diciendo que tranquilas,  que pronto nos rescatarían. Reímos como locas nada más pensando que la puerta fuese a abrir en ese instante.

 

Salvadas

Nos vestimos rápidamente viendo de reojo a la otra, como pidiendo que el momento no acabara. La besé, a lo cual me dijo: “no olvides nena, la vida se disfruta con quien sea. Y tú mi nena eres eso, mi disfrute.” Y como arte de magia la puerta se abrió y ella, impoluta y desvergonzada, se fue agradeciendo la labor de los bomberos. Yo la miré con nostalgia, pero feliz de las ganas satisfechas. Di las gracias por inercia y caminé hacia la calle.

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Me lo encontré de frente. Venía corriendo desesperado hacia mí.

-Amor, ¿estás bien?- Yo lo abracé en automático. Ella se giró, me lanzó un beso y desapareció entre la multitud.

Publicado en: Relatos Originales

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