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Los reyes de San Valentín

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Nunca pensaron que una salida de San Valentín al cine pudiera cambiar su vida. Pero así fue.

Luisa y Fernando llevaban 15 años de feliz pero aburrido matrimonio. Se conocieron cuando atravesaban los dulces 16 y se apuraban para terminar la preparatoria. Él, con su 2.05 m de estatura, destacaba en el baloncesto (aunque hay que decirlo, sin ser ningún Pau Gasol, ni nada por el estilo). Ella, un poco menos espigadita, no salía de una pista de tenis. Sus mentores decían que podía convertirse en la nueva Conchita Martínez. Pero todo eso es tiempo pasado.

Entraron en la universidad, se casaron y el deporte quedó de lado. Desde antes de graduarse, Fernando se enlistó en una agencia contable, en la cual empezó desde el estamento más bajo. Hoy día es el presidente y accionista mayoritario. Ella decidió abocarse a las labores del hogar mientras intentaría escribir alguna novela.

Él empezaría a fumar, a salir de farras con sus amigos y a no preocuparse por su figura. No pasó mucho tiempo para que su físico impresionase tanto por lo largo, como por lo ancho. Ella ha mantenido la costumbre de jugar al tenis al menos dos veces por semana. Rutina que le ha permitido mantener su imagen esbelta y juvenil.

 

Felices, pero sin hijos

 

Eran felices, hay que decirlo. Después de un largo amorío y de dejar de lado sus sueños juveniles (más por pereza que por sacrificio), Luisa y Fernando eran felices. El único “pero” en su relación era que no pudieron tener hijos.

Los espermatozoides de él resultaron de mala calidad, incapaces de procrear al más fértil de los óvulos. A la primera visita al médico, recibieron la advertencia de que si Fernando no cuidaba su peso, la tarea se tornaría más complicada. Ninguno de los dos tomó en serio la advertencia. Ni siquiera por el hecho de que la gran envergadura de Fernando, en comparación con su cada vez más diminuto miembro, dificultaba el coito entre ambos.

Pero ni siquiera la baja frecuencia sexual, o abría que decir más bien, la casi nula penetración, se convirtió en un problema para la relación. Luisa y Fernando se las arreglaron.

 

Maestros de la masturbación y del sexo oral

 

Luisa siempre destacó por sus grandes senos. Y después que asumió que en la vida no tendría que amamantar a más nadie que no fuese su esposo, salió corriendo donde el cirujano plástico.

Sus prominentes pechos sustituyeron a su vagina como destino final del falo marital. Los instalaba sobre la zona genital de Fernando. Con sus erectos pezones empezaba a acariciar el casi desaparecido pene, hasta que este emergía de las profundidades, con el mismo vigor de la juventud y de los tiempos del gimnasio. Sin emplear las manos en ningún momento, lo acomodaba entre ambos bustos y empezaba una danza de inicio muy sutil, progresivamente más violenta.

Fernando no hacía nada. Solo disfrutaba. Tampoco tenía fuerzas para mover alguna parte de su cuerpo, más allá de la cara. Luisa se contorsionaba, con la resucitada polla penetrando su pecho. Aplicaba tanta fuerza, que parecía que la iba a arrancar.

Hasta que él acababa y regaba la leche por todas partes. Ella diligentemente limpiaba con su lengua todo lo que hubiese quedado esparcido en el monte Everest del abdomen de su esposo.

Después de esto, escalaba y descendía con su vagina como punto de apoyo la gran humanidad de Fernando, hasta sentarse justo sobre los labios. Ahora era ella la que no hacía nada. Solo apoyaba sus dos manos en la pared para no perder el equilibrio, mientras dejaba que la lengua de su esposo le aplicase un completo masaje vaginal.

Cuando terminaban, ella se acomodaba sobre él y permanecían así, cercanos y felices hasta la mañana siguiente.

Esta era la rutina de todos los jueves en la noche, sin faltas. A ninguno de los dos le pesaba. Era más que suficiente para ambos. No les hacía falta más nada.

 

Feliz día de San Valentín

Pero el día de San Valentín de 2015 todo cambió… Para bien. A sugerencia de él fueron al cine por el estreno de 50 Sombras de Grey. Al salir de la sala, ambos estuvieron de acuerdo que, cinematográficamente, se trató de una película muy, muy mala. Sin embargo, la imaginación que tenían dormida, se despertó. Por primera vez en más de una década, sintieron el deseo y las ganas de hacer algo más en el sexo.

Se hicieron clientes de una web erótica y en pocos días transformaron una de las habitaciones de su apartamento (una de las que estaba proyectada como cuarto para alguno de sus hijos) en un salón de juegos.

Luisa descubrió que disfrutaba que Fernando le azotara como una niña mala. Se colocaba desnuda de cara a una pared, dejaba que él le amarrase muñecas y tobillos, de tal forma que su figura dibujase una gran X. Entonces comenzaba el castigo. Las primeras veces fue bastante sutil. Progresivamente la violencia fue aumentando, siempre a petición de ella. Tanto como para que eventualmente sus glúteos y su espalda mostraran no solo las huellas de los latigazos, también grandes manchas de sangre.

Él descubrió que dentro de su ano abundaban las terminaciones nerviosas. Adquirieron el consolador más grande, con el que ella empezó a penetrarlo regularmente. Fernando sentía tanto placer, que  empezó a contorsionarse.

 

Una nueva vida: Gracias Sr. Grey

 

El cambio de rutina implicó que ya no esperaban hasta los jueves para darse placer. Podía ser cualquier día, a cualquier hora. En cualquier parte.

Luisa empezó a aparecerse con regularidad en la oficina de su esposo. En la primera visita, a los gritos echó a todos los que estaban reunidos en el despacho presidencial y antes de que hubiesen salido, tiró al suelo todo lo que había sobre el escritorio.

Ella llevaba un vestido de tenis bastante sugerente, sin ropa interior debajo. Se sentó sobre el tablón, recostó su espalda, abrió las piernas y sus pies quedaron en el aire. Sin cerrar la puerta de la oficina, Fernando se colocó frente a Luisa, se bajó el pantalón, la tomó ligeramente por la cintura y la penetro en el aire.

El aullido que emitieron al unísono, conforme el miembro de Fernando se abría camino dentro de la vagina de Luisa, hizo que todos los empleados de la agencia dieran por terminadas sus tareas y se marcharan a casa.

En otra ocasión, fue él quien se apareció en el club de tenis mientras ella jugaba con una amiga. A mitad de un punto, se metió en la pista, levantó con suma facilidad los 65 kilos de su esposa, y como si se tratase de un saco de papas, la llevó hasta los vestidores. Allí, sin revisar si estaban solos, la apoyó frente a un lavamanos, levantó su diminuta falda y la penetró por detrás.

 

Gracias San Valentín

 

Después de ver 50 sombras liberadas, Fernando y Luisa estaban convencidos que tanto el Sr. Grey como Anastasia Steele debían sentir envidia por ellos. Si solo tuviesen la oportunidad de espiar todo lo que hacían en la intimidad, se sentirían como unos aprendices en materia sexual.

Aunque para la revitalizada y muy feliz pareja, intimidad es un término relativo. Su voraz apetito los ha convertido en estrellas de más de un video prono.

Luisa al fin publicó su primera novela: Los reyes de San Valentín.

También nos puedes encontrar en todas estas redes sociales…San Valentín.

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