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Relatos Eróticos: En Cuatro

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Este es de esos relatos que me gustaría olvidar… o tal vez no.

I

Orinábamos de pie uno al lado del otro. Como lo hacíamos 20 años atrás, en la época en que éramos niños y todo entre nosotros era una constante competencia. Competíamos sobre quien era más alto o más musculoso, sobre quien lanzaba el escupitajo más lejano o sobre quien orinaba más o menos tiempo.

Frente al retrete la disputa era por determinar cuál de nosotros la tenía más grande y gruesa.

-¿Lo recuerdas?- me preguntó con su amplia sonrisa, esa que había usado desde siempre para desarmar a sus presas.

-Claro que lo recuerdo- respondí abrumado porque todos sus encantos estaban funcionando conmigo.

-Te apuesto a que puedo con todos…

II

En mi casa. En mi habitación. Sobre mi cama. Desnudos. Yo acostado sobre él. Le di un largo y profundo beso en la boca. Fui recorriendo con mi lengua su mentón y su mejilla adornada con una naciente barba. Recorrí su cuello y su nuca hasta las orejas, bajé a su pecho y me entretuve un rato en las líneas de sus tríceps lampiños y disciplinadamente trabajados. Terminé en su pezón derecho, erecto y rosado. Lo besaba y mordía ininterrumpidamente.

Con cada pulsación de mis dientes y de mis labios sentía como su cuerpo se retorcía bajo el mío y como su miembro iba tornándose más rígido y más vasto.

III

A cada succión que aplicaba lo sentía vibrar en el interior de mi boca. Con mi lengua recorrí de lado a lado sus palpitantes venas. Sentí como la tensión iba en aumento hasta que se hizo incontenible. Acabó desparramándose en mi boca.

IV (Cuando los relatos se vuelven confusos)

Desperté en medio de la sala de mi casa, desnudo, abrazando a una desconocida también desnuda con grandes senos, a quien no recordaba haber visto en toda mi vida… quizá aquellos senos si, pero había visto tantos que no podía estar seguro. Dormía tan plácidamente sobre mi regazo que era evidente que había hecho bien mi tarea. O en eso pensé en un intento desesperado por tratar de recuperar la confianza y de sentirme mejor.. No tenía idea de lo que había pasado (o más bien no quería pensar en ello) y me dolía gran parte del cuerpo.

Él estaba del otro lado de la sala, despierto, lleno de energía. Penetraba con furia a una chica por detrás. La tenía en cuatro patas sobre el sofá. Yo presentía que aquella chica sodomizada era mi novia… pero no estaba seguro. También presentía que antes él me había hecho lo mismo a mí… pero tampoco estaba seguro.

Alcancé el baño justo para vaciar mi bilis en el desprevenido lavabo.

Una ducha prolongada me sirvió para estabilizarme un poco.

Me quedé un rato de pie ante el gran espejo que había colocado detrás de la puerta para combinarme bien antes de salir y también para admirarme… y hacer algunas cosas privadas. Mi compañero de juego, mi arma de guerra lucía cansado y derrotado.

Los resultados de la noche de juerga eran inciertos. Habían muchos relatos e historias dando vueltas en mi cabeza como una película a blanco y negro.

¿Cuál parte había soñado? ¿Qué fue real?

V

Me asomé a la sala. Él yacía en el piso boca arriba y la chica a la que antes yo abrazaba mientras dormía danzaba ahora muy despierta sentada sobre su equipo. También tenía el vago recuerdo que yo había hecho lo mismo, que había estado sobre él en la misma posición y con la misma contorsión.

Nuevos vómitos, otra ducha prolongada intentando huir. Me sequé, me vestí  y emprendí el escape lejos de aquella orgía indescifrable.

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Antes de ganar la calle, tuve que pasar inexorablemente a su lado. Yacía en el suelo con su cuerpo desnudo y con su equipo a medio camino, descansando de la batalla anterior pero listo para emprender el próximo round. Abrazaba a las dos chicas, acurrucadas una a cada lado. Como en la época en la que éramos niños, lo envidié. Ya no por la potencia de su chorro de orina, sino la perfección de sus líneas, la perfecta proporción de su todo. Había también algo más: deseo.

Se incorporó al ver que lo observaba. Su pene también se puso rígido, alerta.

–Te dije que podía con todos- murmuró sonriente, desarmándome otra vez.

Un cosquilleo incómodo me atravesó desde la nuca hasta la parte baja de la espalda… y más abajo.

 

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