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Un cuento de erótico de Navidad y de año nuevo: Mi primera vez

mi primera vez relato erótico del blog de santubearsex

Mi primera vez fue con un Santa negro. En su trineo.

-¿De verdad quieres saber? No es la gran cosa.

-Sí quiero.

Una noche de copas

Néstor se moría por saber con quién había sido la primera vez de Mabel. Aseguraba que no se trataba de celos, simplemente era una curiosidad mal sana por descubrir el pasado sexual de su esposa.

En los tres años que llevaban de relación (dos y medio como novios, los últimos seis meses como flamantes marido y mujer), nunca se había preocupado por el historial de su compañera. Lo consideraba una parte sobre la que no tenía derecho a saber. El mismo principio aplicaba para no comentar con ella ninguna de sus aventuras antes del matrimonio.

Antes de dar el sí, se dijo frente al espejo que nunca le contaría de sus múltiples parejas sexuales previas, ni de las veces que participó en orgías. Tampoco sabría de la vez que pasó todo un fin de semana en la cama con quien llegó a ser su mejor amigo.

Pero todo cambió una noche en que Néstor y Mabel quedaron en verse con unos conocidos en un bar. Entre copas, los temas de conversación fueron navegando por aventuras bizarras y fantasías sexuales cumplidas o por cumplir.

Para Néstor todo marchaba bien. Mientras sus compañeros comentaban sus locuras, él se limitaba a agregar cosas del tipo “a mí me pasó algo parecido” o “no puedo ni imaginármelo”. Y Mabel solo se reía en silencio. Incluso por momentos, parecía que toda aquella palabrería le aburría.

-Mejor nos vamos a mi casa y nos follamos entre todos- dijo ella en medio de un bostezo. Pero nadie pensó que estuviese hablando en serio.

La tranquilidad para Néstor terminó más allá de la media noche, cuando ya iban por la segunda botella de vodka. Otra de las chicas presentes preguntó a Mabel si su esposo había sido su primera vez.

-Claro que no- contestó ella con naturalidad- Mi primera vez fue mucho antes de Néstor. Cuando nos conocimos yo ya tenía casi 23. ¿Te imaginas llegar virgen a los 23?

Todos rieron relajados. Todos menos Néstor.

-Una vez me senté sobre un Santa que tenía la verga dura-empezó a contar Mabel, ensimismada en un recuerdo- Al principio me asusté, no sabía qué era eso. Después me gustó. Tenía doce años.

Néstor se atragantó con su trago, mientras que el resto permaneció en silencio, expectantes ante lo que Mabel iba a decir.

Pero cuando ella se decidía a desarrollar el resto de su historia, el mesero los interrumpió con la cuenta y la orden de que debían abandonar el local, porque estaban por cerrar.

Ahora sí quiero saber

Néstor pasó tres meses dándole vueltas al asunto en su cabeza. Trataba de descifrar que encerraba aquella historia inconclusa que involucraba a una niña Mabel, sentada en el regazo de un hombre vestido como Papá Noel y que tenía la “verga dura”. Lo que más le intrigaba era una frase en particular: “después me gustó”

Mabel continuaba con su andar anodino, de la casa a su oficina. Mantenía junto a una de sus hermanas una agencia de viajes que había heredado de sus padres. En ningún momento hizo asomo de retomar su relato interrumpido. Ya ni lo recordaba.

Pero en lo que llegó diciembre y con el ambiente navideño, Néstor no pudo contenerse más. Empezó a comentar con sus amigos -los que estuvieron presentes la noche de la confesión inconclusa- que quería saber cómo terminaba aquella historia de Mabel con Santa.

Hasta que en vísperas de Navidad, cuando cenaba junto a su esposa en una feria de comida de un concurrido centro comercial, en donde abundaban los Santas que sentaban sobre sus piernas a los niños para tomarse fotos, tuvo que preguntar.

Mi primera vez

-A veces me da risa que tú piensas que mi vida sexual comenzó contigo- empezó Mabel a modo de introducción -Tú crees que eres el único que ha participado en orgías o que se ha follado a su mejor amigo-La cara de Néstor era un poema- Pero no te asustes, hoy no venimos a hablar de eso. Hoy te voy a contar sobre mi primera vez.

Mi primera vez fue con un Santa negro. Esto es lo que se pudiese llamar un cuento erótico de Navidad, ¿no? Lo extraño es que fue a mitad del verano. Hacía mucho calor.

ya te conté que cuando tenía doce, me senté sobre las piernas de un Santa que tenía la verga dura y que además, me gustó. La cosa es que desde que tengo memoria, mis padres nos llevaban cada diciembre a mis hermanos y a mí a un viejo almacén en el centro  donde siempre había un tío disfrazado de Papá Noel. Ya sabes, uno se sentaba con él, le decía que tal nos habíamos portados durante el año y después le recitábamos nuestra lista de regalos. Mientras, papá nos tomaba algunas fotos que después terminaban en algún álbum familiar.

… mis hermanos mayores progresivamente dejaron de participar de aquella rutina. Cuando yo cumplí doce, mis padres me anunciaron que ese año sería la última vez que Santa me traería regalos, que ya estaba muy grande para eso.

… ya yo sabía que los regalos los compraban mis padres-la verdad siempre lo supe- pero no me importaba. Aquel era un ritual que yo disfrutaba. Y aquella última vez lo disfruté aún más.

… apenas me senté, sentí bajo mis glúteos su polla encendida. En aquel momento, no supe de lo que se trataba.

… tampoco fue gran cosa, la verdad. El tío bajo el disfraz empezó a sudar copiosamente. Además, mi padre estaba tomando fotos a pocos metros de nosotros, así que me preguntó un par de cosas que yo respondí escuetamente con un sí y un no. Después se excusó, me echó a un lado y salió como un bólido no sé a dónde. (Más tarde asumí que debió correr al baño a hacerse una paja, el pobre).

… treinta segundos con Santa bastaron para despertar todo mi instinto sexual. Empezaron las fantasías, casi todas con Papá Noel como protagonista.

… casi cuatro años después, me escapé a una fiesta en una quinta en las afueras de la ciudad. Era la despedida de soltera de la hermana mayor de mi mejor amiga.

-¿Esa es la misma que te follaste?-interrumpió Néstor

-Sí- confesó Mabel sin complejos. -Pero esa es otra historia. Ya vendrá el día en el que confesemos como fue tirarnos a nuestros mejores amigos, ¿No?

Él permaneció en silencio.

… a mitad de la fiesta, metieron al salón una gran caja con un lazo. Era un regalo gigante para la protagonista del agasajo. De allí salió un morenazo como de dos metros, semi desnudo y con un gorro de Santa Claus.

… en ese momento supe que mis sueños se harían realidad aquella noche. El Santa negro cumplió con su rutina de baile por un buen rato. Cuando terminó y las amigas de la hermana de mi amiga se disponían a despacharlo, me escabullí con él en su coche.

… el tío al principio se encabronó. Me dijo que él no era un puto, que era stripper profesional. Además, que tenía otra fiesta esa noche y no tenía tiempo para servicios personalizados.

… mientras él hablaba, yo me desvestía. Cuando quedé completamente desnuda, se quedó sin argumentos.

… después de dudarlo por un momento, también se desvistió. Tenía una polla gigante y gruesa, como de 30 centímetros y llena de venas que parecía iban a explotar. “Ponte el gorro”, le dije. Sacó de la guantera una caja de Durex y se forró el pito. “Bueno, el otro también, el de Santa”.

… como si de un show que ya tenía preparado se tratase, escabulló la mano por mi espalda y sacó un gorro gigante de Papá Noel, que además traía incluida una poblada barba blanca.

… sin que yo apenas lo notara, me tomó con sus gigantescas manos y sin mucho esfuerzo colocó su pito dentro de mi vagina. Aquello me dolió y lloré en el acto. Él se dio cuenta que yo era virgen y quiso parar. Yo no lo dejé.

… a pesar de que de verdad me dolía, yo no dejé de contorsionarme sobre aquel asta larga y gruesa durante medio minuto. El hijo de puta se corrió en solo medio minuto y se desvaneció sobre el asiento de su trineo.

… pero yo lo disfruté. Desde ese momento, ya no fantaseo con Santa.

 Ya no quiero saber

– Ya te conté como fue mi primera vez- dijo Mabel, mientras saboreaba una Coca Cola, pasando la lengua por sobre sus labios- ¿Ahora quieres que te cuente cómo fue follar con mi mejor amiga?

-No estoy seguro- confesó Néstor, algo deprimido por descubrir el “oscuro” pasado de su esposa.

-Pero yo quiero saber cómo fue que te tiraste a tu mejor amigo.

-¿Cómo te enteraste de eso?- preguntó él, incrédulo.

-Nosotras lo sabemos todo, siempre. ¿No lo sabías?

 
Relato: Mi primera vez – Aureliano Olivares

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